Estoy seguro que todos los aficionados a la Fórmula 1 que tuvieran uso de razón en aquellas fechas recordarán dónde estaban y qué hacían aquel mediodía del 1 de Mayo de 1994. Se han cumplido ya casi dos décadas de la desaparición de Ayrton Senna y parece que fue ayer.
Cuando empecé a relatar esta “Pequeña gran historia de la F1” lo hice a sabiendas de que sería eso, una pequeña y desordenada recopilación de relatos en torno a esa extraña mezcla de deporte, pasión, competición, circo y a veces drama, que es el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. Y sabiendo, sobre todo, que jamás intentaría, porque es imposible, ponerle nombre propio al mejor piloto de su historia.
Sin embargo, para muchos de los aficionados que vivieron su paso por la competición y aún otros que solo le conocieron a través del relato de sus hazañas, Ayrton Senna es su héroe indiscutible y el mejor de todos los tiempos, pasado, presente o futuro.
Se ha hablado, se ha escrito, se ha polemizado tanto en torno a su figura, que pretender ser original descubriendo algún rasgo inédito de “Mágic” sería un empeño inútil. Estas líneas son una aproximación a la persona y un pequeño tributo a su memoria.
Como aficionado a la Fórmula 1, también recuerdo muy bien (aunque ahora no es importante) dónde estaba yo y qué hacía aquel mediodía mientras en el circuito de Imola se iba formando la parrilla de salida de un GP que, en opinión de muchos después de la tragedia, jamás debió celebrarse.
El Gran Premio de la República de San Marino 1994 había comenzado con mal pie, determinados aspectos de la pista cuestionaban su seguridad y los acontecimientos posteriores lo confirmaron. Durante la jornada de entrenamientos del viernes, el joven Rubens Barrichello había sufrido una salida fortísima en la zona de la “Variante Baja”, su Jordan Hart había volado literalmente a más de 200 km/h y la violencia del impacto contra las vallas hizo que todos respirasen aliviados al comprobar que se había saldado con un labio partido, la nariz rota, un brazo y varias costillas contusionadas y ”Rubinho” convertido en obligado espectador en la mañana del sábado.
Ayrton Senna (Williams), compatriota y amigo de Barrichello (Jordan), se había preocupado seriamente por el accidente, lo que no le impidió marcar un tiempo fantástico de 1m 21,548s, por delante de Michael Schumacher (Benetton) y Damon Hill (Williams), que le llevaron a la “pole” sin necesidad de repetir en la sesión cronometrada del sábado.
El sábado tampoco empezó con buenos augurios. Senna había declarado a la prensa: “Imola es un circuito peligroso; hay algunos sitios donde no hay seguridad. Pero también hay otros circuitos donde ocurre lo mismo” remató para rebajar la tensión y evitar posibles sanciones por parte de la FIA.
Pero la fatalidad es terca y cuando faltaban apenas 18 minutos para acabar la sesión de clasificación, estalló la tragedia. El debutante Roland Ratzenberger estrelló su Simteck-Ford contra el muro de cemento en el viraje “Villeneuve”. Un impacto directo a 315 km/h resultó fatal y el joven piloto austriaco falleció a las 14:15 de la tarde en el Hospital Maggiore de Bolonia.
Aquel primero de mayo de 1994
La jornada del domingo 1 de Mayo amaneció ya enrarecida y, posteriormente al desastre, la entonces novia de Ayrton, Adriane Galisteu, declaró en una televisión que Senna le había confesado unas horas antes que no se sentía con ganas de participar en aquella carrera: “Tengo un mal presentimiento y creo que no debería correr”.
Durante el tiempo de formación de parrilla, los innumerables planos de televisión y fotografías del momento reflejaron un Ayrton de rostro serio, preocupado, con la mirada perdida. Nunca se sabrá lo que pasó por su mente antes del semáforo verde.
Cuando se dio la salida, mantuvo su primera posición, pero un incidente en plena parrilla entre Pedro Lamy (Lotus) y Jyrki Järvi Letho (Benetton) obligó a salir al “Safety Car”, que ralentizó la marcha hasta que la pista estuvo limpia de los restos de la colisión.
Cuando el coche de seguridad se retiró a boxes al comienzo de la sexta vuelta, Senna y Schumacher se distanciaron del resto.
Lo que vieron a continuación los millones de espectadores de todo el mundo a través de la televisión fue la imagen del Williams negociando a fondo el giro de ”Tamburello” y apareciendo de derecha a izquierda de la pantalla, volando literalmente a 300 km/h para estrellarse contra la protección de hormigón en un impacto brutal.
Brasil llora a su héroe en un funeral de Estado
Los restos mortales de Ayrton Senna fueron trasladados a su Brasil natal, donde el Gobierno le rindió honores de Estado en su entierro. Sobre un armón de bomberos desfiló por las calles de Sao Paulo, acompañado de un silencio impresionante y las lágrimas de millones de personas que acudieron a rendirle su homenaje.
Entre las personalidades y amigos que cargaron su féretro destacó la presencia de su eterno rival, Alain Prost, en un gesto de gran calidad humana, que fue entendido por todos como una muestra de reconocimiento y respeto al campeón desaparecido. Entre las ausencias, Michael Schumacher, por motivos poco explicados y la de el avaro Bernie Eclesstone, vetado por la propia familia Senna.
Ante la sencilla tumba, en la que nunca faltan flores frescas, su hermana Viviane pronunció un breve epitafio: ”Dios le dio a Ayrton una misión. A la gente no le importan los demás y viven solo para sí mismos, especialmente aquí en Brasil. Él nos ha unido con su muerte”.
Imposible saber en qué y en quienes pensaba su hermana en aquel momento. Lo que es seguro es que, en todo el mundo, millones de aficionados al automovilismo pensamos y sentimos que nos había dejado uno de los mejores de todos los tiempos.
En la actualidad Viviane es la presidenta de la Fundación Senna, que el piloto creó antes de su muerte, destinando sus fondos a intentar sacar de la pobreza a millares de niños brasileños.
Este es el epílogo de una semblanza que merece un próximo capítulo relatando lo que había comenzado una década antes sobre un Toleman-Hart, bajo la lluvia, en el Gran Premio de Mónaco, en 1984.