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Construyendo instrumentos - "Cuerdas"

Hazlo Tu Mismo9/30/2011
Construyendo instrumentos. Cuerdas (I)

Texto: Fernando Solar

Desde el principio de este escrito hemos estado utilizando la denominación “instrumento de cuerda” para definir y describir los instrumentos a los que nos hemos estado refiriendo.

Queda claro, por tanto, que las cuerdas llevan consigo la esencia del sonido que este tipo de instrumento va a producir.

Y debemos distinguir entre los que golpean la cuerda, como es el caso del piano, los que la pulsan, o tañen, como son los de la familia de la guitarra y de las arpas, y los que la frotan, como son los que nos interesan en este momento.

Si bien no debemos olvidarnos que existen otros instrumentos que también frotan la cuerda para producir sonido, y que no pertenecen a nuestro grupo, ya que lo hacen empleando otros medios. Ejemplo de ello es la antigua zanfona, que es un interesante instrumento en el que, mediante una rueda girando, que está en contacto con la cuerda, produce la vibración de la misma.

En los instrumentos que nosotros hemos estado describiendo y estudiando ya sabemos perfectamente que el sonido es producido por la frotación de los pelos de la cola de caballo que tiene nuestro “arco”. Por ello, cuando iniciamos el mecanismo de tocar sobre la cuerda es interesante considerar también el arco como elemento capaz de modular el sonido.

Tan importante es la influencia del arco en el sonido que su descripción y propiedades serán objeto de estudio en capítulo aparte, más adelante.

Incluso la resina, que es una sustancia que se aplica sobre las cerdas (los pelos de la cola del caballo) tiene su influencia en el sonido. De todo ello ya hablaremos en el futuro.

Volvamos a las cuerdas de nuestro instrumento
Ellas son el punto de partida de la vibración. Es obvio que tienen gran importancia. Infinidad de veces un mal sonido no es achacable a un defecto en el instrumento sino a una mala elección de cuerdas o al hecho que estén viejas o defectuosas.

En la cuerda se produce la vibración fundamental y sus armónicos (los de la cuerda) y esas vibraciones son las que, transmitidas por el puente, entrarán en nuestra mágica caja de resonancia para ser aumentadas, moduladas y emitidas en forma de sonido.

Podemos hacer un sencillo experimento: cojamos una cuerda de violín, por ejemplo, y sujetémosla entre dos puntos, al aire, que no esté en ningún instrumento montada, y démosle su afinación correcta. Ahora si le pasamos el arco, de la manera habitual, la misma que emplearíamos para tocar en el instrumento, veremos que produce un sonido muy leve. Seguramente nos sorprenderá la enorme diferencia que existe entre este sonido que hemos obtenido y el que escucharíamos si la montáramos en el instrumento. Esa es la capacidad que tiene la caja armónica para transformar la vibración.

En los instrumentos que hemos estado estudiando, violín, viola y violoncello siempre se montan cuatro cuerdas. El contrabajo, aunque pertenece a la misma familia, tiene una consideración especial, ya que se construye bajo diferentes formatos y tamaños, y, aunque básicamente se le puede considerar con un esquema de funcionamiento igual a los demás, debe ser objeto de estudio por separado, con el fin de proporcionarle sus ajustes de la manera más conveniente. En el capítulo de cuerdas también tiene su propia identidad, ya que puede ser montado con tres o con cuatro cuerdas.

Pues bien, cada una de las cuatro cuerdas que montamos da una nota diferente. Ello nos permite abarcar una gama de registros de varias octavas en cada instrumento. Para ello cada cuerda debe tener diferente grosor, lo que nos proporcionará diferentes afinaciones a las tensiones adecuadas.

Las escalas de notas que resultan se superponen, en parte, de una cuerda a otra y esto hace posible reproducir una misma nota en diferentes cuerdas, creando de esta manera una mayor riqueza de matices en el sonido, que nos serán útiles en la interpretación de distintas obras musicales.

Cuando afinamos en su tono las cuatro cuerdas, el conjunto de tensiones que producen dan como resultante una gran tensión final, que debe ser soportada sin problemas por la estructura del instrumento.

De ahí la forma característica que tienen, con el mango inclinado hacia atrás y las tapas superior e inferior presentando una curvatura adecuada que contribuye a proporcionar esa estructura indeformable, que, si todo está bien hecho, permanecerá inalterable durante cientos de años.

Yo creo que los instrumentos de cuerda de esta familia son los que están concebidos para aguantar durante muchos más años sin deformarse por el efecto de la enorme tensión de las cuerdas.

De nuevo nos encontramos con un fascinante diseño que no sólo suena de una manera especial sino que además está pensado para que dure.

Ya hemos mencionado que los diferentes grosores de las cuerdas nos proporcionan que cada una de ellas nos dé una nota diferente cuando le damos su tensión correcta, y para conseguirlo, sin caer en excesivos gruesos, hoy día, deben estar construidas de diferentes materiales.

Antiguamente las cuerdas se hacían de un sólo material: la tripa, de origen animal. A cada cuerda se le daba un diferente grosor, y de esta manera se conseguía el efecto deseado, el de que cada una produjera su nota correspondiente.

El empleo de un único material, la tripa en este caso, obligaba a que la diferencia de grueso entre las cuatro cuerdas era exagerado, siendo las cuerdas mas graves de sonido las más gordas, tanto que empezaban a tener ciertas dificultades en la interpretación. Además, la extrema delgadez que, necesariamente debía tener la primera cuerda, la más fina, en el violín, daba como consecuencia una duración muy corta.

De este modo, con el paso del tiempo, las cuerdas han visto como se iban introduciendo nuevos materiales para su construcción, y con ello se conseguían paliar algunos de los inconvenientes que hemos mencionado.

No obstante, el uso de la tripa de origen animal para la confección de cuerdas no ha sido desterrado por completo, como podríamos pensar, y ello es debido a que la elección de este material, en el comienzo de la andadura de los instrumentos de cuerda, fue a causa de la excelente calidad de sonido que proporcionaba. Debemos razonar en el sentido que, probablemente, fueron varios los materiales que se experimentaron y la cuerda de tripa sería la que obtuvo la mayor consideración, en función del tipo de sonido que emite. No nos olvidemos que los tambores también la han empleado para la confección de los parches, por la generosa amplitud de sonido que producen.

Lo que sí ha evolucionado es la manera en la que la cuerda de tripa se construye hoy día.

Tengamos en cuenta que la necesidad de proporcionar diferentes gruesos, mayores en las cuerdas graves, es debido a que éstas van a vibrar en frecuencias más graves y por lo tanto más lentas, lo que requiere más concentración de masa en la cuerda, o sea, una cuerda más pesada, pero que no vea alterado su timbre de sonido. Enseguida surge la idea del empleo de materiales más pesados, como los metales, en sus más variadas composiciones, pero esto se opone al principio fundamental de conservar el timbre del sonido. La idea feliz surge cuando a una cuerda de tripa se le propone aumentar de peso, pero sin aumentar el grueso. El que apuntó a la idea de entorchar -o enrollar- un fino hilo de un material más pesado en torno a la cuerda tripa para aumentar su peso probablemente no caería en la cuenta que había dado el paso definitivo.

De esta manera surge la cuerda entorchada ,y es tal su efectividad que ha llegado hasta nuestros días.

Durante decenas de años se han utilizado, con el mayor de los éxitos, las cuerdas entorchadas.

Y ahora sí que se emplean los más diferentes materiales: aluminio, plata, cromo, y hasta el mismo oro, en aleaciones apropiadas, se emplea con garantía. Y con el perfeccionamiento de la industria, en este caso, metalúrgica, que permite fabricar hilos finísimos para el entorchado, surgen nuevas posibilidades para variar el calibre de las cuerdas, dentro de la misma afinación, y ya tenemos la posibilidad de seleccionar la cuerda más apropiada, repito, dentro de la misma afinación, para nuestro instrumento.

Por lo tanto, queda perfectamente entendido que la cuerda de tripa no ha dejado de usarse, lo que ha hecho es transformarse para poder ofrecer una homogeneidad bastante aceptable en el calibre de las diferentes cuerdas, que, indudablemente, va en favor de la interpretación.

Pero..., nada es perfecto
El entorchado de la cuerda de tripa ha supuesto un enorme avance en el mundo de los instrumentos de cuerda. Pero, desgraciadamente, no ha resuelto los problemas que la cuerda de tripa tiene, con motivo de su propia esencia. Veamos en qué consisten.

La tripa de la que se hacen estas cuerdas, como ya hemos dicho, tiene origen animal. Es un producto totalmente natural, que, aunque se le somete a diferentes tratamientos químicos y físicos, sigue teniendo su constitución inicial y con ella sus características.

La tripa es una material altamente higrométrico, esto es, absorbe con facilidad la humedad y la suelta con la misma rapidez. Ello provoca considerables aumentos y disminuciones de su longitud a la misma velocidad con la que varían las condiciones de la humedad en el ambiente. Lógicamente, esto conduce a la inmediata desafinación de la cuerda. Un desastre. Sobre todo si tenemos en cuenta que en una sala de conciertos, por ejemplo, la presencia del público, de unos centenares de personas respirando y emitiendo vapor de agua en cada expiración puede subir el grado de humedad relativa en pocos minutos, y desde luego en el transcurso de tiempo que puede durar cada movimiento del concierto.

Ya nos imaginamos como puede estar la afinación del instrumento cuando el solista, o incluso los músicos de la orquesta concluyen cada movimiento. Si observamos, al empezar el concierto, con qué cuidado se afinan todos y cada uno de los instrumentos, vemos con desolación que habría que repetir el proceso cada vez que se pare, y que los últimos compases de cada tiempo tienen verdadero riesgo de verse seriamente alterados por culpa de la incorrecta afinación de los instrumentos.

Por suerte, la excelente preparación del músico profesional corrige, en la medida de lo posible, este efecto, y, en general, se mantiene la música dentro de unos valores aceptables de afinación.

Otro gran problema que presenta la cuerda de tripa es su escasa duración.

Bien es cierto que con los entorchados de metal sobre las tripa desnuda el desgaste por el uso se ha disminuido considerablemente, pero la duración de una cuerda de tripa, y sobre todo de las más delgadas, como pueden ser la cuerda La del violín o de la viola, puede ser verdaderamente corta.

Por lo tanto, todo el músico que emplea cuerdas de tripa sabe que su reposición la va a hacer muy a menudo. Pero, y ya tenemos otro inconveniente, el proceso de instalación de una nueva cuerda en un instrumento requiere unos cuantos días para que la cuerda se estire hasta su longitud definitiva y, por tanto, hasta su afinación estable, y si el cambio de cuerda se produce en medio de un compromiso sabemos que vamos a estar en evidencia un buen rato.

Y, por último, para rematar los inconvenientes que debe sufrir aquel que use cuerdas de tripa, debemos añadir que suelen ser las cuerdas más caras del mercado, por lo que añadido a su corta duración y su gran propensión a desafinarse la convierten en la cuerda mas ingrata de las que se pueden instalar en un instrumento.

Ahora bien, a cambio ofrecen una muy alta calidad de sonido. Calidad que, a veces es altamente necesaria, como puede ser el caso de los concertistas. En ese momento es cuando se tiene que poner en la balanza sus bondades y sus defectos y elegir lo que uno crea más conveniente.

Naturalmente, estamos hablando de elegir cuando verdaderamente se puede, porque esta posibilidad existe ahora en la actualidad pero no hace unos pocos años donde era uso obligado, por no haber otro tipo de cuerda. Estamos hablando, evidentemente de mas de medio centenar de años atrás.
Construyendo instrumentos. Cuerdas (y II).
Texto: Fernando Solar
Veamos qué otras alternativas surgieron después de la cuerda entorchada de tripa.
Realmente la idea de la cuerda metálica es muy antigua. Fue empleada desde que se construyeron los primeros instrumentos de cuerda. En los clavecines del siglo XV se utilizaba con profusión. Por lo tanto, cuando se empezaron a construir instrumentos de cuerda del género de las violas su utilización parecía evidente. Ni que decir tiene que las violas que tenían cuerdas simpáticas, que eran cuerdas que no se tocaban, y que sonaban por simpatía con las que se tocaban, inevitablemente montaban cuerdas metálicas, pero para las cuerdas principales, para el tipo de sonido que se trataba de producir, el sonido de estas cuerdas metálicas no parecía el apropiado. Por ello el uso de la cuerda de tripa se generaliza, aunque en sus comienzos ya hemos visto que era de tripa limpia, pelada, sin ningún otro material que la acompañara, y mas tarde se ve revestida de finos hilos de metal, y a veces de algún otro material como el hilo de seda.

En oposición a esta cuerda, la de tripa, tenemos la metálica. Así como suena, una cuerda construida toda ella de algún material metálico. Evidentemente la más sencilla de todas ellas es la constituida por un sencillo alambre. Más fino o más grueso según las necesidades de que la cuerda sea más aguda o más grave, pero sencillo alambre. Como es lógico su sonido es un sonido simple y de unas características determinadas. Sobre todo si pensamos que, al principio, la composición de este fino alambre no se vería variada en lo más mínimo. El hierro como base nos proporcionaría toda la gama de cuerdas necesarias. Como vemos, poca cosa.

Pero claro, la enorme trascendencia del sistema de entorchado alcanza también a la cuerda metálica, y pronto nos encontramos con cuerdas metálicas entorchadas. A diferencia de las cuerdas de tripa, que utilizan este material para ser recubierto, sus correspondientes metálicas tienen como soporte el fino hilo de acero (lo que ya es un avance sobre las más antiguas) que incluso admite añadir una nueva gama de materiales a los que normalmente se usaban para recubrir la tripa.

Las diferentes aleaciones del acero, laminándolo finamente, o dejándolo en simple hilo, se emplean para el propio entorchado, dotando a la cuerda metálica de nuevas propiedades que, si bien son netamente diferentes a las de las cuerdas de tripa, ya consiguen proporcionar un sonido que se acepta en determinadas circunstancias.

Estas circunstancias de las que se habla se relacionan directamente con los instrumentos que se van a emplear en ambientes musicales donde la exigencia de sonido baja un peldaño y, por contra, la necesidad de mantener una estabilidad de afinación, incluso de duración, se acrecienta, y además se añade un factor adverso de ambiente sujeto a variaciones importantes de temperatura y humedad en espacios cortos de tiempo.

En tiempos pasados, pero relativamente cercanos, donde la música de orquesta estaba del todo presente en infinidad de espectáculos, teatros, ceremonias, y mil sitios más, sin olvidarnos del más sencillo local, donde la gente se reunía para charlar o bailar, y siempre era sonido en directo, con los músicos componiendo esas orquestas, grandes o pequeñas, pero vivas, los instrumentos se veían seriamente afectados por el ambiente del momento, que no siempre era el idóneo para su perfecta conservación. Pero donde efecto era altamente considerable era en el capítulo de las cuerdas, que en su versión de tripa daban verdaderos quebraderos de cabeza. Con el empleo de cuerdas metálicas el problema de allanaba enormemente.

Esto no quiere decir que las cuerdas de tripa se empleaban para la música más “seria” y la de metal para los cafés, ya que en este tipo de locales se ha interpretado siempre música clásica de primera fila, junto con otra más popular, sino que las exigencias de ambientes menos propicios para la estabilidad del instrumento hacían recomendable el uso de la cuerda metálica.

Y todo ello sin olvidarnos que infinidad de músicos de orquesta sinfónica, de todo tipo y nivel, ha optado por la cuerda metálica para beneficiarse de sus bondades, siempre a cambio de obtener un sonido diferente, lo que a veces representa una merma de calidad.

Ya tenemos dos grandes grupos de cuerdas: las de tripa y las metálicas. Cada luthier elegirá la selección más apropiada en función de las características del instrumento y su entorno. Puede llegar el punto de montar una mezcla de ambas. Siempre de manera equilibrada y persiguiendo el resultado más apropiado. Pensemos por un momento que, por su especial característica de tono en registro muy agudo, y de la necesidad de emisión de un sonido brillante, la cuerda MI del violín siempre es metálica, en instrumentos de montaje actual, no en los barrocos, y es así porque en este caso los resultados que se persiguen se consiguen con esta cuerda metálica. Puede ser descubierta o entorchada, de todo hay, pero el material del que está hecha es siempre metálico.

Observemos que cuando hemos estado describiendo, en estos últimos párrafos, el material del que está hecha la cuerda Mi del violín, incluso anteriormente, hemos estado omitiendo, deliberadamente, la palabra acero. El acero ha estado presente, y está, en la gran mayoría de las cuerdas metálicas, pero ya se ve acompañado por otros materiales metálicos distintos a él. Por ello la denominación de cuerda metálica abarca a otras cuerdas que no están hechas de acero. Tengamos en cuenta la infinidad de materiales metálicos que se emplean para entorchar al acero: aluminio, plata, wolframio, cromo, etc.

La utilización de las cuerdas metálicas está directamente relacionada con el tipo de instrumento de que se trata. Para violín, a niveles profesionales de cierta altura, el uso de la cuerda de tripa es casi obligado.(Hacemos notar la palabra casi), si bien es admisible el uso de cuerdas metálicas en ciertas circunstancias. En la viola, la alternancia de las cuerdas de tripa y las metálicas se ve bastante equilibrada. Podríamos decir que la propia personalidad de la viola nos va a inclinar la decisión hacia un lado o hacia el otro. En violas muy antiguas, de sonido timbrado y sensible, parece correcto el empleo de cuerdas de tripa, en violas más pequeñas, o más modernas, puede dar buenos resultados la cuerda metálica. Donde no existen apenas dudas es en los violoncellos, con una tonalidad de afinación mucho más baja, la comodidad que proporciona una buena cuerda metálica, su estabilidad, e incluso su acertado timbre sonoro, ha decantado por el uso generalizado de la cuerda de este tipo.

Pero..., los tiempos adelantan que es una barbaridad. Esta fue la profecía del libreto de la famosa zarzuela. Y así ha sido.

Cuando, anteriormente, hemos apuntado a la palabra casi, al referirnos al uso general de la cuerda de tripa en ambientes de alto nivel, para el montaje de los violines, y ahora añado que también para las violas, lo hemos hecho porque todavía no hemos hablado de las modernas cuerdas sintéticas.

Efectivamente, en estas últimas décadas ha aparecido en el panorama musical la osada cuerda sintética.

Y, ¿porqué osada?, pues porque tiene la pretensión de apropiarse de las buenas cualidades de la cuerda de tripa y también de las garantías de la cuerda metálica. Ni más ni menos.

La cuerda sintética es la tercera en discordia, y su definición es muy sencilla: es una cuerda que su alma, su corazón, su material base no es la tripa animal ni alguna aleación metálica. Su base es, hablando en leguaje llano y simple, el plástico. Naturalmente, no se trata de una material como el que se emplea para hacer un cubo de agua, se trata de materiales altamente elaborados, de una gran resistencia, de una gran estabilidad, y de un sonido bastante aceptable. Siempre en comparación con la cuerda de tripa, que, a pesar de todo, sigue siendo la reina en este aspecto.

Pero claro, un músico profesional, que se resiste al empleo de la cuerda metálica, por las razones ya expuestas, y que teme a la problemática de la cuerda de tripa por sus inconvenientes, puede ver el cielo abierto si alguien le proporciona una cuerda estable, duradera, a precio asequible y con un sonido que se acerca bastante al de la cuerda de tripa. Porque lo cierto es que el gran reto que tienen en la actualidad los fabricantes de cuerdas sintéticas -que ya son casi todos- es acercarse lo más posible al sonido de la tripa. Y lo cierto es que ya están muy cerca. Tan cerca que algunos concertistas de violín, que podemos considerar como la cúspide del nivel de uso profesional, ya ponen en sus Stradivarius cuerdas sintéticas, y el resultado a nadie le parece tan malo. Ni que decir tiene que una inmensa mayoría de usuarios de violines, e incluso violas, de cualquier nivel, está montando en sus instrumentos cuerdas sintéticas.

Es el momento de decir que la cuerda sintética, por su distanciamiento, en cuanto a material básico se refiere, de la cuerda de tripa, podríamos considerarla más próxima al grupo de cuerdas metálicas, tanto que materiales como el titanio, considerado metal, ya se emplea en cuerdas para violín, dándole la consideración de sintéticas.

La industria no para de investigar, y el camino de la cuerda sintética cada vez es más ancho, y sin olvidarnos que la referencia es el sonido de la tripa, creo que nos acercamos cada vez más a una cuerda universal que nos dé el resultado apetecido.

Ahora que conocemos sobradamente la enorme oferta de cuerdas que tenemos en el mercado, estamos en condiciones de seleccionar la que, en nuestra opinión, mejor se adapten a nuestro instrumento.

Deberíamos recordar en este momento algún capítulo pasado. Principalmente aquel que nos explicaba como la evolución de las cuerdas, siempre en función de unas exigencias musicales, nos habían obligado a reconsiderar el propio montaje de los instrumentos.

Elementos técnicos de construcción tales como el ángulo de montaje del mango con respecto a la caja armónica, el diseño de la barra armónica, y algunos otros aspectos se han ido modificando en función de los nuevos tipos de cuerdas. Con la aparición de las cuerdas metálicas, y con su uso generalizado, los componentes de fuerzas sobre las tapas de los instrumentos se veían seriamente afectados.

Ello nos obliga a tener un profundo conocimiento de cuales son las necesidades que, en materia de cuerdas, va a tener cada instrumento.

No va a ser igual seleccionar un juego de cuerdas para un instrumento del siglo XVIII, con un montaje original, o incluso cambiado hace 150 años, que el que elijamos para el que acabamos de construir, con una concepción mucho más moderna.

Pero no sólo en materia de sonido debemos concentrar nuestra atención, que puede verse muy perjudicado con unas cuerdas inadecuadas, sino en la misma estructura del instrumento, que puede verse amenazada si las tensiones a las que la sometemos resultan excesivas.

Como vemos, hasta el montaje de unas sencillas cuerdas tiene su complicación. Con unas buenas dosis de experiencia y el amplio conocimiento del comportamiento de las diferentes cuerdas que nos ofrece el mercado podremos elegir adecuadamente las que mejor le van a nuestro instrumento.

A veces logramos un espectacular éxito, consiguiendo un radical cambio de sonido, con un sencillo cambio de cuerdas.

Debemos mencionar, para concluir, que entre las opciones de los diferentes tipos de cuerdas que encontraremos deberemos considerar términos de los que hemos hablado anteriormente. Nos referimos al grado de dureza o de tensión que tienen cada uno de los diferentes tipos de cuerda. No debemos encerrarnos en la idea que la cuerda metálica es dura y la tripa blanda, ya que dentro de cada una de ellas, incluida las sintéticas, los fabricantes ofrecen diferente calibres y/o dureza para que, una vez elegido el tipo de cuerda a emplear, seleccionemos la de la tensión más apropiada.

Como podemos ver, la elección de una cuerda para un instrumento determinado puede volverse tarea bastante compleja y personal, por lo que no debemos volvernos locos, y probar a ciegas unas y otras cuerdas. Empecemos a usar las cuerdas recomendadas por nuestro luthier, que lo va a hacer de una manera sencilla y lógica, para después y siempre sin apresuramientos ir variando poco a poco la elección de las cuerdas, con la esperanza de encontrar el juego ideal, que mejor funcione y haga funcionar a nuestro querido instrumento
Hemos dedicado una buena extensión de nuestro escrito a la descripción minuciosa del alma y del puente de nuestro instrumento de cuerdas.

SEGUNDA PARTE DE CONSTRUCCION DE INSTRUMENTOS DE CUERDAS
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