En términos generales, se nos explica que las drogas son una amenaza de tal magnitud para la salud de la humanidad que debemos sincronizar esfuerzos globales y aguantarnos todas las formas de lucha: mentimos, reprimimos, discriminamos, usamos la violencia, destruimos el medio ambiente y legislamos arbitrariedades en nombre de la salud y la moral. Mostramos las drogas como un hechizo que salió de quien sabe que laboratorio y que transforma a la gente en zombis que amenazan nuestra sociedad. En toda esta retórica, que nos advierte que no hay otra forma de actuar frente al problema de la droga, es necesario mostrar a la droga como algo ajeno, algo exterior a nuestra sociedad, y a los consumidores hay que deshumanizarlos para arrebatarles su dignidad.
¿En qué sentido es necesario mostrar la droga como algo externo? Socialmente es aceptado el consumo de alcohol, de tabaco y de café. Aunque sabemos que el borracho tiende a ser agresivo e irresponsable, que el nicotinómano necesita su dosis cada hora y que el cafeinómano es irritable y torpe sin café; en ningún momento, desde que se instaló el régimen anti-drogas, se nos ha ocurrido incluir alguna de estas tres sustancias (alcohol, nicotina y cafeína) en la lista de drogas prohibida. Y la razón es muy fácil: las tres han sido asimiladas por la sociedad, las tres han sido “domesticadas”. Aunque la cafeína es adictiva y consumirla en grandes cantidades en su presentación aislada puede inducir psicosis (o hasta ser letal), existen métodos seguros de consumo, como lo es el café (que viene acompañado de agua o leche y la concentración de cafeína es moderada). Análogamente, el abuso de alcohol es muy común, pero la sociedad condena al borracho y la mayoría de los adultos “saben tomar” (esto es “consumen de forma moderada”).
Pero según el común de la gente, tal consumo moderado no existe respecto a otras drogas. La gente alega que no existe consumo moderado de marihuana, de cocaína, de LSD, de MDMA,…. ¡No, se nos advierte, uno se abstiene de consumirlas o uno es consumidor abusivo! ¡Y no hay punto medio! agregan sin saber que están equivocados.
Y es justamente de esta negación del consumo moderado que se deshumaniza al consumidor de droga. ¿Bajo que criterio le permitimos a un alcohólico seguir o no un tratamiento por su propia voluntad, o le permitimos a un adicto al cigarrillo fumar cada vez que quiera, pero al mismo tiempo le exigimos a un consumidor de marihuana renunciar o a un adicto a la heroína lo forzamos a la abstención o a usar metadona; independiente de si es un ciudadano trabajador y responsable? La gente dirá: ¡pero es que un fumador de marihuana no puede ser un trabajador responsable! ¡Ni un adicto a la heroína puede hacer más que buscar su próxima dosis! Lo cual es falso, si usted vive en un centro urbano y no conoce un consumidor de marihuana responsable es porque o bien conoce poca gente, o bien la gente que conoce no le esta revelando su vida privada (posiblemente están evitando un juicio negativo).
[...]Muy equivocados están los que creen que los que buscan acabar con la guerra contra las drogas están fomentando el consumo. Muy al contrario, se trata de desmitificarlo, se trata de quitarle el glamour que la prohibición le da. Se trata de regularlo de forma que si de todo modo un adulto quiere consumir, lo haga minimizando los riesgos relacionados. Se trata de controlarlo para que no tengan acceso un menor o alguien con una condición física o psicológica. Se trata de entender que el adicto a cualquier droga, como el alcohólico, necesita ayuda y afecto, y no estigmatización y represión. En fin, se trata de decirle la verdad a la gente y no de asustarlos fomentando histeria.