NUEVA YORK (Reuters Health) - Usar una máscara facial podría prevenir el contagio de la gripe dentro del hogar, sugirió un estudio realizado en Australia.
El equipo dirigido por la doctora Raina McIntyre, de la University of South Wales, en Sidney, halló que los adultos que usaban constantemente una máscara después de que un niño se contagiara eran cuatro veces más propensos a evitar contraer la enfermedad respiratoria que los participantes a los que no se les había indicado usar máscara.
El 21 por ciento de los adultos que usó máscara dijo que lo había hecho "a menudo o siempre" durante el período recomendado de protección.
"Usar una máscara es algo simple y económico que debería ser práctico para las familias. No es necesario consultar al médico ni tener una receta; las familias pueden comprarlas en una farmacia", dijo McIntyre a Reuters Health.
"Para algunos puede ser incómodo, pero es cuestión de comparar la incomodidad de corto plazo con el riesgo de enfermar y no poder trabajar", añadió McIntyre.
Los investigadores estudiaron la efectividad de las máscaras en la prevención del contagio de la gripe en 145 hombres y mujeres mayores de 16 años. Todos convivían con un niño menor de 15 años que había consultado a un médico por fiebre, tos o dolor de garganta.
Al azar, los adultos debieron usar una máscara quirúrgica estándar, una máscara P2 más compleja y costosa, que incluye un respirador y está diseñada para filtrar las partículas pequeñas, o ningún tipo de dispositivo de protección facial.
Las pruebas de laboratorio confirmaron la existencia de virus respiratorios en casi dos tercios de los niños.
En el grupo que usó las máscaras como se les había indicado, el riesgo de enfermar fue un 74 por ciento más bajo que en la cohorte que no empleó máscara. El estudio fue demasiado pequeño como para determinar si un tipo de máscara era más efectiva que la otra.
Pero hacer que las personas la usen fue un desafío. El primer día del estudio el 38 por ciento de los adultos a los que se les había asignado usar máscara quirúrgica dijo que la había utilizado la mayoría o todo el tiempo, como el 46 por ciento de los usuarios de la máscara P2.
Pero el quinto día, sólo el 31 por ciento de los usuarios de la máscara quirúrgica y el 25 por ciento de los que se colocaban la P2 usaban las máscaras la mayoría o todo el tiempo.
El motivo más frecuente por el que los participantes no usaban la máscara era la incomodidad; algunos dijeron que sus hijos no querían que ellos la usaran, mientras otros aseguraron que se olvidaron de hacerlo.
El hecho de que las máscaras disminuyeran la diseminación de la influenza y otras enfermedades respiratorias dentro del hogar tuvo consecuencias más allá de la línea de edificación, en especial en el caso de un brote de enfermedades respiratorias graves, destacó McIntyre.
"Los fármacos y las vacunas no son necesariamente una panacea para los brotes de enfermedades infecciosas. En algunos casos, como el SARS, no habría medicamentos ni vacunas efectivas y en una pandemia seguramente habría demoras y escasez de suministros", escribieron los autores.
"Por lo tanto, necesitamos estudiar medidas simples y no farmacológicas, como las máscaras y el lavado de manos, que pueden proporcionarle protección efectiva a la población", finalizó el equipo.
Emerging Infectious Diseases, febrero del 2009

