Las acciones de la red social no han dejado de caer desde su salida a bolsa. ¿Un indicio de que se acerca la explosión de la nueva burbuja tecnológica?
A Microsoft le conviene más algo ya establecido y con una masa de usuarios consolidada, como Facebook. Imagen cortesía de Andrew Feinberg en Flickr bajo licencia Creative Commons
Muchas son las voces que proclaman que estamos viviendo una nueva burbuja tecnológica como la que ya se dio a finales del siglo pasado y que explotó en 2001. Ambas burbujas se han caracterizado, a grandes rasgos, por la sobreestimación del valor de las empresas que trabajan en el sector tecnológico.
Las mismas voces ponen a Facebook como el ejemplo paradigmático de esta sobrevaloración: una empresa cuyo activo (los usuarios de su red social) es altamente volátil y sujeto a las nuevas modas que puedan surgir en este área (dicho más llanamente, a cambiar de red social si se da el caso), y cuyas inversiones van a tardar varias décadas en ser devueltas.
La “riqueza”, en este caso -y como en otros- se crea a partir de la especulación, la compra de acciones a un precio esperando revender a otro superior. Quien las compra lo hace con el mismo propósito y, así, hasta el infinito. El problema surge a partir del momento en que no se encuentran compradores dispuestos a pagar el precio, y es entonces cuando se desploma la cotización de las acciones.
Lo de Facebook ha sido ligeramente diferente: ya desde el primer momento, su cotización ha ido a la baja, señal que los compradores no confiaban en que su valoración estuviera ajustada a un precio real.
Las acciones de la red social de Mark Zuckerberg salieron al parquet a un precio de 38 dólares, y entre ayer jueves y hoy viernes se han estabilizado sobre los 33 dólares con una ligera ganancia inferior al 5% respecto a los días precedentes.
Por si la cosa no estuviera ya suficientemente complicada, las autoridades reguladoras norteamericanas amenazan con investigar la salida a bolsa de Facebook y, concretamente, de los bancos que han hecho de intermediarios y que poseen parte de la compañía.
¿Facebook en peligro?
En absoluto; la continuidad de la red social está garantizada, por lo menos a medio plazo e, incluso si la empresa acaba quebrando, es seguro que otra compañía del sector tecnológico comprará su producto; a fin de cuentas, su gran número de usuarios y la actividad que estos despliegan los hacen muy interesantes para cualquiera de los gigantes de la Red de redes.
Si la existencia de una nueva burbuja es algo que pocos ponen en duda, queda poco claro si la evolución de Facebook afectará al devenir de esta, si va a significar el principio del fin de la burbuja o si, por el contrario, va a ser un caso aislado.
Sea lo que fuera, todas las burbujas han acabado por estallar, por lo que, tarde o temprano, la cotización de muchas empresas tecnológicas caerá.
Copyleft 2012 www.imatica.org
Esta obra se encuentra sujeta a la siguiente licencia:
La difusión, reproducción y traducción de este texto se permite libremente en cualquier medio o soporte con las únicas obligaciones de mantener la presente licencia e incluir un enlace o referencia a la página en la que se encuentra el original dentro del servidor www.imatica.org . En medios audiovisuales se requiere la cita al medio www.imatica.org
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Muchas son las voces que proclaman que estamos viviendo una nueva burbuja tecnológica como la que ya se dio a finales del siglo pasado y que explotó en 2001. Ambas burbujas se han caracterizado, a grandes rasgos, por la sobreestimación del valor de las empresas que trabajan en el sector tecnológico.
Las mismas voces ponen a Facebook como el ejemplo paradigmático de esta sobrevaloración: una empresa cuyo activo (los usuarios de su red social) es altamente volátil y sujeto a las nuevas modas que puedan surgir en este área (dicho más llanamente, a cambiar de red social si se da el caso), y cuyas inversiones van a tardar varias décadas en ser devueltas.
La “riqueza”, en este caso -y como en otros- se crea a partir de la especulación, la compra de acciones a un precio esperando revender a otro superior. Quien las compra lo hace con el mismo propósito y, así, hasta el infinito. El problema surge a partir del momento en que no se encuentran compradores dispuestos a pagar el precio, y es entonces cuando se desploma la cotización de las acciones.
Lo de Facebook ha sido ligeramente diferente: ya desde el primer momento, su cotización ha ido a la baja, señal que los compradores no confiaban en que su valoración estuviera ajustada a un precio real.
Las acciones de la red social de Mark Zuckerberg salieron al parquet a un precio de 38 dólares, y entre ayer jueves y hoy viernes se han estabilizado sobre los 33 dólares con una ligera ganancia inferior al 5% respecto a los días precedentes.
Por si la cosa no estuviera ya suficientemente complicada, las autoridades reguladoras norteamericanas amenazan con investigar la salida a bolsa de Facebook y, concretamente, de los bancos que han hecho de intermediarios y que poseen parte de la compañía.
¿Facebook en peligro?
En absoluto; la continuidad de la red social está garantizada, por lo menos a medio plazo e, incluso si la empresa acaba quebrando, es seguro que otra compañía del sector tecnológico comprará su producto; a fin de cuentas, su gran número de usuarios y la actividad que estos despliegan los hacen muy interesantes para cualquiera de los gigantes de la Red de redes.
Si la existencia de una nueva burbuja es algo que pocos ponen en duda, queda poco claro si la evolución de Facebook afectará al devenir de esta, si va a significar el principio del fin de la burbuja o si, por el contrario, va a ser un caso aislado.
Sea lo que fuera, todas las burbujas han acabado por estallar, por lo que, tarde o temprano, la cotización de muchas empresas tecnológicas caerá.
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