Higiene mental = autoestima



Sócrates decía ³conócete a ti mismo² y quizá valdría la pena agregar ³acéptate². Según la psicología moderna, si no nos conocemos y aceptamos como somos, será imposible vivir en armonía con nosotros mismos y con los demás, y éste es el punto de partida para una adecuada higiene mental.

Para muchas personas, la salud mental es sinónimo de enfermedad mental, pero psicohigiene implica más que sólo psicopatías, pues conlleva cómo nos sentimos respecto de nosotros mismos, con los demás y cómo respondemos ante las exigencias de la vida diaria.



Yo y yo

Muchas veces ser como somos no es satisfactorio, la inconformidad se manifiesta en nosotras y no aceptamos rasgos tan propios como ser de poca estatura, gordas, flacas, tener el pelo o la nariz de alguna forma. Otras veces el aspecto físico queda a un lado, pero nos molesta no tener un título académico o una posición determinada en el trabajo o en la sociedad.

Sentirse en ocasiones insatisfecho es normal considera Fredy Fuentes Maldonado, psicólogo y jefe del Departamento de Capacitación de Asociación Pro-Bienestar de la Familia (APROFAM). Lo anormal, apunta, es no hacer nada para cambiar y adoptar posturas autodestructivas que a la larga deterioran más nuestra pobre autoestima.

De acuerdo con este experto es importante la autoaceptación y ser auténticos. Debemos estar claros con lo que somos y determinar qué podemos hacer para cambiar las cosas que nos disgustan, pues eso ayudará a tener un mejor concepto de nosotros. Para tal fin, es importante autoevaluarse, observar lo que nos molesta, nos preocupa y asusta, para trabajar hasta mejorar.

Sin embargo, existen técnicas sencillas que nos ayudarán a conocernos mejor. Por ejemplo, escribir un diario es bueno para explorarnos, según recomienda la licenciada en sicología Jessica Cárdenas, de la clínica de psicología de APROFAM.

Por aparte, Fuentes Maldonado asegura que es vital tener amigos con quienes compartir nuestras penas y alegrías, así como practicar deportes, leer libros y revistas interesantes, que no depriman ni angustien.

En cambio, cuando los problemas son persistentes o demasiado intensos, opina Fuentes, es importante buscar la ayuda de un especialista, con lo que coincide Cárdenas, porque una depresión grave o un problema similar dejado sin atención, puede derivar en patologías más graves.

Yo y el mundo que me rodea

A veces culpamos a los demás por los problemas que nos aquejan, pero ignoramos o evadimos enfrentar que también éstos son provocados por nuestros propios actos. Cuando afirmamos ³tengo problemas en mi casa, en la oficina y con mis amigos", deberíamos preguntarnos, ¿todos ellos están mal? o ¿seré yo quien está mal?
Analizar nuestra situación y tratar de cambiar nuestra actitud hacia las personas, es el punto de partida hacia un cambio positivo que mejorará nuestra relación con los demás. Por ende, nuestra actitud y deseos de estar en la casa, en el trabajo o bien compartir más actividades con los amigos serán actividades gratificantes.



Una primera medida que recomiendan los psicólogos es cultivar una actitud mental positiva, derivada de análisis objetivos y realistas.

Otros factores a considerar son el estrés provocado por la vida diaria, las presiones económicas, la contaminación y la coyuntura social, porque ocasionan presión y derivan en estados depresivos, tensión, tristeza y abatimiento. De acuerdo con Maricruz Barillas, psicóloga de la Liga de Higiene Mental, es importante realizar un autoexamen para saber cómo estamos para combatir estos estados de ánimo.

Para lograrlo, primero debemos desembarazarnos de los pensamientos negativos que nos impiden estar en armonía con nosotros, con las cosas y las personas que nos rodean. Luego debemos dar un paso importante: reconocer que tenemos problemas, porque al buscar ayuda ya solucionamos el 50 por ciento de las penas que nos aquejan.

Conductas inadecuadas




Si mis reacciones son violentas, si me aflige salir a la calle porque la seguridad es escasa, si frecuentemente siento miedo, cólera, envidia, si al recién cambiar el semáforo tengo la mano puesta en la bocina, lo que refleja mis actos es una salud mental deficiente. Por el contrario, saber esperar, tolerar y aceptarse son indicios de equilibrio y paz interiores.
Otros síntomas de conducta inadecuada son vivir recordando cosas que entristecen, culparnos por algo que ya pasó y no tiene vuelta atrás, gritar y ofender a los demás para imponer nuestra opinión. Además, son actos equivocados que pueden mejorarse, pero para ello la ayuda especializada es vital.



Nadie está libre de sentirse así en determinado momento, de hecho el costo de la vida y el estrés con el que debemos vivir provocan muchas de estas reacciones, pero si nos dejamos llevar por ellas, no sólo empeoramos nuestra salud, sino también la de las personas que nos rodean.

Cómo diagnosticarse


De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, una persona sana es flexible y enfrenta los retos de la vida diaria con la idea de mejorar en diversos sentidos, como el económico o el cultural. En cambio, determinar en qué momento hemos transgredido la frontera que separa una psiquis normal de una que no lo es, no es tan fácil como parece.

De acuerdo con el Instituto Estadounidense de Salud Mental, los síntomas más comunes que delatan una mala psicohigiene son: tendencia a la depresión, baja autoestima, inseguridad, timidez, ansiedad, estrés, fobias, tics, adicciones, trastornos del sueño, conductas impulsivas, pensamientos negativos y alteraciones súbitas en la dieta, entre otras disfunciones.

Para diversos especialistas de la salud mental de las citadas instituciones, es la misma persona quien debe dar el primer paso para buscar un equilibrio emocional. Pero muchas veces, ella misma no se da cuenta que su conducta o sus reacciones ante determinadas situaciones, no son las apropiadas.



Según la psicóloga argentina Verónica García, uno de los componentes más vulnerables de la personalidad es la autoestima, pues ³es el sentimiento valorativo de nuestra manera de ser, de quienes somos, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran la personalidad. Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar².

Y concluye que ³para ayudar a una persona con baja autoestima, primero se le debe hacer conciencia que la padece, para luego buscar la ayuda de un especialista. Además, se debe apoyarla durante el tratamiento².

Una salud mental equilibrada y una autoestima alta tal vez no garanticen una felicidad de telenovela, pero sí permiten desarrollar una actitud igual de equilibrada, por medio de la cual los retos de la vida se enfrentarán con más eficacia y, por tanto, con más satisfacción.



Decálogo de la Salud Mental

1. Distribuir adecuadamente el tiempo.
2. Conservar una actitud mental positiva.
3. Controlar con serenidad y equilibrio las emociones.
4. Practicar diariamente la relajación: descanso físico y mental.
5. Evitar lecturas y espectáculos que produzcan preocupación.
6. Hacer respiraciones profundas al aire libre, en las mañanas y por las noches.
7. Superar hábitos negativos debilitantes: cigarrillo, alcohol y drogas.
8. Amor al trabajo.
9. Repetirse esta frase: La serenidad y la calma son las más grandes manifestaciones del poder humano.
10. Evitar la discusión innecesaria.

Test
Si la mayoría de respuestas a este test son negativas, es necesario que busques ayuda sicológica y compartas con un experto los problemas que te aquejan. Si estás en un punto medio, trata de mejorar tu actitud, ser más positiva, tener más momentos de ocio y esparcimiento.

¿Cómo está mi salud mental?

1. ¿Cómo te sientes respecto de ti misma?
- Disfruto las cosas simples de la vida cotidiana.
- Enfrento la mayoría de las situaciones y siento que puedo controlar mis emociones.
- Puedo sobrellevar las desilusiones.
- Tengo una actitud tolerante frente a mí misma y frente a los demás.
- Tengo una actitud realista respecto de mis capacidades.
- Acepto mis propias limitaciones y puedo reírme de mí misma.
2. ¿Cómo te sientes respecto a los demás?
- Amo a los demás y tomo en cuenta sus intereses.
- Mantengo relaciones personales satisfactorias y duraderas.
- Confío en los demás y siento que los demás confían en mí.
- No me aprovecho de los demás ni permito que los demás se aprovechen de mí.
- Me siento responsable ante los demás.
3. ¿Puedo enfrentar las exigencias de la vida diaria?
- Enfrento los problemas a medida que se presentan.
- Acepto mis responsabilidades.
- Modifico mi ambiente en cuanto me es posible y me adapto frente a los desafíos de la vida diaria.
- Hago planes y no siento temor respecto al futuro.
- Acepto con agrado las experiencias que se me presentan y me fijo metas realistas.



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Espero que les haya gustado... y q les sirva a ustedes y/o a los q conocen




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