Les dejo una nota muy interesante que encontre en un blog llamado "Hijos nuestros", abajo la fuente se los recomiendo
Cachufla y pitulín
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Cachufla y pitulín
¿A quién no le ocurrió? El amiguito/a, de visita para jugar con alguno de los chicos, de repente pide ir al baño. Si es muy pequeño, nos vemos obligados a acompañarlo para corroborar que todo esté bien: la comodidad, la deposición y el aseo. Sí, debemos limpiar su partes bajas, ¡no lo podemos devolver todo sucio, que dirían sus padres! La responsabilidad del adulto higiénico y atento nos empuja a decirle "limpiate el..." ¿Limpiate qué? ¿El pene, la vulva, la vagina? Mmmm... Nos la jugamos y le sugerimos -por ejemplo, si es varón- "limpiate el pitulín". Obviamente, la respuesta inmediata es la más temida: "no es pitulín, es polola"... Tras el choque léxico, apretamos el botón del inodoro y nos damos cuenta de que no hay nada más original que el nombre que cada familia le otorga a los genitales de los niños.
Todo un mundo de palabras desconocido se abre en cada baño, donde madres y padres apurados y con ganas de finalizar el trámite crean nuevos términos derivados de otros que nacieron derivados de otros también. Si hubiesen micrófonos, registrarían vocablos como cuchuflina, cachucha, chucha, cuchufleta, pitulín, pito, picha, chaucha, pochola, pilín, y muchos más. Estas palabras, además de abusar de la "ch" (no me pregunten la causa), encierran la virtud de diferenciarse de los otros sinónimos, los que utilizan los adultos. Pene y vagina, tal vez por tratarse de derivados del latín, nunca funcionaron bien en este ámbito familiar. Tal vez porque nos cuesta nombrar lo que no queremos nombrar, apenas señalar o dar por entendido sin la ayuda del lenguaje.
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