Anneke Van Giersbergen, ex vocalista de The Gathering, pisó una vez más suelo argento, esta vez para presentar su cuarto disco solista: “Everything is Changing”.
Todo comenzó en 2007, cuando la carismática vocalista se alejaba definitivamente de la banda que fronteaba hacía 13 años: The Gathering. Sin demasiadas vueltas, y casi simultáneamente, Anneke anunciaba el lanzamiento de su carrera en solitario.
Primero como Agua de Annique y más tarde – cuando el éxito le insufló la suficiente confianza – simplemente como Anneke van Giersbergen, su carrera daría un giro de 180º: largamente conocida por ser una de las voces más importantes del metal holandés, se volvería hacia un rock cancionero, profundamente personal, y de melodías en su mayoría alegres, optimistas. Pero, aunque confesara que todo lo que quiso hacer cuando comenzó, lo estaba haciendo en ese momento, la risueña neerlandesa nunca olvidaría sus raíces.
Seis años después, con cuatro excelentes discos y con infinitas colaboraciones en otras bandas, el pasado 15 de marzo Anneke subió, una vez más, a las inclinadas tablas del Teatro de Flores.
El show, que contó con una excelente previa en manos de los nacionales Moonlight Asylum, arrancó puntual a las 21, con una triada ideal para introducir el nuevo disco: ‘Feel alive’ – ¡y bien viva se la vió a Anita! -, ‘My boy’ y ‘Take me home’. El sonido crudo, casi de garage, pero a la vez prolijo y contundente, auguraba una noche abundante en buenos momentos.
Más calmada la ansiedad de la austera pero fiel concurrencia, la lista siguió con la preciosa ‘Beautiful one’, ‘Fury’, ‘You want to be free’ y ‘Circles’. Llegarían entonces los primeros dos covers de la noche: ‘Here comes the rain again’, de Eurythmics y la primera de las cuatro que sonarían de Gathering: ‘Saturnine’, recibida con entusiasmo por la audiencia.
Sin dudas el punto más fuerte del fuerte del show, el más festejado, llegaría después de las épicas ‘Stay’ y ’1000 miles away from me’, cuando el atento público reconociera la intro del tema que, allá por 1995, inauguraría la prolífica carrera de Anneke como frontwoman de Gathering: ‘Strange machine’. Simplemente, genial. Luego de semejante explosión, los últimos dos de la sección, ‘Hope, pray, dance, play’ y el metalero ‘Hyperdrive’ – en voz de Anneke en ‘Addicted’, del bestial Devin Townstend – serían anecdóticos.
Lo próximo que veríamos sería una Anneke en soledad, en única compañía de su guitarra acústica. Mientras la banda se tomaba un merecido descanso, la siempre sonriente artista aprovecharía para interactuar con su leal público: recordando algunas bromas de camarín, se animó a tocar algunas vueltas de estribillo de ‘Rockin’ in the free world’ (el clásico de Neil Young), otra solista y bien alegre, ‘Hey, Okay!’ y, sondeando el deseo de la audiencia, dos más de Gathering: ‘My electricity’ y ‘Locked away’. Gran momento en el que, además de explicar que si parecía ebria al caminar era porque el escenario estaba inclinado, siempre con una sonrisa y ante el aprobatorio aplauso y risa de todos, la cantante se animó a hacer callar al goma de turno, ese que no paraba de pedir canciones a los gritos (y que, por desgracia, estaba parado detrás de quien escribe).
Y ya no quedaba mucho. 18 piezas después del inicio, una hora y media clavada más tarde de aquel esperado arranque, restaba una sola canción. Sin bises, sin amagues, sin anuncios, ‘Witnesses’, uno de los preferidos de los amantes de la hoy pelirroja, cerraría bien arriba una noche para el recuerdo.
Primero como Agua de Annique y más tarde – cuando el éxito le insufló la suficiente confianza – simplemente como Anneke van Giersbergen, su carrera daría un giro de 180º: largamente conocida por ser una de las voces más importantes del metal holandés, se volvería hacia un rock cancionero, profundamente personal, y de melodías en su mayoría alegres, optimistas. Pero, aunque confesara que todo lo que quiso hacer cuando comenzó, lo estaba haciendo en ese momento, la risueña neerlandesa nunca olvidaría sus raíces.
Seis años después, con cuatro excelentes discos y con infinitas colaboraciones en otras bandas, el pasado 15 de marzo Anneke subió, una vez más, a las inclinadas tablas del Teatro de Flores.
El show, que contó con una excelente previa en manos de los nacionales Moonlight Asylum, arrancó puntual a las 21, con una triada ideal para introducir el nuevo disco: ‘Feel alive’ – ¡y bien viva se la vió a Anita! -, ‘My boy’ y ‘Take me home’. El sonido crudo, casi de garage, pero a la vez prolijo y contundente, auguraba una noche abundante en buenos momentos.
Más calmada la ansiedad de la austera pero fiel concurrencia, la lista siguió con la preciosa ‘Beautiful one’, ‘Fury’, ‘You want to be free’ y ‘Circles’. Llegarían entonces los primeros dos covers de la noche: ‘Here comes the rain again’, de Eurythmics y la primera de las cuatro que sonarían de Gathering: ‘Saturnine’, recibida con entusiasmo por la audiencia.
Sin dudas el punto más fuerte del fuerte del show, el más festejado, llegaría después de las épicas ‘Stay’ y ’1000 miles away from me’, cuando el atento público reconociera la intro del tema que, allá por 1995, inauguraría la prolífica carrera de Anneke como frontwoman de Gathering: ‘Strange machine’. Simplemente, genial. Luego de semejante explosión, los últimos dos de la sección, ‘Hope, pray, dance, play’ y el metalero ‘Hyperdrive’ – en voz de Anneke en ‘Addicted’, del bestial Devin Townstend – serían anecdóticos.
Lo próximo que veríamos sería una Anneke en soledad, en única compañía de su guitarra acústica. Mientras la banda se tomaba un merecido descanso, la siempre sonriente artista aprovecharía para interactuar con su leal público: recordando algunas bromas de camarín, se animó a tocar algunas vueltas de estribillo de ‘Rockin’ in the free world’ (el clásico de Neil Young), otra solista y bien alegre, ‘Hey, Okay!’ y, sondeando el deseo de la audiencia, dos más de Gathering: ‘My electricity’ y ‘Locked away’. Gran momento en el que, además de explicar que si parecía ebria al caminar era porque el escenario estaba inclinado, siempre con una sonrisa y ante el aprobatorio aplauso y risa de todos, la cantante se animó a hacer callar al goma de turno, ese que no paraba de pedir canciones a los gritos (y que, por desgracia, estaba parado detrás de quien escribe).
Y ya no quedaba mucho. 18 piezas después del inicio, una hora y media clavada más tarde de aquel esperado arranque, restaba una sola canción. Sin bises, sin amagues, sin anuncios, ‘Witnesses’, uno de los preferidos de los amantes de la hoy pelirroja, cerraría bien arriba una noche para el recuerdo.