porque no todo es birritas en la vereda. acá la tenemos a la chica que dibuja como el orto escribiendo cosas re zarpadas, onda 50 sombras de grey. disfrútenlo.
ATENCIÓN: contiene altísimos niveles de hipstereadas.
disclaimer: no me deja agregar la url de la fuente (lia-copello.tumblr). la información NO es de mi autoría.
Remeras
Me sacás la remera rápido porque te gusta verme en tetas. Y me siento cómoda en tetas estando con vos, mucho más que estando sola. No sé, quizás sea una pavada, yo creo que es un montón.
A mí me gusta sacarte la remera porque vos ya me la sacaste. Y me gusta verte sin remera, no creo que tanto como a vos te gusta verme a mí. Eso también es un montón. Pero hay algo en vos que me gusta más que el resto y es esa parte en donde el cuello se te junta con el hombro y no sé si es que visualmente me resulta hermosa la manera en la que la barba te termina justo donde empieza tu tatuaje o si estoy tan hasta las manos con vos que cualquier cosa es una buena excusa para calentarme.
Me gusta sacarte la remera porque me gusta mirarte pero más porque vos ya me la sacaste y puedo abrazarte y apoyarme en vos.
Y si pudiese detener todo y quedarme ahí, lo haría.
Y renunciaría a todo lo demás.
Más de 30
- Dale, a cuántos.
- No tengo idea.
- ¡Dale! No te voy a juzgar boluda, soy yo.
- Es que no entendés, realmente no tengo idea.
- No puede ser que no sepas a cuantos pibes te cogiste en tu vida.
- No sé. Los quise contar hace un tiempo y no pude, de verdad no me acuerdo.
- Tenés 26 años, desde que te conozco tuviste dos novios y saliste con 4, máximo.
- Sí, pero cogí mucho en la adolescencia yo.
- Yo me cogí a medio conurbano bonaerense antes de los 18 y aún así sé cuantos fueron. Dale. ¿Más de 30?
- Sí boluda.
- ¿Qué? ¡Más de 30 es un montón!
- Ni tanto boluda. La mayoría de las personas se cogieron a más de 30 personas a mi edad.
- La mayoría de las personas no cogieron tanto ni viviendo 95 años. Te lo puedo asegurar. Más de 30 es un montón.
- Para mi es promedio 30, 35. Posta. Hacé una encuesta.
- Bueno, pero más o menos, ¿Cuántos más de 30 fueron?
- No tengo idea.
No, nada de nada
No te pensé mil veces sentado en mi sillón jugando con mi perro ni fantaseé otras mil con la idea de que te llevaras mejor con él que el resto de las personas que vienen a mi casa.
No me toqué nunca pensando en vos, jamás, si puedo imaginar lo que quiera mirá si voy a pensar en que te metés en la ducha y me besás el cuello y me mordés los hombros y todo lo demás.
No tengo intacta la sensación de cuando las manos se nos cruzaron en el balde de pochoclos ni se me acelera el pulso cuando me pasás el porro y se nos encuentran los dedos por un segundo. No podría aunque quisiera recordar esa noche en la que te busqué con los ojos entre toda la gente y te encontré mirándome fijo, ni se me cristaliza el alma cada vez que me contás de una chica nueva.
Ni me trago un nudo lleno de tristezas cuando veo que te estás por enamorar.
No sueño con vos, nunca, ni me salvás la vida en los sueños, jamás.
No me quedo parada con la mirada perdida en los lugares en los que estuvimos solos alguna vez a fantasear con qué hubiese pasado si en vez de mirarte lavar los vasos me hubiese acercado a cerrar la canilla y te hubiese dado un beso.
No te comparo con los chicos con los que salgo.
Ni te escribí tres confesiones de amor ni las guardé en un borrador de Gmail porque me tiemblan demasiado las manos para apretar send.
No me puse triste esas veces que creí que te podía llegar a ver y no estabas, y nunca me depilé por las dudas. Por las dudas de qué, que sé yo.
No abro tu Twitter apenas me levanto.
No escucho ese disco que me recomendaste.
No me sé de memoria el celeste de tus ojos ni las arrugas de tu nariz cuando te enojás.
No te pienso todo el tiempo ni te beso un poco todos los días.
No siento nada por vos.
Seguí con lo tuyo.
Querer querer
La gente se está yendo a convivir, la gente se está casando. Están teniendo hijos, ¿Entendés? Si hasta ayer nos sorprendíamos cuando una dormía dos días seguidos con uno. “Estás hasta las manos” le decíamos, ayer, te juro que fue ayer. Y ahora la gente se está casando.Y vos y yo acá, dando vueltas. Enroscados. No, no me quiero casar. Ni con vos ni con nadie. Ni quiero convivir, si con alguien, algún día, no ahora, no con vos. ¿Tener hijos? Sí. Quizás uno. Una nena. Que se llame Nina. Y que lea mucho. Y que le guste dibujar.Y quizás un nene también. No sé el nombre. Que sea músico desde chiquito. Y que juegue al fútbol.Pero no, no con vos. Vos y yo estamos enroscados. Vos y yo no sabemos querer. A nosotros no nos sabemos querer, por lo menos. A veces quiero desenroscarme de vos para ver si sé querer. Sé que sé, alguna vez quise. No a vos. O sí. Capaz un poco te quiero. Pero no sé hacerlo.Y vos no me querés. ¿Me querés? La gente se está casando y vos y yo acá, enroscados. Que terminamos de coger y nos reímos. ¿De qué? ¿De nosotros nos reímos? ¿O vos te reís de mí y yo de vos? Nos reímos y hablamos. No podemos parar de hablar. No podemos parar de coger. No podemos parar de reirnos. Pero no nos sabemos querer. Ni yo a vos, ni vos a nadie.
Luke, yo soy tu padre
Nos habíamos propuesto ver todos los clásicos que ninguno de los dos había visto antes.
-Esta vez veamosla, no nos quedemos dormidos como siempre -le dije mientras ponía una de Clint Eastwood viejísima que no me acuerdo como se llama pero tiene 8.2 en IMDB. No nos quedamos dormidos pero nos reímos de algo de la película, nos dimos besos, cogimos, y cuando nos quisimos dar cuenta Clint Eastwood estaba disparandole a quién sabe que maleante, y la apagamos. Prendí la tele. Estaban dando Star Wars. Doblada al español, pero Star Wars al fin y al cabo. Nos tiramos en el piso porque su sillón es de esos que al principio parece que va a estar todo bien pero a los quince minutos se convierte en una máquina destructora de nervios ciáticos. Corrimos la caja de pizza que pedimos cuando decidimos no ir a ese cumpleaños al que no queríamos ir, y tomamos un trago de esa cerveza que había estado ahí por algunas horas. Y ahí, con un colchón improvisado de almohadones, se quedó dormido.
Me percaté de que me estaba babeando el brazo justo cuando Darth Vader le dice a Luke que es su padre. En español neutro, pero es Star Wars al fin y al cabo.
Y pensar que en las películas el romance es subirse a un taxi, entrar corriendo a un aeropuerto, comprar un pasaje, ¿cómo es que siempre quedan lugares para el mismo vuelo?, seguir corriendo, hacer un papelón, gritar te amos y disculpas. Que suerte que en la vida real Ezeiza queda bastante lejos.
En una caja
Tres días tardé en meter todas tus cosas en una caja de cartón. No eran tantas y no eran todas, pero me demoré un poco cagando a trompadas al significado de cada una de esas cosas, forzándolas en una caja de vinos que había sobrado de alguna mudanza y en la que de alguna manera medio mágica entraba todo a la perfección.
Quizás hubiese sido más fácil una bolsa. Menos dramático tal vez.
Pero la caja estaba bien.
Las zapatillas que usaba yo más que vos pero eran tuyas y, de cualquier manera, no iba a poder dar más de diez pasos con un pedacito tuyo en los piés. El libro de auto ayuda que me regalaste una vez y discutimos porque sabías que odio los libros de auto ayuda. Ahora que ya está, ahora que está en la caja, te confieso que lo leí dos veces de las cuales lloré tres. Los dos de Castaneda y ese de cómics que trajiste de Estados Unidos me los quedo, y en la caja meto la esperanza de que no me los pidas porque son difíciles de conseguir. No pude meter la mancha de humedad de la pared de la que nos reíamos todas las noches porque parece un submarino amarillo así que la pinté. No te preocupes, le saqué una foto. Metí los tres muñecos de Star Wars que compraste en Parque Centenario, tus dos remeras que jamás usé para dormir, el encendedor que hace luces, las medias grises que nunca supimos si eran tuyas o mías, tu cepillo de dientes. No metí las cartas ni las entradas de cine ni el dibujo que me hiciste para que deje de fumar. De los discos me quedé el de Beck, no lo tengo, probablemente no lo pueda escuchar porque suena demasiado parecido a un domingo al lado tuyo, de esos domingos que no va a haber más.
Me gustaría no tener que meter esos domingos en la caja.
El póster de Volver al futuro que nunca colgué, está un poco arrugado, pero creo que lo podés usar. El mouse inalámbrico. La taza celeste. Me quedo la rosa. ¿Por qué hacíamos eso, de tomar vos en la celeste y yo en la rosa?
La lechuza de cerámica que compré en el barrio chino la metí en la caja porque aunque era mía a vos te gustaba más y para mi las lechuzas dan mala suerte. Así que la saqué de la caja y la tiré en la basura, porque no quiero que tengas mala suerte con nada. La toalla que te dieron a fin de año en el trabajo. Tu cargador de celular. Tu camisa de jean. Tu maquinita de afeitar. Tu peine chiquito. Los dos cáctus.
Tres días tardé en meter todas tus cosas en una caja de cartón, que no eran tantas ni eran todas.
A ciegas (nota: infaltable la birrita en al vereda lol)
-Vamos a tomar una birra, dale.
-Un día que nos crucemos en algún lado. No es por vos, eh. Es que me incomodan las citas a ciegas. Sentarme en algún lado con alguien que nunca vi, no sé. Nunca me gustó.
-¿Querés que deje mis ganas de conocerte liberadas a alguna remota posibilidad de cruzarte en algún lado? Dale. Vamos a tomar una birra. Decime qué es lo más grave que puede pasar.
-De todo. Nos podemos caer mal. Mirá si vos sos medio tímido y todo lo que hacés que me cae bien por acá no te sale en persona y yo pienso que sos inseguro y me quiero ir y me pongo rara yo también y no hablamos por diez minutos. Mirá si de los nervios me pongo más torpe que de costumbre y te tiro el vaso lleno encima, con el frío que hace me vas a odiar y no vas a poder caretear la cara de orto y yo me voy a sentir mal y me voy a poner a la defensiva. Mirá si decís algo que no me gusta y te lo digo y tenemos una discusión re hostil y después no la levantamos más.
-¿Qué cosa tan grave puedo llegar a decir para que tengamos una discusión hostil, Lía?
-No sé. Que sé yo. Que preferís tener un hijo chorro que puto.
-Mi hermano es gay Lía, voy a ser el padrino de su casamiento, te lo conté ya. Jamás diría algo así.
-Bueno. Que sé yo. Capaz no me gusta como te reís. O como me mirás. O como le contestaste a la moza. Capaz no te guste eso que hago con las manos y te asustes apenas te des cuenta que no era un chiste lo del trastorno de ansiedad. En una de esas no me gusta tu voz o a mi me queda algo verde en el diente y vos no sabés si decirmelo y hacerme pasar verguenza o dejarlo pasar y que te odie apenas me mire en un espejo. Mirá si me hablás de tu ex y yo me enrosco a darte consejos y terminamos re tristes los dos. A veces hago chistes que a la gente no le gustan. Mirá si hago uno y no te gusta y te querés ir y todavía no nos trajeron las birras. Horrible.
-Chistes que a la gente no le gustan. Anotado.
-Chistes sobre bebés muertos.
-¿Vas a hacer un chiste sobre bebés muertos antes de que nos traigan las birras?
-No sé. Puede ser.
-Me encanta.
-Mirá si no te encanta. Mirá si no te encanto nada. Si me pongo a hablar y no paro por media hora y te cambio de tema y nos vamos por las ramas y vos me querías contar de tus papás que están divorciados y yo te termino contando de mi perro que tiene mocos. Mirá si me mirás y yo miro para otro lado. O si sos de esos que no sueltan el celular. Capaz te pregunto de que signo sos y vos te reís y yo me enojo. Me enojo y me voy y no nos vemos más y para pasar por todo eso mejor ni nos veamos, es eso lo que digo, nada más.
-¿Siempre sos tan fatalista?
-Sí.
-Me encanta, ¿Vamos a tomar una birra?
-Bueno.
Del verbo Pizarnikear
Hay días que no puedo evitar Pizarnikearla fuerte. La leí demasiado. Su diario, tres veces. Sus poemas, incontables. Hay días en los que la Pizarnikeo fuerte, días con música triste de fondo y algún fuego quemando adentro. Días que, juro por Dios, me siento a sufrir un rato. A pensar en ese al que le tocó ser ese en ese momento. A escuchar música que me hace llorar. Me remuerdo en la idea de la soledad y escribo relatos de desamor. Escribo un párrafo, es brillante, lo releo, es horrible, lo borro. No sos Pizarnik. No sabés escribir de amor. No sabés odiar la soledad. No sabés sufrir.
Me da culpa no poder sufrir. Hasta en eso la Pizarnikeo.
Hay días en los que, Alejandra, me debés unas disculpas.
bonus track: la cope también es fotógrafa
¡no te olvides de pasar por mis anteriores posts!
ATENCIÓN: contiene altísimos niveles de hipstereadas.
disclaimer: no me deja agregar la url de la fuente (lia-copello.tumblr). la información NO es de mi autoría.
Remeras
Me sacás la remera rápido porque te gusta verme en tetas. Y me siento cómoda en tetas estando con vos, mucho más que estando sola. No sé, quizás sea una pavada, yo creo que es un montón.
A mí me gusta sacarte la remera porque vos ya me la sacaste. Y me gusta verte sin remera, no creo que tanto como a vos te gusta verme a mí. Eso también es un montón. Pero hay algo en vos que me gusta más que el resto y es esa parte en donde el cuello se te junta con el hombro y no sé si es que visualmente me resulta hermosa la manera en la que la barba te termina justo donde empieza tu tatuaje o si estoy tan hasta las manos con vos que cualquier cosa es una buena excusa para calentarme.
Me gusta sacarte la remera porque me gusta mirarte pero más porque vos ya me la sacaste y puedo abrazarte y apoyarme en vos.
Y si pudiese detener todo y quedarme ahí, lo haría.
Y renunciaría a todo lo demás.
Más de 30
- Dale, a cuántos.
- No tengo idea.
- ¡Dale! No te voy a juzgar boluda, soy yo.
- Es que no entendés, realmente no tengo idea.
- No puede ser que no sepas a cuantos pibes te cogiste en tu vida.
- No sé. Los quise contar hace un tiempo y no pude, de verdad no me acuerdo.
- Tenés 26 años, desde que te conozco tuviste dos novios y saliste con 4, máximo.
- Sí, pero cogí mucho en la adolescencia yo.
- Yo me cogí a medio conurbano bonaerense antes de los 18 y aún así sé cuantos fueron. Dale. ¿Más de 30?
- Sí boluda.
- ¿Qué? ¡Más de 30 es un montón!
- Ni tanto boluda. La mayoría de las personas se cogieron a más de 30 personas a mi edad.
- La mayoría de las personas no cogieron tanto ni viviendo 95 años. Te lo puedo asegurar. Más de 30 es un montón.
- Para mi es promedio 30, 35. Posta. Hacé una encuesta.
- Bueno, pero más o menos, ¿Cuántos más de 30 fueron?
- No tengo idea.
No, nada de nada
No te pensé mil veces sentado en mi sillón jugando con mi perro ni fantaseé otras mil con la idea de que te llevaras mejor con él que el resto de las personas que vienen a mi casa.
No me toqué nunca pensando en vos, jamás, si puedo imaginar lo que quiera mirá si voy a pensar en que te metés en la ducha y me besás el cuello y me mordés los hombros y todo lo demás.
No tengo intacta la sensación de cuando las manos se nos cruzaron en el balde de pochoclos ni se me acelera el pulso cuando me pasás el porro y se nos encuentran los dedos por un segundo. No podría aunque quisiera recordar esa noche en la que te busqué con los ojos entre toda la gente y te encontré mirándome fijo, ni se me cristaliza el alma cada vez que me contás de una chica nueva.
Ni me trago un nudo lleno de tristezas cuando veo que te estás por enamorar.
No sueño con vos, nunca, ni me salvás la vida en los sueños, jamás.
No me quedo parada con la mirada perdida en los lugares en los que estuvimos solos alguna vez a fantasear con qué hubiese pasado si en vez de mirarte lavar los vasos me hubiese acercado a cerrar la canilla y te hubiese dado un beso.
No te comparo con los chicos con los que salgo.
Ni te escribí tres confesiones de amor ni las guardé en un borrador de Gmail porque me tiemblan demasiado las manos para apretar send.
No me puse triste esas veces que creí que te podía llegar a ver y no estabas, y nunca me depilé por las dudas. Por las dudas de qué, que sé yo.
No abro tu Twitter apenas me levanto.
No escucho ese disco que me recomendaste.
No me sé de memoria el celeste de tus ojos ni las arrugas de tu nariz cuando te enojás.
No te pienso todo el tiempo ni te beso un poco todos los días.
No siento nada por vos.
Seguí con lo tuyo.
Querer querer
La gente se está yendo a convivir, la gente se está casando. Están teniendo hijos, ¿Entendés? Si hasta ayer nos sorprendíamos cuando una dormía dos días seguidos con uno. “Estás hasta las manos” le decíamos, ayer, te juro que fue ayer. Y ahora la gente se está casando.Y vos y yo acá, dando vueltas. Enroscados. No, no me quiero casar. Ni con vos ni con nadie. Ni quiero convivir, si con alguien, algún día, no ahora, no con vos. ¿Tener hijos? Sí. Quizás uno. Una nena. Que se llame Nina. Y que lea mucho. Y que le guste dibujar.Y quizás un nene también. No sé el nombre. Que sea músico desde chiquito. Y que juegue al fútbol.Pero no, no con vos. Vos y yo estamos enroscados. Vos y yo no sabemos querer. A nosotros no nos sabemos querer, por lo menos. A veces quiero desenroscarme de vos para ver si sé querer. Sé que sé, alguna vez quise. No a vos. O sí. Capaz un poco te quiero. Pero no sé hacerlo.Y vos no me querés. ¿Me querés? La gente se está casando y vos y yo acá, enroscados. Que terminamos de coger y nos reímos. ¿De qué? ¿De nosotros nos reímos? ¿O vos te reís de mí y yo de vos? Nos reímos y hablamos. No podemos parar de hablar. No podemos parar de coger. No podemos parar de reirnos. Pero no nos sabemos querer. Ni yo a vos, ni vos a nadie.
Luke, yo soy tu padre
Nos habíamos propuesto ver todos los clásicos que ninguno de los dos había visto antes.
-Esta vez veamosla, no nos quedemos dormidos como siempre -le dije mientras ponía una de Clint Eastwood viejísima que no me acuerdo como se llama pero tiene 8.2 en IMDB. No nos quedamos dormidos pero nos reímos de algo de la película, nos dimos besos, cogimos, y cuando nos quisimos dar cuenta Clint Eastwood estaba disparandole a quién sabe que maleante, y la apagamos. Prendí la tele. Estaban dando Star Wars. Doblada al español, pero Star Wars al fin y al cabo. Nos tiramos en el piso porque su sillón es de esos que al principio parece que va a estar todo bien pero a los quince minutos se convierte en una máquina destructora de nervios ciáticos. Corrimos la caja de pizza que pedimos cuando decidimos no ir a ese cumpleaños al que no queríamos ir, y tomamos un trago de esa cerveza que había estado ahí por algunas horas. Y ahí, con un colchón improvisado de almohadones, se quedó dormido.
Me percaté de que me estaba babeando el brazo justo cuando Darth Vader le dice a Luke que es su padre. En español neutro, pero es Star Wars al fin y al cabo.
Y pensar que en las películas el romance es subirse a un taxi, entrar corriendo a un aeropuerto, comprar un pasaje, ¿cómo es que siempre quedan lugares para el mismo vuelo?, seguir corriendo, hacer un papelón, gritar te amos y disculpas. Que suerte que en la vida real Ezeiza queda bastante lejos.
En una caja
Tres días tardé en meter todas tus cosas en una caja de cartón. No eran tantas y no eran todas, pero me demoré un poco cagando a trompadas al significado de cada una de esas cosas, forzándolas en una caja de vinos que había sobrado de alguna mudanza y en la que de alguna manera medio mágica entraba todo a la perfección.
Quizás hubiese sido más fácil una bolsa. Menos dramático tal vez.
Pero la caja estaba bien.
Las zapatillas que usaba yo más que vos pero eran tuyas y, de cualquier manera, no iba a poder dar más de diez pasos con un pedacito tuyo en los piés. El libro de auto ayuda que me regalaste una vez y discutimos porque sabías que odio los libros de auto ayuda. Ahora que ya está, ahora que está en la caja, te confieso que lo leí dos veces de las cuales lloré tres. Los dos de Castaneda y ese de cómics que trajiste de Estados Unidos me los quedo, y en la caja meto la esperanza de que no me los pidas porque son difíciles de conseguir. No pude meter la mancha de humedad de la pared de la que nos reíamos todas las noches porque parece un submarino amarillo así que la pinté. No te preocupes, le saqué una foto. Metí los tres muñecos de Star Wars que compraste en Parque Centenario, tus dos remeras que jamás usé para dormir, el encendedor que hace luces, las medias grises que nunca supimos si eran tuyas o mías, tu cepillo de dientes. No metí las cartas ni las entradas de cine ni el dibujo que me hiciste para que deje de fumar. De los discos me quedé el de Beck, no lo tengo, probablemente no lo pueda escuchar porque suena demasiado parecido a un domingo al lado tuyo, de esos domingos que no va a haber más.
Me gustaría no tener que meter esos domingos en la caja.
El póster de Volver al futuro que nunca colgué, está un poco arrugado, pero creo que lo podés usar. El mouse inalámbrico. La taza celeste. Me quedo la rosa. ¿Por qué hacíamos eso, de tomar vos en la celeste y yo en la rosa?
La lechuza de cerámica que compré en el barrio chino la metí en la caja porque aunque era mía a vos te gustaba más y para mi las lechuzas dan mala suerte. Así que la saqué de la caja y la tiré en la basura, porque no quiero que tengas mala suerte con nada. La toalla que te dieron a fin de año en el trabajo. Tu cargador de celular. Tu camisa de jean. Tu maquinita de afeitar. Tu peine chiquito. Los dos cáctus.
Tres días tardé en meter todas tus cosas en una caja de cartón, que no eran tantas ni eran todas.
A ciegas (nota: infaltable la birrita en al vereda lol)
-Vamos a tomar una birra, dale.
-Un día que nos crucemos en algún lado. No es por vos, eh. Es que me incomodan las citas a ciegas. Sentarme en algún lado con alguien que nunca vi, no sé. Nunca me gustó.
-¿Querés que deje mis ganas de conocerte liberadas a alguna remota posibilidad de cruzarte en algún lado? Dale. Vamos a tomar una birra. Decime qué es lo más grave que puede pasar.
-De todo. Nos podemos caer mal. Mirá si vos sos medio tímido y todo lo que hacés que me cae bien por acá no te sale en persona y yo pienso que sos inseguro y me quiero ir y me pongo rara yo también y no hablamos por diez minutos. Mirá si de los nervios me pongo más torpe que de costumbre y te tiro el vaso lleno encima, con el frío que hace me vas a odiar y no vas a poder caretear la cara de orto y yo me voy a sentir mal y me voy a poner a la defensiva. Mirá si decís algo que no me gusta y te lo digo y tenemos una discusión re hostil y después no la levantamos más.
-¿Qué cosa tan grave puedo llegar a decir para que tengamos una discusión hostil, Lía?
-No sé. Que sé yo. Que preferís tener un hijo chorro que puto.
-Mi hermano es gay Lía, voy a ser el padrino de su casamiento, te lo conté ya. Jamás diría algo así.
-Bueno. Que sé yo. Capaz no me gusta como te reís. O como me mirás. O como le contestaste a la moza. Capaz no te guste eso que hago con las manos y te asustes apenas te des cuenta que no era un chiste lo del trastorno de ansiedad. En una de esas no me gusta tu voz o a mi me queda algo verde en el diente y vos no sabés si decirmelo y hacerme pasar verguenza o dejarlo pasar y que te odie apenas me mire en un espejo. Mirá si me hablás de tu ex y yo me enrosco a darte consejos y terminamos re tristes los dos. A veces hago chistes que a la gente no le gustan. Mirá si hago uno y no te gusta y te querés ir y todavía no nos trajeron las birras. Horrible.
-Chistes que a la gente no le gustan. Anotado.
-Chistes sobre bebés muertos.
-¿Vas a hacer un chiste sobre bebés muertos antes de que nos traigan las birras?
-No sé. Puede ser.
-Me encanta.
-Mirá si no te encanta. Mirá si no te encanto nada. Si me pongo a hablar y no paro por media hora y te cambio de tema y nos vamos por las ramas y vos me querías contar de tus papás que están divorciados y yo te termino contando de mi perro que tiene mocos. Mirá si me mirás y yo miro para otro lado. O si sos de esos que no sueltan el celular. Capaz te pregunto de que signo sos y vos te reís y yo me enojo. Me enojo y me voy y no nos vemos más y para pasar por todo eso mejor ni nos veamos, es eso lo que digo, nada más.
-¿Siempre sos tan fatalista?
-Sí.
-Me encanta, ¿Vamos a tomar una birra?
-Bueno.
Del verbo Pizarnikear
Hay días que no puedo evitar Pizarnikearla fuerte. La leí demasiado. Su diario, tres veces. Sus poemas, incontables. Hay días en los que la Pizarnikeo fuerte, días con música triste de fondo y algún fuego quemando adentro. Días que, juro por Dios, me siento a sufrir un rato. A pensar en ese al que le tocó ser ese en ese momento. A escuchar música que me hace llorar. Me remuerdo en la idea de la soledad y escribo relatos de desamor. Escribo un párrafo, es brillante, lo releo, es horrible, lo borro. No sos Pizarnik. No sabés escribir de amor. No sabés odiar la soledad. No sabés sufrir.
Me da culpa no poder sufrir. Hasta en eso la Pizarnikeo.
Hay días en los que, Alejandra, me debés unas disculpas.
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