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¡Relaciones Enfermizas!

Femme•11/20/2008
Ni contigo ni sin ti!



Hay parejas que pasan del amor al odio en cuestión de segundos. Pero, aunque tengan problemas cuando están juntos, no pueden separarse.
¿Es posible convertir este tipo de relaciones en vínculos mas saludables?
Muchas son las personas que se ven envueltas en relaciones que les traen mas desdicha que felicidad. Se obsesionan por el amor o la atención del otro, pero a la vez boicotean las actitudes positivas. Soportan malos tratos y humillaciones, pero cuando un tercero les sugiere que abandonen el vínculo, alegan toda clase de motivos por los cuales les resulta imposible hacerlo. Contra lo que pueda suponerse, no siempre una relación patológica adopta la forma de un hombre y una mujer arrojándose platos por la cabeza en medio de insultos, gritos y llantos, a los que siguen juramentos desesperados y apasionadas reconciliaciones en la cama. La mujer o el hombre que aguantan en silencio las desatenciones, los que todo lo perdonan y los que no logran poner fin a una relación que solo les aporta infelicidad representan también modos de parejas destructivas. Pero ¿qué es en verdad una relación enfermiza? ¿cómo distinguirla de una relación sana?
Mientras que las relaciones saludables están construidas sobre la base del respeto, el amor, el proyecto en compartido y la comunicación eficaz, en las parejas enfermizas el vínculo se basa en la intolerancia, la resignación, el hastío, la incomprensión y las exigencias. El objetivo oculto e inconsciente de estas personas es aniquilar al otro como castigo por no ser como uno quiere que sea.
Estas parejas enfermizas se diferencias de las saludables porque poseen una extraordinaria capacidad para crear las condiciones para vivir mal, en cambio, las parejas trascendentes crean las condiciones necesarias para hacer feliz al otro, sin esperar la inmediata retribución por sus sacrificios.
Dentro de este vivir mal ocupa un sitio de importancia la ausencia de proyectos compartidos. Si los hay, es por iniciativa de uno de ellos aceptados con fastidio por el otro, pero en general, predominan los proyectos individuales sin consideración por lo que siente el compañero. Estas relaciones son enfermizas desde que se inician pero sus integrantes lo perciben recién cuando se rompe la etapa del enamoramiento. Estafados en su buena fe, algunos sufren en silencio y se adhieren a los planes de su pareja, otros optan por la demanda constante, algunos se irritan y muchos son los que se violentan. Muchas de estas parejas parecen hacer de la lucha por la dominación una cuestión de vida o muerte. Esta contienda, incluso, no se detiene ni siquiera cuando en apariencia algunas situaciones- el divorcio- por ejemplo simulen ponerle un limite.
Las explicaciones que los mismos sufridos protagonistas dan acerca de los motivos que los mantienen unidos representan, quizás, el obstáculo mayor para zafar de este círculo vicioso. En los matrimonios de larga data y con hijos, es habitual el temor a la desprotección económica, el no querer dañar a hijos o familiares. Otros frecuentes motivos alegados por las parejas son mas personales: la costumbre, la simbiosis, la adicción a un estilo de vínculo, la alusión a áreas que funcionan bien y aparentan compensar los sinsabores “tenemos buen sexo”, “nos gustan los mismos espectáculos” y la pertinaz esperanza de que todo va a mejorar, renovada después de cada pelea. Pero tal vez la creencia mas dramática y también la más difícil de desarticular sea la del mal amor, aquella que sostiene que si dos personas que se llevan tan mal no logran separarse es porque en el fondo se quieren de verdad.

Todo tipo de pseudo-amor es destructivo;uno de ellos es la codependencia.



Cuando una persona vive su vida a través de los demás y a costa de sus legítimas necesidades, va más allá de lo que exige el verdadero amor. Se quema hasta el punto de no quedar ya nada de ella.
Parece un noble empeño ayudar a otras personas que se están autodestruyendo, como en el caso de las esposas o novias de los alcohólicos o adictos a la droga, al juego o al sexo. Sin embargo, olvidamos ayudar a los codependientes.
Todo amor que no produce paz, sino angustia o culpa, está contaminado de codependencia. Ese tipo de amor patológico, de obsesión, es sumamente destructivo. Al no producir paz interior ni crecimiento espiritual, no lleva a la felicidad.
La codependencia crea amargura, angustia, enojo y culpabilidad irracional. El fruto del amor debe ser la paz y la alegría. Si no es así, algo anda mal. Somos imagen y templo de Dios. No debemos albergar en nuestro corazón ni angustia ni ninguna otra emoción dañina.
La codependencia nace de un hambre malsana de amor, quizás provocada por un ambiente familiar en que uno no se sentía amado. Se puede tener un hambre tan desordenada de amor, que nos impida dejar una relación humana negativa.
El dolor en la codependencia es mayor que el amor que se recibe. Hay que tratar de mantener una relación sólo hasta donde debamos y podamos. Si una relación humana resulta perjudicial para la salud física, moral o espiritual, hay que cortar. La misma Iglesia Católica permite la separación de los casados cuando la vida en común se hace intolerable.
Una de las características de la persona codependiente es que no confía en la otra persona a la que trata de influir. Esto lo demuestra persiguiéndola, tratando de controlarla, diciéndole lo que tiene que hacer, etc.
La sobreprotección, signo de codependencia, a veces nace de la situación de una madre que ha perdido a su esposo. Hay madres que usan a sus hijos para llenar un vacío.
El codependiente no sabe quién es, lo que siente, cuáles son sus necesidades; vive como un ser vacío.
El verdadero amor promueve el crecimiento mutuo. El fin de todo ser humano no es complacer siempre a otro o ser lo que el otro espera de uno, sino ser el reflejo del bien.
La codependencia aparenta ser amor, pero es egoísmo, mutua destrucción, miedo, control, relación condicionada: "Te amo si cambias"; "Si no haces lo que digo, te recrimino, te persigo, me siento tu víctima." En la codependencia hay una gran cantidad de manipulación. Es una relación descontrolada: hagamos todo lo que sea para que esa persona se acomode a mí.
En momentos de frustración, la codependencia es abusiva o de tremenda tolerancia del abuso. La persona codependiente permite tanto que no reconoce el abuso cuando lo sufre. Ha llegado a tener una autoestima tan baja, que ya no se da cuenta de que están abusando de ella.
El codependiente necesita dar continuamente para no sufrir culpabilidad, ansiedad, enojo, miedo, etc. Necesita dar, sentirse necesario para tener autoestima. Está dominado por sentimientos enfermizos y no por la razón.
El amor humano debe ajustarse a la razón. Los codependientes se dejan llevar solamente por sus sentimientos. Su autoestima depende del comportamiento o reacción de los demás.
El codependiente debe recibir ayuda profesional y espiritual. Debe amarse ordenadamente a sí mismo, atendiendo a sus necesidades básicas.

Algunas definiciones de la codependencia



La co-dependencia puede ser definida como una enfermedad, cuya característica principal es la falta de identidad propia. El codependiente pierde la conexión con lo que siente, necesita y desea. Si es dulce y agradable aunque no lo sienta, es porque busca aceptación. Cree que su valor como persona depende de la opinión de los demás. Da más importancia a los demás que a sí mismo. Se crea un yo falso, pues en realidad no está consciente de quién es y está tan desconectado de sus propios sentimientos, que asume la responsabilidad por las acciones de los demás. Se avergüenza por lo que hacen otras personas y toma las cosas de una manera personal. Invierte una enorme cantidad de energías en mantener una imagen o un estatus para impresionar porque su autoestima es muy baja, ya que depende del valor que los demás le otorgan.
La codependencia se origina en las familias disfuncionales y convierte a los miembros de esas familias en personas híper-vigilantes. Al estar el ambiente familiar tan lleno de estrés debido a la violencia, la adicción al alcohol o a las drogas, las enfermedades emocionales de sus miembros etc.; la persona codependiente enfoca su atención hacia su entorno para defenderse de algún peligro real o imaginario. El estado de alerta es una defensa de nuestros cuerpos, algo temporal que nos ayuda a defendernos en momentos de peligro. Pero cuando ese estado se vuelve crónico, la persona pierde el contacto con sus reacciones internas, ya que todo el tiempo su atención está afuera de sí misma.
Los niños necesitan seguridad y tener modelos saludables para imitar, para poder entender sus propias sensaciones internas. También necesitan aprender a separar los sentimientos de los pensamientos y a generar autoestima ellos mismos desde su interior. Si el niño pierde el contacto con sus sentimientos, tratará de llenar sus necesidades con estímulos externos y se convertirá en un adulto codependiente



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