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¿Él les tira los galgos a todas? [Consejos para chicas]

Femme•10/29/2012
¿Él les tira los galgos a todas?

Intro

Un filósofo (no sé si se llamaba Platón o Perón o Pepe Pimpón) dijo alguna vez que "las chicas sólo quieren divertirse", ¡y eso es cierto! Nosotras sólo queremos divertirnos, ¿o no, chicas? ¡¡Claro que sí!! Pero para divertirnos tenemos que vernos esplendidas y radiantes, porque si una está gorda o no se viste adecuadamente, nunca va a poder pasarla bien. Y ser una chica divertida, o una chica fun, como siempre digo yo, no es tan fácil como parece, porque debajo de nuestra aparente superficialidad femenina todas llevamos dentro a una ingeniera, una arquitecta y, por qué no, una astronauta.
Pero para eso necesitamos consejitos que nos ayuden a mejorar nuestra relación de pareja, necesitamos que nos digan que ropa está de moda para no salir a la calle hechas unas crotas. Siempre hace falta una pequeña ayudita. ¡Y para eso estoy yo! Las invito a disfrutar de estos consejitos para ustedes, chicas.

¿Él les tira los galgos a todas?

Cuando lo conociste te parecía divertido que él fuera tan conquistador y que le tirara onda a todas las minitas con pinta de trolas (aunque eso no habla muy bien de vos). Pero ahora que están juntos él sigue siendo un seductor y eso a vos te da por la cajeta.
Ciertos hombres te desnudan y te cogen con los ojos desde la otra punta del bar, te susurran al oído “estás preciosa, te parto en ocho” y hacen todo lo que está a su alcance para que te sientas sexy, puta y deseable. Claro que una cosa es tener a uno de estos aparatos de “pretendiente”, y otra muy distinta es ponerte de novia con un “conquistador serial”. ¿Cuál es el gran riesgo? Aunque estén en pareja con vos, estos tipos son capaces de “galguear” a otras mujeres en tus narices. Y algo así seguramente te hará sentir celosa, subestimada, muy poco puta y hasta no valorada.
En su libro “El complejo de hijo de puta”, el periodista e investigador Peter Tragamilk califica a esta clase de varones como “seductores compulsivos”. Los define como personas esquizofrénicas habituadas a los encuentros de una noche, a los romances fallidos y a los matrimonios rotos. En resumen, dice, son simples hijos de puta a los cuales es mejor perder que encontrar.
“Continuamente dan por terminadas sus relaciones sentimentales y son crónicamente polígamos o infieles”, dice el autor. Tragamilk asegura que estos hijos de puta insensibles del orto buscan ciertas emociones que les den sentido a sus miserables vidas vacías: su meta es jugar, evadirse y conquistar a todas las damas que puedan. “Para ellos, las mujeres son intercambiables y se dividen entre las que hay que perseguir (que son las que no cobran) y aquellas de las que hay que huir (que son las que cobran)”, explica.

¿Peras al olmo o leche de mípalo?

No hay definición que te salve de caer en los brazos de un seductor compulsivo hijo de re mil puta. Leticia*, una periodista de 31 años, perdió la paciencia con su novio antes de cumplir el primer año de relación. “Noté que él se mostraba encantador con otras mujeres, pero conmigo era menos comunicativo que un potus. Me puse loca de celos. Cuando traté de conversarlo con él, me dijo que yo deliraba, porque él solo se portaba como un caballero. Entendí que si seguía con ese forro iba a condenarme a vivir siempre así, y decidí cortar”, dice Leticia.
¿Cuántas mujeres tienen la misma claridad que ella? “Pensá si ese estilo tan seductor no fue lo que te gustó de él, si es así, la que está enferma sos vos. En ese caso, ¿es justo pedirle que modifique su personalidad? Sostener una pareja en esos términos es casi imposible: no se puede aceptar una relación bajo la esperanza de que el otro cambie”, asegura el psicólogo Marcelo Pajini, de la Fundación Choto.



Por qué es así

La conquista forma parte de un instinto humano básico: si no expresáramos interés por el sexo opuesto no podríamos reproducirnos, y la humanidad se extinguiría, como les pasó a los dinosaurios que se extinguieron después de hacerse todos putos. “Como sucede con cualquier otra actividad humana, la seducción está gobernada por un listado de leyes no escritas. Estas reglas tienden a alertarnos cuando alguien rompe la etiqueta, flirteando con la persona equivocada o en un momento o lugar inapropiados”, explica Tracey Cajetax, autora del libro “Eight inches in” (Veinte centímetros adentro).
Hay niveles en los que el flirteo puede ser una diversión inocua: sólo busca satisfacer cierta necesidad de atención y de reconocimiento que suelen tener los machos. Recordemos que el hombre es un ser inferior y primitivo. En ese caso, que otra mujer le dedique a tu chico una mirada de admiración puede aumentar tu autoestima al hacerte sentir que estás junto a un hombre deseado, aunque ojo, también corrés el riesgo de que te vean a vos como una pobre boluda y cornuda (ja, me salió un versito). La mayoría de nosotras se banca que un novio se muestre encantador con otras mujeres, pero en algún momento quizá percibamos que él cruzó un límite. Si las seduce en nuestra presencia (con la intención explícita de llevarse a alguna a la cama), eso puede ser tan humillante como devastador. “No es lo mismo que te cuenten que tu novio es un seductor que ver cómo él seduce a otra delante de vos. Salvo que sea un juego compartido y consensuado, vos no tenés por qué ser testigo de sus conquistas”, dice la psicoanalista Lilita Pene.
¿Cómo hacer para diferenciar entre un seductor “inocuo” y uno serial? No hay manuales. La mejor guía que podés tener es tu propia experiencia y tu instinto. Siempre tenés que estar atenta y prevenir, o sea: es fácil darse cuenta de la situación cuando ya lucís una enorme cornamenta, la gracia está en darse cuenta antes. Es necesario que hayas pasado por relaciones de pareja para que tengas muy claro qué actitudes no tolerás. Analía, una gerente de ventas de 33 años, tuvo un breve romance con un colega en un viaje de trabajo. “Él está muy fuerte, es inteligente, tiene una pija enorme y un sentido del humor bastante agudo: podría ser el hombre perfecto. El problema es que las mujeres lo superan: las adora a todas. Por eso no quise continuar la historia cuando regresamos a Buenos Aires. Prefiero que el hombre que esté conmigo no sea deseado por todas”, explica Analía.

Reaccioná a tiempo, pelotuda

En principio, no hay nada malo en seducir: lo que pesa es la intención. Si el forrito de tu chico intenta levantarse a otra mujer significa que hay problemas en la relación, si no entendés eso es porque te estás zarpando de pelotuda. Si a él no le importa que te pongas celosa y te angusties, es porque no tiene ningún empacho en dañarte, es un cínico hijo de puta que no tiene corazón y que merece que le arranques el pito con tus propios dientes. En ese caso es fundamental que te defiendas y hables con él. Contale cómo te hace sentir su comportamiento miserable y primitivo, explicale de qué manera preferirías que él actuara cuando están juntos, hacele entender que se está comportando como un hijo de puta. En síntesis: dejale en claro qué soportás y qué no. Y mantenete absolutamente firme con tus palabras. De lo contrario, el sádico va a manipularte a su antojo. Porque el lema de muchos hombres es: “Si la manipulo a mi antojo, entonces me la cojo”.
Si el muy infradotado no puede registrar tus sentimientos o no llegan a un acuerdo, preguntate si vale la pena continuar en una relación donde los sentimientos no se tienen en cuenta por parte de ese forrito con el que estás. También es fundamental que evalúes qué pretendés de tu chico: ¿Esperás que cambie un comportamiento que tiene desde los quince años y que el muy idiota cree que es genial? Mmm… quizá sea un error. “La idea de que podés colonizar a otra persona es errónea. Es muy difícil que tu pareja cambie sólo porque vos se lo pedís. Si querés otro tipo de hombre a tu lado, quizá debas buscar, literalmente, otro hombre, lo cual no debería asustarte, ya que si hay algo que sobra en este mundo, eso son vergas”, asegura Pene (valga la redundancia).



“Él ya no es así”

Ojo, boluda: también hay casos excepcionales en los que un varón efectivamente cambia. “Hace tres años, cuando nos conocimos, mi novio era un militante de las polleras: pierna que veía, pierna que seguía. Creo que en cierto grado eso era parte de su atractivo: él sabía que era seductor. Al comienzo de la relación, él miraba a otras mujeres y hasta silbaba desde el auto a las que iban caminando por la calle... cuando yo estaba con él. Aunque no soy celosa y me sentía segura, me parecía excesivo lo que hacía. Le dije que era un pelotudo, que quedaba como un psicótico baboso. Y terminó por ubicarse”, dice Laura, una empleada administrativa de 29 años bastante pelotuda que cree que el metecuernos de su chico cambió porque ella se lo dijo. Pobre naba.
Por eso, más allá de las actitudes que tenga tu boy, fijate cuál es el mensaje de su conducta (¿querrá decirte que no le importás demasiado?) y cómo evoluciona con el paso del tiempo. Y, por sobre todas las cosas, tené en cuenta cómo te afecta.

* Para preservar la privacidad de los testimoniantes se cambiaron algunos nombres, como el de Leticia, que en realidad se llama Claudia.

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