Nadie ha levantado más polvareda, ha generado más tuits o ha provocado más bromas que Miley Cyrus. La estrella del pop, de apenas 20 años, y su lengua juguetona han sido tema omnipresente de conversación desde la aparición de su vídeo We can't stop, difundido el pasado mes de junio, en el que saltaba y brincaba ligera de ropa con unos movimientos sensuales desmesuradamente explícitos. Y, lejos de parar, la cosa ha ido a más. Ahí está el twerking, vocablo de moda tras su actuación en los Video Music Awards (VMA's) -en los que Miley retozó provocativamente con un guante de gomaespuma y propinó unos azotitos a una enana- que ahora da nombre a su contorneo de nalga y cadera. Inmediatamente después se distribuyó en todo el mundo otro vídeo, Wrecking ball, que pone imagen a una canción sobre su ex novio, Liam Hemsworth, en el que aparece desnuda, columpiándose a lomos de una bola de demolición.
Hace apenas dos meses que ha terminado su relación con el cachas australiano -protagonista del filme Los juegos del hambre: en llamas, segunda parte de la trilogía de los libros homónimos de ciencia ficción-, entre rumores de que él no estaba nada impresionado con esta nueva Miley salida de madre. Se conocieron en el rodaje de The Last Song, que ambos protagonizaron, y han mantenido un noviazgo de 15 meses que concluyó hace apenas dos, en septiembre. Ahora, la niña buena del canal Disney (siguiendo los pasos, más que trillados, de Lindsay Lohan), que ha borrado definitivamente su antigua imagen inocente y angelical como Hannah Montana, está libre y sola, aunque probablemente no por mucho tiempo.