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Era Nazi Jehováh???

Info5/9/2011
Me encontraba este finde leyendo una de las obras más magistrales del ya consagrado autor J. J. Benítez: Caballo de Troya 7.


Para quien no lo sepa, este libro se trata de la siguiente historia:
Un equipo de EEUU viaja en los 70 al pasado para conocer a Jesús y su verdadera historia
Quien relata el libro en primera persona es Jason (Mayor, de la Fuerza aérea USA), quien en este momento está en el año 26 DC y habla con Jesús.

Más alla de que Jehováh es para muchos (me incluyo) el "Dios" de los judíos, y para otros es Dios padre nuestro. vean lo siuiente:

(extracto del libro: )

... Ahí concluyó mi labor como auxiliador. Lo que el fuego no sana debe considerarse incurable.
Seguía sin entender.
—Finalmente, Tinieblas confesó: era un halal, un hijo ilegítimo de un sacerdote (1).
Su madre, una i—1— r_____ -^..^ wa <A pensamiento de Assi.
Aunque, como esenio, detestaba a los sacerdotes (de ahí el calificativo de «perro»), compartía las ideas sobre la pureza de origen. El hirsutismo del halal, en suma, aparecía perfectamente explicado a ojos de los
judíos: los padres pecaron (poco importaba que hubiera sido una violación) y, en consecuencia, el hijo recibió el
castigo...
—Así lo quiere el Santo, bendito sea su nombre...

(1) Como ya he mencionado en otros momentos de este diario, la pureza de origen era una obsesión para los judíos. En principio, estas ideas nacían de Yavé (Levítico 21, 7-14, y 21, 15). Cualquier hijo nacido de un matrimonio o de la unión entre un sacerdote y una mujer no reconocida como pura recibía la calificación de «profano» {halal o halalah). Además de carecer de los derechos más elementales, era tachado de inmediato como «pecador», y podía ser repudiado por el entorno social. Conviene recordar que los sacerdotes, levitas e israelitas de pleno derecho eran los únicos «no pecadores» ante los ojos de Yavé.
El resto —hijos ilegítimos de sacerdotes, prosélitos, esclavos emancipados, bastardos, esclavos del Templo, hijos de padre desconocido, castrados, homosexuales y hermafroditas— era basura.
(N. del m.)


Permanecí mudo, contemplándolos. No merecía la pena discutir sobre aquel injusto principio. ¿Así lo deseaba Yavé?
¿Quería el Dios de los judíos que la pureza en el origen fuera prioritaria?
¿Era capaz de castigar a un inocente con la enfermedad por la supuesta culpa de sus padres?
¿Qué clase de Dios era Yavé?
Traté de serenarme. La mezcla de fanatismo religioso, error y superstición era lo habitual en aquel tiempo y entre los celosos de la Tora o Ley judía. La situación, en especial desde el regreso del destierro de Babilonia y la reforma de Esdras (1), había llegado a extremos tales que los contratos matrimoniales entre mujeres y hombres judíos (de origen puro) sólo podían ser firmados y ratificados por sacerdotes, levitas o por otros varones que demostraran su pureza racial, al menos en cinco generaciones.

Pero había más...
A la oscura historia de la pureza en el origen, los más fanatizados añadían un elemento económico y otro —digamos—
«estético» que hacían aún más insufrible la vida de «pecadores» como Tinieblas o Ara. Fue Yavé quien, desde el principio, fijó las normas sobre curaciones. Sólo los sacerdotes tenían esa facultad.
Si alguien —pecador, «endemoniado» o aquejado de una enfermedad— deseaba ser curado (es decir, perdonado por Yavé), sólo tenía una opción: acudir al Templo y, previo pago, ponerse en manos de la casta sacerdotal.
El «negocio», como es fácil imaginar, resultaba redondo. El problema surgía cuando el «pecador», que continuaba con la dolencia en cuestión,
regresaba ante los sacerdotes y reclamaba una curación que no se había producido con el primer pago.

El individuo tenía que hacer un segundo desembolso y un tercero y un cuarto... El ciudadano no mejoraba y, finalmente,
el prestigio del Templo se veía mermado. Cuando eso tenía lugar, los sacerdotes se las ingeniaban para incluir
a los recalcitrantes en el submundo de los «impuros » (individuos que no podían ser perdonados por Yavé), prohibiendo, incluso, que se acercaran al recinto sagrado. Si los «pecadores» protestaban o se mostraban irreverentes, el consejo (pequeño sanedrín) estaba capacitado para ordenar el destierro, argumentando que «la sola visión de los impuros alteraba el ánimo de los justos».
No pregunté si aquél era el caso de Tinieblas.

Lo que importaba es que situaciones tan injustas habían conducido a la creación de guetos como el kan del Hule. Porque,
en suma, de eso se trataba: un lugar escondido entre pantanos, lejos de los núcleos urbanos y de las conciencias
de los más religiosos.
—... Así lo quiere —murmuró Assi por segunda vez—.
Jise es el deseo del Santo, bendito sea su nombre... q- No esperó respuesta. Se alzó y, tras desearnos la paz, se dirigió
hacia una de las cabanas. Hasok, Tinieblas, se fue tras él.
Imaginé que debían madrugar...
Jesús, sentado a la turca, me observó fugazmente. Fue como un calambre. Aquella mirada jamás pasaba desapercibida para el corazón. Nos habíamos quedado solos, con la única compañía del fuego y el silencio. Y, una vez más, hizo fácil lo difícil...


—¿Crees que el Padre lo quiere así?
Lo miré sin terminar de captar. La voz, templada, prosiguió:
.—¿Crees que el Padre condena a sus hijos a la enfermedad?
_Lo importante, Señor, no es lo que yo crea, sino lo que ellos —y señalé la oscuridad de las chozas— entienden.
Tú has enseñado que ese Padre es amor...

Guardó silencio durante unos instantes. Tuve la sensación de que medía las palabras.
En aquel tiempo, como ya he referido en otras ocasiones,
la enfermedad era una consecuencia directa del pecado, incluso por omisión. Se trataba de una concepción exclusivamente religiosa de lo que hoy entendemos como dolencia o patología. Fue inventada por los mesopotámicos (1).

La Biblia está sembrada de alusiones a esa trágica ecuación: pecado = cólera divina = castigo (enfermedad) (2).

—Lo que tú observes, lo que escuches y, sobre todo, lo que termines por creer, sí es importante. Eres un enviado.
Después, cuando regreses, sé fiel. Otros descubrirán la verdad de tu mano. ¿Es importante o no?
Sonrió, acogedor. Jesús volvía a ser el del Hermón. Risueño, afable, comunicativo.
—Responde a mi pregunta: ¿consideras que el Padre desea el mal y la enfermedad?
—Si yo tuviera un hijo —repliqué, un tanto abrumado—, nunca lo castigaría con una enfermedad. Probablemente
—rectifiqué—, no lo castigaría...

(1) La palabra mesopotámica shértu significaba «pecado»,
«ira divina» y «castigo» al mismo tiempo.
Esa creencia obligaba al médico a diagnosticar después de someter al paciente a un intenso y minucioso interrogatorio
en el que se buscaba, básicamente, la información sobre la posible conducta «delictiva» del sujeto. Algo parecido a la confesión de los católicos. Merced a este «hábil interrogatorio», el auxiliador estaba en condiciones de averi guar a qué dios se había ofendido y por qué. En el siglo vil antes de Cristo, en la biblioteca de Asurbanipal, existían ya documentos en los que se establecía el modelo que debía seguir el médico: «¿Ha instigado al padre contra el hijo? ¿Ha instigado al hijo contra el padre?... ¿Ha instigado al amigo con tra el amigo?... ¿Ha dicho sí por no? ¿Ha utilizado balanzas y pesas falsea das? ¿Ha quitado vallas, lindes o hitos? ¿Ha expulsado de su
familia a un hombre honrado?... ¿Ha sido su boca recta y su corazón falso?...»
(N. delm.)

(2) Sirva como ejemplo lo recogido en el salmo 38: «Yavé, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues. Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí; nada intacto en mi carne por tu enojo,
nada sano en mis huesos debido a mi pecado.» (N. del m.) +


Y en mi mente quedó flotando una frase que no supe interpretar en esos instantes: «cuando regreses...». ¿Por qué hablaba en singular? Pero, sumido en la conversación, aquel «chispazo» —importantísimo— se extinguió y no volví a recordarlo..., hasta un tiempo después.
—En verdad te digo, Jasón, que estás próximo a la esencia de la cuestión. El problema es que no conoces al Padre —todavía—, y, por tanto, no sabes que las palabras «castigo» y «pecado» no son concebibles para Él. Sois vosotros los que habéis levantado esas calumnias contra Dios.

Percibió mi confusión y, animándome con una interminable sonrisa, trató de ir paso a paso.
—Empecemos por el final. ¿Qué es para ti el pecado?
—Si yo fuera religioso —maticé—, lo entendería como una transgresión de las leyes y los preceptos divinos.
—¿Y cuáles son esas leyes y normas?
Me sorprendió. Él lo sabía mejor que yo. Él conocía la Tora y los 613 mandamientos revelados por Moisés (365 prohibiciones, según el número de días del año solar, y 248 órdenes positivas que —decían— correspondían a las partes del cuerpo humano).

No me dejó responder. —¿Crees que el Padre dictó esas leyes? —Tengo entendido que fue Ya vé...
La mirada, como una daga, me advirtió. —No estoy hablando de Yavé, sino del Padre, el Número Uno, como dice tu hermano... Me atrapó.

—¿Sabes cuál es la única ley para el Padre?
—El amor. Eso lo sabemos por ti...
—Y el profeta Amos lo resumió en un solo mandamiento: «Buscadme y viviréis.» Eso es lo que solicita el Padre: buscarlo. Ésa es la única ley.
»Pues bien, dime: ¿qué castigo puede derivarse del incumplimiento de esa ley?
¿Crees que si el hombre no busca a Dios es un pecador?
Me dejó perplejo, una vez más.

(hasta aquí, extracto de "Caballo de Troya 7"
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Concluciones:
- Jehováh no es Dios, Jehováh es sólo el "Dios" de los Judíos (lo dice Jesús acá y en la Biblia, evangelio de Juan)
- Jehováh es hiper racista, y adepto a la Higiene racial y genética (y los judíos por orden de su "Dios" )

Pero cómo, Hitler era adepto a estas dos cosas y por esto era malo, loco y genocida! o no?
El Dios de los Judíos es racista!
Y al que diga, como la iglesia Católica, que Jehovah es nuestro Dios único, Nuestro Dios es racista y promueve la higiene racial!!!


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