inocentito001
Usuario (Venezuela)
Las ideas contenidas en este vídeo son extraordinarias. link: https://www.youtube.com/watch?v=GjuQQmM6xTk Por favor comentar y si te gustó + 10 Gracias
Marcos Aguinis ¡Perdón, Israel! Porque desde que se firmó el armisticio (1949) hasta la Guerra de Suez (1956), Egipto entrenaba fedayines que partían desde Gaza con el propósito de cometer la mayor cantidad posible de asesinatos contra civiles. No hubo protestas ni condenas por esa criminal agresión. Ninguna. En 1956 estalló el conflicto por el Canal de Suez. Israel necesitaba poner fin a la incesante incursión de fedayines. Quería hacer saber al presidente Naser que sus delitos no serían tolerados. En poco tiempo conquistó Gaza y la entera Península del Sinaí. Pero un acuerdo de Estados Unidos y la Unión Soviética exigió el inmediato retiro de Israel, sin que obtuviera ningún compromiso sobre el cese de las incursiones de fedayines. Sólo consiguió que un contingente de la ONU patrullase su frontera. Los atentados contra Israel prosiguieron, como era de prever. No sólo desde Egipto, también desde Siria y Jordania. En 1967 Naser decidió borrar a Israel de una santa vez. Se armó y desafió sin disimulo. Bloqueó el Golfo de Akaba. Llenó de tropas el Sinaí. Manifestó que se lanzaría a una guerra despiadada desde el sur, mientras Siria bombardearía desde el norte. Exigió que las tropas de la ONU se fueran, para tener abierta su llegada al corazón de Israel. ¡Perdón, Israel! El mundo no se manifestó contra este inminente genocidio. Un genocidio de verdad. La ONU, en vez de aumentar su dotación de fuerzas para impedir la matanza, obedeció a Naser. Entonces Israel, ante un riesgo mortal, tomó la iniciativa poco antes que sus enemigos. Fue la Guerra de los Seis Días, en que derrotó a Egipto, Siria y Jordania. Pero de nuevo el mundo no fue justo con Israel. Resonaba en todos los medios internaciones la exigencia de que Israel se retirase de los territorios conquistados. Era el triunfador y debía comportarse como el vencido. Era la primera vez en la historia del mundo que se realizaba semejante inversión de roles. Los diplomáticos no accedieron a respaldar la legítima exigencia de Israel para que terminase la hostilidad árabe. No machacó sobre el deber árabe de reconocer a Israel y permitir que esa región empezara a vivir en paz. Una paz duradera. No. Predominó la tesis de que Israel debía retirarse sin exigir nada. Como si hubiera sido quien había deseado esa desproporcionada guerra. Los dirigentes de los países árabes se reunieron en Jartum (Sudán) y firmaron los célebres y nefastos Tres Noes: no al reconocimiento de Israel, no a la paz con Israel y no a las negociaciones con Israel. Semejante ofensa y agresividad no fue replicada por el mundo como merecía. Y las consecuencias se hicieron sentir. Porque siguió el clima de guerra, la inseguridad y el cultivo del odio. ¡Perdón. Israel! Mientras, en los territorios que antes habían pertenecido a Egipto, Siria y Jordania, los árabes recibieron buen trato por parte de las autoridades israelíes. Sus municipios continuaron siendo gobernados por árabes, lo mismo que sus mezquitas, escuelas, centros de salud, organizaciones sociales y demás instituciones. Empezaron a mejorar su nivel económico por la afluencia de turistas y el intercambio comercial con el resto de Israel. Sus espacios eran recorridos sin problemas. No había muros de separación ni checkpoints. Muchos jóvenes que habían sido jordanos empezaron a estudiar en establecimientos israelíes. Hasta que el clima de mutuo acercamiento fue roto por los atentados de varios grupos terroristas, en especial la OLP. Baste de ejemplo el asesinato de atletas israelíes en las Olimpíadas de Munich. *** En octubre de 1973 Egipto sorprendió a Israel durante el recogimiento de Iom Kipur. Su inesperado ataque le dio una gran ventaja. Siria atacó por el norte. La conflagración fue más sangrienta que nunca. Israel podía ser derrotado y, en consecuencia, desaparecer. Es el único país del mundo que no puede permitirse una sola derrota, porque implicaría su extinción. ¡Perdón, Israel! Porque el mundo se limitó a contemplar. Tras duras batallas, Israel logró expulsar al invasor. Entonces comenzaron las negociaciones, que exigían –otra vez– retiradas israelíes sin compromisos de la otra parte. Los sacrificios y esfuerzos sólo debía hacerlos Israel. Nada importante se pedía a los Estados árabes. Basta con leer la prensa de ese tiempo. ¡Cuánta discriminación! Unos cinco años después el presidente Anuar el Sadat de Egipto se ofreció a visitar Israel como gesto de buena voluntad. Israel lo aceptó enseguida, con enorme júbilo. Sadat se asombró por la vibrante bienvenida que le dio la población, que hizo flamear banderitas de Egipto e Israel en el camino que llevaba del aeropuerto hasta Jerusalén. Como registra la historia, este gesto fue recompensado por Israel con enormes concesiones: devolvió pozos petroleros, carreteras y aeropuertos en el Sinaí, cedió los hermosos centros turísticos que había construido en Sharm el Sheik y Taba. Incluso ofreció entregarle la Franja de Gaza, pero Egipto prefirió no hacerse cargo de los palestinos que allí vivían. Fue otra prueba del inconfesado malestar que le producen. Las organizaciones guerrilleras palestinas, con apoyo soviético y cubano, ignoraron el camino de la paz y aumentaron sus ataques contra objetivos civiles. La OLP se hizo fuerte en Jordania e intentó apoderarse de su Gobierno. Entonces el rey Husein no tuvo piedad y lanzó sus tropas contra ella. Siria no le permitió refugiarse en su territorio. Los palestinos, cercados, sufrieron la muerte de unas veinte mil personas. Los jefes de la OLP consiguieron llegar al Líbano y, desde allí, organizaron nuevas incursiones asesinas contra Israel. ¡Perdón, Israel! El mundo no condenó con fuerza semejante conducta. La paz con Egipto había demostrado la voluntad conciliadora de Israel y ya no se justificaba seguir con estas agresiones. Pero los atentados no cesaban. Entonces Israel se vio obligado a ingresar en el Líbano para terminar con la plaga. Por desgracia, los conflictos étnicos, religiosos y políticos que existían en ese país agravaron esa trágica conflagración. Finalmente, la cúpula de la OLP decidió emigrar a Túnez. Pero la acción corrosiva de las organizaciones guerrilleras envenenaron la atmósfera en los llamados territorios ocupados (que Israel tuvo la prudencia de no incorporar a su soberanía, como había hecho Jordania en 1949). El resultado fue un levantamiento llamado Intifada que sorprendió tanto a israelíes como a árabes. Mientras, el mapa del Medio Oriente sufría graves sacudones: en Irán se impuso el régimen de los ayatolás y pronto estalló una espantosa guerra entre ese país e Irak. En el sur del Líbano se afirmó la organización chiita Hezbolá. Después Irak se apoderó de Kuwait y estalló la primera Guerra del Golfo. El líder de la OLP se embanderó con el presidente de Irak, que terminó derrotado. Fue el momento en que Israel consideró posible llegar a un acuerdo con la desprestigiada OLP. El debilitado Arafat aceptó participar en las conferencias de Oslo y se dieron grandes pasos hacia un arreglo amistoso. A partir de ese momento, y gracias a la aparente buena disposición de los árabes, Israel permitió que los árabes de Palestina consiguieran lo que jamás tuvieron en toda su historia: un Gobierno autónomo. Nunca, pero nunca, los árabes de Palestina pudieron obtener semejante institución. Entendemos que no les alcanza, que quieren más, que prefieren un Estado independiente. Muy atendible. Pero ese Estado será viable en la medida en que esté comprometido con la paz y el desarrollo. No para imitar a Hamás y construir túneles que permitan asaltos al corazón de Israel o acumular perversamente misiles y explosivos en escuelas, hospitales y mercados para que no se los pueda combatir sin generar víctimas civiles. ¡Perdón, Israel! Por no exigir a la Autoridad Palestina –que existe gracias a ti– una conducta orientada hacia una paz confiable y duradera. Por no exigirle que estimule sentimientos de confraternidad con los judíos. Por no acusarla de permitir –y estimular– prédicas llenas de odio
Israel o la lucha contra la infamia Carlos Alberto Montaner “Hamás, Hamás, judíos a la cámara de gas”. Esa fue la consigna en varias ciudades de Europa. Todo se ha visto y oído durante el enfrentamiento entre la banda terrorista Hamás e Israel. Desde esvásticas pintadas en las sinagogas y cementerios judíos en diversas partes del mundo, hasta grupos que coreaban esa infame consigna. La mayor parte de los judíos (y los demócratas verdaderamente responsables) están tristemente asombrados por la intensidad del antiisraelismo mostrado por el grueso de los medios de comunicación en Occidente, por las reacciones de algunos gobiernos europeos y latinoamericanos —Brasil entre ellos—, y por los numerosos incidentes callejeros antisemitas. El origen del pleito lo resume magistralmente el escritor Amos Oz con un par de preguntas formuladas a la cadena alemana Deutsche Welle: “¿Qué haría si su vecino, con un niño sentado en el regazo, le dispara a la guardería infantil a cargo de usted?” “¿Qué haría si su vecino cava un túnel desde su guardería infantil hasta la suya con el ánimo de agredir a quienes usted está obligado a cuidar?”. Es obvio que los judíos contraatacaron. ¿Es tan difícil de entender la posición israelí? Luego de comenzado el conflicto se supo que por los casi cuarenta túneles descubiertos (probablemente hay otros), los comandos suicidas de Hamás iban a desatar una carnicería atroz el 24 de septiembre, fecha en que los judíos celebran su año nuevo o Rosh Hashaná. ¿Por qué el antisemitismo ha resurgido con tanta virulencia? Por varias razones. Los seres humanos formulan sus juicios basados en estereotipos y en categorías. Es nuestra manera de asomarnos a la compleja realidad. Creemos tener una idea de cómo son los alemanes, los ingleses, los norteamericanos, los catalanes, los negros, los blancos, los chinos. Esas visiones esquemáticas, con frecuencia están cargadas de connotaciones negativas, como les sucede a los gitanos y a los negros. Lamentablemente, la idea del judío fue acuñada por sus enemigos cristianos. Un pleito en la sinagoga —unos pocos judíos se convencieron de que ya había llegado el Mesías y se llamaba Jesús— se convirtió en una persecución cruel e interminable tan pronto el cristianismo, esa rama hereje del judaísmo, se convirtió en la religión del imperio romano por obra y gracia del Edicto de Tesalónica (año 380), promulgado por Teodosio I el Grande, un resuelto emperador que declaró “loco y malvado” a todo aquel que desconociera la autoridad del Patriarca de Antioquía. A partir de ese punto, y por los próximos mil seiscientos años, los judíos fueron caracterizados como demoniacos, perversos, avaros, traidores, desleales y sucios. Los persiguieron, masacraron, expulsaron, difamaron y encerraron en guetos. Los marcaron como infames y los condenaron a llevar distintivos visibles, los obligaron a abjurar de sus creencias, so pena de muerte, y crearon instituciones represivas, como la Santa Inquisición, que tenía entre sus objetivos destruirlos o “purificarlos” en las hogueras. Este acoso permanente acuñó un estereotipo muy negativo, perpetrando de manera continuada el “asesinato de la reputación” de todo un pueblo. La gran literatura se encargó luego de recoger y esparcir esa bazofia: Shakespeare, Lope de Vega, Quevedo, Voltaire, Dickens, T.S. Eliot, Pío Baroja, Dostoievski y otros cien magníficos autores incurrieron en diversas manifestaciones de antisemitismo que mantuvieron viva la llama del odio. Fue Napoleón quien comenzó la liberación de los judíos, derribando las murallas de los guetos a principios del siglo XIX, pero el cambio de las leyes no impidió que la tradición del antisemitismo se mantuviera hasta llegar al paroxismo nazi: unos tipos convencidos de que la erradicación total de este pueblo solucionaría casi todos los problemas de la humanidad. La felicidad, sostenían, llegaría de la mano de un monstruoso genocidio. Hoy el viejo antisemitismo de la Inquisición, de los cosacos, de los nazis, es una de las señas de identidad de los grupos llamados “progresistas”. Si en nuestros angustiosos días alguien quiere asumir instantáneamente un rol revolucionario, la manera más eficiente de lograrlo es mostrar su rechazo a los judíos y su condena a Israel. Es el equivalente de colgar un poster del Che o ponerse una camiseta con su efigie. Afortunadamente, la terrible etiqueta colgada al pueblo judío es reversible. El hecho de que Israel, rodeado de enemigos, sea una sociedad tercamente democrática, próspera, creativa, generadora de ciencia y tecnología, donde viven los únicos árabes libres de toda aquella torturada zona, incluidas las mujeres árabes, desmiente el maligno estereotipo. Poco a poco se irá abriendo paso la verdad: Israel es la más exitosa y digna experiencia política de la segunda mitad del siglo XX. Pero hay que decirlo en voz alta y sin miedo. Por favor deja tu comentario y + 10
Y ha ingresado el Récord Guinness Pocos récords del libro Guiness causan tanta desazón como el que estos días ha hecho famoso al australiano Graham Barker, que ha mostrado al mundo orgulloso el resultado de más de un cuarto de siglo: las pelusas de su ombligo, almacenadas en tres botes, que se ha ido quitando en los últimos 26 años. Foto de la Pelusa guardada durante casi 3 décadas: "Mucha gente se mira en su ombligo en busca de inspiración. Yo he mirado mi ombligo en busca de pelusa". Con esta carta de presentación, Barker justifica su obsesión por rebuscar ahí donde la mayoría pasa de largo. "La gente me pregunta por qué. Y yo les respondo que por qué no"", añade. Lo primero que sorprende de la colección de Barker, que ya le ha lanzado a la fama, es que las pelusas han adquirido diversas tonalidades, hasta presentar un aspecto cuanto menos llamativo. En total, la sustancia rescatada de su ombligo y depositada con mimo en los recipientes ha alcanzado un peso de 22,1 gramos, suficiente para ingresar por la puerta de atrás en el club más famoso de los récords. Durante todo este tiempo, Graham Barker, un bibliotecario de Perth (Australia) de 45 años, se ha ido tomando la molestia, al final de cada día, en recoger la pelusa acumulada en su ombligo, un esfuerzo que le ha valido, por fin, su minuto de gloria cuando el periódico The NY Daily News le llamó para que contara su historia. "Me di cuenta de que en mi ombligo siempre había pelusa y me pareció muy curioso saber cuánta cantidad puede llegar a producir una persona. Llegué a la conclusión de que la única forma de saberlo era coleccionarla y analizarla", explicó al británico Daily Mail. Barker, que incluso tiene su propia web, confiesa que comenzó a guardar la pelusa tras un viaje de mochilero por Australia, y ya ha anunciado que proseguirá con su colección mientras pueda. De momento, ya está llenando el cuarto bote. Y no sólo eso: este bibliotecario colecciona también los pelos de su barba, que guarda en bolsas cada vez que se la afeita, nombres falsos que ha utilizado y bolsas de panadería. Todo un personaje. ¿Y qué hara con su preciado objeto de colección? Para los que piensen que Barker es ante todo un excéntrico, aquí hay una prueba de que tiene los pies en el suelo: ha vendido la pelusa para que un museo la exponga por una cantidad que no ha hecho pública. Nota aclaratoria importante: Aunque esta noticia habla de 26 años, hay que considerar que se trata de una nota del año 2010. Eso quiere decir que hoy, 4 años después, la colección de pelusa cumple ya 3 largas décadas Por favor comentar y + 10 si lo deseas
Pasos 1.- Reconoce el hecho de que solo porque hagas algo, no quiere decir que quieras hacerlo o que lo disfrutes. Existe un proceso neuroquímico en nuestro cerebro que a veces es llamado como “ciclo de recompensas”. Este proceso básicamente lleva un registro de las actividades y sus contextos y los estados “positivos” del cerebro resultantes. Cuando ves pornografía, te masturbas, tienes sexo, o incluso comes comida alta en grasa, sal y azúcar, y tu cerebro libera una tremenda cantidad de químicos que te “hacen sentir bien”. Es por eso que el sexo se siente tan bien, y es nuestra naturaleza tratar de animar esas actividades. Es normal y natural. PERO, cuando participamos en estas actividades, nuestro cerebro crea un registro del contexto y las actividades que realizábamos cuando (y justo antes) estos químicos fueron liberados. Con el tiempo, estos contextos y actividades activan nuestro cerebro a anhelar la liberación de estos químicos que nos hacen sentir bien. Eso es lo que desencadena esta acción. A menudo, el ciclo de recompensas se echa a perder debido a que nos “auto medicamos” con pornografía o comida, por lo que los químicos para sentirse bien empiezan a cubrir la soledad, depresión, o cualquier otra cosa. Cada vez que te encuentres con algo que desencadene esa acción, como un mono entrenado, te sentirás obligado a ver pornografía AUNQUE NO QUIERAS. 2.- Identifica las cosas que desencadenan esto. Esto puede ser difícil, pero antes de renunciar, conforme pase el día debes poner atención a las situaciones, actividades, etc. que causan que empieces a pensar sobre el sexo, pornografía, etc. Si es el estrés, ¿de qué tipo es? Es ver anuncios semi-eróticos? Puede ser cualquier cosa. 3.- Estratégicamente planea cómo vas a evitar las cosas que activan tu deseo. Lo más obvio, y cuando sea posible, es evitar esas acciones. Si ver videos semi-eróticos en la televisión es lo que te pone así, entonces DEJA DE VER LA TELEVISIÓN. Si es el estrés, entonces planea una forma de distraerte hasta que la situación estresante haya pasado. 4.- Mantente en el camino. Este proceso involucra volver a ordenar todo tu cerebro (por así decirlo). Te tomó tiempo acomodarlo de esta forma, así que te tomará más tiempo deshacerlo. Puede que falles muchas veces, y sentirás que no puedes con ello. Pero no te preocupes, con el tiempo, los efectos de estas acciones pueden y se irán disipando hasta el punto en el que podrás manejarlo por completo. Es como un alcohólico en recuperación, nunca se curará por completo. Siempre necesitas estar en vigilancia. 5.- Hablalo con alguien. Esto es, quizás, lo más importante y la forma más efectiva para permanecer por el camino correcto. Es sorprenderte como contar esto a otra persona nos ayuda a evitar las cosas que desencadenan el querer ver pornografía. Si fallas, fallas. ¿Qué tiene? ¡Mañana lo intentas de nuevo! 6.- Empieza a escribirlo todo: tus experiencias, estrategias, las actividades que desencadenan estas acciones, cosas que funcionan, cosas que no, todo es de tremenda ayuda para ti. No sucumbas ante esto: Por favor comenta y si te parece + 10 Gracias!
Modern Toilet: restaurante temático de ¡Excusados! Modern Toilet es el nombre de la popular cadena de restaurantes Taiwanesa, que ahora se está expandiendo a China y otras partes de Asia. El punto de este restaurante temático es ser confuso y shockeante para los sentidos, como dice el gerente Chen Min-kuang, pero según los clientes lo hacen todo con buen gusto y es muy limpio. ¿Cómo es que un restaurante tiene como tema los excusados? Pues cada cliente se sienta en un inodoro de acrílico (a veces le ponen diseños como flores o pinturas), bajo la mesa hay una tina de baño, y los meseros traen la comida en un inodoro miniatura. Por si fuera poco, las bebidas se sirven en un urinal de plástico (que te puedes llevar como souvenir), y de postre te llevan un helado con forma (y color!) de excremento. El resto del restaurante está ambientado con tema de baño, y tiene dibujos alusivos en las paredes, así como objetos relacionados colgados de las paredes. Sinceramente no se si yo podría comer tomando mi comida de un excusado, y mucho menos si el postre se me antojaría, pero a juzgar por lo popular que se ha vuelto este restaurante en Asia, no debe ser tan malo. Por favor comenta y si te gustó, + 10. Gracias!

Perdón, Israel! (1ra Parte) Marcos Aguinis Si la ferocidad judeófoba se hiciera realidad y pudiese barrer al Estado de Israel de la faz de la tierra, es probable que se escriban artículos como el que sigue. Por razones de espacio, sólo llega hasta los Acuerdos de Oslo. Empezaría así: ¡Qué lástima! ¡Qué tragedia! ¡Qué error! Desapareció Israel y se produjo un agujero negro que no se sabe cómo rellenar. No aprendimos de Europa: asesinó a 6 millones de judíos con profundo arraigo e importó muchos más millones de musulmanes que, en gran parte, son agresivos y se resisten a integrarse. ¡Perdón, Israel! No advertimos que durante dos mil años de exilio anhelaste resucitar. Y lo empezaste a hacer con renovada fuerza hacia fines del siglo XIX con el idealismo sionista. Un idealismo joven, ilustrado, sufriente y constructivo. Oleadas entusiastas se alejaron de los pogromos o abandonaron comodidades para arar en el desierto, secar pantanos y forestar entre las piedras. Nada quitaron a los pocos vecinos árabes que vivían en la antigua Judea y Samaria, abandonadas y despreciadas por el arcaico imperio otomano. Al revés, el progreso que produjeron atrajo a muchos egipcios y sirios. Es decir, no sólo hubo inmigración judía, también la hubo árabe, que siguió a la judía. ¡Perdón, Israel! Porque no reconocimos que mucho antes de tu independencia luchaste por ella al combatir contra el imperio otomano en la Primera Guerra Mundial, confiando en que los ingleses –más ilustrados y modernos– ayudarían a tu completa resurrección, como prometieron en su Declaración Balfour. Pero los ingleses pronto traicionaron su palabra. Toleraron pogromos en Tierra Santa y aceptaron que el muftí de Jersualén importara el nazismo y el antisemitismo que pactó con Hitler y Ante Pavelic. Además, Gran Bretaña bloqueó la inmigración judía con impiadosos libros blancos y saboteó la autodefensa judía al quitar armas a sus guardianes. Fue perverso. Pero pese a esas dificultades los sionistas continuaron desarrollando el país con rutas, escuelas, nuevas poblaciones, bosques, arte, cultivos, hospitales, centros de educación superior e instituciones democráticas. ¡Perdón, Israel! Porque ayudaste con mucho sacrificio a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Pero los Aliados ni siquiera bombardearon los campos de exterminio ni las vías que conducían a ellos. Y después de la guerra ni siquiera apuraron tu independencia. Al contrario, hubo que sudar en las Naciones Unidas para conseguir algo. En esa instancia, la ilusión soviética de que Israel podría ser un Estado comunista produjo la histórica Declaración Gromyko. Entonces se llegó al 29 de noviembre de 1947, en que una mayoría de los países miembros votaron la partición de Palestina en dos Estados: uno árabe y otro judío. Al Estado judío se le otorgaba la parte más desértica del país y se fijaron sus fronteras lejos de Jerusalén. Pese a ello, los judíos aceptaron y celebraron la resolución. No la aceptaron los árabes. Además, prometieron “arrojar los judíos al mar” y dejar empequeñecidas las matanzas de Gengis Jan. Quienes dudan o niegan esto que relean la prensa de entonces. ¡Perdón, Israel! Porque en aquellos meses decisivos el mundo se negó a ayudarte. Ningún país accedió a venderte armas debido a que estaban seguros de tu derrota y, como cadáver, no las podrías pagar. La comunidad judía de Tierra Santa tuvo que defenderse con uñas y dientes, sola, frente a seis feroces ejércitos enemigos. ¡Perdón, Israel! Porque no escuchamos tu Declaración de Independencia, que ofrecía paz a los árabes; y esto no fue machacado en contra de la agresión que sufrías. ¡Los ejércitos invasores no fueron condenados! A la inversa, hasta había oficiales ingleses y nazis en sus filas. ¡Perdón, Israel! Porque en la desesperada defensa que debías realizar bajo condiciones tan adversas se produjeron refugiados árabes. Y no se realizaron esfuerzos para reubicarlos, compensarlos e integrarlos, como se hizo con las decenas de millones de refugiados alemanes, griegos, indios, pakistaníes y de otros países que habían sufrido guerras. Por el contrario, se decidió mantenerlos encerrados en miserables campos de concentración para utilizarlos como un futuro instrumento de guerra contra Israel. Hasta se les prohibió comprar propiedades en sus nuevos países de residencia. Perdón, Israel, porque no fue denunciada con fuerza esta cínica discriminación que practican los mismos Estados árabes contra los árabes provenientes de Palestina. Son los únicos refugiados a los que se niega integrarse en los lugares donde residen; para que algún día te ahoguen, Israel. ¡Perdón, Israel! Porque no hubo protestas contra la expulsión de enteras comunidades judías que perpetraron los países árabes. Ochocientas mil personas debieron dejar sus hogares con lo que tenían puesto. Era en venganza por haber sufrido una derrota humillante. Y, de paso, convertir en realidad el anhelo nazi de territorios Judenrein. Había caído el nazismo, pero no su máxima ambición. ¡Perdón, Israel! Porque en aquellos años muy difíciles Occidente mantuvo el embargo de armas sólo contra ti, debido a que ese embargo no funcionaba con los árabes. El único país que entonces se atrevió a contradecirlo fue Checoslovaquia. Tu defensa era frágil, Israel, y estabas pasando por graves problemas internos. ¡Hay que recordar! Recibías largas columnas de sobrevivientes del Holocausto, que llegaban enloquecidos y trastornados, y que antes Gran Bretaña no les permitió desembarcar. Recibías a los centenares de miles de refugiados judíos que llegaban de los países árabes. No tenías suficiente comida y tuviste que imponer el racionamiento. Simultáneamente, debías seguir vigilando tus fronteras, que no era tales, sino precarias líneas de cese del fuego. ¡Perdón, Israel! Porque el mundo no exigió que las porciones de Palestina que quedaron en manos de Jordania y Egipto se convirtiesen en un Estado árabe palestino. No. Judea, Samaria y Jerusalén Oriental fueron anexadas por Transjordania, que cambió su nombre debido a esta transgresión, pasándose a llamar Jordania (ambas márgenes del río Jordán). Y Egipto se quedó con Gaza. Ni una sola protesta contra este robo a los habitantes árabes de Palestina por parte de sus mismos hermanos. Ni una. Durante casi dos décadas no se habló de un Estado árabe palestino, sino solamente de destruir a Israel. Para colmo, mientras en Israel su pacífica población árabe se integraba y mejoraba el nivel de vida, en los campos de refugiados palestinos se padecía hambruna, enfermedad y un cultivo incendiario del odio. Fortunas se gastan en esos campos, pero no para resolver su dolor, sino para mantenerlo. ¡Perdón, Israel! Porque el mundo no insiste en este punto. Por favor comenta y + 10. Gracias.
El socialismo es una amenaza que se cierne sobre las democracias en América Latina. link: http://www.youtube.com/watch?v=zCQCYxLOJ4c Por favor deja un comentario.
La clasificación mundial de universidades por premios Nobel coloca a los centros estadounidenses en una hegemonía absoluta. Dos tercios de los galardonados entre las 20 primeras universidades estudiaron en EEUU. Aunque la británica Cambridge permanece a la cabeza, con 90 premios, la suma de los premiados que salieron de Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) supera el número de premios Nobel de todo Reino Unido (ver la tabla por países). Además de la tradición y el prestigio, el dinero que manejan estas universidades es parte del secreto de su éxito. La universidad de Harvard, por ejemplo, cuenta en con unos 25.000 millones de euros anuales de presupuesto, que es más o menos el PIB de países como Paraguay, Bolivia o Bosnia-Herzegovina. Los presupuestos de Cambridge (5.330 millones) , el MIT (9.715 millones), Chicago (4.995 millones) y Columbia (5.878 millones) también muestran que los grandes números ayudan mucho a obtener buenos resultados. Pero esta hegemonía no es solo en presupuesto o 'producción' de premios Nobel. Las clasificaciones por calidad de la enseñanza, como el conocido ranking QS, llevan años colocando a los centros anglosajones a la cabeza. Aunque hay cuatro centros británicos en los primeros puestos, este año 13 de los 20 primeros (y 31 del top 100) son estadounidenses. Para encontrar un centro español hay que descender hasta el puesto 176, donde ha quedado este año, tras ascender 18 puestos, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). RÁNKING MUNDIAL DE UNIVERSIDADES (RÁNKING QS) TOP 50 MI OPINIÓN: Luego de ver estos cuadros no queda duda que es en el mundo anglosajón, USA y Reino Unido, donde se está diseñando el futuro del siglo XXI. Es frecuente leer que este siglo será el de China, que desplazará a Estados Unidos en unos años. El detalle está en que, por muy alta que sea la tasa de crecimiento económico anual de China, es Estados Unidos quien sigue liderando la ciencia y la tecnología. Y quien maneje estos dos aspectos, es quien debe ser considerado superpotencia. Esto desde luego es reconfortante. Estados Unidos es quien posee el dominio de la ciencia y la tecnología y se trata, afortunadamente, de una nación cuyos valores y principios son los que necesita la humanidad: La democracia liberal, el libre mercado, el respeto a los derechos humanos. También me llama la atención otra cosa: En la lista de los 20 países con mayor número de Premios Nobel, Israel se encuentra en el puesto 19, con 10 Premios. Y la lista la cierra China. No hay un solo país árabe o musulmán (Otro motivo más para odiar a Israel. Parafraseando a los taringueros, los israelíes deberían decir: "árabe envidioso sin Nobel." Por favor comenta y deja puntitos GRACIAS
Fotos que seguramente has visto en blanco y negro, aquí las verás a color. Marilyn Monroe Albert Einstein Winston Churchill Lee Harvey Oswald Hellen Keller y Charles Chaplin (1918) Joan Crawford, 1932 Mark Twain, 1900 Audrey Hepburn Soldados de la union tomando un descanso, 1863 Charles Darwin Clint Eastwood, 1962 Charles Chaplin a los 27 años de edad (1916) Elizabeth Taylor, 1956 Louis Armstrong, 1946 Babe Ruth cuando debuto en MLB, 1920 Lou Gehrig, 4 de Julio de 1939 Times Square, 1947 Pablo Picasso Jimmy Stewart Claude Monet, 1923 Chicas despachando hielo en New York, 1918