Gran Provincia del Paraguay "L. Amerique Meridionale" Parte del mapa colonial de Hiaillot del Siglo XVII. Biblioteca Nacional de Santiago de Chile. La capitulación del 21 de marzo de 1534 entre Pedro de Mendoza y la Corona española, creó la primera Gobernación del Río de la Plata, que luego fue también conocida como Gobernación del Paraguay con sede en Asunción, ciudad que fue fundada por Juan de Salazar y Espinosa en 1537. En 1617 se produjo la división de esta gobernación, creándose la Gobernación del Paraguay o del Guayrá, siendo denominada Gobernación del Río de la Plata o de Buenos Aires la parte sur, con capital en esta última ciudad. La Provincia Jesuítica del Paraguay La Provincia Jesuítica del Paraguay con sus zonas adyacentes en un mapa del año 1647, atribuido al padre Luis Ernot S.J. La Provincia Jesuítica del Paraguay fue una de las Provincias de la Compañía de Jesús en Sudamérica. El Padre General de los jesuitas, Claudio Acquaviva, creó esta Provincia en Roma el 9 de febrero de 1604, aunque no habría de instalarse efectivamente hasta 1607. Acquaviva nombra como primer provincial a Diego de Torres Bollo. Esta provincia comprendía vastos territorios: los actuales Argentina, Paraguay, Uruguay, parte de Bolivia, Chile y todo el sur del Brasil. El Provincial tenía su sede en Córdoba. Desapareció en 1768, luego de la rebelión guaraní de 1756-57, al ejecutar Francisco de Bucarelli, entonces Gobernador de Buenos Aires, la expulsión ordenada por Carlos III en la Pragmática Sanción del 27 de febrero de 1767. La Guerra Guaranítica La Guerra Guaranítica fue el conflicto armado que enfrentó, entre 1754 y 1756, a los indígenas de las misiones jesuíticas guaraníes y las fuerzas españolas y portuguesas, como consecuencia del tratado de Madrid o de Permuta, en 1750. Cerca de 500.000 kilómetros cuadrados de territorios, dentro del cual estaban los siete prósperos pueblos de: San Luis Gonzaga, San Nicolás, San Borja, San Miguel, San Lorenzo, San Juan Bautista y Santo Ángel, además de estancias pertenecientes a las reducciones de: Concepción, Apóstoles, Santo Tomé, Yapeyú y La Cruz que se hallaban al occidente del río Uruguay, debían ser entregados a Portugal. Las exigencias no terminaban allí. En el término de un año, 29.191 guaraníes debían salir de la región con todos sus bienes y trasladarse al occidente del río Uruguay, donde debían refundar sus pueblos. En 163l los guaraníes habían abandonado la región del Guayrá sin ofrecer resistencia a los bandeirantes y sufriendo un sinnúmero de penurias. En el año 1638 del mismo modo habían abandonado la región del Tape, guareciéndose en asentamientos transitorios entre los ríos Paraná y Uruguay. Luego habían derrotado en forma aplastante a los bandeirantes en la batalla de Mbororé, pudiendo de ese modo regresar con mucho esfuerzo a refundar sus poblaciones al oriente del río Uruguay, región considerada como su patria de origen. Ahora se les pedía que la abandonaran, sin ningún tipo de explicación o razón. Aquellos guaraníes que todos suponían fieles seguidores de los jesuitas y sometidos incondicionalmente a los dictámenes de éstos, en un instante sorprendieron a los mismos jesuitas, a los españoles y a los portugueses cuando se alzaron en armas defendiendo sus legítimos derechos sobre sus tierras y bienes. Una historia de desencuentros La conquista y colonización del Plata emprendida por españoles y portugueses originó una relación fronteriza muy particular, nunca claramente definida por una delimitación precisa, superadora de la ambigua línea de Tordesillas. Se generó particularmente una zona de gran tensión fronteriza, cuyo límite occidental lo conformaban el Río de la Plata, el río Uruguay y la región guayreña. Parte de esa línea de tensión atravesaba toda la región de las misiones de norte a sur. Inevitablemente los guaraníes que habitaban aquella zona se verían involucrados en todos los conflictos que se suscitasen entre España y Portugal. La condición de “guarnición de frontera” que les fuera impuesta por la Corona española, los llevaba a involucrarse en todas las situaciones de crisis limítrofe como soldados combatientes al servicio del Rey. La prestación del servicio militar por parte de los guaraníes fue constantemente requerida por las autoridades españolas en su lucha contra los portugueses. Los conflictos y enfrentamientos armados comenzaron en el año 1680, cuando el gobernador de Río de Janeiro, don Manuel Lobo, funda frente a Buenos Aires, en la orilla izquierda del Río de la Plata, la Colonia de Sacramento, en un territorio que los españoles consideraban de su jurisdicción. El gobernador de Buenos Aires, don José de Garro, requirió el servicio militar de los guaraníes de las misiones. Miles de guaraníes misioneros asaltaron las fortificaciones portuguesas, tomando como prisionero al mismo gobernador Lobo. Sin embargo en el año 168l por un tratado firmado entre España y Portugal se dispuso que la Colonia debía ser devuelta a los portugueses. En el año 1705 el nuevo gobernador de Buenos Aires, Valdez de Inclán, recibió órdenes del Virrey de Perú de recuperar la Colonia del Sacramento. Nuevamente 4.000 guaraníes concurrieron desde las misiones en auxilio de las fuerzas españolas que sitiaron durante seis meses la guarnición portuguesa. Finalmente los portugueses incendiaron la Colonia y se retiraron. En el año 1715, finalizada la guerra de sucesión de España, en la que había intervenido Portugal, se firmó el tratado de Utrecht, que establecía en uno de sus puntos que los españoles debían devolver otra vez la Colonia del Sacramento a los portugueses. La Colonia se habían convertido en un centro del tráfico de contrabando de mercaderías que se efectuaba con Buenos Aires. Por otra parte, desde ella los portugueses continuamente incursionaban robando ganado en las estancias de los pueblos misioneros y en aquellas ubicadas al occidente del río Uruguay. Como trasfondo existía un auténtico interés de posesionarse de la banda oriental del Río de la Plata. Con dicho fin, en el año 1723, los lusitanos intentaron asentarse en la península de la actual Montevideo. El gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala, los expulsó en 1724, y el 24 de diciembre de 1726 fundó con familias traídas desde Galicia y las Canarias, la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo. Un total de l.000 indios guaraníes misioneros participaron en la expulsión de los portugueses y en la construcción de las fortificaciones de la nueva ciudad española. La utilización del “soldado guaraní” en los enfrentamientos con los portugueses fue constante durante toda la primera mitad del siglo XVIII. Los episodios señalados son sólo algunos ejemplos de los servicios militares prestados por los guaraníes a la Corona española. En todos los casos los perjuicios que ocasionaban aquellas expediciones militares a los misioneros no tenían ningún reconocimiento por parte de las autoridades coloniales. Las expediciones se organizaban a costa de los propios guaraníes. Los campos de cultivo y la producción en general en las reducciones quedaban en estado de abandono cuando los mejores hombres partían a la guerra. Luego había que asumir los innumerables muertos, lisiados, viudas y huérfanos que quedaban como saldo de aquellas campañas. En la visión de los guaraníes misioneros del año 1750, los portugueses eran la calamidad que les arruinaba sus vidas desde hacía más de un siglo. Los intereses fronterizos La región comprendida entre la ribera oriental del Río de la Plata y la zona oriental del río Uruguay se caracterizaba por sus excelentes campos aptos para el desarrollo de actividades ganaderas. Si esto fuera poco, miles de cabezas de ganado vacuno vagaban por aquellas regiones en todas direcciones en estado salvaje. En la sociedad colonial rioplatense, en donde no existían minas de plata ni de oro, la actividad ganadera era uno de los principales ramos de la actividad económica, tanto para españoles como para portugueses. El otro ramo era el contrabando, desarrollado en gran medida con la complicidad de las autoridades desde Buenos Aires, con los comerciantes portugueses y de otras nacionalidades que se establecían en la costa oriental del Río de la Plata, especialmente en la renombrada Colonia del Sacramento. La Corona española veía resguardados sus derechos con las misiones jesuíticas del Paraguay, que ejercían una posesión efectiva de gran parte de aquella zona fronteriza con siete de sus pueblos y con un gran número de estancias establecidas y consolidadas como unidades productivas. Pero la Colonia del Sacramento con su comercio de contrabando era un caso muy particular, constantemente arruinando al sistema de monopolio establecido por España. El tratado de límites de 1750 El matrimonio que celebró Doña María Bárbara de Braganza, hija del Rey Don Juan V de Portugal, con el Rey de España, Fernando VI, selló la paz entre ambas naciones europeas e inauguró un período de entendimiento entre las dos coronas, especialmente en lo concerniente a las cuestiones limítrofes de América del Sur. Luego de quedar en un estado calamitoso al finalizar la guerra con Inglaterra (1739-1748), España temía por un posible ataque inglés a sus posesiones en el Río de la Plata. Por otra parte, el comercio inglés, que controlaba el contrabando desde Colonia del Sacramento, ocasionaba un gran perjuicio a las finanzas con el drenaje ilegal de plata extraída de Potosí. Además, crecía el temor de que la Colonia fuera convertida por Inglaterra en una base militar. Portugal, por su parte, tenía sus propios intereses en la región platina. En el año 173l el Rey Don Juan V había contratado en Roma a dos padres jesuitas astrónomos y matemáticos para que realizaran un relevamiento cartográfico de la costa y territorio oriental del Río de la Plata. Comenzaron entonces conversaciones y tratativas secretas entre los ministros de las dos coronas. Portugal pretendía que España le reconociera jurisdicción sobre los territorios que de hecho ocupaba al occidente de la línea de Tordesillas, mientras que España buscaba que le fuera devuelta la Colonia del Sacramento. Los portugueses fundamentaban su postura en el hecho de que España también había violado la disposición de Tordesillas al ocupar el archipiélago de las Filipinas y al haber vendido a Portugal las Molucas, ambos territorios ubicados al oriente de aquella línea y por lo tanto portugueses. En el año 1748 el secretario del Rey Juan V de Portugal, Alejandro de Guzmán, había presentado una propuesta en dinero al ministro español don José Carvajal para comprar los territorios ubicados entre los ríos Negro y Uruguay, esto es los siete pueblos de las misiones orientales más todas sus estancias. El ministro Carvajal tomó la propuesta como escandalosa y la rechazó. Sin embargo la diplomacia portuguesa tenía a otro representante, Doña Bárbara de Braganza, la propia esposa del Rey Fernando VI. La influencia que tuvo la Reina fue decisiva para que Fernando VI aceptara la propuesta de Portugal, pero en condiciones aún peores que las propuestas por el ministro Guzmán a Carvajal. Fernando VI reconocía a Portugal todos los territorios ocupados al occidente de la línea de Tordesillas y aceptaba entregar a los portugueses los siete pueblos misioneros ubicados al oriente del río Uruguay con todas sus estancias ganaderas y yerbales, unos 500.000 kilómetros cuadrados de territorio, a cambio de la Colonia de Sacramento. El 10 de octubre de 1749 el ministro Don José Carvajal y el ministro Alejandro Guzmán acordaron los puntos básicos del tratado que firmarían los reyes de España y Portugal. Se confirmó la entrega de los siete pueblos misioneros a cambio de la Colonia y se estableció que los límites entre los territorios hispánicos y portugueses quedarían demarcados por ríos y por los puntos más elevados que oportunamente se establecerían en el terreno. La línea limítrofe partiría desde un río que nace en la Sierra de los Castillos Grandes, para seguir luego por las nacientes del río Ibicuí y desde allí seguiría por el Uruguay hasta el río Pepirí Guazú, siguiendo luego por las alturas de las sierras. El acuerdo, llamado “Tratado de Madrid”, fue firmado el 13 de enero de l750 por el Rey de España, Don Fernando VI, y al mes siguiente por el Rey de Portugal, Don Juan V. La sorpresiva noticia del Tratado Nadie en tierras americanas había sido consultado acerca de la conveniencia o no del tratado. Ni el gobernador de Buenos Aires, ni el virrey de Lima, ni el Padre Provincial ni el Superior de las misiones, menos aún los 29.19l indios guaraníes que vivían en los siete pueblos, tampoco las reducciones de Concepción, Apóstoles, Santo Tomé, Yapeyú, La Cruz, que poseían en aquellos territorios entregados sus mejores estancias ganaderas.En el mes de septiembre de 1750 llegaron las primeras noticias del tratado y de sus principales cláusulas. Los padres de las misiones, así como las autoridades coloniales, se resistían a creer que pudiera ser cierto que el Rey de España hubiera firmado un tratado con semejantes desatinos. El padre Bernardo Nusdorffer, superior de las reducciones, ordenó a los curas de los pueblos que no se comunicase la noticia a los indios, hasta que no fuese confirmada, por temor a las reacciones que pudiera provocar en ellos. Pero en el mes de abril de 175l llegó al puerto de Buenos Aires la comunicación oficial del Tratado de Madrid con las instrucciones para su ejecución. Al mismo tiempo llegaba desde Roma una carta del General de la Compañía de Jesús, Padre Francisco Retz, dirigida a los padres jesuitas ordenándoles el cumplimiento fiel de las disposiciones del tratado en lo tocante a los siete pueblos misioneros orientales. Dice el padre Nusdorffer: “... no acabábamos de creer que era verdad este tratado, porque se juzgaba imposible que España lo consintiese, por las fatalísimas consecuencias que de él se seguirían a los dominios de España en estas Américas.” El frustrado traslado de los pueblos El padre provincial Isidoro Barreda encomendó al padre Bernardo Nusdorffer la difícil tarea de comunicar la infausta noticia del tratado a cada uno de los siete pueblos, además de aquellos que estaban al occidente del río Uruguay, que no serían transferidos, pero que poseían estancias en la región que se entregaría a los portugueses. Con sus 70 años de edad durante los meses de marzo y abril de 1752 el padre Nusdorffer recorrió los pueblos, se entrevistó con los curas y comunicó oficialmente a los cabildos y caciques que tenían un año de plazo para abandonar su tierra, por lo que recibirían una indemnización de 28.000 pesos, en caso contrario quedarían bajo el dominio lusitano. Los cabildos y los principales caciques dieron una respuesta jamás dada en un siglo y medio a sus padres, un rotundo “no”. No aceptaban abandonar los pueblos y menos aún quedar bajo el dominio portugués. En una carta que dirigieron los caciques al gobernador Andonaegui, leemos en parte: “Nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hermanos han peleado bajo el estandarte real, muchas veces contra los portugueses, muchas veces contra los salvajes; quién puede decir cuántos de ellos cayeron en los campos de batalla, o delante los muros de la tantas veces sitiada Nueva Colonia. Nosotros mismos nuestras cicatrices podemos mostrar en prueba de nuestra fidelidad y de nuestro valor. (...) Querrá pues el Rey Católico galardonar estos servicios, expulsándonos de nuestras tierras, de nuestras iglesias, casas, campos y legítimas heredades. No podemos creerlo. Por las cartas reales de Felipe V, que por sus propias órdenes nos leyeron desde el púlpito, fuimos exortados a no dejar nunca aproximarse a nuestras fronteras a los portugueses, suyos y nuestros enemigos...”. El padre Nusdorffer se trasladó a Candelaria y desde allí comunicó a sus superiores que los guaraníes estaban en situación de rebeldía. Los curas de los pueblos continuaron con los intentos de persuadir a los indios para que realizaran la mudanza de sus pueblos, para los cuales ya se habían señalado nuevos sitios al occidente del río Uruguay. Algunos que eran convencidos comenzaban a emigrar, pero la marcha y el traslado estaban plenos de complicaciones. Muchos preferían huir a los montes, mientras que otros regresaban a sus pueblos arrepentidos. Los padres pidieron más tiempo, al considerar que un año no alcanzaría para lograr el traslado total. Esto fue interpretado por el comisario real, marqués de Valdelirios, y por el comisario enviado con plenos poderes por el General de la Compañía desde Roma, padre Luis Altamirano, como un acto de insubordinación de los padres y de complicidad con los guaraníes. Hubo acusaciones y amenazas de expulsión de la Compañía y de excomunión hacia los curas de los pueblos. El P. Cardiel tuvo la osadía de alegar que “bastaba el catecismo para saber que las órdenes del General de la Orden no imponían obligación alguna”, lo cual le valió el retiro de la reducción en que se hallaba. Resulta claro que dentro de la Compañía de Jesús existían posiciones encontradas. El Padre Provincial y el Padre Superior recibían presiones del General de la Compañía y del Padre Comisario enviado desde Roma y actuaban en consecuencia. Los curas de los pueblos por su parte se hallaban en una posición realmente compleja. Conocían por experiencia el esfuerzo y sacrificio que había significado para los guaraníes repoblar la región oriental del río Uruguay, comprendían con toda plenitud el amor a los pueblos y a sus tierras que profesaban los misioneros. Sabían del aborrecimiento que despertaba en el indio misionero la sola referencia al portugués. Convivían con aquellos indígenas, sabían de sus necesidades, de sus miserias, de lo mucho que restaba por construir. Muchos de ellos, seguramente, en secreto y en la impotencia del silencio, optaron por los guaraníes. Desarrollo de la guerra A principios de 1754 el marqués de Valdelirios llegó a Buenos Aires procedente de España portando una Real Cédula por la que el rey ordenaba al gobernador de Buenos Aires, José de Andonaegui, tomar inmediatamente por la fuerza los siete pueblos y entregárselos a los portugueses. En una junta celebrada en la isla Martín García entre Valdelirios, Gomes Freyre y Andonaegui, se acordó que además de los cuerpos veteranos se convocarían milicias de Montevideo, Santa Fe y Corrientes. Andonaegui en mayo de 1754 concentró 1.500 soldados en el lugar denominado Rincón de las Gallinas (hoy Rincón de Haedo en la confluencia del río Negro con el Uruguay) y avanzó hacia la estancia de Yapeyú, a donde llegó en junio. Sin embargo el mal tiempo imposibilitó la campaña y una columna destacada hacia Yapeyú fue aniquilada por los guaraníes al mando de Rafael Paracatú, cacique de Yapeyú, por lo que Andonaegui desistió de continuar y se retiró desde el río Ibicuy hasta el Salto Chico del río Uruguay el 10 de agosto, siendo hostilizadas sus tropas por los rebeldes, aunque lograron capturar a Paracatú en el combate del Daymán y llevarlo a Buenos Aires. Las fuerzas portuguesas sufrieron los mismos problemas climáticos y los ataques guaraníes al mando del capitán José Sepé Tiarayú, quien atacó el Fuerte Jesús, María, José de Río Pardo donde fue vencido y capturado entre marzo y abril de 1754, pero la noche anterior a su ejecución burló la guardia y logró escapar. Los portugueses también debieron abandonar la campaña tras un armisticio celebrado en noviembre de 1754 en el río Yacuí. Charrúas, guenoas y minuanes hicieron causa común con los guaraníes y hostilizaron a los aliados además de vigilar sus movimientos. Combates como el de Daymán, mostraron una superioridad ostensible de los aliados frente a las tropas indígenas. Estas, que tenían conocimiento del manejo de las armas de los blancos por su eterna lucha contra las bandeiras, se vieron superadas rápidamente. En varios encuentros, los indígenas llegaron a utilizar cañones cuya estructura era de caña tacuaruzú (del grueso de un brazo), pero que no hicieron mella en los invasores. Las fuerzas españolas, mandadas por el gobernador de Buenos Aires, José de Andonaegui y el flamante gobernador de Montevideo José Joaquín de Viana, y las portuguesas, dirigidas por el gobernador de San Pablo y Río de Janeiro, Gomes Freire de Andrade, decidieron combatir juntas contra los sublevados en diciembre de 1755, quienes siguieron como jefe supremo al cacique Sepé o Sepee, cuyo nombre de bautismo era José Sepé Tiarayú. En febrero de 1756 las fuerzas de Andonaegui reforzadas por 150 soldados procedentes de España, junto con 1.670 hombres del gobernador de Montevideo 1.200 soldados portugueses al mando de Gomes Freire, se reunieron en Santa Tecla para avanzar sobre San Miguel. Los guaraníes evitaron dar batalla y se limitaron a realizar una guerra de guerrillas. En la sierra de Batoví, en uno de los encuentros de las guerrillas guaraníes con una columna aliada, el gobernador Viana mató personalmente a Sepé de un tiro de pistola. La jefatura del ejército indígena recayó en manos de otro caudillo, Nicolás Ñanguirú, palabra que en guaraní significaría "flecha del diablo", otrora corregidor del pueblo de Concepción. El 10 de febrero de 1756, al pie del cerro Caibaté, el ejército aliado, de unos 2.500 hombres, cercó a Ñanguirú y sus hombres y los exterminó. Quedaron en el campo de batalla 1.511 guaraníes muertos, entre ellos el propio caudillo Ñanguirú y 154 prisioneros, unos pocos centenares lograron huir. El ejército aliado sufrió solo 4 muertos (3 españoles y un portugués) y 30 heridos (10 españoles, entre ellos Andonaegui y 20 portugueses, entre ellos el capitán Luis Osorio). Al día siguiente entraron en San Miguel e intimaron la rendición a los demás pueblos, que la aceptaron excepto San Lorenzo. Luego de este sangriento encuentro, cesó la resistencia, y las misiones jesuíticas se despoblaron, volviendo los indios a los montes para escapar de los portugueses. El 22 de marzo en Chumiebí se produjo otro combate en donde fueron dispersados los guaraniés. Grupos guaraniés continuaron hostilizando el avance de los aliados y practicando la táctica de la tierra arrasada, quemando los pueblos de San Miguel y San Luis, aunque San Lorenzo fue capturado antes de que pudieran incendiarlo. Santo Ángel fue convertido en cuartel de las tropas españolas y San Juan Bautista de las tropas portuguesas. En mayo se produjo el último combate en San Miguel. El 8 de junio Andonaegui dio por terminada la guerra y supervisó la evacuación de los indígenas al occidente del río Uruguay, permaneciendo el ejército aliado durante diez meses en las Misiones, retirándose los portugueses hacia Río Pardo sin lograr ponerse de acuerdo sobre el límite en las cabeceras del río Ibicuy y sin entregar la Colonia del Sacramento a España el 12 de diciembre de 1757. En noviembre de 1756 Viana hace construir el fuerte de San Antonio del Salto Chico (hoy ciudad uruguaya de Salto). Para resolver los puntos aún pendientes, los comisarios acordaron reunirse en la Junta de Yacuy el 1 de junio de 1758, pero no se llegó a un acuerdo sobre el Ibicuy. Un historiador uruguayo cita al gobernador de Montevideo, Viana, que al entrar a San Miguel, una de las misiones y pueblo que el no conocía, habría exclamado: ¿Y éste es uno de los pueblos que nos mandan entregar a los portugueses? Debe de estar loca la gente de Madrid... Sea verídica o no la anécdota y el lamento, las misiones jesuíticas no pasaron a manos de Portugal, ni Colonia del Sacramento a España, pero poco después, en 1761, durante la Guerra de los Siete Años, el rey Carlos III de España logró anular el tratado de Madrid, que quedó sin efecto por medio del Tratado de El Pardo. Consecuencias de la guerra La guerra guaranítica significó el fin de la resistencia que ofrecieron los pueblos del las misiones del alto río Uruguay a la penetración portuguesa. A pesar de la campaña victoriosa que entre 1762 y 1763 dirigiera en el Río de la Plata contra los portugueses y británicos el comandante español Pedro de Ceballos, la diplomacia volvió a dar Colonia del Sacramento a los portugueses y las misiones (arruinadas y vacías) a España (Tratado de París, 1763). A pesar de que en una posterior campaña Ceballos destruiría Colonia (1777) y volvería a hacer retroceder a los portugueses en el actual territorio de Río Grande do Sul, las misiones al este del río Uruguay jamás se recuperaron del desastre aunque fueron reconstruidas. En 1801, durante la Guerra de las Naranjas, los lusobrasileños las ocuparon, con una tropa mínima al mando del comandante Borges do Canto, luego de estos hubo breves períodos de reconquista: entre 1810-1820 Andrés Guazurary llegó a recuperar el control de gran parte del territorio ocupado, y al casi concluir la Guerra del Brasil las tropas argentinas y orientales al mando de Estanislao López y Fructuoso Rivera nuevamente lograron liberar el territorio, sin embargo la Convención Preliminar de Paz otorgó la parte de Misiones al este del río Uruguay al estado heredero de Portugal, Brasil. Por este motivo, gran parte de los habitantes de la zona nuevamente debió exiliarse, siendo parte de ellos los fundadores de la ciudad de Bella Unión (1829). En cuanto a los jesuitas, acusados de ser los instigadores de la resistencia, pero sobre todo, vistos con malos ojos por los círculos de poder de Lisboa y Madrid, influidos por el despotismo ilustrado, y que los caracterizaron como un estado dentro del estado, incompatible con el absolutismo, poco tiempo les quedaba para maniobrar: en 1758 fueron expulsados de Portugal y sus dominios por el Marqués de Pombal, y en 1767 de España y los suyos por Carlos III, quienes insistentemente pidieron a la Santa Sede la disolución de la Orden, a lo que finalmente accedería el papa Clemente XIV en 1773. Principales líderes de la rebelión Sepé Tiarayú: corregidor y alférez real de San Miguel y cacique general, muerto en 1756. Con el tiempo Sepé Tiarayú ha pasado a ser no solo un héroe sino un santo popular de la región en que viviera. Hoy la ciudad riograndense (o gaúcha) de São Sepé le tiene por epónimo, lo mismo que la pequeña localidad de Tiaraju ubicada unos 10,5 kilómetros al noroeste de São Gabriel. Fue declarado "heroe guaraní misionero riograndense" por la ley estatal Nº 12.366. Como homenaje a su heroísmo y a su coraje, una ruta brasileña (RS-344) recibió su nombre. Sepé Tiarayú según Danúbio Gonçalves. Nicolás Ñanguirú: corregidor de Concepción, sucedió a Sepé en el comando general de la guerra. Murió en 1756 en la batalla de Caybaté. Cristóforo Acatú: cacique de San Luis Gonzaga. Bartolomé Candiú: cacique de Santo Ángelo. Santiago Pindó Miguel Javat: corregidor de San Luis Gonzaga. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_guaran%C3%ADtica http://www.territoriodigital.com/herencia/indice.asp?herencia3/paginas/cap11 http://es.wikipedia.org/wiki/Gobernaci%C3%B3n_del_Paraguay http://es.wikipedia.org/wiki/Provincia_Jesu%C3%ADtica_del_Paraguay http://es.wikipedia.org/wiki/Sep%C3%A9_Tiaray%C3%BA
La Guerra Guaranítica
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