Los bad milk
-¿Me enteré que viajaste a Europa por primera vez? Contame dónde estuviste.
-En Madrid, Barcelona, París, Londres y Roma… realmente muy lindo, la pasé bárbaro.
-¿Qué? ¿No me digas que no se te ocurrió pasar por Leipzig?
-¿Mmm… Leipzig? No... no pasé por ahí.
-¡Ah, entonces no conocés Europa!
Esta conversación, que más de uno alguna vez debe haber escuchado o padecido personalmente, es una típica charla entre un simple mortal y un auténtico "mala leche".
(Sus opiniones van en itálica porque son unos torcidos del orto)
Considero a este último ese ser bien jodido que practica el "malalechismo", una frecuente disciplina que consiste en regocijarse ante la incomodad del otro. Obviamente en esta especialidad los hay tanto hombres como mujeres, profesionales y amateurs, quienes lo practican todos los días (muy común en los medios) y quienes ocasionalmente.
En el ejemplo que da comienzo a la nota, el tipito sabe –y no tiene dudas- que en tu primer viaje por lo general vas a ir, de una, a las grandes ciudades porque eso es un clásico, lo habitual, lo que hace casi todo el mundo. Pero el guanaco te escupe donde se ve y tenés más limpio.
Es el mismo que si le decís que te regalaron la discografía completa de Sinatra te contesta con bastante suficiencia:
-Y sí, era bueno… pero no se puede comparar con Bennett.
Pedazo de guacho, cómo: “era bueno”. Todos sabemos que Tony es un cantante extraordinario… pero relativizar a Frankie, "la Voz", de ese modo superado sólo para fastidiar al otro, ¡nooooo!
Cuando algo te sale mal son los campeones mundiales del "me hubieras preguntado antes, si yo ya lo sabía".
Es aquel que te pregunta “cuánto te costó lo que llevás puesto” para automáticamente enrostrarte que él (o ella) lo pagó muchísimo más barato. El que si conocés una mina y te exhibís dulce y perdidamente enamorado, lo primero que le surge es:
-Te felicito che… pero esa ¿no era la que salió con Roberto, con el petiso de la farmacia y con el rengo Suárez?
En el fondo son envidiosos, una especie de resentidos sociales.
Como poseen muy poca vida propia, y ésta pasa siempre por la de los otros, te generan el deseo de que nuestra vida también pase por la de ellos...
pero desde arriba de un camión.
Otra más antes de terminar. Con bastante sacrificio, juntando mango por mango durante años, te comprás tu primer autito y vas contento a mostrárselo con entusiasmo (el auto, se entiende) a un sujeto de este tipo; el susodicho opina:
-Lindo... pero yo me hubiese comprado el dos puertas que tiene más onda.
Si tenés éxito sólo buscan o esperan tu fracaso. Son realmente insoportables, unos bichos para mantener alejados porque ellos jamás van a considerar o tener en cuenta esa gran verdad que dice:
No hay peor asesino que el que mata un ilusión.
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