por NATALIA PARDO, Periodista, U. de los Andes.
Hace algunos días se publicó en este medio una columna escrita por un Rabino, quien relató sus sentimientos “el día en que se avergonzó de ser judío”, refiriéndose al grupo de extremistas israelíes que brutalmente asesinó a un joven palestino como represalia tras el secuestro y posterior asesinato de Gilad, Neftalí y Eyal.
Nadie avala este horrible hecho, a ninguno nos enorgullece la situación, pero publicar que nos avergonzamos de la religión que practicamos, sólo porque quienes cometieron el crimen también la practican, no nos hace más moralistas o mejores personas. Los judíos que vivimos en la golá somos “embajadores” de nuestros círculos sociales. Para muchas personas, uno es “el único judío al que conocen”. Esto carga en nosotros una responsabilidad tremenda, que nos obliga a estar informados, a saber responder inteligentemente cualquier ofensa o ataque.
Soy partidaria total de la libertad de prensa, pero creo que esto superó límites. Con todo lo que está pasando en Medio Oriente, con todas las fotografías, infografías, reportajes, columnas, videos y todo tipo de material audiovisual contra Israel dando vueltas en las redes sociales y en los medios. Nuestro espacio le ha prestado ropa a quienes nos odian para que compartan una columna de este calibre, quienes están gozando con esto en sus Facebook. Se las dimos en bandeja.
Me siento orgullosa de ser judía, me siento avergonzada de que haya alguien que no lo esté, y hago un llamado público a este medio a ser constructivo para la Comunidad Judía de Chile, a tener una línea editorial orientada a construir el diálogo interno, pero no a dejarnos mal parados frente a la opinión pública. Hago un llamado a que si quieren hacer debates de lo que está haciendo Israel o lo que deja de hacer, lo hagamos a puerta cerrada, y que para afuera todos seamos embajadores de nuestro Pueblo.
LA SEMANA DE LA VERGÜENZA:
Qué semanas más tristes y violentas se están viviendo. Pueblos que deberían vivir como hermanos, matándonos los unos a los otros en nombre de D-s, de nuestros antepasados, de nuestra historia y por nuestra tierra. Nosotros hoy, llenos de pasión, difícilmente podemos distinguir lo correcto de lo injusto, en una herencia de narrativas cargadas por décadas de prejuicios y sentimientos.
Todo lo que pasó en estos últimos días me dio vergüenza, en todo ámbito, desde todas mis identidades, simplemente porque soy humano, y los asesinatos, el terrorismo, el odio, la venganza y la violencia siempre me van a doler. Y si bien voy a sentir con mayor dolor la muerte de mis hermanos, nunca podré ser indiferente ante la muerte y el dolor ajeno, ante el sufrimiento de los inocentes ni ante el olvido de la vida como lo más importante y valioso.
Inexplicable el dolor que se puede llegar a sentir al enterarte del asesinato de los tres adolescentes judíos israelíes secuestrados. Explicarle al ser humano promedio cómo se puede llorar amargamente la muerte de un desconocido. Un crimen que nos une a todos los judíos del mundo, sabiendo que podría haber sido cualquiera de nosotros. Vergüenza de los que celebran este horror como símbolo del avance en su lucha, ¿qué acaso la lucha de uno es el exterminio del otro?
Vergüenza también la venganza. ¿Cómo no conmoverme por el horrible asesinato a un adolescente palestino quemado vivo? ¿Cómo no repudiarlo y condenarlo de manera pública, buscando enérgicamente mostrar un lado más humano ante tal salvajismo? ¿Cómo dedicar mis energías en deslegitimar a quienes buscan construir reflexiones que promuevan paz, convivencia y perdón? ¿Cuánta intolerancia encontramos en nuestras propias palabras?
Pero también, qué vergüenza todo el mal uso y la tergiversación que han hecho tantos medios chilenos y blogs internacionales, ciegamente ideologizados, para brotar el antisemitismo y el odio hacia Israel y el pueblo judío, partiendo una vez más por El Ciudadano, incrementando vergonzosamente el conflicto. ¿Cómo los supuestos “defensores de los DD.HH” sólo terminan en fomentar el odio entre los pueblos, en difamar palabras pacíficas por propaganda política, en desmedro del diálogo y el futuro entendimiento? ¿Cómo puedo querer ser el espacio de discusiones que lo único que promueven es que uno de los dos pueblos sea arrojado al mar?
Vergüenza la ignorancia de tantos chilenos que sólo son capaces de escribir “muerte a los judíos”, o señalar que a Hitler le faltó “completar su trabajo”. Que horrible y frustrante leer tanto antisemitismo en personas tan lejanas al conflicto en Medio Oriente, adoctrinadas por una ideología anti imperialista que idealiza al sionista como los nuevos nazis del siglo XXI. Vergüenza el nivel de mentiras y difamación que repiten. No somos nazis. En Israel, no existe ningún plan deliberado de exterminio al pueblo palestino como solución final al conflicto, ni campos de concentración o de torturas. No banalicemos a las víctimas del Holocausto con propaganda barata, no caigamos en las malas intenciones de sus autores, que sólo buscan la demonización de Israel, el sionismo y los judíos.
Todo este odio hacia lo judío se levanta oportunamente mientras se vive un vergonzoso espiral de violencia en Medio Oriente. Israel es sometido a una lluvia de cientos de cohetes del Hamas arrojados a diario, mientras que el Ejército de Israel, obligado a defender a sus ciudadanos, cae en la trampa del Hamas para bombardear Gaza con el iluso objetivo de debilitar el terrorismo, ganándose todo el repudio de la comunidad internacional embobada y alineada con la propaganda anti sionista. Sabemos que es una trampa, porque tenemos claro que invadir Gaza no debilitará al Hamas. Y el mundo también lo sabe, pero prefiere condenar al único estado judío del mundo, que contribuir en una real solución pacífica al conflicto, gozando los grupos terroristas y fundamentalistas islámicos de total impunidad.
Vergüenza que los chilenos desde tan lejos sólo sepamos arrojar cohetes, intensificando el odio y prendiendo aún más el conflicto. Tantos llaman a la destrucción, y tan pocos llaman a la paz y el entendimiento. Los jóvenes judíos en Chile llaman enérgicamente a exportar la paz, a apoyarse mutuamente ante la pérdida de vidas humanas, a comprendernos entre colonias hijas de la inmigración y la persecución, y a exportar una solución definitiva, haciendo mea culpas oponiéndonos a la venganza y el fanatismo, construyendo en conjunto un nuevo futuro para nuestra juventud, dejando de lado nuestros orgullos patrióticos y poniéndonos en el lugar del otro. Pero la dirigencia juvenil palestina en Chile sólo responde con una abierta invitación politizada a condenar las violaciones a los DD.HH, omitiendo completamente el actuar del Hamas y culpando de todo a Israel. Pero si los jóvenes palestinos fueran capaces de también realizar un mea culpa y condenar el actuar terrorista del Hamas, este grupo podría por fin perder el apoyo que lo soporta y se vería obligado a dejar de usar cobardemente a la población civil como escudos humanos.
¿Están siendo ciegos los jóvenes palestinos ante la propaganda anti sionista internacional que sólo busca deslegitimar el derecho a la existencia del único estado judío del mundo? ¿Estamos siendo ciegos los judíos frente a criticar las decisiones tomadas por el gobierno de Netanyahu y vernos obligados a justificar la invasión? ¿Están siendo ciegos todos los chilenos y ciudadanos del mundo ante el surgimiento de grupos fundamentalistas islámicos radicales y extremadamente violentos, en toda la región del Medio Oriente, disfrazando de voluntades populares y de alzamientos anti imperialistas hacia gobiernos autoritarios lo que en verdad son fanáticos religiosos armados que buscan perseguir, esclavizar y asesinar a cualquier ser humano que no pertenezca a su “Guerra Santa”?
No caigamos nunca en el error de pedir censura, de exigir debates a puertas cerradas, de optar por el silencio, limitar las posturas y eliminar el encuentro. Somos cientos de jóvenes judíos opinando activamente para construir una sociedad y un mundo más justos, convencidos que la diversidad sólo nos enriquece y fortalece. Las opiniones de nuestros columnistas sólo buscan representarse a sí mismos, como judíos, como jóvenes, como activistas y como humanos. No descansaremos hasta encontrar jóvenes palestinos que no tengan miedo a condenar el terrorismo del Hamas y que quieran acercarse verdaderamente hacia la paz, encontrándonos judíos y palestinos en un ambiente de convivencia y demostrándole a Chile y al mundo que juntos podemos construir otra realidad.
El Diario Judío es un espacio que tiene como objetivo precisamente el encuentro de narrativas entre los pueblos. Porque somos símbolo de una juventud judía pluralista, diversa y crítica, que creemos en el diálogo y la discusión como la única forma de generación de empatía entre las partes, la única forma en que los odios de siempre queden atrás y se produzca algún cambio al final. Las intenciones de paz están claras, y avanzaremos hacia el entendimiento sólo en la medida en que fomentemos más diálogo y más discusión.