
Para una persona que se encuentra a 3,000 kilómetros de la mayor parte de su familia, amigos y conocidos, las herrramientas “sociales” que ofrece internet son, cómo decirlo, una especie de regalo de los dioses.
O más bién, podrían serlo.
Yo utilizo mucho el MSN Windows Live Messenger, y hasta hace poco todavía le encontraba utilidad al Facebook. En cuanto al Messenger, se me hace bien chingón poder platicar por ahí con la mayoría de la gente que aparece en mis contactos. Pero por hoy, quisiera concentrarme más en el Facebook.
Tengo 5 tipos de contactos en mi facebook:
1. Familia y amigos
2. Personas con quienes me he reencontrado (que de otra manera hubiera sido prácticamente imposible)
3. Conocidos que, al agregarlos, piensas “eh, porqué no. Lo conozco, no tengo nada en su contra”.
4. Personas desconocidas que me han agregado, o a quienes yo he agregado.
5. Gente “famosita”.
1. Familia y amigos
Este grupo, como su nombre lo indica, incluye a diferentes miembros de mi familia, y mi grupo de amigos, tanto en México como en Canadá (y bien, un par de amigas de Estados Unidos).
2. Personas con quienes me he reencontrado
Ex-compañeros de empleos anteriores, amigos a quienes le había perdido la pista desde la prepa, ex-alumnos de cuando fui maestro de inglés. En su mayoría caben en la primera categoría, pero para efectos de describir la funcionalidad de Facebook los puse en una categoría aparte.
3. Conocidos
De repente, por ejemplo, ves que en el perfil de un amigo aparece el contacto de otra persona que conoces. “Eh”, piensas. “Nada pierdo con agregarlo”. O de repente alguien más te agrega a ti. “Bueno, a ver que”, dices. Y ahi están, en tu lista.
4. Desconocidos
La típica. ves una foto de una tipa atractiva, y como buen lobo te lanzas a agregarla. A veces son coleccionadoras de amigos, y te agregan sin pensarlo. Otras veces, te rechazan. O de repente encuentras entre tus contactos gente que no sabes ni de donde salió.
5. “Famositos”
Si bien los 6 que tengo en mi Facebook varían en su status como “celebridad” (desde podcasteros, editores de revistas de computación, conductoras de segmentos infantiles de programas mañaneros de México, creadores de sitios web mundialmente conocidos, “modelos” de Page 3 de un periódico de Londres, o estrellitas de grupos de pop mexicano de los noventas), todas siguen un mismo patrón. Publican algo, se echan en sus laureles a ver cómo todos les festejan todo, pero jamás responden a un comentario.
Hasta ahí, todo bien. Quién diría que hasta una persona tan típicamente antisocial como yo pudiera tener una red social tan variada? Porque eso es el Facebook, no? Una red social? Alguien?
Mmm… no tanto.
Difícilmente interactúo con alguien ahí. Y no porque yo no quiera, en la mayoría de los casos por mi no ha quedado. Pero más allá de que un pequeño grupo de personas y yo de repente comentemos en algo que publica uno de nosotros, no veo mucha interacción. Que te “guste” mi status no cuenta.
Lo único que llega a mi “inbox” de Facebook son actualizaciones de información para eventos a los que, si bien agradezco haber sido invitado, no podré asistir, porque estoy un poquito lejos.
Pero más allá de la poca interacción que a través del Facebook tengo, hay algo que me molesta ya demasiado, y que es la razón por la que cada vez es menos mi participación ahí.
La gente estúpida arruina todo.
Por un lado, me resulta molesto abrir mi Facebook y ver la cantidad de aplicaciones, de por si pendejas, que utiliza toda la gente. Que si el trebol de la suerte, que si la galletita de la fortuna, que si Doña Lucha, que si el pitufo gruñon, que si Farm Town, FarmVille, La granjita Feliz o como se llame, que si qué tipo de molusco eres, qué tipo de cancer te va a dar, cual apóstol te está bendiciendo, qué cancion de Daddy Yankee eres (haganme el puto favor!), “haz este test para saber el nombre del chico que te gusta”, y demás idioteces.
Cuando menciono esto, la gente me tacha de amargado. Y no es que lo esté (bueno, sí, pero tiene su razón de ser), pero sí es algo que me molesta sobremanera.
Supongo que cada quien tiene derecho a hacer lo que quiere, y haría mal en ponerme a juzgar. Supongo que sólo me puedo quedar callado y utilizar la opción de “ocultar esta aplicación” que amablemente me ofrece Facebook.
Pero no es ahí donde termina mi coraje, en este sentido. Independientemente de mi molestia al tener que borrar 30 ó 40 aplicaciones cada día (y dios me libre de no entrar al facebook un par de días seguidos), es el hecho de que la gente no solo los use, sino que abusan de ellos. He visto amigos consultar la galletita de la fortuna 5 veces en un día. Y después, a ellos mismos les “gusta” lo que les dice la galletita. Y después comentan al respecto.
Y si tantas ganas tienes de jugar a la mafia, al restaurantcito, o a la granjita, chingado, no seas tacaño y cómprate un juego de los Sims.
En lugar de “red social”, Facebook ya se ha convertido en el centro de entretenimiento de gente, en su mayor parte adultos, que encuentran mérito en cosas así:
"la salchicha de la fortuna"... haganme el rechingado favor!

En pocas palabras, Facebook ya prácticamente se convirtió en MySpace, sin letras con brillitos. Era cuestión de tiempo, supongo.
Pero quién crea esas aplicaciones? Al igual que con la guerra contra el narcotráfico, no hay que atacar a quienes consumen, sino a quienes producen. Esa gente merece ser condenada a la silla eléctrica (o a métodos de tortura más medievales).
He aquí una pequeña guía de tips para ustedes, para que su experiencia en Facebook, y la mía, sean más placenteras:
1. No TIENES que utilizar cada aplicación que sale. Y para las que sí decides utilizar, toma en cuenta que cada vez que las utilizas, esas aplicaciones están tomando tu información personal.
2. Escribe bien. Una cosa es un error de ortografía, o de dedo – todos los cometemos de vez en cuando. Pero cuando decides voluntariamente “ezkriiviir aAZiI”, sustituir “qu” por “k”, o demás atrocidades, creeme que lo único que proyectas es que algo no anda bien en tu corteza frontal. Solo los finlandeses y los hawaiianos tienen permitido repetir vocales en sus sílabas. Tú, no. El español no es esí.
3. No confundas tu “muro” con tu “status”. Cuántas veces no he visto en tu status “PERSONA X Sí gacha, llamame y nos vamos re roll!!!”
4. Si vas a publicar un album, escoge bien tus fotos. Con unas 20 fotos que compartas de tu viaje o tu fiesta es más que suficiente. Si pones las 198 fotos que tomaste, incluyendo 40 fotos de tu pastel, se pierde el interés.
5. Hablando de fotos, haz lo posible por que la foto de tu perfil sea una foto tuya. No de tu hijito, no de tu perro, no de tu vehículo, sino tuya. Es incómodo llevarse la impresión de que estás hablando con un schnauzer.
6. Para terminar con esto de las fotos, si vas a crear un album con imagenes de esas “emo” que tienen un dibujito o una foto de algo triste con un texto garigoleado que dice pendejadas como “cada vez te extraño mas”, lárgate de Facebook y vete a MetroFlog.
7. Saluda de vez en cuando. No nadamás a mí, sino a todos tus contactos.
En fin, ya para concluir, le voy a dar una limpiadita a mi lista de contactos. Los amigos y familia, y los conocidos se quedan, obviamente. Pero a la gente que no conozco, les voy a enviar un mensaje un día de estos.