InicioOfftopicPermítase olvidarse.



De la imposibilidad y la fortuna de olvidarse.


recuerdo



Qué interesante que nuestro lenguaje permita que uno “se” pueda olvidar de algo. En lugar de decir: “Olvidé decirte que vengas”; preferimos desde la inconsciencia: “Me olvidé de decirte que vengas”.

Creo que nuestra inconsciencia sabe que nuestros recuerdos nos definen de alguna manera, y no solo por la presencia de este recuerdo, sino también por la falta de él. Por esto mismo, al olvidarnos algo, también nos olvidamos un poco de nosotros; entonces tenemos que inventar y reconstruirnos. Y eso me parece una fortuna.

No me acuerdo bien cuándo, ni dónde. Sé que iba releyendo un libro de Alejando Dolina, “Crónicas del Ángel gris”. Sabía, hasta ese momento, que lo había leído y que el libro pertenecía a mi memoria; y el ejercicio de la relectura se presentaba como un simple acercamiento. Entonces un cuento que en mi memoria no existía, que incluso ya no recuerdo cuál fue, se presentó como nuevo. Me pareció genial el deleite intelectual que me generó el cuento y no solo ese goce fue genial; sino también saber que ese deleite ya lo había tenido en algún momento y que lo pude volver a tener porque lo había olvidado. Curiosamente recordé una teoría de Dolina que dice que la música es finita; puesto que las combinaciones de tiempo y melodía son de un número finito. Enorme número si los hay; pero finito. Pero nos valemos del olvido para poder volver a disfrutar de giros musicales que seguramente ya se han compuesto en la historia del hombre y que gracias al hombre también fueron olvidados.

Hoy vivimos en tiempos inolvidables. La tecnología nos permite escribir hoy para siempre. De la historia universal de la humanidad y ese enorme bagaje de “recuerdos” colectivos estamos pasando hacia la historia personal de la humanidad. Y hoy es prácticamente imposible olvidar.

Siempre creí en mi infancia como parte de un relato fantástico que se fue configurando en los relatos orales y efímeros de quiénes aseguran haber estado presente en algún momento de mi niñez. Y esos recuerdos manipulados por la sola naturaleza de ser un recuerdo llegaron a mí y se hicieron un relato muchas veces incoherente. Entonces uno, en esos relatos, no solo se descubre a sí mismo; sino que también reconstruye la imagen de sus tíos y abuelos a partir de esos mismos recuerdos que uno no posee.

Mañana no va a ser más así. Porque mi primita no va necesitar confiar o reconstruir un recuerdo a partir de mi memoria, porque sus cientos de miles de fotos y videos le van a mostrar todo. Y cuando digo todo, digo todo: la primera risita en manos de la tía, otra en el auto, otra sentada en la vereda, y otras tantas en otras veredas; incluso, la primera risita en manos del tío, el primer pedito en el agua, y de esta manera, y sin exagerar, ella misma podrá verse sin necesidad de recordarse para poder reconstruirse.

De la misma manera sucede con cosas que hasta hace muy poco tiempo eran inútiles de recordar; gracias a las redes sociales hoy me puedo acordar de Carlitos que se sentaba con Susanita en segundo grado y eran compañeros míos. No solo eso; hoy sé también que Carlitos tiene dos hijos, y que a uno de ellos se le cayó un diente el sábado y que la nena más chiquita ayer actuó de dama antigua.

Permítase el olvido. Espere a cruzarse con Carlitos en la cola de un supermercado, (lugar que se ha visto afectado por las redes sociales; mucha de la gente que paseaba los domingos en la búsqueda de compañeros de la secundaria hoy tiene Twitter); no se entere de aquello que no lo alimenta, que no le importe recordar todo y a cada uno; no obligue a su hijo a verse en su primer vómitito a upa de la abuela, o con el primer disfraz de tortuga ninja. Olvídese y reconstruya, y construya desde su propio recuerdo una imagen para él.

Incluso esta notita miscelánea. Olvídela, ya que gracias a eso a usted se le presenta como nueva; y otra vez se volverá a escribir y se volverá a olvidar.

No hay nada menos original que la búsqueda de originalidad, todos la buscaron.

Les aseguro que la nostalgia nunca volverá a ser lo que era si no nos permitimos el olvido.
F.S

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