InicioParanormalEl cuarto de los espejos.
Buenas amigos de T! este es el segundo cuento de terror que comparto con ustedes, por favor comenten y dejen sus opiniones, que lo disfruten.

Sé que fue lo que pasó esa noche, ¡lo sé todo, yo lo vi!, y ay de aquel, ¡ay de aquel que dude que lo que digo es cierto!

Vi sus manos llenas de sangre, ¡Él fue el culpable de todo!, yo solo miraba con temor, soy una víctima también, ¡lo juro por dios!

Discúlpeme si me altero doctor, perdóneme, es que yo no debería estar aquí, estoy totalmente sano, siempre fui un hombre sano. Mi único pecado; mi única enfermedad es la curiosidad, soy muy curioso doctor, pero eso es normal ¿verdad?, las grandes mentes siempre han sido curiosas, Einstein por ejemplo, él sí que era curioso. Claro está que Albert Einstein era un físico, un hombre muy brillante; yo soy un simple mago, un ilusionista.
El cuarto de los espejos.

Siempre me interesó la magia; desde muy chico, doctor. Recuerdo que mi madre me prometía que me llevaría a un espectáculo de magia; siempre y cuando sacase buenas notas, así que me dedicaba a estudiar día y noche para poder ir al espectáculo de magia, yo era un niño ejemplar, un genio.

Mi madre, una ama de casa que vivía del poco dinero que le dejó mi padre antes de morir; siempre cumplía su palabra, una tarde al salir del colegio me llevó a ver a un mago que tenía un espectáculo fantástico, o al menos eso decían, la verdad fue que al llegar solo pude ver decepción, eso no era magia, eran simples trucos con cuerdas y espejos, sorprendente para personas incautas, pero claro, yo era un genio.


Me fui muy triste de allí, fue una decepción muy grande, tuve que cargar con ese recuerdo gran parte de mi infancia.
Ya en mi adolescencia mi curiosidad había hecho que me encontrase con mi nueva gran pasión: El ocultismo.
A diferencia de la pobre magia que estuve acostumbrado a presenciar durante mi niñez; ¡el ocultismo de verdad funcionaba! Iba a las tiendas esotéricas a comprar ingredientes para pócimas de amor sorprendentemente funcionales, las cuales vendía a las jovencitas que estudiaban conmigo a un alto precio, así llevaba el dinero a la casa, doctor.

Zombies

Claro ninguna niña se imaginaba que los ingredientes para esas pócimas eran muy difíciles de conseguir, por ejemplo el corazón de hurón es muy escaso en cierta época del año, en cambio el ojo de rana es común, pero muy difícil extraerlo intacto.
Mis habilidades fueron perfeccionándose con el pasar de los años, ya me aburría hacer pócimas y con el dinero que había ahorrado pude mantener a mi madre a mí por un largo tiempo, ella sabía lo que yo hacía pero creía que no eran más que niñerías; cosas que hacen los adolescentes para llamar la atención.

Un día fui a una tienda esotérica que estaba por cerrar y logré conseguir a muy buen precio un libro llamado “Animata Mors”, algo así como “Muerte Animada” en latín. El libro era muy descriptivo y explicaba como reanimar a los muertos con un complejo ritual que debía hacerse cuando la luna estuviese en el cénit. Yo siempre fui muy curioso, doctor; así que me motivé a realizar el ritual una noche, previamente había preparado todos los ingredientes correspondientes a dicho ritual, hice un pentagrama en el suelo, coloqué las velas en su respectiva posición y preparé el cuerpo. Como era mi primer intento quise hacerlo con algo pequeño: Una rata.



El ritual exigía que hubiese un espejo a la hora de reanimar y que el cadáver tuviese un nombre de pila por el cual debía ser llamado, decidí ponerle a la rata Mozart y ni corto ni perezoso coloqué el espejo frente a él.

“Levántate Mozart, las tinieblas ya no cubren tu cuerpo”

Mozart despertó y se quedó viendo fijamente su reflejo en el espejo, la rata no hacía ningún movimiento, solo se veía en el espejo. Comencé a mover el espejo y Mozart lo seguía caminando lentamente, era algo así como un títere, doctor.
Horas más tarde había aprendido a dominar a Mozart, podía hacer que saltase si levantaba el espejo y podía hacer que rodase como un cachorro a con unos simples movimientos, era maravilloso.
historia

Mi madre se sentía sola, doctor. Lloraba todas las noches por mi padre, yo estaba cansado de verla llorar así que decidí hacerle un regalo de cumpleaños, le regalaría unos momentos con él, pero antes debía preparar bien mi sorpresa.

Me propuse cambiar un poco las reglas del “Animata Mors” y decidí llenar las paredes de mi habitación con espejos, no había un solo rincón que no estuviese lleno de espejos, un espejo reflejaba a otro. Mi madre muy despreocupada ni se imaginaba lo que iba a hacer, seguro pensaba que era otra de mis formas de llamar su atención. Yo le quería dar un buen regalo de cumpleaños.

En la víspera de su nacimiento corrí al cementerio a buscar el cuerpo de mi padre, para mí fue fácil extraer el cuerpo y meterlo en un saco, ¿el olor? No me molestó para nada y fue sencillo colarme en el cementerio, lo confieso doctor, no me detuve con Mozart.

Magia

Preparé todo a la perfección, sabía que funcionaria, el cuerpo apestaba sin duda, pero no pensé que a mi madre le fuese a molestar el olor, ella estaría muy ocupada viendo a mi padre caminar otra vez entre vivos.
La llevé con los ojos vendados a mi habitación y le hice prometer que no fuese a respirar por la nariz, que en cambio respirase por la boca, ella acepto.
Antes de quitarle la venda le pedí que se sentase en el suelo y allí entoné las palabras mágicas:

“Levántate Charlie, las tinieblas ya no cubren tu cuerpo”

Mi padre se levantó, y algo horrible pasó esa noche, algo que no quiero recordar jamás…
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