InicioSalud BienestarEn Rosario, el 70 por ciento de los pacientes con Sida no...



Los datos del Programa Municipal que trabaja con esa enfermedad reflejan una realidad signada de discriminación, que hasta hoy no se logró revertir.

Además, los portadores que logran insertarse en el mercado laboral, deben sortear numerosas barreras para mantener su puesto. Los atajos para violar la ley son moneda corriente en las empresas

Los esfuerzos para permitir la inserción de los enfermos de VIH Sida en el mundo laboral siguen siendo insuficientes, y la prueba está a la vista. De un relevamiento realizado por el Programa Municipal de Sida de Rosario (Promusida) entre 1998 y 2008, surge que apenas el 26,9 por ciento de los encuestados tenían trabajo al momento de la notificación al sistema de salud de la portación de la enfermedad. El 73,1 por ciento restante no tenía empleo.

“Esto habla no sólo de las dificultades que tiene una persona con el virus para mantener su trabajo, sino también para acceder al mismo”, afirmó a Rosario3.com el psicólogo Horacio Aronson, responsable del Área de Epidemiología del Promusida. El profesional explicó también que influye de manera determinante en la desocupación de los pacientes con Sida el grado de instrucción alcanzado.

Las estadísticas que elabora el Programa Municipal en relación con la escolaridad de los pacientes que concurrieron en esa misma dependencia en el mismo período (1998-2008) muestran que el 13,9 por ciento son analfabetos o tienen escolaridad primaria incompleta (dentro de ese grupo: sólo el 14,2 por ciento tiene empleo, mientras que el 85,8 por ciento está desempleado).

Quienes cursaron la primaria completa reúnen el 35 por ciento de los casos (de ellos, sólo el 27,1 por ciento posee empleo y el restante 72,9 por ciento está marginado del mercado laboral).

Finalmente, el grupo de pacientes que tiene estudios terciarios o universitarios completos o incompletos apenas concentra el 6,8 por ciento de los casos, y el 56 por ciento tiene empleo efectivo.

Aronson advierte, asimismo, que estas cifras pueden ser sensiblemente menores, ya que “algunos pacientes entrevistados a pesar de tener trabajo aseguran estar desempleados para recibir la atención médica que necesitan en la Salud Pública, y no blanquear su enfermedad ante la obra social que tienen por pertenecer a una determinada empresa".

El fracaso de las bolsas de trabajo

Aún hoy, el Sida es una condición suficiente para dejar a un candidato fuera de competencia por un puesto de trabajo, y los exámenes pre ocupacionales son el medio perfecto para detectarlo. Entre el Sida y el trabajo existe un abismo que resulta imposible de zanjar y está caracterizado por una legislación insuficiente que ampara todo tipo de estrategias para dejar al virus sin chances de competir en el mercado laboral. Desde análisis de HIV hechos sin el conocimiento de los postulantes, hasta despidos disfrazados de otra causa que quedan impunes, pasando por renuncias negociadas en secreto entre las partes.

Rosario no es una isla, y a pesar del trabajo incesante de las organizaciones que amparan y protegen a los pacientes, para informar sobre el tema y despejar dudas acerca de las posibilidades de contagio, los afectados por HIV son rechazados por las empresas que seleccionan personal, y si esto no ocurre, son los mismos compañeros de trabajo quienes, en muchos casos, terminan marginando al portador.

Ante esa realidad, el Promusida impulsó hace unos años una bolsa de trabajo a través de la cual se intentó colaborar en la inserción laboral de las personas afectadas de VIH, pero no resultó una experiencia exitosa.

“Se inscribió a mucha gente, pero no había dónde ubicarlos, ya que las empresas reciben beneficios del Estado (como exención impositiva) por incorporar a personas discapacitadas, pero no por tomar a un enfermo de sida”, Aronson.

En muchos casos, ante la falta de oferta laboral, los mismos pacientes terminaron reuniéndose entre sí e impulsaron microemprendimientos a pequeña escala que sólo les permitieron paliar su comprometida situación económica.

La ley y los atajos

La reglamentación de la ley 23.798 de lucha contra el Sida establece claramente la necesidad de que el test de HIV se realice con conocimiento de la persona que se presente como postulante a ocupar un puesto de trabajo, y que sus resultados se mantengan en estricta confidencialidad entre el profesional médico y el paciente.

Sin embargo, muchas empresas de medicina laboral siguen realizando el análisis sin que el postulante se entere, previo acuerdo con los empleadores, y con el debido cuidado para que cualquier futura búsqueda de pruebas resulte infructuosa.

Otras empresas proponen la firma de un consentimiento para realizar el análisis. Si el candidato firma ese consentimiento y resulta positivo, lo más probable es que no lo tomen y argumenten cualquier otra causa para hacerlo. Si no acepta el análisis, el nivel de sospecha que se genera es tal que tampoco se lo contrata, aunque reúna todas las condiciones para el puesto.

“También se da el caso de pacientes que pactan con el empleador, y aceptan trabajar en negro ante la necesidad imperiosa de conseguir un trabajo. De esta manera, ellos consiguen trabajo (aunque en inferioridad de condiciones) y la empresa abarata costos”, aseguró el psicólogo de Promusida.

De acuerdo a la ley, los análisis deben realizarse cuando la relación de empleo está prácticamente decidida, pero aún así se siguen usando para determinar si alguien entra o no a la empresa, lo cual convierte a los test en una herramienta de discriminación lisa y llana.

Nación y Salud




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