La vida "real" y la "virtual" están cada vez más unidas y relacionadas, aunque de hecho hay gente que las ve como dos caras de una misma moneda, una sola vida. No obstante, la mayoría de la gente aún ve una línea de separación entre ambas, más gruesa o delgada dependiendo de lo que se haga en una y otra o de la materia de la que estemos hablando. Por ejemplo, ¿mantener una relación con alguien a quien solamente se conoce en un entorno virtual es engañar a la pareja? Para Amy Taylor, una ciudadana británica no hay ninguna duda: lo es.
Taylor, de 28 años, ha iniciado los trámites de divorcio de su pareja, David Pollard de 40 años, al descubrir a este último en la computadora de su domicilio con su avatar en el mundo virtual Second Life en una posición comprometida con el avatar de una usuaria estadounidense a la que había conocido recientemente en las salas de chat de dicho entorno virtual.
La joven británica ya había encontrado con anterioridad a su marido a los mandos de su computadora con su respectivo avatar de Second Life habiendo contratado los servicios de una prostituta virtual. Para entonces, alquiló los servicios de un detective también virtual en el mundo de Second Life para que siguiera a su marido. Estos hechos, dignos de novela policíaca barata ambientada en los años cincuenta en Estados unidos, acabaron bien para la pareja, pues Pollard superó el test.
No obstante, hace unos días Amy volvió a sorprender a su marido en actitud poco decorosa con otra mujer... ¿o bien tendríamos que hablar de actitudes poco decorosas por parte de sus avatares? El caso es que la joven consideró este engaño tan grave como si el acto se hubiera consumado en la realidad, pese a que el matrimonio vive en Gran Bretaña y la tercera en discordia reside en los Estados unidos. Y, en consecuencia, inició los trámites de divorcio.
El abogado contratado por Taylor para llevar los trámites del divorcio no se mostró muy sorprendido según informa la agencia Reuters, puesto que este es el segundo caso de esta semana en el cual Second Life es la causa de la separación de la pareja. Se da la circunstancia en este caso que Amy Taylor y David Pollard se conocieron hace tres años en una sala de chat de Internet.
Este caso es un botón de muestra que las nuevas tecnologías están cada día más imbricadas en la sociedad en general, por lo menos en aquellos países en los cuales la tecnología informática está al alcance del ciudadano medio. Tenemos desde hace tiempo un nuevo medio al alcance para conocer a nuestra "media naranja", y las parejas que se han conocido en salas de chat o sitios web de contactos ya no son raras de ver.
Según ha declarado Amy Taylor a News.com, su corazón ya ha encontrado a un nuevo inquilino, al cual conoció jugando en el entorno virtual World Of WarCraft.
Otro caso acaecido recientemente y que nos muestra que las barreras entre lo real y lo virtual van cayendo poco a poco es el de una ciudadana japonesa de 43 años, que después de que su pareja (esta estrictamente virtual) se divorciara de ella (divorcio también virtual, se sobreentiende), entró con el nombre de usuario y contraseña de él y eliminó su avatar, "matándole" de forma simbólica. El disgustado hombre denunció el caso a la policía, que detuvo a la mujer por acceder ilegalmente a los datos informáticos de otra persona y suplantación de identidad. Se enfrenta ahora a una posible condena de cinco años de prisión por estos delitos.
Taylor, de 28 años, ha iniciado los trámites de divorcio de su pareja, David Pollard de 40 años, al descubrir a este último en la computadora de su domicilio con su avatar en el mundo virtual Second Life en una posición comprometida con el avatar de una usuaria estadounidense a la que había conocido recientemente en las salas de chat de dicho entorno virtual.
La joven británica ya había encontrado con anterioridad a su marido a los mandos de su computadora con su respectivo avatar de Second Life habiendo contratado los servicios de una prostituta virtual. Para entonces, alquiló los servicios de un detective también virtual en el mundo de Second Life para que siguiera a su marido. Estos hechos, dignos de novela policíaca barata ambientada en los años cincuenta en Estados unidos, acabaron bien para la pareja, pues Pollard superó el test.
No obstante, hace unos días Amy volvió a sorprender a su marido en actitud poco decorosa con otra mujer... ¿o bien tendríamos que hablar de actitudes poco decorosas por parte de sus avatares? El caso es que la joven consideró este engaño tan grave como si el acto se hubiera consumado en la realidad, pese a que el matrimonio vive en Gran Bretaña y la tercera en discordia reside en los Estados unidos. Y, en consecuencia, inició los trámites de divorcio.
El abogado contratado por Taylor para llevar los trámites del divorcio no se mostró muy sorprendido según informa la agencia Reuters, puesto que este es el segundo caso de esta semana en el cual Second Life es la causa de la separación de la pareja. Se da la circunstancia en este caso que Amy Taylor y David Pollard se conocieron hace tres años en una sala de chat de Internet.
Este caso es un botón de muestra que las nuevas tecnologías están cada día más imbricadas en la sociedad en general, por lo menos en aquellos países en los cuales la tecnología informática está al alcance del ciudadano medio. Tenemos desde hace tiempo un nuevo medio al alcance para conocer a nuestra "media naranja", y las parejas que se han conocido en salas de chat o sitios web de contactos ya no son raras de ver.
Según ha declarado Amy Taylor a News.com, su corazón ya ha encontrado a un nuevo inquilino, al cual conoció jugando en el entorno virtual World Of WarCraft.
Otro caso acaecido recientemente y que nos muestra que las barreras entre lo real y lo virtual van cayendo poco a poco es el de una ciudadana japonesa de 43 años, que después de que su pareja (esta estrictamente virtual) se divorciara de ella (divorcio también virtual, se sobreentiende), entró con el nombre de usuario y contraseña de él y eliminó su avatar, "matándole" de forma simbólica. El disgustado hombre denunció el caso a la policía, que detuvo a la mujer por acceder ilegalmente a los datos informáticos de otra persona y suplantación de identidad. Se enfrenta ahora a una posible condena de cinco años de prisión por estos delitos.