Historia del Bungee jumping Antes de enfocarnos en la interesante historia del bungee jumping, necesitamos conocer algunos de los aspectos generales de este deporte, para entender su evolución y como logro establecerse como lo conocemos hoy en día. Este deporte consiste básicamente en lanzarse al vacío desde una plataforma (que puede ser un puente, una grúa, o cualquier superficie que cumpla con los requerimientos para realizar esta actividad) a una altura considerable (donde no sea demasiado riesgoso para aquel que lo practica). A su vez, para hacer esto, es necesario tener una cuerda elástica atada a los tobillos que le permita a la persona caer, amortiguar la caída y rebotar. Si bien hoy en día conocemos a esta actividad como recreacional, no empezó siendo así, según sabemos mediante la historia del bungee jumping. Como ya se dijo antes, uno de los factores esenciales para practicar bungee jumping es una soga elástica, pero esto no siempre fue así, ya que fue evolucionando su composición a lo largo de los años como se puede apreciar en la historia del bungee jumping. Una de las características más importantes para realizar este deporte, es que la soga debe estirarse un 400% y solo debe romperse en el caso de que sobrepase el 600%. Según nos cuenta la historia del bungee jumping, los primeros saltos se realizaron con un arnés similar al que se utiliza en el paracaidismo y la soga se ataba a los hombros, pero esto resultaba excesivamente peligroso ya que la persona podía terminar ahorcada por la goma en los rebotes. Como en todos los casos, sea el deporte que sea, la historia del bungee jumping nos ha dejado enseñanzas, y este inminente problema que surgía por estar atado de hombros logró solucionarse y evolucionar a lo que hoy conocemos, es decir, atado en los tobillos. Esto también permitió que en el momento del impacto no se produzca un cambio brusco de postura. La historia del bungee jumping tiene sus raíces, no en un deporte primitivo o actividad recreacional de antaño, si no que las hunde más en un mito fantasioso. Hace un par de años la BBC realizó un informe sobre los “land drivers” (que serían, en algún punto, los que realizan bungee jumping o cualquier deporte similar) en la Isla de Pentecostés, aldea de Bunlap. Allí se solía celebrar un rito para que los jóvenes pudieran convertirse en hombre, que, como se puede imaginar, consistía en algo parecido a lo que hoy conocemos como bungee jumping. Esta ceremonia constaba, básicamente, en lanzarse al vacío atados con unas lianas a los pies que a su vez se sujetaba en estructuras de palo que se encontraban en la cima de donde se lanzaban. Esta soga (que obviamente, ha evolucionado en la historia del bungee jumping) estaba medida de forma que cuando el joven se lanzara, le rozara la cabeza con el suelo. Si este salía ileso de la hazaña se lo podía considerar un hombre verdad, y además, le aseguraba a la aldea una buena cosecha. El la feria mundial de Chicalo, en 1892-1893 (ya nos ubicamos en un momento completamente diferente de la historia del bungee jumping) se propuso crear una torre de más de 4000 pies de altura, la cual era capaz de sostener a un automóvil suspendido en un cable. Este proyecto constaba en lanzar este vehículo con doscientas personas sentadas en ella y demostrar que este era capaz de rebotar hasta detenerse. Como es esperable, el diseño fue rechazo por el inminente peligro que representaba. Más tarde, en 1979, se realizó el primer salto moderno de estilo bungee, desde un puente de 200 pies de altura, por estudiantes de la universidad de Oxford pertenecientes al “Club de deportes peligrosos”. Sus nombres eran Alan Weston, David Kirke, Chris Baker, Tim Hunt y Simon Keeling. Si bien esto resultó en un arresto, ellos continuaron saltando de diferentes plataformas, como por ejemplo, el Golden Gate y el puente Royal George. Ya en 1982, nuestros arriesgados amigos saltaban desde grúas en movimiento e incluso globos aerostáticos. Más adelante en la historia del bungee jumping, el australiano A J Hackett, comercializó esta actividad extrema lanzándose del Greenthite Bridge en 1986, pero su osadía no terminó aquí. En los años siguientes Hackett logró realizar varios saltos desde otros puentes y algunas estructuras importantes (como por ejemplo, la Torre Eiffel) y abrió el primer sitio de interés de bungee jumping. A pesar del peligro que representaba saltar desde estas alturas, durante los últimos años de la historia del bungee jumping, millones de personas se han arriesgado y han logrado experimentar el gozo de este deporte.
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