Una de las cosas que más aprecio de los fichines es su capacidad de hacernos interactuar en ocasiones, con desconocidos y en otras, las mejores, junto con nuestros mejores amigos para compartir los que más nos gusta: despuntar el vicio en largas sesiones haciendo honor al amor por el videojuego. A lo largo del tiempo el acto de jugar con amigos ha ido mutando gracias a la posibilidad de las comunicaciones e Internet; y es por esto que les ofrezco un surtido con los mejores diez juegos cooperativos de esta época, y de otras anteriores también.
10. Left 4 Dead: el que sea.
Hoy en día todos estamos un poco hastiados de los zombies, sea cual sea el sabor de sus presentaciones. Pero hubo un juego que utilizó este concepto como ninguno otro, pergeñando un estilo distinto en lo que a modos cooperativos se refiere. Tras la simple impronta de resistir los embates de las hordas zombies se esconde un juego complejo y profundo con un fuerte hincapié en el juego en equipo para poder llegar a las zonas de rescate y cumplir así con los objetivos propuestos. Y la gran vuelta de tuerca la puso aquel modo de juego que nos permitía por primera vez, tomar control del enemigo, con la idea de evitar que los sobrevivientes cumplan su cometido. Impecable.
9. Sunset Riders.
Cualquier palabra sobra a la hora de describir un clásico de clásicos como este que une a Steve, Billy, Bob y Cormano: cuatro pistoleros dando caza a los malhechores más temidos del lejano oeste. Creo que es el primer contacto que tuve con aquello que llaman “western” y el responsable de gratos recuerdos de la vieja sala de arcades de mi barrio “Flash”, en donde gastaba un dineral jugando junto a cuatro parroquianos del recinto. Ah, y la versión hogareña de SNES era la mejor, exactamente igual a la de los fichines.
8. Payday: el que sea.
Si estás leyendo esto, probablemente no seas Keanu Reeves, ni mucho menos Patrick Swayze (que dios lo tenga en la gloria). Pero si viste Point Break (Punto de Quiebra) y quedaste cebado fantaseando con la idea de asaltar bancos con aquel estilo tan singular, los chicos de Overkill Software te ofrecen la posibilidad de hacerlo sin que tengas que enfrentar años en la trena. Con la salvedad de llevar máscaras de payasos en lugar de ex presidentes norteamericanos, la saga Payday ofrece una serie de atracos con distintos objetivos en donde cada maleante tendrá una tarea específica que cumplir y un botín que recuperar. El primer juego resultaba entretenido y trepidante y el segundo, agregó una impronta más táctica, además de incluir misiones largas con distintos objetivos en cada uno de sus estadios. ¡Digno de ser jugado!
7. Diablo III.
Una de las sorpresas más gratas que me llevé de la E3 de este año fue haber probado allí la versión de Playstation 3 de la tercera entrega de la legendaria saga. Y aunque el juego en sí fue recibido con cierto desdén por algunos, lo concreto es que el porteo a las consolas de sobremesa está muy bien, y lo mejor de todo es que podemos juntarnos con tres amigos más y limpiar hasta el último rincón de Sanctuary. Un juego que desde mi punto de vista vale la pena por sí solo, que toma un valor agregado muchísimo más grande todavía si la idea es compartir la gesta con compañeros, sumando algunos snacks y por qué no, alguna que otra cerveza negra. Lo que algunos llaman, una noche perfecta.
6. Contra.
“¡Dale, dale, hagamos El Aguila!” decíamos con mi primo con quien jugaba Contra en las épocas gloriosas del afamado Family Game. El águila era nuestro movimiento especial; nuestro llamado a las armas en el cual hacíamos coincidir las espaldas de los protas, Bill y Lance (nombres que conocería muchísimos años después), logrando así una especie de “campo de fuerza” con la idea de repeler los ataques de los enemigos. Esto de por sí puede sonar algo precario, pero gritaba a todas luces “salimos de esta, espalda con espalda”. Una sensación que pocos juegos cooperativos a la fecha pueden brindar, aún valiéndose de mecánicas más complejas o incluso elaboradas narrativas. Contra es uno de los juegos que más disfruté jugando en compañía de mi primo, y de los tantos amigos que venían a ocupar un lugar en mi sillón.
5. Goof Troop.
Sin lugar a dudas, la gran época dorada de Nintendo debe ser aquella que acaeció cuando la Super Nintendo reinaba a sus anchas: todos los devs querían publicar en ella y su catálogo era frondoso como pocos. O tal vez, sólo vimos algo similar recién en Playstation 2.
Sea como sea uno de los juegos que recuerdo con muchísimo cariño era Goof Troop: un juego basado en personajes de Disney que proponía puzzles de vista cenital. No era particularmente difícil, pero sí uno de los primeros juegos que recuerdo cuyas mecánicas parecían cuidadosamente ideadas pensando específicamente en jugar en compañía de algún amigo.
4. Army of Two: el que sea.
La saga Army of Two estuvo debatiéndose constantemente entre el “hit” y el “miss”, ya sea por la grasienta historia, por lo bizarro de los personajes, por su forma de estereotipar ciertas franjas gentilicias para sacar el ideal de malo de turno según la entrega. Pero mirándolo desde un lugar más descontracturado, el verdadero encanto de la saga radica en su fenomenal modo cooperativo en el cual además de los clichés más reconocidos en juegos con esta premisa, encontraremos auténticas maniobras tácticas que nos harán disfrutar cada vez que volamos todo por los aires, incitándonos a utilizar la metralleta como guitarra, y arrojar unos buenos cuernitos al grito de “yeah!”. Porque sí, el juego es tan genial que permite festejar de esa manera.
3. Portal 2.
Probablemente uno de los juegos de esta generación que se termina. Portal 2 poseía puzzles con mecánicas sumamente interesantes además de una forma narrativa y personajes únicos. Y cuando creíamos que con la asombrosa “campaña” que traía consigo se había terminado toda la maravilla, restaba ver la genialidad sin igual con la que Valve se despachaba utilizando las mecánicas previamente utilizadas en pos del juego entre dos jugadores. El resultado, una de las experiencias cooperativas más gratificantes a la fecha, en donde el remix de las mecánicas nos hacía percibir un juego diferente, pero igual de asombroso que aquel dedicado a un solo jugador.
2. Final Fight.
Cody, Guy, Haggar de un lado. Una panda de malosos del otro. Final Fight fue un juego decisivo en mi infancia como jugador que ha dejado mella en mí. Es uno de mis juegos favoritos. Ok, de acuerdo, es un clásico beat em’ up con la cansadísima excusa de la damisela en apuros. Pero la recorrida por Metro City, desde sus turbios suburbios hasta su faceta más chic repartiendo piñas limpias es única y por más que la repitamos hasta el hartazgo, siempre será trepidante. Final Fight permitía saborear las mieles agridulces de esos juegos cooperativos que permiten infligir daño a nuestro compañero, además de tener cierto tacto para administrar los recursos que el juego nos daba para seguir con vida. Lo bueno de esto es que sí, completar de a dos Final Fight era una tarea complicada, pero lo más probable es que una vez cumplida esta, no cabían dudas: quien jugaba con vos sin lugar a dudas era un gran amigo.
1. FIFA y su modo Clubes Online.
Una de las experiencias cooperativas y al final de cuentas, más reveladoras que tuve desde que juego videojuegos se dio con FIFA09 y se profundizó aún más con la salida de las siguientes iteraciones. En un principio podíamos jugar junto amigos utilizando los equipos de cada liga. Luego, en FIFA10 surgió la posibilidad de armar tu propio jugador con tu cara y apariencia, aumentar tu nivel y defender los colores de tu club, en este caso, la celeste y blanca. Créanme, nada se compara con jugar junto a diez amigos online contra otros equipos del mundo por los puntos. Es un camino de ida; una experiencia gratificante e increíble. FIFA de esta generación me regaló los mejores momentos que recuerdo al jugar con amigos. Y me permito el espacio para saludar a Elite FC, el club de mis amores, que dejó de ser virtual para transformarse en una pasión tangible.
10. Left 4 Dead: el que sea.
Hoy en día todos estamos un poco hastiados de los zombies, sea cual sea el sabor de sus presentaciones. Pero hubo un juego que utilizó este concepto como ninguno otro, pergeñando un estilo distinto en lo que a modos cooperativos se refiere. Tras la simple impronta de resistir los embates de las hordas zombies se esconde un juego complejo y profundo con un fuerte hincapié en el juego en equipo para poder llegar a las zonas de rescate y cumplir así con los objetivos propuestos. Y la gran vuelta de tuerca la puso aquel modo de juego que nos permitía por primera vez, tomar control del enemigo, con la idea de evitar que los sobrevivientes cumplan su cometido. Impecable.
9. Sunset Riders.
Cualquier palabra sobra a la hora de describir un clásico de clásicos como este que une a Steve, Billy, Bob y Cormano: cuatro pistoleros dando caza a los malhechores más temidos del lejano oeste. Creo que es el primer contacto que tuve con aquello que llaman “western” y el responsable de gratos recuerdos de la vieja sala de arcades de mi barrio “Flash”, en donde gastaba un dineral jugando junto a cuatro parroquianos del recinto. Ah, y la versión hogareña de SNES era la mejor, exactamente igual a la de los fichines.
8. Payday: el que sea.
Si estás leyendo esto, probablemente no seas Keanu Reeves, ni mucho menos Patrick Swayze (que dios lo tenga en la gloria). Pero si viste Point Break (Punto de Quiebra) y quedaste cebado fantaseando con la idea de asaltar bancos con aquel estilo tan singular, los chicos de Overkill Software te ofrecen la posibilidad de hacerlo sin que tengas que enfrentar años en la trena. Con la salvedad de llevar máscaras de payasos en lugar de ex presidentes norteamericanos, la saga Payday ofrece una serie de atracos con distintos objetivos en donde cada maleante tendrá una tarea específica que cumplir y un botín que recuperar. El primer juego resultaba entretenido y trepidante y el segundo, agregó una impronta más táctica, además de incluir misiones largas con distintos objetivos en cada uno de sus estadios. ¡Digno de ser jugado!
7. Diablo III.
Una de las sorpresas más gratas que me llevé de la E3 de este año fue haber probado allí la versión de Playstation 3 de la tercera entrega de la legendaria saga. Y aunque el juego en sí fue recibido con cierto desdén por algunos, lo concreto es que el porteo a las consolas de sobremesa está muy bien, y lo mejor de todo es que podemos juntarnos con tres amigos más y limpiar hasta el último rincón de Sanctuary. Un juego que desde mi punto de vista vale la pena por sí solo, que toma un valor agregado muchísimo más grande todavía si la idea es compartir la gesta con compañeros, sumando algunos snacks y por qué no, alguna que otra cerveza negra. Lo que algunos llaman, una noche perfecta.
6. Contra.
“¡Dale, dale, hagamos El Aguila!” decíamos con mi primo con quien jugaba Contra en las épocas gloriosas del afamado Family Game. El águila era nuestro movimiento especial; nuestro llamado a las armas en el cual hacíamos coincidir las espaldas de los protas, Bill y Lance (nombres que conocería muchísimos años después), logrando así una especie de “campo de fuerza” con la idea de repeler los ataques de los enemigos. Esto de por sí puede sonar algo precario, pero gritaba a todas luces “salimos de esta, espalda con espalda”. Una sensación que pocos juegos cooperativos a la fecha pueden brindar, aún valiéndose de mecánicas más complejas o incluso elaboradas narrativas. Contra es uno de los juegos que más disfruté jugando en compañía de mi primo, y de los tantos amigos que venían a ocupar un lugar en mi sillón.
5. Goof Troop.
Sin lugar a dudas, la gran época dorada de Nintendo debe ser aquella que acaeció cuando la Super Nintendo reinaba a sus anchas: todos los devs querían publicar en ella y su catálogo era frondoso como pocos. O tal vez, sólo vimos algo similar recién en Playstation 2.
Sea como sea uno de los juegos que recuerdo con muchísimo cariño era Goof Troop: un juego basado en personajes de Disney que proponía puzzles de vista cenital. No era particularmente difícil, pero sí uno de los primeros juegos que recuerdo cuyas mecánicas parecían cuidadosamente ideadas pensando específicamente en jugar en compañía de algún amigo.
4. Army of Two: el que sea.
La saga Army of Two estuvo debatiéndose constantemente entre el “hit” y el “miss”, ya sea por la grasienta historia, por lo bizarro de los personajes, por su forma de estereotipar ciertas franjas gentilicias para sacar el ideal de malo de turno según la entrega. Pero mirándolo desde un lugar más descontracturado, el verdadero encanto de la saga radica en su fenomenal modo cooperativo en el cual además de los clichés más reconocidos en juegos con esta premisa, encontraremos auténticas maniobras tácticas que nos harán disfrutar cada vez que volamos todo por los aires, incitándonos a utilizar la metralleta como guitarra, y arrojar unos buenos cuernitos al grito de “yeah!”. Porque sí, el juego es tan genial que permite festejar de esa manera.
3. Portal 2.
Probablemente uno de los juegos de esta generación que se termina. Portal 2 poseía puzzles con mecánicas sumamente interesantes además de una forma narrativa y personajes únicos. Y cuando creíamos que con la asombrosa “campaña” que traía consigo se había terminado toda la maravilla, restaba ver la genialidad sin igual con la que Valve se despachaba utilizando las mecánicas previamente utilizadas en pos del juego entre dos jugadores. El resultado, una de las experiencias cooperativas más gratificantes a la fecha, en donde el remix de las mecánicas nos hacía percibir un juego diferente, pero igual de asombroso que aquel dedicado a un solo jugador.
2. Final Fight.
Cody, Guy, Haggar de un lado. Una panda de malosos del otro. Final Fight fue un juego decisivo en mi infancia como jugador que ha dejado mella en mí. Es uno de mis juegos favoritos. Ok, de acuerdo, es un clásico beat em’ up con la cansadísima excusa de la damisela en apuros. Pero la recorrida por Metro City, desde sus turbios suburbios hasta su faceta más chic repartiendo piñas limpias es única y por más que la repitamos hasta el hartazgo, siempre será trepidante. Final Fight permitía saborear las mieles agridulces de esos juegos cooperativos que permiten infligir daño a nuestro compañero, además de tener cierto tacto para administrar los recursos que el juego nos daba para seguir con vida. Lo bueno de esto es que sí, completar de a dos Final Fight era una tarea complicada, pero lo más probable es que una vez cumplida esta, no cabían dudas: quien jugaba con vos sin lugar a dudas era un gran amigo.
1. FIFA y su modo Clubes Online.
Una de las experiencias cooperativas y al final de cuentas, más reveladoras que tuve desde que juego videojuegos se dio con FIFA09 y se profundizó aún más con la salida de las siguientes iteraciones. En un principio podíamos jugar junto amigos utilizando los equipos de cada liga. Luego, en FIFA10 surgió la posibilidad de armar tu propio jugador con tu cara y apariencia, aumentar tu nivel y defender los colores de tu club, en este caso, la celeste y blanca. Créanme, nada se compara con jugar junto a diez amigos online contra otros equipos del mundo por los puntos. Es un camino de ida; una experiencia gratificante e increíble. FIFA de esta generación me regaló los mejores momentos que recuerdo al jugar con amigos. Y me permito el espacio para saludar a Elite FC, el club de mis amores, que dejó de ser virtual para transformarse en una pasión tangible.