Gideon Levy periodista israelí. Levy escribe artículos de opinión y una columna semanal para el periódico Israelí Haaretz que a menudo se centran en la ocupación israelí de los territorios palestinos Traducido para Rebelión por Germán leyens Cualquiera que tema realmente por el futuro del país tiene que estar a favor de boicotearlo económicamente. ¿Una contradicción en términos? Hemos considerado las alternativas. Un boicot es el menor de todos los males, y podría producir beneficios históricos. Es la menos violenta de las opciones y la que es menos probable que resulte en derramamientos de sangre. Sería dolorosa como las otras, pero las otras serían peores. Sobre la base de la suposición de que el actual status quo no puede continuar eternamente, es la opción más razonable para convencer a Israel de que cambie. Su efectividad ya ha sido probada. Más y más israelíes se han preocupado recientemente por la amenaza del boicot. Cuando la ministro de justicia Tzipi Livni advierte sobre su extensión y llama como resultado a que se rompa el impasse diplomático, suministra una prueba de la necesidad de un boicot. Ella y otros, por ello, se suman al movimiento por el boicot, la desinversión y las sanciones. Bienvenidos al club. El cambio no vendrá desde el interior. Eso ha sido claro desde hace mucho tiempo. Mientras los israelíes no paguen un precio por la ocupación, o por lo menos no hagan la conexión entre causa y efecto, no tendrán incentivo alguno para terminar con ella. ¿Y por qué debiera preocuparse el residente promedio de Tel Aviv por lo que sucede en la ciudad cisjordana de Jenin o Rafa en la Franja de Gaza? Esos sitios están tan lejos y no son particularmente interesantes. Mientras la arrogancia y la auto-victimización continúen en el Pueblo Elegido, el más elegido del mundo, siempre la única víctima, la posición explícita del mundo no cambiará en absoluto. Es antisemitismo, decimos. Todo el mundo contra nosotros y no somos responsables por su actitud hacia nosotros. Y aparte de eso, a pesar de todo, el cantante inglés Cliff Richard vino a presentarse aquí. La mayor parte de la opinión pública israelí está divorciada de la realidad – la realidad en los territorios y en el extranjero. Y hay quienes se ocupan de que se mantenga esa peligrosa desconexión. Junto con la deshumanización y la satanización de los palestinos y los árabes, la gente en este país tiene cerebros demasiado lavados por el nacionalismo para entrar en razón. El cambio solo provendrá de afuera. Nadie –incluyendo al autor, por supuesto– quiere otro ciclo de derramamiento de sangre. Un levantamiento popular palestino no violento es una opción, pero es poco probable que ocurra en un futuro cercano. Y luego, existe la presión diplomática estadounidense y el boicot económico europeo. Pero EE.UU. no aplicará presión. Si el gobierno de Obama no lo ha hecho, ningún gobierno estadounidense lo hará. Y luego existe Europa. La ministro de justicia Livni dijo que el discurso en Europa se ha vuelto ideológico. Ella sabe de lo que está hablando. También dijo que un boicot europeo no se limitará a productos hechos en colonias en Cisjordania. No hay motivos para que se limite. La distinción entre productos de la ocupación y productos israelíes es una creación artificial. Los principales culpables no son los colonos sino los que cultivan su existencia. Todo Israel está inmerso en la empresa de las colonias, por lo tanto todo Israel debe responsabilizarse por ello y pagar el precio correspondiente. No hay nadie que no esté afectado por la ocupación, incluidos aquellos que tratan de mirar hacia otro lado y de tomar distancia de ella. Somos todos colonos. El boicot económico mostró su efectividad en Sudáfrica. Cuando la comunidad empresarial del régimen del apartheid abordó a la dirigencia del país diciendo que las circunstancias prevalecientes no podían continuar, se decidió el tema. El levantamiento, la estatura de líderes como Nelson Mandela y Frederik de Klerk, el boicot de los deportes sudafricanos y el aislamiento diplomático del país también contribuyeron por supuesto a la caída del odioso régimen. Pero el tono fue impuesto por la comunidad empresarial. Y lo mismo puede suceder aquí. La economía de Israel no resistirá un boicot. Es verdad que al principio reforzará el sentido de victimización, aislamiento y nacionalismo, pero no a largo plazo. Podría resultar en un importante cambio de actitud. Cuando la comunidad empresarial aborde al gobierno, el gobierno escuchará y tal vez actúe. Cuando el daño afecte el monedero de cada ciudadano, más israelíes se preguntarán, tal vez por primera vez, cuál es el problema y por qué está ocurriendo. Es difícil y doloroso, casi más allá de lo soportable, para un israelí que ha vivido toda su vida en este país, quien no lo ha boicoteado, quien nunca ha considerado la posibilidad de emigrar y se siente conectado al país con todo su ser, llamar a un boicot semejante. Nunca lo he hecho. He comprendido lo que motivó el boicot y he podido suministrar la justificación para motivos semejantes. Pero nunca he predicado a otros que tomen un tal paso. Sin embargo, cuando Israel se lanza a otra vuelta de profunda estancación, tanto diplomática como ideológica, el llamado a un boicot es necesario como el último refugio de un patriota.
El último refugio del patriota israelí: el boicot
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