InicioSalud Bienestar3ra parte:El cigarrillo te fuma la VIDA..TE DEJO UNA AYUDA!!
OJO CON REDUCIR EL CONSUMO
La mayoría de los fumadores opta por reducir su consumo de tabaco, o como primer paso antes de dejarlo del todo, o como forma de controlar el monstruito. Muchos médicos y especialistas aconsejan reducir el número de cigarrillos fumados para empezar el proceso de dejar de fumar.
Está claro que cuanto menos fumes mejor, pero es el peor de los métodos para iniciar el proceso de la retirada total. Cualquier intento de fumar menos te ata más y para más tiempo.
Se suele intentar fumar menos tras un intento fallido de dejarlo. Al cabo de unas horas o de unos días de abstinencia, el fumador dice algo así:
“Como no voy a poder soportar el no fumar nada, sólo fumaré en los momentos en que más me gusta, o me limitaré a diez diarios. Si me acostumbro a fumar diez al día, luego será fácil reducirlo más”.
Ahora empiezan a ocurrir cosas terribles:
0 El fumador tiene lo peor de ambos mundos. Está todavía enganchado con la nicotina, y mantiene vivos ambos monstruos —el del cuerpo y el de la mente.
0 Ahora se pasa la vida esperando el momento del próximo cigarrillo.
0 Antes de limitar su consumo, cuando necesitaba un cigarrillo, encendía uno y aliviaba al menos parcialmente el “mono”. Durante la mayor parte del tiempo está deseando fumar. Por su propia culpa, se vuelve depresivo y malhumorado.
0 Mientras fumaba los que quería, ni se daba cuenta de que fumaba la mayor parte de ellos. Era una actividad automática. Los únicos que creía disfrutar eran los que fumaba después de un tiempo de abstinencia: el primero de la mañana, el de después de comer.
Ahora que tiene que esperar una hora más entre cigarrillo y cigarrillo, disfruta de todos ellos. Cuanto más tiempo espera, mejor parece saber el cigarrillo, porque no se disfruta del sabor, sino del alivio del estado de ansiedad producido por la retirada de la droga. Cuanto más tiempo te obligas a sufrir, más disfrutas de cada cigarrillo.
La dificultad principal cuando se deja de fumar no es la adicción química: eso es fácil de vencer. Los fumadores están toda la noche sin fumar, y ni siquiera se despiertan. Muchos salen del dormitorio antes de encender el primer cigarrillo. Otros desayunan primero. Incluso hay los que esperan hasta llegar al trabajo.
Son capaces de estar diez horas sin fumar, y no parece importarles. Pero si tuvieran que estar diez horas sin fumar durante el día, se volverían locos.
Hay fumadores que se compran un coche nuevo y deciden no fumar en él. Van a los supermercados, los teatros, las consultas médicas, los hospitales, o a ver al dentista sin que les produzca grandes molestias. Muchos fumadores se abstienen de fumar cuando se ven rodeados de no fumadores. Hasta en el Metro londinense la gente está tranquila y no altera el orden; hay veces que la gente agradece la prohibición de fumar. Lo cierto es que los fumadores experimentan un placer secreto durante estos periodos de abstinencia obligada: les aviva la esperanza de que algún día se le quitarán las ganas.
El verdadero problema es el “lavado de cerebro”, la falsa ilusión de que el cigarrillo constituye algún tipo de ayuda o recompensa, y que la vida nunca podría ser igual sin él. En lugar de quitarte las ganas de fumar, lo único que consigues cuando te limitas el número de cigarrillos es hacerte inseguro y desgraciado, y convencerte d que lo que más apetece en este mundo es el próximo cigarrillo; que nunca serías feliz sin fumar.
No hay nada más patético que el fumador que intenta reducir su consumo. Cree, equivocadamente, que cuanto menos fuma, menos querrá fumar. Y es justo lo contrario, claro. Cuanto menos fuma, más tiempo tiene que aguantar el “mono”, más le gustan los cigarrillos, y peor le saben. Pero no por eso dejarás de fumar. El sabor nunca tuvo nada que ver. Si los fumadores fumasen porque les gustara el sabor, nadie fumaría más de un cigarrillo en su vida. ¿No te lo puedes creer? Vale. Vamos a discutirlo. ¿Cuál es el cigarrillo que peor sabe? Justo: el primero de la mañana, el que en invierno nos pone a toser. ¿Cuál suele ser el cigarrillo más apreciado por la mayoría de los fumadores? Sí señor, ¡el primero de la mañana! ¿Ahora puedes realmente creer que te lo fumas para disfrutar de su sabor y su olor? ¿No crees que una explicación más racional sería que en ese momento estás aliviando ocho o nueve horas de “mono”?
El reducir el consumo no sólo no funciona; es una forma de auténtica tortura. No funciona porque el fumador espera que si se acostumbra a fumar cada vez menos, al final lo podrá dejar por completo. No se da cuenta de que no es un “hábito”, que es una adicción, y una característica de las adicciones es que siempre van a más, nunca a menos. Entonces, para reducir su consumo y mantenerlo a un nivel que él considera “no peligroso” (otro concepto falso), el fumador tiene que hacer un gran esfuerzo de voluntad durante el resto de sus días.
Vuelvo a repetir que la dificultad no está en la adicción a la nicotina, que es bastante fácil de vencer. El problema está en la equivocada creencia de que el tabaco produce algún tipo de placer. Esta creencia empieza con el “lavado de cerebro” que recibimos antes de empezar a fumar, y luego se ve reforzada por nuestra propia adicción. Si intentas reducir el consumo refuerzas todavía más la ilusión, porque entonces empiezas a pensar que lo más apetecible en este mundo es el próximo cigarrillo.
Como ya he dicho, el reducir el consumo no puede funcionar de ninguna forma, porque dependerás de tu fuerza de voluntad durante el resto de la vida. Si no tenías voluntad suficiente para dejarlo por completo, no la vas a tener para reducir el número de cigarrillos. De los dos “males”, lo más fácil (y por mucho) es dejarlo.
Conozco literalmente miles de casos de fracaso en el intento de reducir el consumo. Los pocos casos en los que se ha podido conseguir son en los que el fumador reduce su consumo durante un tiempo corto, para luego “mojarse” dejando el tabaco por completo. En esto no le ha ayudado en absoluto la reducción previa, sino todo lo contrario.
Cualquier intento fallido deja al fumador hecho un desastre psicológicamente, más convencido que nunca de que está enganchado para el resto de la vida. El efecto suele ser suficientemente fuerte para impedir que vuelva a intentarlo en un periodo de cinco o seis años.
Sin embargo, los intentos de reducir el consumo sí ayudan, como ejemplos que demuestran lo absurdo que es el hábito de fumar: demuestran claramente que sólo se disfruta de los cigarrillos después de un periodo de abstinencia. O sea, que tienes que darte con la cabeza contra un muro de piedra para poder disfrutar de la sensación de dejar de hacerlo.
Entonces, tienes estas opciones:
0 Reducir el consumo y mantenerlo bajo para el resto de la vida. Es una tortura autoimpuesta, y de todas formas no vas a poder mantenerlo.
0 Seguir asfixiándote hasta que te mueras. ¿Eso para qué sirve?
0 Hacerte un favor ti mismo, dejándolo.
Otra cosa importante que queda demostrada por la imposibilidad de reducir el consumo es que no existe eso de “un cigarrillo de vez en cuando”. El tabaco crea una reacción en cadena que durará toda tu vida, a menos que hagas un esfuerzo positivo y la rompas.
ACUÉRDATE: SI FUMAS MENOS SUFRIRÁS MÁS

SÓLO UN CIGARRILLO
Tienes que quitarte de la mente eso de “Sólo un cigarrillo”. Es precisamente “un sólo cigarrillo” lo que nos hace empezar a fumar.
Es “un sólo cigarrillo” para consolarnos cuando estamos pasando una mala racha o en alguna ocasión especial lo que nos hace fracasar en nuestros intentos de dejarlo.
Es “un sólo cigarrillo” lo que hace saltar la trampa otra vez y vuelve a pillar a los que habían conseguido vencer la adicción. A veces se fuma ese cigarrillo para demostrar que uno ya no necesita el tabaco, y es exactamente eso lo que hace: sabe fatal y convence al fumador de que ha podido con el hábito, cuando en realidad lo que ha conseguido es volverse a enganchar.
A muchos fumadores les entra el miedo a dejar de fumar cuando piensan en ese cigarrillo tan especial: el primero de la mañana o el de después de comer.
Créetelo: no se puede hablar de “un sólo cigarrillo”. Es una reacción en cadena, y tienes que romperla.
El mito del cigarrillo especial, en ciertos momentos especiales, es lo que hace que algunos se depriman cuando dejan de fumar. Hay que acostumbrarse a la idea de que no se puede pensar en ese cigarrillo especial, o ese paquete especial, es pura fantasía. Cuando pienses en el fumar, piensa en una vida entera llena de suciedad, piensa que te gastas una pequeña fortuna para tener el privilegio de poder destruirte física y mentalmente; una vida entera de esclavitud, de mal aliento, todas esas cosas.
Es una lástima que no haya ningún producto que podamos usar en algunos momentos, tanto buenos como malos, para estimularnos o proporcionarnos placer. Lo que está claro es que el tabaco no sirve para eso. Tienes que optar: o una vida entera de sufrimientos, o ningún sufrimiento en absoluto. No se te ocurriría tomar cianuro porque te gusta el sabor a almendra amarga, ¿verdad? Entonces, no te castigues pensando en “un cigarrillo o un puro de vez en cuando”.
Otra cosa interesante es cuando le preguntas a un fumador: “Si pudieras volver a los tiempos de tu juventud, antes de que te enganchases, ¿volverías a hacerte fumador?” Siempre contestan: “Bromeas, ¿verdad?”. Sin embargo, todos los fumadores tienen esa posibilidad todos los días de su vida. ¿Por qué no la aprovechan? Por miedo. Miedo a no poder vivir sin tabaco, miedo a no poder dejarlo.
No te engañes: tú lo puedes hacer, lo puede hacer cualquiera, es absurdamente fácil.
Para que sea fácil dejar de fumar hay que entender ciertos conceptos fundamentales. Ya hemos visto tres de ellos:
0 No se hace ningún sacrificio. Sólo hay beneficios, y son maravillosos.
0 No se puede pensar en “un cigarrillo de vez en cuando”. O se fuma toda la vida (una vida de suciedad y enfermedad) o no se fuma.
0 Tú no eres diferente: cualquier fumador puede dejarlo con facilidad.



LOS FUMADORES OCASIONALES; LOS JÓVENES; LOS NO FUMADORES
Los que fuman mucho tienden a envidiar a los fumadores ocasionales. No hay que pensar así; en cierto modo, el fumador ocasional está más enganchado (y sufre más) que el que fuma mucho. Es cierto que corre menos riesgos con su salud, y que gasta menos dinero. Pero en otros aspectos está mucho peor.
Recuerda que a nadie le gusta fumar; sólo se disfruta de aliviar el “mono”. La tendencia natural en una drogadicción es de aliviar el “mono” al máximo: de fumar constantemente.
Hay tres factores que nos impiden fumar sin parar:
0 DINERO: La mayoría no se lo puede permitir.
0 SALUD: Para aliviar el “mono”, tenemos que ingerir un producto venenoso. La capacidad de resistencia al veneno varía de persona en persona, y según la situación. Existe un freno automático fisiológico.
0 DISCIPLINA: La disciplina impuesta por la sociedad, por el oficio, por la familia y los amigos, o por el mismo fumador mientras lucha con su sentimiento de culpabilidad.
Ahora es buen momento para entrar en unas cuantas definiciones.
0 NO FUMADOR: Alguien que nunca ha caído en la trampa. No debe congratularse. Sólo son no fumadores porque Dios lo ha querido así. Todos los fumadores estaban convencidos de que nunca se engancharían. También resulta patético ver cómo algunos no fumadores vuelven a intentar acostumbrarse de vez en cuando.
0 FUMADOR OCASIONAL: Aquí tenemos dos clasificaciones básicas:
1 El fumador que ha caído en la trampa y no se da cuenta. No le tengas envidia. Está en el primer peldaño de la escalera, y de pronto llegará a fumar en serio. Recuerda que tú también empezaste siendo un fumador ocasional.
1 El fumador que fumaba mucho y cree que no lo puede dejar. Éste es el que más lástima da. Hay varias categorías, que debemos examinar más detalladamente:
EL QUE SE LIMITA A CINCO CIGARRILLOS AL DÍA:
Si les gusta fumar, ¿por qué se limitan a cinco diarios?. Si son capaces de tomarlo o dejarlo, ¿por qué se empeñan en fumar? Recuerda que el hábito es como darte constantemente con la cabeza contra un muro para poderte relajar cuando dejas de hacerlo. El que sólo fuma cinco cigarrillos al día sólo se alivia el “mono” durante menos de una hora cada día. El resto del día, aunque él no se dé cuenta, está dando cabezazos contra el muro, y sigue haciéndolo casi toda su vida. Sólo fuma cinco al día o porque no tiene dinero para más o porque le dan miedo los riesgos para su salud. Es fácil convencer al gran fumador de que en el fondo no le gusta fumar, pero es casi imposible convencer al que fuma muy poco. Todos los que hemos intentado alguna vez reducir nuestro consumo sabemos lo que se sufre, y también sabemos que es una forma de asegurar que te enganches para siempre.
EL QUE FUMA SÓLO POR LA MAÑANA O POR LA TARDE.
Se castiga a sí mismo, padeciendo el “mono” durante la mitad del día, y aliviándolo durante la otra mitad.
Pregúntale por qué, si le gusta fumar, no fuma todo el día, y por qué, si no le gusta, se empeña en seguir fumando.
EL DE “SEIS MESES SÍ, SEIS MESES NO”:
(También se les conoce por “Puedo dejarlo cuando quiero, ya lo he hecho montones de veces”). Si les gusta fumar, ¿por qué lo dejan durante seis meses?. Si no les gusta, ¿por qué vuelven a empezar?. Lo que ocurre es que al cabo de los seis meses están todavía enganchados. Logran vencer la adicción física, pero se les queda el problema principal, el “lavado de cerebro”. En realidad, cada vez que lo dejan esperan que sea para siempre, pero vuelven a caer en la trampa.
EL FUMADOR QUE “SÓLO FUMA EN CIERTOS MOMENTOS ESPECIALES”:
Sí, eso es algo que todos hemos hecho al principio, pero es curioso ver como el número de “momentos especiales” parece ir en aumento, y como de repente resulta que todos los momentos son especiales.
EL QUE DICE: “YA LO HE DEJADO PERO DE VEZ EN CUANDO ME FUMO UN PURO O UN PITILLO”:
En cierta manera, éstos son los más patéticos de todos. O se pasan la vida sintiendo que les falta algo, o bien (y es lo más frecuente) ese purito “de vez en cuando” se convierte en dos. Están en una pendiente resbaladiza, y sólo pueden ir en un sentido, HACIA ABAJO. Antes o después vuelven a ser grandes fumadores. Han vuelto a caer en la misma trampa que les había pillado al principio.
No envidies a los fumadores ocasionales, porque dan pena.
Hace poco tuve un caso, de un hombre que fumaba cinco cigarrillos diarios. Empezó por teléfono. Me dijo, con voz ronca: “Señor Carr, lo único que quiero es dejar de fumar antes de morirme”. Me describió su vida:
“Tengo 61 años. El tabaco me ha producido cáncer de garganta. Ya no puedo físicamente con más de cinco cigarrillos al día”.
“Antes dormía bien toda la noche, pero ahora me despierto a todas horas, y sólo pienso en el tabaco. Aún mientras duermo, sueño con fumar.”
“No puedo fumar antes de las diez de la mañana. Me levanto a las cinco y me hago un montón de tazas de té. Mi mujer se levanta sobre las ocho, y como siempre estoy de tan mal humor, no me deja estar en casa. Me voy a mi invernadero, e intento hacer cositas allí, pero no pienso más que en fumar. A las nueve empiezo a liar el primer pitillo, y lo hago con mucho cuidado hasta que lo tengo perfectamente redondo. No es que tenga que ser perfecto, pero me da algo que hacer. Espero hasta las diez. Cuando llega la hora, me tiemblan las manos incontrolablemente. No enciendo el cigarrillo, porque si lo enciendo tengo que esperar tres horas hasta el siguiente. Al final lo enciendo, me tomo una calada, y lo apago. Continuando así, consigo que el cigarrillo me dure una hora. Me lo fumo hasta el último centímetro, y luego espero el momento de poder fumar otro”.
Además de estos problemas, el hombre tenía los labios llenos de quemaduras por apurar tanto sus cigarrillos. Probablemente estás imaginándote un pobre imbécil. No es así. Este hombre medía uno ochenta, había sido sargento en los Marines. Había sido deportista, y nunca había querido fumar. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno creía que el tabaco proporcionaba valor, y suministraba cigarrillos gratis a la tropa. A este hombre prácticamente le ordenaron engancharse. Se ha pasado el resto de la vida pagando dinero, subvencionando los impuestos de los demás, y le ha destruido física y mentalmente. Si fuese un animal, nuestra sociedad lo hubiera matado para que no sufriera. ¡Y seguimos permitiendo que los jóvenes sanos, fuertes y equilibrados se enganchen!.
A lo mejor crees que este caso es una exageración. En efecto, es extremo, pero no es único. Hay miles de historias parecidas. El hombre me confesó todos sus secretos, pero puedes tener la más absoluta seguridad de que muchos de sus amigos le envidiaban por sólo fumar cinco al día. Y si piensas que esto no te podría ocurrir a ti, DEJA DE ENGAÑARTE.
TE ESTÁ OCURRIENDO YA.
De todas formas, todos los fumadores son unos mentirosos consumados. Mientes incluso a ellos mismos; tienen que hacerlo. La mayoría de los “fumadores ocasionales” fuma bastante más de lo que dice. He tenido muchas conversaciones con los llamados “fumadores de cinco al día” en las que han fumado más de cinco cigarrillos delante de mí. Observa a los “fumadores ocasionales” en las reuniones sociales, en las fiestas o en las bodas. Estarán fumando sin parar como el mejor.
Sea como sea, convéncete de que no tienes que envidiar a los que fuman poco. No necesitas fumar, no es más que una ilusión. ¡La vida es infinitamente más dulce sin tabaco!.
Es notoriamente más difícil curar a los adolescentes, no porque les es más difícil dejarlo, sino porque están en la fase primaria de la enfermedad, y porque suponen erróneamente que habrán dejado de fumar de una manera automática antes de llegar a la segunda fase.
En especial quisiera advertir a los padres de niños que odian el tabaco que no tengan una falsa sensación de seguridad. Todos los niños odian el sabor y el olor del tabaco hasta que se enganchan. Tú también lo odiabas. Y que no te engañen las campañas anti-tabaco del gobierno. La trampa sigue siendo la misma que antes. Los niños saben que el tabaco mata, pero también saben que un cigarrillo no mata. Puede llegar un momento en que se dejen influenciar por la novia o el novio, por algún compañero de colegio o de trabajo. Sólo tienen que probar uno: les sabrá horrible, y se quedarán convencidos de que no se engancharán. Advierte a tus hijos de todos los peligros.

falta menos vamos por el post..4to !!!!!!!!! vamos no aflojen!!!!!!!
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