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Querés un San Valentín diferente? Entrá.

Femme2/14/2013
Día de los Enamorados: el momento de levantar la puntería y cambiar ciertas actitudes. En un futuro no muy lejano, el amor podría llegar a tener tanta importancia como el fútbol. Es 14 de febrero. Los moteles se llenan de amantes decididos a darse la empomación de rigor por la fecha, previa entonación del Hinmo Nacional e ingreso de la bandera de ceremonias. Y vos ahí, como siempre, pelotudeando, y haciéndote el boludo cuando tu mujer te dice que desde hace décadas ella lo único que festeja con vos es el viernes santo. Pues no, llegó el momento de cambiar, ¿y qué mejor para iniciar un nuevo camino que este dulce Valentine's Day, del que hablara en sus versos inmortales el Martín Fierro? ¿Querés mejorar tu puntaje con tu mujer?¿Te gustaría que cuando ella está con sus amigas no baje la voz cuando aparecés, signo inequívoco de que las turras te estaban despedazando?¿Desearías que alguna vez una de esas serpientes le dijera a ella "ay, Negri, vos sí que te sacaste la lotería con el Piru"? Aquí, algunos consejos para la victoria sobre el destino. Mejora tu comunicación. Si ella te habla, intenta algo nuevo y loco: escúchala. Presta atención a todas sus palabras, y no sólo a una elegida al azar cada dos minutos, como acostumbras. Ten en cuenta que ella, con el paso de los años, se ha vuelto más perspicaz, y -aunque no te lo haya dicho- ya sabe que cuando te realiza un relato tú sigues mirando la televisión y pones una suerte de piloto automático que cada tanto suelta un "ajá", un "mirá vos", un "qué bárbaro" y varios "claro", "aah", "y sí", "totalmente" y otras expresiones vacías que calzan en cualquier conversación y te desligan del compromiso de tener siquiera una idea de cuál es el tema expuesto por ella. Jamás te lo dijo, pero lo descubrió luego de ver que le decías "obvio que debe ser así" cuando ella te contó que su madre había sufrido un aneurisma cerebral; que lanzabas un escueto "y bueno, lo vemos" luego de su confesión de que se había dejado llevar y peteó al vendedor de pan casero; y cuando contestaste con un "¿me hacés canelones hoy?" en medio de su informe sobre la decisión de su médico de operarla por un tumor en los intestinos. Replantea tu concepto de "gracioso". Es importante que hagas una autocrítica y entiendas que lo que para ti es un acto supremo de humor sutil, no siempre lo es, al menos para ella. Que llegues con tu cónyuge al asado de amigos y te anuncies vociferando "che, por si faltaba carne traje directamente a la vaca", genera, es verdad, carcajadas en tus simpáticos compañeros de promoción del bachillerato, pero puedes estar seguro de que si bien ella sonríe, bastaría con que observaras su mirada para que te dieras cuenta de que en ese momento no le molestaría en absoluto que te atrapara un asesino serial de esos que despedazan a sus víctimas con una trincheta de bricolaje. Es verdad que un hombre que hace reír a una mujer ya tiene ganada la mitad de su corazón, pero puedo asegurarte que equivocas el camino cuando, por la mañana, al levantarte para ir a trabajar, la despiertas colocando tus nalgas a diez centímetros de su rostro y expulsando hacia sus fosas nasales el primer gas de la jornada. Intenta ir sustituyendo esas chanzas, siquiera de a una por semana, por chistes de la sección "La risa, remedio infalible", de la revista Selecciones. Elígele obsequios que, en lo posible, le interesen a ella y no a ti. En las fechas especiales haz lo posible por modificar tu línea tradicional de presentes. Recuerda sus gestos de decepción cuando en el Día Internacional de la Mujer le regalaste una maquinita para hacer ravioles, cuando en su cumpleaños gastaste 230 pesos (el monto más alto en la historia de vuestra relación) para darle el Libro de Oro de los Mundiales (que te pusiste a leer esa misma noche y te mantuvo enfrascado todas las vacaciones de invierno); y cuando en el Día de San Valentín del año pasado intentaste deslumbrarla con un tenedor y un cuchillo de plata que se notaba claramente que los habías conseguido comprando una revista Para Ti, que traía los utensilios como plus gratuito para sus lectores. También deberías asumir que ningún perfume de 12 pesos será de su agrado, mucho menos si -como estilas tú- se lo entregas en una botellita de plástico. Salir no es simplemente salir. Cuando ella se queja de la escasa vida social que tiene, tú le respondes que "todos los fines de semana te saco". Haría bien a la relación que aprendas que el concepto de "salir" no se asimila al mero hecho de atravesar la puerta de la vivienda familiar hacia el exterior. Concretamente, ni ella ni ninguna otra mujer computará como "salida" el ir a la hamburguesería de a la vuelta a comer un sánguche de milanesa mientras tú y los demás gritan al ver allí la transmisión de un partido de Boca (sin que le dirijas la palabra en los 90 minutos de juego e incluso haciéndola volver sola a la casa cuando, harta de estar sentada en una silla de madera y rodeada de verdaderos gladiadores de la eructación, te dice que está cansada y que no quiere esperar a que se jueguen los cinco minutos de descuento). Tampoco pueden anotarse como paseo el salir un sábado a la noche a comprar fiambres en el súper chino, ni el ir a ver una película porno con tu hermano mientras ella se queda sentada en la vereda con tu madre de 94 años mirando el paso de los colectivos y tratando de que la vieja no se caiga de la silleta cada vez que se queda dormida. Otra cosa sobre este punto: el hecho de que para todas estas actividades la hagas vestir con sus vestidos más caros y que la hagas ir a la peluquería y a la cosmetóloga durante ocho horas no mejora su ánimo, sino todo lo contrario. Replantéate tu relación con el mundo de la higiene. No lo tomes a mal, pero el hecho de que en tus axilas haya más tierra que en las macetas de las ventanas y que huelas a jabalí que trabaja en una gomería no hace que ella piense que eres "muy hombre", sólo la hace considerar -y podría estar teniendo razón- que eres un mugriento. Intenta otro cambio audaz: prueba de lavar tus calzoncillos y de cambiártelos todos los días en lugar de solamente darles una aplicación de desodorante adelante y atrás durante tres semanas de uso continuado. Te sorprenderán los resultados. También prueba con dejar de utilizar sus hebillas para sacarte trozos de cera de las orejas. Y, sobre todo, prueba con no dejarle esos elementos así, sin ninguna limpieza posterior, en su cajita de accesorios para el cabello. Otro tip: reconcíliate con el bidet. Ella sabe que le mientes cuando le dices que no lo utilizas porque provoca cáncer. Dale un giro a tu vida íntima. En el sexo, dale nuevos aires a la relación. No pienses solamente en tu placer, sino también en el de ella. El que tú logres tu orgasmo en 8 minutos y luego te eches a dormir no se compensa -como tú crees- con el hecho de que luego le des 40 pesos "para que vaya y se compre lo que quiera en la mercería". Otórgale importancia a los juegos previos, pero olvídate -como hiciste la vez anterior en que ella te planteó esto- de proponer jugar al ludo y al truco antes del matraqueamiento. Redescubre el valor de las caricias, los susurros, los suaves mordiscos (toma nota de "suave", recuerda aquella grave lesión en el lóbulo derecho que le provocaste), los masajes, los roces. Considerando intentos anteriores tuyos, trata de que todo eso dure más de 40 segundos y evita estar preguntando a cada instante "¿ya te la puedo enchufar?" No cuestiones a sus amigas. Tú nunca te unes a una mujer. Te unes a una mujer y sus amigas. Ellas son las que, finalmente, deciden si ella es feliz o no, y si su vida está bien o debe ser modificada de raíz. En consecuencia, no confrontes con esos vínculos. Tú llevas las de perder. Mejor, simula que te caen bien, y muévete con extrema cautela. No digas "Dora es una reventada", por aquella que fue empomada hasta por Dumbo y sin embargo se erige en jueza de todas las morales ajenas. Mejor di "la extravagante Dora". No te refieras como "la concha cerrada de Amalia" a la amiga que siempre fue guampeada -por insoportable e histérica- y entonces siempre habla de ti como un engañador compulsivo. Di "la poco contenida Amalia". Pero sí, son todas putas, en eso tienes razón, sólo que debes guardártelo para ti. Y ahora, ¡ve a hacerla feliz!
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