InicioOfftopicDiario de una pesadilla
"Se notifica la desaparición de un menor de 14 años, Brandon Duver, el día lunes 11 de Noviembre de 2013."

Creo que son las 5 de la tarde, afuera el clima está realmente delicioso. Mi casa es bastante grande, por lo que mientras estoy en mi cuarto la soledad se siente a sobremanera aunque mis papás están sólo a 4 habitaciones de la mía, entre las que están un cuarto de baño, un cuarto de huéspedes, un cuarto de aseo para nuestra ama de llaves que hoy no está de turno y otra habitación que perteneció a mi hermano, hasta que este murió a manos de unos sicarios, hace ya 4 años. Por fortuna, es algo que ni siquiera recuerdo, no tuve la oportunidad de entablar una relación sólida con mi hermano, por lo que ahora que él no está no me hace mucha falta, siéndome mucho más fácil sobrellevar dicha pérdida. Para mis padres, en cambio, ha sido una de las cosas más difíciles que ha sucedido en su vida de casados, después de 10 años de matrimonio y algo más de 18 de relación. La energía se ha ido, por lo que paso buena parte de mi tiempo observando la calle que pasa frente a mi ventana, que haría a mi casa parecer un apartamento, pero sería mucho mejor así. En la otra calle no hay nada más que árboles, dando la entrada a lo que parece ser un bosque, aunque no lo es, algunos postes de luz y ni una sola alma en casi todo el día. Suele estar solo y quizá en la mañana sí pasen algunas personas, pero a esta hora es casi imposible. Miro el libro que me dedico a leer, con su cubierta de distintos tonos de violeta, una hermosa chica con unos increíbles ojos lobeznos y frente a ella algunas flores dispuestas con lo que pareciera ser sangre, pero no lo es. El título es “Sombra Nocturna” de Andrea Cremer, un excelente ejemplar, para ser honesto, puesto que me enreda en su historia, que algunas veces se basa demasiado en el amor para mi gusto pero no podría faltar en una obra de esta categoría.

Leo algunas páginas del libro para volver a concentrarme, por una extraña razón, en la calle frente a mi ventana. Nuestra casa está rodeada por unas vallas metálicas de unos 2 metros de altura y ni siquiera se ve mal, pero en ocasiones me hace sentir encerrado en una fortaleza. Leo algunas otras páginas para volver a observar la calle al frente y, siempre supe que algo sucedería. De repente, como salido de una historia policiaca, una camioneta pasa a toda velocidad en la calle de enfrente para unos metros adelante detenerse en seco y retroceder, hasta el poste que queda justo enfrente de mi ventana. Dos tipos aparentemente fornidos, en un aterrador traje blanco, ambos como si de uniformes se tratase, bajaron rápidamente de él, fueron hacia la parte de atrás y, frente a mis atónitos ojos, sacaron algo envuelto en una especie de sábana blanca y mi cuerpo entero tembló cuando supe que podía ser fácilmente un cadáver, lo llevaron cargado hasta el monte que se alza algunos metros sobre la calle y, al otro lado donde parece perderse la pequeña montaña, lo dejan caer para luego volver rápidamente al vehículo. Mis ojos evidentemente sorprendidos y mi ritmo cardiaco a punto de hacerme explotar el pecho. Uno de los dos tipos, el conductor, antes de entrar de nuevo al vehículo y para mi sorpresa, se queda junto a él y me mira fijamente como si se hubiese percatado de mi presencia desde mucho antes. Con el miedo inmovilizando mi cuerpo, logro diferenciar lo que parece ser un gesto de silencio en su rostro, con su dedo índice en posición vertical sobre su boca, para luego subir a la camioneta y desaparecer a toda velocidad en la carretera. El miedo me paraliza por completo, mis manos y mis piernas tiemblan y no soy capaz de pensar en otra cosa, ni siquiera soy capaz de decir palabra alguna. Pasan algunas horas antes de que fuese capaz de volver a la normalidad, o al menos, algo parecido a ello. Al día siguiente, más o menos a la misma hora, me encuentro de nuevo en mi cuarto, pero ahora miro cada vez con más miedo a la ventana porque temo profundamente que aquellos hombres vuelvan a aparecer. Algunos minutos después de haber salido de mi cuarto y vuelto a entrar, los veo de nuevo allí, parados, fuera de la camioneta, uno de ellos mirando fijamente hacia mi ventana. Me dejo caer de inmediato, esperando a que no se hayan percatado de mi presencia y me quedo tendido a un lado de la cama, mientras intento acercar las manos a la cuerda de la persiana para dejarla caer. De nuevo vuelvo a la peor pesadilla que viví el día de ayer, corro a toda velocidad hacia el cuarto de mis padres y los miro con un gesto horrorizado sin poder decir una palabra, mientras ellos intentan tranquilizarme.

—Mamá, papá, yo… yo… les juro que ayer… por mi… ventana… vi dos tipos… arrojando un… cadáver.

Se me dificultaba cada vez más respirar y los nervios crecían mientras intentaba calmarme para poder decirles lo que pasaba.

—¿Qué dices hijo? ¿En dónde?
—Por mi ventana… en la acera de enfrente… allí debe seguir el cadáver.

Mi mamá sufrió un ataque de pánico, justo como yo, mientras mi papá salía a toda prisa de la casa para comprobar si era cierto.

—Mamá… y uno de los dos… me miró… después… después de eso.

Sus manos temblaban y su piel era del color del papel, fue corriendo a mi cuarto y abrió la persiana dándome un susto de muerte, que sutilmente mermó cuando vi que estaba la calle completamente sola, ya era oscuro y la soledad reinaba sobre la otra acera. Vemos que aparece desde uno de los bordes de la ventana mi papá, se acerca al lugar donde vi yo que habían arrojado el cadáver y se da vuelta para mirarnos a nosotros, me giro hacia atrás y estoy completamente solo, me vuelvo hacia la ventana y mi papá ya no está allí, de golpe vivía en una absoluta soledad y silencio, ya no escuchaba el viento, ni vehículos, ni grillos, ni siquiera la tele. La luz repentinamente se apagó y estuve cegado por la completa oscuridad. Me acerqué a la ventana porque de allí provenía la única luz existente. Me senté sobre la cama y me apoyé en la pared, intentando no mirar hacia atrás porque siempre temí que esos dos aparecieran de nuevo y mientras observaba la sombra, la oscuridad más absoluta, escucha, en medio de todo ese aterrador y sofocante silencio, unos pasos que lentamente se acercaban, pero no estaba seguro si provenían de afuera o adentro, así que con todo el miedo que nunca creí que existiría en una persona, me di la vuelta para fijarme si en la calle había alguien, deseando con todas mis fuerzas que no fuese alguien con traje blanco. Respiré algo aliviado al comprobar que la carretera seguía sola, pero de repente sentí un golpe de frío que descendió por mi espalda y mi frente, se sofocó mi garganta y mis pulmones desesperaban por salir de su prisión cuando lo supe. Me di la vuelta y allí estaban, en el marco de la puerta de entrada a mi cuarto, uno de los dos tipos, vestido enteramente de blanco y con su rostro oscuro e irreconocible, sólo se alcanzaba a ver su gorra, sostenía algo parecido a un cuchillo en una de sus manos y de él se alcanzaban a ver gotas de sangre cayendo hacia el suelo. Se escuchaba el goteo claramente y mi cuerpo se conservaba inmóvil. Se acercó a mí, imposibilitado de escapar porque las ventanas de mi casa están protegidas con rejas metálicas, levantó su cuchillo apuntándolo hacia uno de los lados y lo dejó caer en el suelo. Se escuchó cuando éste golpeó la cerámica y luego él se acercó más.

—No lo haré… prefiero que sea con mis propias manos.

Su rostro aún seguía escondido bajo la oscuridad y fui incapaz de seguir mirando. Cerré mis ojos con todas mis fuerzas y me cubrí el rostro con las manos. Algunas lágrimas descendían por mi mejilla, sentí una ola cálida por mi cuerpo y abrí los ojos de nuevo para comprobar que ya era de día y todo parecía absolutamente normal. Me levanto rápidamente de la cama y busco por toda la casa pero estoy completamente solo. Me fijo en el reloj y dicen ser las 9 de la mañana, por mi ventana se ven muchas personas como todos los días a esta hora y todo sumado con el sonido del televisor de mi cuarto que rápidamente enciendo me tranquilizan, pensando en mis adentros que fue simplemente un sueño. Algunas horas después salí de mi casa porque tenía arreglado encontrarme con mi mamá en el consultorio del dentista para mi revisión mensual, puesto que el tratamiento debe ser seguido periódicamente por si hay cambios. Llegué al lugar y me acerqué a la secretaria para confirmar la llegada a la cita, pasé al pasillo cercano al consultorio para esperar a que me llamaran, en un cuarto piso y completamente solo, con una simple puerta al frente que era justamente la del doctor. Varios minutos después pensé que se estaba demorando demasiado por lo que en lugar de tocar la puerta preferí bajar para preguntarle directamente a la asistente y para mi sorpresa estaba solo, los cuatro pisos estaban completamente solos y todo parecía como si estuviera cerrado. Comenzó a oscurecer como si fuesen las 7 de la noche y sentí algo de miedo, intenté abrir la puerta para salir del lugar pero estaba completamente sellado, me sentía encerrado y es una de las cosas que más me asusta, por lo que lentamente sentía que mi ritmo cardiaco aumentaba obligándome a respirar más rápido. Subí de nuevo hasta el cuarto piso, con el pasillo largo, oscuro y silencioso delante de mí y observé una persona parada frente a la puerta del doctor, en silencio, mirando hacia adentro, la puerta estaba abierta, sentí algo de miedo pero también curiosidad y algo de tranquilidad al no sentirme tan solo, entonces me acerqué a él hasta que pude distinguir sus brazos grises, carentes de vida, las cuencas de sus ojos vacías y sus manos casi esqueléticas, allí, en silencio. Un frío aterrador recorrió mi espalda y la confusión me ponía la piel de gallina, intenté alejarme de él pero estaba paralizado, y fue entonces cuando, perdiendo el control de mi cuerpo, dirigí mis pasos hacia el consultorio, pasando junto a él completamente aterrado, para comprobar entonces que el doctor yacía muerto en el consultorio, acostado en el suelo sobre una sábana blanca, envuelto solamente en las piernas y descubierto desde el abdomen para arriba. Recordé aquel posible cuerpo que aquellos tipos habían arrojado esa tarde, mis manos se contrajeron y mi mandíbula se tensó fuertemente. Mis ojos lloraron y entonces todo fue oscuridad. Desperté de nuevo en un cuarto, que evidentemente no era el mío, la habitación estaba cerrada y en completo silencio, sus paredes blancas, impecables y una suave luz blanca la iluminaba. Me levanté asustado y noté que en frente había una ventana sellada también por una reja metálica, me fijé en el resto del cuarto y noté que el suelo estaba completamente lleno de cuerpos, me desesperé y quise salir lo más rápido que pude de aquel cuarto, intentando no pisar los cuerpos, tome la perilla de la puerta y salí para darme cuenta, con asombro y el peor de mis temores hecho realidad, que estaba de nuevo en mi casa y que aquellos cuerpos estaban justamente en aquel cuarto de huéspedes al que mis padres nunca me dejaron entrar. Corrí y corrí por aquel oscuro y largo pasillo para encontrarme con sus cuerpos sin vida colgados en la sala principal de la casa, sus ojos carentes de párpados, sus manos cortadas y tiradas en el suelo, mi cuerpo ya no daba señales de vida y sentía una ola caliente recorriendo mi cuerpo, temblaba incontrolablemente y mis manos sudaban, me di la vuelta para escapar de aquella aterradora imagen y me encontré de frente, una vez más con aquel tipo de traje blanco y su rostro completamente desfigurado.
Ahora, ya tirado en aquel parque, completamente inmóvil, sin poder escuchar ni sentir ni decir nada, reconozco, increíblemente, que por la ausencia de dolor debo estar muerto, porque mi cuerpo yace abierto desde los pies hasta la coronilla. No, ya estaba muerto, lo estuve desde el instante en que aquel desconocido me miró y supe que lo hacía directo a mis ojos. Me pidió hacer silencio porque no podía pedir ayuda, porque así es la muerte, no te da ninguna opción, estás muerto mucho antes de perder la vida, desde el instante en que ella te mire a la cara. ¿Experiencias cercanas a la muerte? Eso no existe sino hasta que vives tus peores pesadillas, cuando las imaginas o las temes y entonces las vives, es allí cuando realmente estás cercano a la muerte, cuando sabes que no hay vuelta atrás.
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