
Loado sea tu arribo a este artículo, Hijo de la Noche.
Voy a presentarte el lado más siniestro de la religión y tocaré temas que harán temblar los rosarios y las estampitas. Toda cruz será puesta en tela de juicio, porque no es bueno inclinarse ante las mentiras ni honrar la ignorancia.

Ante todo, voy a explicar de lo que se trata esto:
Expresarme abiertamente, como la ley y la ética de hoy permiten.
No debe confundirse el cuestionamiento de creencias con un ataque a las personas o a su libertad. Eso es una idea absurda y pienso que malintencionada.
Usted puede abandonar la lectura, si gusta o si le molesta.
Las discusiones deben evitarse porque las considero improductivas. Esto no es una ronda de debate. Además, hay usuarios que discuten para hacer forobardo y luego denunciar el post con su otra cuenta.
La decisión de cómo vivir es completamente suya. Ya que usted es el principal afectado, es justo que se sienta en la comodidad de llevar las cosas a su modo.
Me gustaría que piensen distinto los creyentes pero jamás impondría mis puntos de vista a fuerza de presiones.
Las imágenes son meramente decorativas y no tienen ningún significado especial.


«Hay que llevar una vida como Dios manda», nos dicen siempre. Dios es una entidad que está hasta en la sopa. Nos despertamos y alguien dice: «Dios, qué revuelto está tu pelo esta mañana». Y si pasa algo malo, se quejan: «Dios mío». Si algo bueno ocurre, pronuncian un: «Gracias a Dios». Pero ¿quién o qué cosa es Dios, que lo nombramos tanto?
Voy a abordarlo desde un lugar un poco particular, porque estoy seguro de que ya escucharon miles de veces esos clichés ateos de los que hasta yo estoy cansado. Prefiero decir directamente las cosas, dejar los atavíos para las bodas y las fiestas, y avanzar directamente sobre el tema. No me preocuparé ni de la moral ni del buen gusto, porque así lo requiere un tema complejo... ¿Qué pensáis de mi estilo?
No estamos aquí para juzgar lo bueno o lo malo que sea el Papa, ni los curas, ni las monjas, ni los sacerdotes y líderes que profesan las distintas creencias. Podríamos alegar las malas acciones como una falta de fe en sus principios, pero resulta que es muy difícil probar las cosas cuando tratamos de meternos en lo que siente o piensa otro, porque lo normal es que sea imposible demostrarlo si esa persona insiste en fingir.

Así que deseo que me acompañéis primero en determinar el método por el cuál algo es válido o no. Supongamos que yo quiero saber sobre esto de Dios...
Que la Biblia está llena de contradicciones es algo sabido por todos, pero siempre se alega la mala traducción, la complejidad del idioma original y tales cosas que una persona común no puede chequear. Yo no me sé el hebreo antiguo, ni el latín, y no tengo por qué oligarme a aprenderlo, siendo que hay cosas más útiles y placenteras a que dedicarme. Así que voy a hacer una marca en mi anotador que diga: «La Biblia no es una fuente con la cual pueda demostrar o negar nada, ya que la traducción no es fiable». Lo hago porque no quiero perder el tiempo en búsquedas que al final no me van a servir. Me baso en las afirmaciones de muchos creyentes con los que he tenido el gusto de conversar y que fueron amables conmigo. Soy justo, así que no digo más que la verdad, y podéis confiar en mí en que mi anotación es hecha de buena fe.

Descartada la Biblia... un momento: ¿se puede descartar? Es que los creyentes cristianos suelen usarla todo el tiempo. Pero ¿por qué, si su traducción no es fiable? Lo que estoy señalando es crucial. Recuerdalo bien, por favor. A la Biblia no sólo hay que leerla, hay que saber interpretarla. Esto te dicen muchos creyentes cuando hablas con ellos y solamente unos pocos aceptan la lectura literal, con los consiguientes problemas que trae. Esto quiere decir que aunque estén seguros de que una parte es correctamente traducida, hay que tener en cuenta que uno no sabe si es algo simbólico o literal y qué es lo que significa. La cuestión refuerza mi postura. «La Biblia no sirve para demostrar o negar nada, ya que su traducción no es fiable y la interpretación es susceptible de errores». Uno podría ser brillante para interpretar ecuaciones y fórmulas de Física avanzada, entender textos de toda clase con facilidad, saber diseñar software, ser un artista consumado, pero aún así no se salvará de que lo traten como a un tonto. Disculpad, pero así me siento cuando me dicen que no sé interpretar un versículo.
Sin embargo, no me lo tomo como algo personal. Sé que esto no es contra mí solo sino contra la humanidad entera. Nadie es capaz de entender a Dios. Eso nos dicen. Nuestro entendimiento es limitado. Por lo tanto, aunque Dios sea algo incomprensible, aunque me cueste entender por qué hace lo que hace, incluso aunque me parezca su conducta algo cuestionable, debería aceptar su voluntad y considerar que no soy quien para decir cómo debería actuar Dios. Entonces, en mi anotador, me pongo a escribir: «No me aceptarán ningún cuestionamiento sobre Dios, por más justo que sea, ya que dicen que no lo puedo entender totalmente». Es bueno tenerlo claro desde el comienzo.

Pero, de pronto, si ese ser es tan especial que no puedo ni siquiera contradecirlo, quiero estar seguro de que existe. ¿Cómo hago? Espero que se entienda que no es por vanidad que deseo esto. Soy justo y podéis confiar en mí en que lo hago de buena fe. Sin ninguna excepción, en todas mis conversaciones me indicaron que debía "hacer una oración". ¿Qué es esto? Dirigirse al ser supremo, mentalmente, para pedirle que nos dé respuestas, que se manifieste. Es hablar con Dios. No lo vamos a ver, pero vamos a sentir con total certeza que existe. Ya de entrada nos da una vacilación, porque resulta insegura esa prueba. Al menos, esa es la impresión que te da. Pero la insistencia en que uno va a estar seguro, sin género de dudas, hace que me anime y siga con el experimento. Resulta que no sentí nada, a pesar de todas las veces que oré. Se lo digo al creyente y me dice: «Tienes que tener fe y un verdadero deseo de conocerlo». El deseo lo tengo. Me muero de ganas por ver un ser supremo. Parece que mi falla es que no creo en él... pero ¿no era todo esto para comprobarlo? ¿Cómo voy a creer que existe, si lo que yo quiero es asegurarme de que existe? Así lo dije y me contestaron: «Hay que tener fe». Y ya no pudimos decir nada más, ninguno de los dos. Esta historia se repitió, más o menos igual, unas cuantas veces, con distintos creyentes.
Si no me perdí de nada, os haré un pequeño esquema del significado de lo último. Si yo no creo en Dios, tengo que orar para sentirlo. Si yo digo que sí lo sentí, listo, todo resuelto. Pero, si digo que no, tengo que creer porque tengo que creer, aunque no tenga ningún respaldo para creerlo. Y no se tomará mi experiencia como una prueba de que no existe, al contrario de lo que se hace si digo que sí (que es considerada una prueba válida de la existencia divina). Esto es injusto, y acordaos de que amo la justicia.

Aún así, algunos dicen que las pruebas de que existe Dios están en todos lados: «La existencia de la vida y del mundo es una prueba de que alguien los creó». Pero una cosa no se deduce de la otra. Puede ser que hayan existido desde siempre. Puede ser que hayan nacido por sí mismos. Pueden ser tantas cosas... Algunos afirman que evolucionamos de una célula. Por favor, no hace falta que perdáis vuestro tiempo rebatiendo el evolucionismo, porque haciéndolo seguiría sin probarse la existencia de Dios. Lo único que quiero demostrar al mencionarla es que no existe tal cosa como una sola creencia posible respecto a nuestro origen. No os doy el gusto. Existimos, pero nuestra existencia no prueba que nos haya creado un dios. Eso es hacer suposiciones y cualquiera puede hacerlo. Por ejemplo, yo podría decir que nuestra existencia es prueba de que hubo un Big-Bang y una Evolución, pero ¿dónde están los fundamentos? Lo mismo se aplica a vosotros, los creyentes. Sed justos y presentad pruebas que podamos reconocer como tales. A mí no me interesa llevaros la contraria, sólo quiero saber la verdad o por lo menos no engañarme con mentiras, así que si presentáis algo sólido, podéis estar seguros de que pensaré en ello y os lo agradeceré. ¿Por qué habría de enojarme?
Por todo lo que he reflexionado hasta aquí, se puede creer en Dios tanto como no creer, pero lo cierto es que no está demostrada la existencia de Dios. Por lo tanto, para un hombre justo eso significa que nadie puede exigir que vivamos según las normas de un dios postulado pero no probado. Nadie puede plantearme como lógica y coherente cualquier cosa que dependa de la existencia de Dios, ya que al no estar demostrada su existencia, estaría loco si aceptara argumentos que se basan en ese Dios. No se me puede pedir que viva de acuerdo a lo que "dijo ese Dios", si el libro sagrado es de traducción no fiable y encima de interpretación complicada. Se presta a error. Así que todo ser humano razonable tendrá la opción y probablemente preferirá seguir su vida sin contar con ese Dios. No es una postura apresurada, recordad que muchos que se basan en la Biblia deducen de ella cosas muy distintas: poligamia y monogamia, salvacion por fe y salvación por obras, adoración de santos y adoración de sólo Dios, uso de estampitas y prohibición de ellas, uso de la cruz y negación de su uso, donación de sangre y no donación de sangre, adhesión a las guerras nacionalistas y profesión del pacifismo, prohibición del alcohol y posibilidad de beber alcohol. Insisto en que soy justo y si propongo seguir con nuestras vidas sin Dios, es porque meterse en algo de lo que no estamos muy seguros para terminar trastocando nuestra vida completamente, haciendo sacrificios y cumpliendo obligaciones, privándose de muchas cosas, me parece que no es muy asertivo. Para cambiar nuestras vidas debemos estar seguros de que ese cambio va a ser bueno y de que lo necesitamos. Al menos, yo no cambiaría solamente porque me dicen que hay un dios y que quiere muchas cosas, pero ni siquiera me probaron que existe y menos que ellos son sus portavoces. Que digan lo que quieran, con sus palabras no alcanza.

Llegado a este punto, siempre aparece alguien diciendo que la religión es algo bueno en su vida. Y si bien puede ser que sus vidas sean buenas por otra razón, nunca sirve para esclarecerlo el oponerse a sus afirmaciones. ¿Por qué? Porque no conozco sus vidas y aunque ocurriese que sus padres les enseñaron bien y ellos confundieron la sabiduría parterna y materna con la bondad de sus creencias religiosas, no habría manera de negarlo y tampoco de aceptarlo como una prueba. Si les creyera, sería por fe en ellos y no porque me lo hayan demostrado. Ahora sí que hay un motivo para ponerse a hablar de los errores papales... ¿Lo hay? Bueno, decir lo malo que hicieron personas comprometidas con la religión podría servir para disipar el estigma inescrupuloso que nos atribuyen a las personas que no profesamos una religión aquellos que si la poseen. Podemos decir: «Cuantas monjas y curas, pastores, profetas, eclesiáticos de todos los niveles, hicieron estas y aquellas barbaridades». Ahí se termina la utilidad de esa mención. Solamente se les puede contestar: «Muchas personas llevan una vida buena sin practicar ninguna religión». Por lo tanto, para vivir bien no es imprescindible una religión. Planteado de este modo, es una mera elección, una cuestión de gustos si queréis.

Y todavía queda una última objeción: «Si la moral proviene de la Biblia, ¿qué pasaría de nosotros sin un Dios?». Podría haberme hecho el listo y dejar para otro día el tema pero soy justo y voy de buena fe, recordadlo. No me preocuparé tanto de lo que penséis. Debo proceder con mi bisturí haciendo uso de la mayor frialdad de la que soy capaz. Así lo quiere esta operación. La primera pregunta es si nuestra moral proviene de la Biblia. Observemos las leyes bíblicas y luego las nuestras. Se supone que Dios no cambia y uno esperaría que las reglas éticas dictadas ayer sirvan para hoy. Pero se supone mal, porque antes era correcto matar a pedradas a una mujer si os ponía los cuernos. Hoy os encierran en un presidio, que no está bien pasarse de loco. Como véis, la moral social es algo relativo. Si hoy mismo queréis, podéis encontrar hombres que matarían a una mujer por serle infiel. Y mujeres que matarían a su marido por lo mismo. Así que, aparte de una moral social, hay una moral individual. Nuestra moral no se establece a través de un libro sino por la enseñanza, reflexión, experiencias y carácter con que cuenta la persona. Supongo que establecer una moral social, una ética que se aplique en general, o es cuestión de mayoría o es una necesidad práctica de orden. No lo sé. Pero que es relativa, lo es. Hace tiempo, se sacrificaban los primogénitos a un dios, se practicaba la esclavitud más cruel, también el un poco más aceptable vasallaje, se mandaba a la hoguera al que creyera algo diferente de la creencia general sobre el mundo. Y eso estaba bien para ellos. Hoy pensamos distinto, pero es probable que en unos siglos los demás miren atrás y nos consideren tan raritos como nosotros a nuestros antepasados y eso incluye a nuestra moral social.
Me despido de vosotros. Gracias por seguir mis posts y estar siempre para darme un buen comentario.

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