Saludos. En un post anterior conté algo que me pasó con una prostituta: Que me enamoré de ella, que hubo un flechazo y quedamos en salir. Lamentablemente ese post fue cerrado, pero aquí les quiero contar la historia de mi primera cita con ella. Pero OJO, aquí NO hallarán ni una sola línea de pornografía, ni obscenidades, ni nada de eso. Quiero que mi post sea aprobado y permitido.
Bueno, aquí voy. Les contaré la primera cita con mi novia, una prostituta parecida a Audrey Bitoni.
LA CITA
Quedamos para el miércoles, que es el día en que ella está libre. Ese día nos encontramos en un Centro Comercial y decidimos ir a cenar. Por supuesto no la iba a llevar a una feria de comida, aparte del desorden con la gente, es la cosa menos romántica que hay. Así que decidí llevarla a un restaurante, algo más privado, que está en el Centro Comercial, pero apartado de todo el bullicio. .
Tampoco les voy a mentir, no la llevé a un restaurante con estrellas Michelin. No, la llevé a un lugar bonito, pero tampoco inalcanzable. Uno de esos lujos que te puedes permitir una vez cada tanto.
Para comenzar, ella pidió un vino blanco y yo, que en realidad quería cerveza, tuve que pedir un Whisky. La cerveza es para las tardes de fútbol, pensé. Bueno, animados por el ambiente, dimos inicio a una conversación muy amena. Esta chica sabe sostener una conversación interesante, no hay duda.
LAS BURLAS
Bueno, teníamos rato conversando, todo muy lindo y de pronto oímos carcajadas en una mesa cercana a la nuestra. Al principio no hicimos caso, y seguimos conversando. Pero las carcajadas no cesaban, igual que los cuchicheos, y entonces me di cuenta de algo terrible: Los tipos de la mesa se estaban riendo de mí. Cuando volteé hacia ellos tampoco disimularon las burlas y, tal vez animados por el licor, siguieron con su actitud insolente.
Me gustaría decirles que fui a la mesa de los cabrones y les dije cuatro cosas y los amenacé a golpes y que ellos se intimidaron. Pero no es así. La verdad es que soy muy cobarde, y si me acercaba a reclamarles me exponía a una paliza, y lo más doloroso, a hacer el ridículo con mi chica. Me di cuenta que aquellos tipos eran clientes del lugar donde trabaja mi chica y se burlaban de mí porque andaba con una prostituta. ¡Canallas!
EL ELEFANTE BLANCO
Decidimos ignorar aquellas burlas y hablamos con los meseros y le pedimos que nos cambiara de mesa, y nos ubicaron en un lugar más apartado, lejos de las burlas. Allí continuamos la conversación. Esta no sólo es bella, sino inteligente y culta. En eso estábamos, conversando de mil temas pero había una tensión en el ambiente: Su trabajo de prostituta estaba allí, instalado en nuestra mesa como un Elefante blanco al que nadie quiere ver ni hablar.
Fue tanta la tensión con el elefante blanco que tuvimos que abordar el tema. Me contó de sus inicios, del tiempo que lleva en el oficio, etc. Pero antes de darles detalles sobre esto, déjemme contar una anécdota que nos hizo reír mucho.
EL BESO
Apenas conmenzamos a hablar del tema, ella puso cara de pícara y me dijo: “- Acércate y dame un beso, anda, hoy es mi día libre y no encontrarás un solo pelo en mis labios.” ¡Qué humor tan ácido! ¡Y qué arriesgada al soltar algo así, que podría ser muy cruel en una primera cita! Si mi chica tiene esas demostraciones de humor eso es sinónimo de inteligencia.
Ese es el tipo de cosas que me enamora, esta chica es bella y además inteligente. Qué afortunado soy.
LOS CAMPESINOS
Bueno, después me contó de sus inicios en el negocio. Me dijo que antes de empezar a trabajar en el lugar de lujo, le tocó trabajar en un pueblito, lejos de la ciudad. Me dijo que nunca había tenido tanto trabajo como en ese pueblito. Los campesinos son gente de sangre caliente y ella tenía que atender a muchos campesinos. Son gente muy caliente, supongo que como son personas muy básicas sólo piensan en comer, trabajar y follar, no tienen esas preocupaciones metafísicas y demás tonterías que le dañan la libido a los hombres.
Me dijo que ganaba buen dinero allí, pero que se fue de ese pueblo porque la agobiaba la atmósfera pueblerina; que tenía necesidad de ir a una ciudad.
LA CIFRA
Me contó, además, la cifra temida, el número de hombres con los que había estado. Me dijo que los llevaba en una libreta. Yo no sé si de verdad ha estado con tantos hombres, o si lo dijo para ponerme a prueba o qué sé yo.
Lo cierto es que me dijo que había estado con 3 mil 124 hombres, incluyéndome. Me contó que el mayor número de hombres por día fueron 29, todos campesinos.
FIN DE LA VELADA
Después de cenar decidimos ir a casa. Les ahorraré detalles de lo que pasó, pero ya se imaginarán. Pasamos la noche juntos. Dormimos abrazados y pocas veces fui más feliz que esa noche.
Me gustaba mirar su rostro tan hermoso allí, mientras dormía. En fin, aquella noche fui feliz.
AL DÍA SIGUIENTE
Amanecimos abrazados y lentamente me aparté de sus abrazos, sin despetarla, y me fui a la cocina a preparar el desayuno. Sé que suena a cliché, pero le llevé el desayuno a la cama y le encantó. ¡Qué me va a importar a mí si es trillado o no llevar la comida a la cama! Aquel mujerón estaba encantado con el gesto.
Luego del desayuno nos volvimos a quedar abrazados otro rato, unos 30 minutos. Después de eso, ella se levantó y comenzó a vertise. Yo quería pasar el día con ella, hacernos arrumacos todo el día en la cama, y se lo hice saber. Pero ella me dijo: “-No puedo, esta noche debo trabajar. Debo irme ya.”
Y así terminó mi primera cita. No es lo ideal, pero al menos sé que los miércoles es sólo para mí y no tengo que compartirla con nadie.
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¡Gracias!
Bueno, aquí voy. Les contaré la primera cita con mi novia, una prostituta parecida a Audrey Bitoni.
LA CITA
Quedamos para el miércoles, que es el día en que ella está libre. Ese día nos encontramos en un Centro Comercial y decidimos ir a cenar. Por supuesto no la iba a llevar a una feria de comida, aparte del desorden con la gente, es la cosa menos romántica que hay. Así que decidí llevarla a un restaurante, algo más privado, que está en el Centro Comercial, pero apartado de todo el bullicio. .
Tampoco les voy a mentir, no la llevé a un restaurante con estrellas Michelin. No, la llevé a un lugar bonito, pero tampoco inalcanzable. Uno de esos lujos que te puedes permitir una vez cada tanto.
Para comenzar, ella pidió un vino blanco y yo, que en realidad quería cerveza, tuve que pedir un Whisky. La cerveza es para las tardes de fútbol, pensé. Bueno, animados por el ambiente, dimos inicio a una conversación muy amena. Esta chica sabe sostener una conversación interesante, no hay duda.
LAS BURLAS
Bueno, teníamos rato conversando, todo muy lindo y de pronto oímos carcajadas en una mesa cercana a la nuestra. Al principio no hicimos caso, y seguimos conversando. Pero las carcajadas no cesaban, igual que los cuchicheos, y entonces me di cuenta de algo terrible: Los tipos de la mesa se estaban riendo de mí. Cuando volteé hacia ellos tampoco disimularon las burlas y, tal vez animados por el licor, siguieron con su actitud insolente.
Me gustaría decirles que fui a la mesa de los cabrones y les dije cuatro cosas y los amenacé a golpes y que ellos se intimidaron. Pero no es así. La verdad es que soy muy cobarde, y si me acercaba a reclamarles me exponía a una paliza, y lo más doloroso, a hacer el ridículo con mi chica. Me di cuenta que aquellos tipos eran clientes del lugar donde trabaja mi chica y se burlaban de mí porque andaba con una prostituta. ¡Canallas!
EL ELEFANTE BLANCO
Decidimos ignorar aquellas burlas y hablamos con los meseros y le pedimos que nos cambiara de mesa, y nos ubicaron en un lugar más apartado, lejos de las burlas. Allí continuamos la conversación. Esta no sólo es bella, sino inteligente y culta. En eso estábamos, conversando de mil temas pero había una tensión en el ambiente: Su trabajo de prostituta estaba allí, instalado en nuestra mesa como un Elefante blanco al que nadie quiere ver ni hablar.
Fue tanta la tensión con el elefante blanco que tuvimos que abordar el tema. Me contó de sus inicios, del tiempo que lleva en el oficio, etc. Pero antes de darles detalles sobre esto, déjemme contar una anécdota que nos hizo reír mucho.
EL BESO
Apenas conmenzamos a hablar del tema, ella puso cara de pícara y me dijo: “- Acércate y dame un beso, anda, hoy es mi día libre y no encontrarás un solo pelo en mis labios.” ¡Qué humor tan ácido! ¡Y qué arriesgada al soltar algo así, que podría ser muy cruel en una primera cita! Si mi chica tiene esas demostraciones de humor eso es sinónimo de inteligencia.
Ese es el tipo de cosas que me enamora, esta chica es bella y además inteligente. Qué afortunado soy.
LOS CAMPESINOS
Bueno, después me contó de sus inicios en el negocio. Me dijo que antes de empezar a trabajar en el lugar de lujo, le tocó trabajar en un pueblito, lejos de la ciudad. Me dijo que nunca había tenido tanto trabajo como en ese pueblito. Los campesinos son gente de sangre caliente y ella tenía que atender a muchos campesinos. Son gente muy caliente, supongo que como son personas muy básicas sólo piensan en comer, trabajar y follar, no tienen esas preocupaciones metafísicas y demás tonterías que le dañan la libido a los hombres.
Me dijo que ganaba buen dinero allí, pero que se fue de ese pueblo porque la agobiaba la atmósfera pueblerina; que tenía necesidad de ir a una ciudad.
LA CIFRA
Me contó, además, la cifra temida, el número de hombres con los que había estado. Me dijo que los llevaba en una libreta. Yo no sé si de verdad ha estado con tantos hombres, o si lo dijo para ponerme a prueba o qué sé yo.
Lo cierto es que me dijo que había estado con 3 mil 124 hombres, incluyéndome. Me contó que el mayor número de hombres por día fueron 29, todos campesinos.
FIN DE LA VELADA
Después de cenar decidimos ir a casa. Les ahorraré detalles de lo que pasó, pero ya se imaginarán. Pasamos la noche juntos. Dormimos abrazados y pocas veces fui más feliz que esa noche.
Me gustaba mirar su rostro tan hermoso allí, mientras dormía. En fin, aquella noche fui feliz.
AL DÍA SIGUIENTE
Amanecimos abrazados y lentamente me aparté de sus abrazos, sin despetarla, y me fui a la cocina a preparar el desayuno. Sé que suena a cliché, pero le llevé el desayuno a la cama y le encantó. ¡Qué me va a importar a mí si es trillado o no llevar la comida a la cama! Aquel mujerón estaba encantado con el gesto.
Luego del desayuno nos volvimos a quedar abrazados otro rato, unos 30 minutos. Después de eso, ella se levantó y comenzó a vertise. Yo quería pasar el día con ella, hacernos arrumacos todo el día en la cama, y se lo hice saber. Pero ella me dijo: “-No puedo, esta noche debo trabajar. Debo irme ya.”
Y así terminó mi primera cita. No es lo ideal, pero al menos sé que los miércoles es sólo para mí y no tengo que compartirla con nadie.
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