Me resulta curioso pensar en la manera cursi, romántica e idealizada de ver a la pareja que tenemos la mayoría de las personas. Llamamos a ese otro especial nuestra "media naranja". Suponiendo que nos apegamos a la definición socialmente aceptada de este termino implica que encontramos a ese otro que nos complementa, que se une a nuestra vida y en el que encontramos todo eso que nos hace falta.
Pues bueno, creo que podemos hacer un análisis un poco más profundo a cerca de la media naranja. Viéndolo fríamente estamos hablando de una falta en nosotros mismos, de algo que no tenemos y que hemos perdido o que simplemente nunca fue nuestro. Esa media naranja viene a hacernos uno, como si tuviéramos una mitad de nuestro ser, nuestra alma o personalidad tirada en algún rincón y como si esa persona viniera a regresarnos aquello que no teníamos y que probablemente ni sabíamos que nos hacía falta. Es como si no fueramos un ser integral, como si no tuvieramos un pensamiento completo o un sentir bien formado. Como si algo de nuestra personalidad no se hubiera formado y necesitaramos de otra persona para poder considerarnos a nosotros mismos un todo.
Pero creo que cabe destacar que antes de ese otro, antes de esa media naranja, ya eramos un todo. Con errores y virtudes, pasatiempos y disgustos. Ya eramos una persona que crecio con ciertas vivencias y formo sus creencias, su moral, sus pensamientos y su forma de sentir y percibir el mundo. Ya nos gustaba un color o una bebida y ya nos caía mal una persona. No necesitamos de esa otra persona, de nuestra media naranja, para determinar si nos gustan hombres o mujeres, si nos gusta el futbol o leer, si amamos a alguien o lo odiamos. Sinceramente no necesitamos a nadie más para determinar que buscamos en la vida, cuales son nuestras metas y la forma en la que luchamos por alcanzarlas.
Finalmente no somos una mitad, somos un todo que en algún momento de la vida decide integrar a otro todo, a otra persona completa, en nuestras actividades y en nuestro plan de vida. No pretendemos dejar de lado todo lo que queremos o lo que somos solamente para hacernos uno con otra persona que renuncie a ser quien es. Mas bien la incluimos en nuestros planes y la hacemos participe de nuestra personalidad. Creo que en vez de mimetizarnos y pretender ser un todo de dos mitades, más bien creamos un universo alterno en el que dos todos interactuan y se unen creando una realidad complementaria.
Pues bueno, creo que podemos hacer un análisis un poco más profundo a cerca de la media naranja. Viéndolo fríamente estamos hablando de una falta en nosotros mismos, de algo que no tenemos y que hemos perdido o que simplemente nunca fue nuestro. Esa media naranja viene a hacernos uno, como si tuviéramos una mitad de nuestro ser, nuestra alma o personalidad tirada en algún rincón y como si esa persona viniera a regresarnos aquello que no teníamos y que probablemente ni sabíamos que nos hacía falta. Es como si no fueramos un ser integral, como si no tuvieramos un pensamiento completo o un sentir bien formado. Como si algo de nuestra personalidad no se hubiera formado y necesitaramos de otra persona para poder considerarnos a nosotros mismos un todo.
Pero creo que cabe destacar que antes de ese otro, antes de esa media naranja, ya eramos un todo. Con errores y virtudes, pasatiempos y disgustos. Ya eramos una persona que crecio con ciertas vivencias y formo sus creencias, su moral, sus pensamientos y su forma de sentir y percibir el mundo. Ya nos gustaba un color o una bebida y ya nos caía mal una persona. No necesitamos de esa otra persona, de nuestra media naranja, para determinar si nos gustan hombres o mujeres, si nos gusta el futbol o leer, si amamos a alguien o lo odiamos. Sinceramente no necesitamos a nadie más para determinar que buscamos en la vida, cuales son nuestras metas y la forma en la que luchamos por alcanzarlas.
Finalmente no somos una mitad, somos un todo que en algún momento de la vida decide integrar a otro todo, a otra persona completa, en nuestras actividades y en nuestro plan de vida. No pretendemos dejar de lado todo lo que queremos o lo que somos solamente para hacernos uno con otra persona que renuncie a ser quien es. Mas bien la incluimos en nuestros planes y la hacemos participe de nuestra personalidad. Creo que en vez de mimetizarnos y pretender ser un todo de dos mitades, más bien creamos un universo alterno en el que dos todos interactuan y se unen creando una realidad complementaria.