Me salió con un domingo siete
Hacer o decir algo disparatado, inesperado, ser un aguafiestas sin proponérselo. En México y otros países hispanoamericanos, alude a la historia de unas brujas que se divertían cantando aquéllo de "lunes, martes y miércoles, tres. Jueves, viernes y sábado, seis". Cuando un testigo del aquelarre de brujas dijo "domingo siete", desató su furia y fue castigado por haber "arruinado" la canción. El mismo cuento aparece, con variantes, en todo el mundo, desde Arabia hasta Irlanda.
Se armó la gorda
Estalló un conflicto que se veía venir, que estaba latiente. La frase alude a un golpe militar que destronó en setiembre de 1868 a la reina Isabel II de España, obligándola a irse a París. Claro que el golpe fue muy anunciado, con varias revueltas de marinos y artilleros, en Cádiz y Madrid. Ante cada revuelta, los humoristas madrileños decían "se va a armar la Gorda". Hasta que realmente se armó. Los militares insistieron en que su golpe era "La Gloriosa", pero popularmente quedó bautizada como La Gorda.
A troche y moche
Gastar alocadamente, despilfarrar. El origen está en la cultura de los leñadores, donde se habla de "hachar a troche y moche", es decir, talar bosques naturales sin pensar en el futuro. Viene de los verbos "trocear" y "mochar". Un ejemplo de esto es lo ocurrido en Santiago del Estero a comienzos del siglo XX, cuando grandes bosques de quebracho fueron eliminados sin asegurar su reprodución.
Esto es un viva la pepa
A gozar, que viva la fiesta. Originalmente se refiere a los hechos del 19 de marzo de 1812 en España, cuando se sancionó la constitución liberal en Cádiz, conocida como La Pepa. Se creía que el rey Fernando VII la aceptaría, por eso decir "viva la Pepa" era el grito de batalla de los liberales y anticlericales en esa época. Entre nosotros, alude además a una situación sin arreglo, donde lo más adecuado es adaptarse.
Tirar manteca al techo
Gastar con ostentación. A principios del siglo XX, los "niños bien" de la alta sociedad porteña gastaban fortunas en los cabarets locales y de París. Tiraban panes de manteca al techo usando sus cubiertos. Ganaba quien tiraba más. La diversión era, también, ver cómo caían las bailarinas al pisar la manteca que chorreaba al suelo.
Agarró para el lado de los tomates
Que entendió mal, que se fue lejos en el razonamiento. La expresión viene del campo, donde los tomates suelen plantarse en el lugar más alejado de las quintas. La explicación para esto es que, como se trata de un cultivo alto —el tallo va creciendo sobre la guía de cañas— es incómodo plantarlo adelante de la huerta porque tapa la visión del resto de los cultivos.
No es moco de pavo
No subestimar una cuestión, aunque parezca fácil a primera vista. Hacia 1890 o aún antes, en la época en que se usaban relojes de bolsillo con cadena, los ladrones españoles decían que el "pavo" era la víctima y el "moco" —aludiendo a la carne que cuelga del pico del animal— era la cadena del reloj. La frase se hizo metáfora.
Pisar el palito
Caer en una trampa ideada por otros. Para cazar pájaros se usa una jaula con mucho alpiste y un pájaro cautivo, el "llamador", que atrae con su canto. La puerta se sostiene con un "palito", que cae y cierra la jaula cuando entra la presa. También se refiere a una danza picaresca parecida al fandango, "el baile del palito", prohibido en Buenos Aires en el siglo XVIII.
La chancha y los veinte
Pretender todas las ventajas para sí mismo, en un negocio o en el trato cotidiano con los demás. Es una expresión criolla y muy de campo, originada en el mundo de los matarifes, criadores y vendedores de ganado. Originalmente se decía que el fulano en cuestión quería quedarse "con el chancho, la chancha y los veinte lechones". Por extensión, "hacer una chanchada" es negociar de una manera miserable, desleal para con los otros.
Ser un atorrante
Ser un vago, alguien que vive al día y sin trabajar. Cuando se construyeron las primeras cloacas modernas en Buenos Aires, a fines del siglo XIX, se usaron enormes caños cuyo fabricante era un tal "A. Torrant". Eran el refugio elegido por los mendigos para dormir. De "atorrante" deriva el lunfardo "rante" y "rantifuso". En su "Musa rea", Celedonio Flores admite tener "un alma rantifusa".
Estar en Babia
Estar distraído. Babia es una ciudad de la provincia española de León, un pequeño paraíso donde acostumbraban refugiarse los reyes y aristócratas, para descansar de la guerra contra los árabes en tiempos de la Reconquista. En esa zona se criaban caballos famosos por su fuerza. Precisamente, el caballo del Cid Campeador era de la región, se llamaba "Babieca".
Tener un corso a contramano
Estar muy confundido, al borde de la locura. Los corsos que incluyen comparsas, mascaradas, bailes y otros juegos durante los tres días del Carnaval, florecieron en Buenos Aires desde los tiempos coloniales. Pero "tener un corso a contramano en la cabeza" ya es otra cosa, algo que nos viene del italiano y el lunfardo. Un tango de Cátulo Castillo, "Desencuentro", usa literariamente la metáfora cuando dice "en el corso a contramano un grupí trampeó a Jesús".
Ser Gardel
Ser el mejor en la actividad de que se trate, por caso, "ser el Gardel de los vendedores de autos". La frase alude a un mito que siempre necesita releerse: cómo un cantante saltó desde el Abasto a París, triunfó en Europa y los Estados Unidos, amó a muchas mujeres y murió joven. A Carlos Gardel (1890-1935) se lo considera el padre del tango canción, había grabado 800 temas y filmado 11 películas cuando murió en el accidente aéreo de Medellín. De él se dice que "cada día canta mejor", esto es, que aún vive.
Irse a la quinta del ñato
Morir, terminar en el cementerio. Hay muchas versiones sobre el origen de la frase, que es un típico argentinismo. Algunos creen que viene del lunfardo de comienzos del siglo XX, otros, del habla gauchesca que queda fijada literariamente con el "Martín Fierro" de José Hernández, en la década de 1870. El ñato es la calavera de huesos desnudos, ya sin nariz. La quinta es el cementerio.
El que se fue a Sevilla, perdió su silla
Es un llamado a no descuidarse, porque se corre el riesgo de perder una posición social o un bien. Se cuenta que en tiempos de la reina Isabel la Católica, el obispo de Sevilla don Alfonso de Fonseca debió viajar a Galicia para resolver temas de la Corona española. Dejó en el cargo a un sobrino, pero cuando el obispo Fonseca regresó de su viaje, éste se negó a devolvérselo.
Tener buena onda
Sentir simpatía hacia alguien. A primera vista podría creerse que la expresión viene de la contracultura hippie, pero en realidad las "ondas" se refieren a la teoría del magnetismo animal, relacionada con la sugestión y la hipnosis. En la Europa del siglo XVIII el médico austríaco Franz Mesmer alcanzó gran éxito con esa teoría, que postula la existencia de "fluídos" entre las personas. Mesmer hacía "imposición de manos" e hipnosis.
Ser un chusma
Ir con cuentos, sembrar rumores. Chusma es una palabra pampa. En la tribu, la "chusma" estaba integrada por los no combatientes: mujeres, niños y enfermos. Ante los soldados blancos, hablaban en voz baja. Despectivamente, se asoció chusma con chisme. Los conservadores hablaban en 1916 de "la chusma radical".
No dejar títere con cabeza
Criticar con saña, pero también se entiende en referencia a alguien capaz de muchas conquistas amorosas. En el origen está una escena de "Don Quijote de la Mancha" escrito por Miguel de Cervantes. Mientras ve una representación teatral con títeres, Don Quijote pasa de espectador a actor y decide defender a la protagonista —una princesa de madera y trapo— descabezando a todos los otros muñecos.
Quedó para vestir santos
Quedarse soltera sin desearlo. Hace más de cien años, las mujeres jóvenes que iban a rezar en las iglesias tenían por costumbre, también, ayudar en el arreglo de los altares de los santos. Se le rezaba mucho a San Antonio pidiéndole un marido o al menos, un novio. Se hacía además una ofrenda, cambiando un alfiler nuevo por otro bautizado con agua bendita. El mito de la solterona está recreado en el film de Torre Nilsson "Para vestir santos" (1955), con Tita Merello.
Hay que tirar la casa por la ventana
Derrochar, gastar sin ningún control. Durante el reinado de Carlos III en la España del siglo XVIII, se estableció el juego de la lotería organizada por el gobierno. El Estado garantizaba el pago de los premios y entonces la lotería tuvo mucho éxito. Se dice que los primeros ganadores de aquella lotería española acostumbraban tirar desde las ventanas de sus casas todo aquello que ya no iban a usar más: ropas, platos, muebles y muchas otras cosas. Por extensión, hoy se alude también a aquellas personas que gastan por encima de sus posibilidades.
En Pampa y la vía
Quedarse sin plata, sin ningún recurso, ser víctima de un desastre económico. La metáfora viene del lunfardo, según los entendidos. Otros la relacionan también con figuras como "estar en la lona" o "estar en la vía". En el barrio donde se tocan la avenida La Pampa y las vías ferroviarias está el hipódromo. ¿Quién no recuerda aquello de "maldito seas Palermo, me tenés seco y enfermo"?. Los apostadores que jugaban su suerte a los caballos y lo perdían todo, acostumbraban a irse en un ómnibus que salía precisamente "de Pampa y la vía".
“A ojo de buen cubero”
Esta expresión se emplea normalmente para decir que una cosa está hecha sin medida. Antiguamente, en los diferentes reinos existía una total falta de reglamentación a propósito de los sistemas de medidas. La frase hace referencia a las medidas de capacidad de las cubas destinadas a contener agua, vino u otro líquido. Las cubas eran fabricadas una a una por el cubero, y su capacidad venía determinada por el reino en el que tuviera montado el negocio e incluso por las diferentes normativas de medidas dictadas por los señores feudales.
“Dar gato por liebre”
Si hay algo que ha mantenido la tradición con el paso de los siglos, es, sin duda, la mala fama de las posadas, hosterías y fondas, respecto de la calidad de sus comidas. La literatura universal está llena de alusiones, muchas de ellas irónicas, acerca del valor de los alimentos ofrecidos en ellas. Y era tanto el descrédito de estos lugares, que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo a la degustación, en el que aquellos, parados frente a la carne recién asada, recitaban: “Si eres cabrito, manténte frito; si eres gato, salta al plato”. Por supuesto, este “exorcismo” nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio origen a la expresión dar gato por liebre, que con el tiempo se incorporó al lenguaje popular como equivalente de engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior calidad, bajo la apariencia de legitimidad.
“Dormirse en los laureles”
Antiguamente, a los poetas, emperadores y generales victoriosos, se les coronaba con guirnaldas confeccionadas con hojas de laurel. Pero si después de haber conseguido el triunfo y el reconocimiento general con la corona de laurel, la persona dejaba de trabajar y esforzarse se decía que se “dormia en los laureles”.
“Hay gato encerrado
”
Se dice cuando queremos afirmar que hay una causa o razón oculta. Era habitual durante el Siglo de Oro español la utilización de bolsas para guardar el dinero hechas con piel de gato y se les llegó a llamar popularmente con tal nombre. Siendo “gatos” que encerraban riquezas desconocidas.