Los Montoneros nunca fueron la izquierda peronista
El Peronismo ha sido siempre un gran enigma, tanto para los
extranjeros como para los argentinos de pensamiento
extranjerizado. El problema que nos plantea el fenómeno que
se suele englobar (a veces exageradamente) en el término
"montonerismo" solamente se puede entender planteándonos
cuál es, en general y en especial en el caso del peronismo,
la diferencia entre el “izquierdismo” (entendido como un
conjunto de posiciones progresistas e incluso
revolucionarias en lo conceniente a lo social y político) y
la "izquierda" (entendiendo por tal la representación de las
mejores tendencias y potencialidades de la clase
trabajadora.
Qué eran y qué no eran los Montoneros.
Frente al equívoco que asigna a los montoneros un carácter
básicamente obrero y revolucionario (muy extendido tanto
dentro de la Argentina como en el exterior), es importante
destacar que ni por su composición social ni por su
ideología dominante podían caracterizarse como tales, aún
cuando hubo grupos de trabajadores con fuerte voluntad
revolucionaria y democrática, como la Juventud Trabajadora
Peronista, o viejos dirigentes sindicales -como Framini- que
compartieron sus puntos de vista por un tiempo en algunos
casos bastante prolongado.
El carácter de clase de un movimiento politico, sin embargo,
no puede ser definido solamente por su constitución social
fenoménica, inmediata (de ser así, el peronismo debería
haber sido un movimiento socialista de base proletaria y
Perón un Lenin rioplatense). Aún cuando los Montoneros
hubiesen tenido una composición abrumadoramente obrera (de
lo cual estaban muy, muy lejos), la única forma de medirlos
son su ideología y su práctica. A eso me remito en lo que
sigue.
Los montoneros eran mayormente un fenómeno básicamente
pequeño burgués. En cierto sentido puede decirse que fueron
el resultado final de las políticas oligárquicas impuestas
en 1955. En ese año, en efecto, la oligarquía recompensó a
la pequeño burguesía argentina con una serie de beneficios a
cambio del apoyo que brindó al golpe fusilador anti-
peronista (es decir, antiobrero). Pero el régimen
oligárquico -cuyo efecto "macro" permanente era la
progresiva asfixia de la economía argentina- no permitió
mantener las condiciones que aseguraban la estabilidad de
esta alianza, y en 1966 -con el golpe de Onganía- cortó todo
vínculo entre las clases medias y el “partido militar” que
desde 1955 había constituido el "partido" más poderoso del
bloque dirigente.
Esto condujo a un estado silencioso de creciente
descontento, que estalló en las movilizaciones de fines de
los 60 y principios de los 70 que pusieron fin al régimen
66. En esas movilizaciones, los trabajadores y la pequeña
burguesía actuaron conjuntamente contra el gobierno
oligárquico-imperialista, y pareció germinar finalmente la
semilla de una nueva alianza entre estas dos clases sociales
fundamentales para una revolución en la Argentina.
Pero esta alizanza podía solamente haber crecido en el marco
que sólo podía ser provisto por una reformulación socialista
del frente nacional. El peronismo era totalmente incapaz de
proveer el terreno para que estos árboles creciesen.
Los Montoneros eran la expresión natural de la bronca de la
pequeño burguesía, algo que ayuda a entender por qué estaban
formados por una coalición de la más variadas tendencias,
que van desde los ex oligarcas desclasados semi-fascistas de
las bandas de Tacuara (como Galimberti) a antiguos miembros
de los partidos Socialista y Comunista (como Roberto Quieto
o uno de los mártires de la masacre de Trelew, Marcos
Osatinsky)
Cuanto existiera entre ambos extremos podía encontrarse en
Montoneros, ya que su origen era tan "imperfecto" y "lodoso"
como podía serlo en una pequeño burguesía que, sólo cinco
años atrás, estaba apoyando al fraudulento Illia contra los
proscriptos candidatos peronistas.
Por supuesto, muchos jóvenes peronistas e hijos de familias
peronistas (generalmente trabajadores, aunque buena parte de
ellos incorporados a la clase media a través de la educación
y la corriente de ascenso social de los ’50 y ’60) se
sintieron atraídos por los Montoneros, no tanto porque
apoyaran su intento de suplantar a Perón en la conducción
del movimiento, sino porque estaban ansiosos de dar “la
vida por Perón”, y la mitología de los grupos armados
ofreció un buen terreno donde materializar esta aspiración a
una muerte noble.
Muchos jóvenes trabajadores peronistas, por otro lado,
llevaban adelante una compleja batalla contra las
estructuras burocráticas de los sindicatos. Parecería como
si ellos hubieran estado a la “izquierda” del peronismo,
lo cual hubiese sido rigurosamente cierto si no fuera por
que en su lucha cruzaron la frontera de la cual no se
regresaba al peronismo, la línea que fijaba la confrontación
con su líder: Perón había descubierto mucho antes la
corriente antiperonista que subyacía a las consignas en su
favor que atronaban las acciones de masas de los Montoneros,
esos mismos hacia quienes se habían vuelto los trabajadores
en la lucha contra la alta burocracia sindical{1}. Después
de tal descubrimiento, entendió que debía recostarse en su
ala "derecha” para llamar a orden a esta masa desacatada de
“izquierdistas", y por supuesto lo hizo tan brutalmente
como se había acostumbrado a hacerlo a lo largo de décadas
de omnipotencia, tanto en el período 1945/55 como en el
posterior exilio.
No fue la primera vez que brotaba la aspiración de un
"peronismo sin Perón ": El ejemplo de Vandor, sólo una
década antes, estaba todavía presente. Para mediados de los
’60, y con un guiño de los gobiernos oligárquicos, Vandor
había intentado arrancarle a Perón el liderazgo del
peronismo, para suplantarlo él con su CGT. Perón lo aplastó
despiadadamente, no porque Vandor fuese un burócrata (aunque
no era tan burócrata como muchos de los que lo siguieron,
acordaron con él y de algún modo fueron su continuadores)
sino porque trató de crear un peronismo que se desentendiera
del asunto central en la política argentina: que Perón no
podía volver al país, y que los peronistas no podían votar
por su candidato.
Los Montoneros se autodefinieron “anti-Vandoristas”,
porque sus cuadros de clase obrera estaban contra la
burocracia, y de esta manera representaron una de las más
importantes tendencias hacia el socialismo en la clase
trabajador. Pero -sin saberlo- se habían transformado en la
nueva generación vandorista cuando acariciaron el mismo
sueño de un "peronismo sin Perón".
Ahora bien, si queremos entender el papel que cumplieron los
montoneros dentro del peronismo esta consideración es la más
importante. Al fin de cuentas, ellos eran tan elitistas como
sus padres habían sido. La dirigencia montonera despreció,
tanto como lo había hecho la generación pequeñoburguesa
precedente, los deseos de las masas. No en forma directa, no
concientemente, pero sí en el sentido de que cuando esos
deseos corrieron contra sus construcciones mentales (por
ejemplo cuando las masas querían que se le permita a Perón
gobernar en paz) se ilegalizaron a sí mismos (¡Sí, en
serio!) y comenzaron una carrera sin fin de provocaciones
que ayudaron al bloque reaccionario dentro del ejército a
recuperar el terreno que había perdido en los años que
precedieron a 1973. Como consecuencia adicional, y tremenda,
los cuadros obreros que se habían recostado en los
Montoneros se vieron de esta manera involucrados en la
preparación y participación de "acciones armadas", que los
separaron de los mejores trabajadores de sus lugares de
trabajo.
Esto resultó ser una tragedia, poque si bien pudo haber
sucedido que estos jóvenes dirigentes obreros giraran hacia
una posición socialista (como la de la Izquierda Nacional o,
si la IN estaba equivocada, al menos hacia la de la
izquierda antinacional y antiperonista), con lo cual se
hubiera generado una nueva promoción de dirigentes obreros,
lo que sucedió fue que los Montoneros y su Juventud
Trabajadora Peronista sirvieron solamente para que muchos
(si no la mayoría) de esos jóvenes líderes sindicales
permanecieran dentro de los límites inmovilizadores del
peronismo.
Ahora bien, dentro del peronismo no se podía desafiar a
Perón desde la izquierda jamás. Así, fueron forzados ya sea
a abandonar al peronismo concientemente -y a comenzar la
construcción de un nuevo partido (Perón en persona les
sugirió que tomaran este rumbo)- o bien a denunciar a Perón
como "traidor" y comenzar una lucha armada contra el Estado.
Ellos eligieron la segunda vía, algo que quizás fuera
inevitable.
¿Se puede llamar a eso una “izquierda”? No. Esto es
“izquierdismo”, y no más que eso. Y como "izquierdistas",
los Montoneros se condenaron a la siguiente disyuntiva:
1) o perdían su carácter masivo (lo que sucedió
prontamente durante 1974 y 1975, y no a causa de las
bandas derechistas, ni siquiera MAYORMENTE a causa de
ellos, sino porque la masa de argentinos estaba contra
de los enfrentamientos armados contra el gobierno
electo, y que los montoneros nunca detuvieron aún
después de que Peron fuera elegido presidente),
o bien
2) se volvían una herramienta en las manos de la historia
–eso es en las manos de la desesperantemente inelástica
estructura social argentina- e inconcientemente
comenzaban a trabajar para que la crisis de principios
de los '70 tuviera una salida reaccionaria,
o bien, como finalmente ocurrió,
3) una combinación de ambas tragedias...
La izquierda real dentro del peronismo
Podemos entonces preguntarnos, si los Montoneros no eran
una verdadera izquierda dentro del peronismo, quíén,
aparte de Perón, podía aspirar a ese nombre. Existía
acaso algún tipo de facciones organizadas o de líderes
políticos que pudiesen ser identificados como la
izquierda del peronismo?
Deberíamos comenzar diciendo que el concepto básico es
que, dado que el peronismo era un régimen revolucionario
bonapartista con metas burguesas y electorado obrero, no
podía haber ninguna IZQUIERDA INDEPENDIENTE dentro del
peronismo. Perón era su propia y única izquierda. El
representaba los deseos y voluntades de los trabajadores
argentinos de un modo directo, casi sin intermediarios.
Esto -que no entendían los Montoneros- estaba muy claro
para la oligarquía, los militares imperialistas y
políticos de 1955, aquellos cuya ala más progresista (los
“azules” estaba dispuesta a aceptar la integración del
peronismo en el escenario político argentino, pero solo
si los dirigentes aceptaban la proscripción de Perón.
Este idea de que alejando a Perón del país se cortaría su
vínculo con las masas populares fue, en realidad, uno de
los tantos errores del bloque oligárquico de 1955. Fue
golpeada, pero no eliminada.
Pero volviendo a la pregunta sobre la izquierda en el
peronismo, quizás podríamos identificar como algo muy
parecido a eso lo que en su momento fueron los grupos de
Peronismo de Base. Y tuvieron un rol importante en la CGT
de los Argentinos, que confrontó a la “CGT oficial” en
la última etapa de los años 60 y principio de los 70. No
obstante, fueron reducidos a la impotencia -también
ellos- por su solemne lealtad peronista, con la
consecuencia de negarse a analizar seriamente las
consecuencias del liderazgo burgués de su movimiento.
Más aún, uno podría en un arrebato de entusiasmo definir
al Peronismo de Base como “casi” socialistas. Pero eran
“casi” socialistas porque eran activamente anti-
socialistas. Eran activamente peronistas, sus cerebros
trabajaban duro, día y noche, para “mantenerse”
peronistas. Así, constituyeron la izquierda con menos
voluntad que uno podía haber encontrado jamás. El
Peronismo de Base fue una página brillante en los anales
de la clase trabajadora argentina, pero se demostró
yerto, como todo intento de evasión de la historia ha
siempre demostrado ser.
Así que la real izquierda dentro del peronismo fueron los
grandes pensadores y ensayistas nacionales. El primero de
ellos, Arturo Jauretche. Y detrás de él una muchedumbre
de grandes revolucionarios (Hernández Arregui, Puiggrós,
Scalabrini Ortiz, y muchos otros) a los que NUNCA les fue
permitido volverse una opción política. Ni Perón ni los
Montoneros ni tampoco los peronistas de filas estuvieron
dispuestos a seguirlos como dirigentes, aunque por
supuesto sus libros eran devorados con avidez por la
juventud de clase media de los sesenta y setenta que los
tomaba como mentores intelectuales. En mi opinión, lo
que pasa es que de alguna manera sentían íntimamente que
si seguían a esos intelectuales y llevaban hasta las
últimas consecuencias las ideas expuestas en sus
escritos, se verían forzados a abandonar el peronismo y
construir algo nuevo, más audaz y revolucionario.
No es azar del destino que nosotros, en el Partido de la
Izquierda Nacional, hayamos nombrado nuestros centros
culturales como Arturo Jauretche, quien nunca perteneció
a nuestra corriente, pero quien ya en 1964 declaró que el
peronismo del 45 al 55 era el “ensayo general” y que lo
nuevo era algo más audaz que debía ser construido.
Ni tampoco lo es el despectivo "siempre fue un Radical"
Carlos Menem lo definiera alguna vez.
El Peronismo ha sido siempre un gran enigma, tanto para los
extranjeros como para los argentinos de pensamiento
extranjerizado. El problema que nos plantea el fenómeno que
se suele englobar (a veces exageradamente) en el término
"montonerismo" solamente se puede entender planteándonos
cuál es, en general y en especial en el caso del peronismo,
la diferencia entre el “izquierdismo” (entendido como un
conjunto de posiciones progresistas e incluso
revolucionarias en lo conceniente a lo social y político) y
la "izquierda" (entendiendo por tal la representación de las
mejores tendencias y potencialidades de la clase
trabajadora.
Qué eran y qué no eran los Montoneros.
Frente al equívoco que asigna a los montoneros un carácter
básicamente obrero y revolucionario (muy extendido tanto
dentro de la Argentina como en el exterior), es importante
destacar que ni por su composición social ni por su
ideología dominante podían caracterizarse como tales, aún
cuando hubo grupos de trabajadores con fuerte voluntad
revolucionaria y democrática, como la Juventud Trabajadora
Peronista, o viejos dirigentes sindicales -como Framini- que
compartieron sus puntos de vista por un tiempo en algunos
casos bastante prolongado.
El carácter de clase de un movimiento politico, sin embargo,
no puede ser definido solamente por su constitución social
fenoménica, inmediata (de ser así, el peronismo debería
haber sido un movimiento socialista de base proletaria y
Perón un Lenin rioplatense). Aún cuando los Montoneros
hubiesen tenido una composición abrumadoramente obrera (de
lo cual estaban muy, muy lejos), la única forma de medirlos
son su ideología y su práctica. A eso me remito en lo que
sigue.
Los montoneros eran mayormente un fenómeno básicamente
pequeño burgués. En cierto sentido puede decirse que fueron
el resultado final de las políticas oligárquicas impuestas
en 1955. En ese año, en efecto, la oligarquía recompensó a
la pequeño burguesía argentina con una serie de beneficios a
cambio del apoyo que brindó al golpe fusilador anti-
peronista (es decir, antiobrero). Pero el régimen
oligárquico -cuyo efecto "macro" permanente era la
progresiva asfixia de la economía argentina- no permitió
mantener las condiciones que aseguraban la estabilidad de
esta alianza, y en 1966 -con el golpe de Onganía- cortó todo
vínculo entre las clases medias y el “partido militar” que
desde 1955 había constituido el "partido" más poderoso del
bloque dirigente.
Esto condujo a un estado silencioso de creciente
descontento, que estalló en las movilizaciones de fines de
los 60 y principios de los 70 que pusieron fin al régimen
66. En esas movilizaciones, los trabajadores y la pequeña
burguesía actuaron conjuntamente contra el gobierno
oligárquico-imperialista, y pareció germinar finalmente la
semilla de una nueva alianza entre estas dos clases sociales
fundamentales para una revolución en la Argentina.
Pero esta alizanza podía solamente haber crecido en el marco
que sólo podía ser provisto por una reformulación socialista
del frente nacional. El peronismo era totalmente incapaz de
proveer el terreno para que estos árboles creciesen.
Los Montoneros eran la expresión natural de la bronca de la
pequeño burguesía, algo que ayuda a entender por qué estaban
formados por una coalición de la más variadas tendencias,
que van desde los ex oligarcas desclasados semi-fascistas de
las bandas de Tacuara (como Galimberti) a antiguos miembros
de los partidos Socialista y Comunista (como Roberto Quieto
o uno de los mártires de la masacre de Trelew, Marcos
Osatinsky)
Cuanto existiera entre ambos extremos podía encontrarse en
Montoneros, ya que su origen era tan "imperfecto" y "lodoso"
como podía serlo en una pequeño burguesía que, sólo cinco
años atrás, estaba apoyando al fraudulento Illia contra los
proscriptos candidatos peronistas.
Por supuesto, muchos jóvenes peronistas e hijos de familias
peronistas (generalmente trabajadores, aunque buena parte de
ellos incorporados a la clase media a través de la educación
y la corriente de ascenso social de los ’50 y ’60) se
sintieron atraídos por los Montoneros, no tanto porque
apoyaran su intento de suplantar a Perón en la conducción
del movimiento, sino porque estaban ansiosos de dar “la
vida por Perón”, y la mitología de los grupos armados
ofreció un buen terreno donde materializar esta aspiración a
una muerte noble.
Muchos jóvenes trabajadores peronistas, por otro lado,
llevaban adelante una compleja batalla contra las
estructuras burocráticas de los sindicatos. Parecería como
si ellos hubieran estado a la “izquierda” del peronismo,
lo cual hubiese sido rigurosamente cierto si no fuera por
que en su lucha cruzaron la frontera de la cual no se
regresaba al peronismo, la línea que fijaba la confrontación
con su líder: Perón había descubierto mucho antes la
corriente antiperonista que subyacía a las consignas en su
favor que atronaban las acciones de masas de los Montoneros,
esos mismos hacia quienes se habían vuelto los trabajadores
en la lucha contra la alta burocracia sindical{1}. Después
de tal descubrimiento, entendió que debía recostarse en su
ala "derecha” para llamar a orden a esta masa desacatada de
“izquierdistas", y por supuesto lo hizo tan brutalmente
como se había acostumbrado a hacerlo a lo largo de décadas
de omnipotencia, tanto en el período 1945/55 como en el
posterior exilio.
No fue la primera vez que brotaba la aspiración de un
"peronismo sin Perón ": El ejemplo de Vandor, sólo una
década antes, estaba todavía presente. Para mediados de los
’60, y con un guiño de los gobiernos oligárquicos, Vandor
había intentado arrancarle a Perón el liderazgo del
peronismo, para suplantarlo él con su CGT. Perón lo aplastó
despiadadamente, no porque Vandor fuese un burócrata (aunque
no era tan burócrata como muchos de los que lo siguieron,
acordaron con él y de algún modo fueron su continuadores)
sino porque trató de crear un peronismo que se desentendiera
del asunto central en la política argentina: que Perón no
podía volver al país, y que los peronistas no podían votar
por su candidato.
Los Montoneros se autodefinieron “anti-Vandoristas”,
porque sus cuadros de clase obrera estaban contra la
burocracia, y de esta manera representaron una de las más
importantes tendencias hacia el socialismo en la clase
trabajador. Pero -sin saberlo- se habían transformado en la
nueva generación vandorista cuando acariciaron el mismo
sueño de un "peronismo sin Perón".
Ahora bien, si queremos entender el papel que cumplieron los
montoneros dentro del peronismo esta consideración es la más
importante. Al fin de cuentas, ellos eran tan elitistas como
sus padres habían sido. La dirigencia montonera despreció,
tanto como lo había hecho la generación pequeñoburguesa
precedente, los deseos de las masas. No en forma directa, no
concientemente, pero sí en el sentido de que cuando esos
deseos corrieron contra sus construcciones mentales (por
ejemplo cuando las masas querían que se le permita a Perón
gobernar en paz) se ilegalizaron a sí mismos (¡Sí, en
serio!) y comenzaron una carrera sin fin de provocaciones
que ayudaron al bloque reaccionario dentro del ejército a
recuperar el terreno que había perdido en los años que
precedieron a 1973. Como consecuencia adicional, y tremenda,
los cuadros obreros que se habían recostado en los
Montoneros se vieron de esta manera involucrados en la
preparación y participación de "acciones armadas", que los
separaron de los mejores trabajadores de sus lugares de
trabajo.
Esto resultó ser una tragedia, poque si bien pudo haber
sucedido que estos jóvenes dirigentes obreros giraran hacia
una posición socialista (como la de la Izquierda Nacional o,
si la IN estaba equivocada, al menos hacia la de la
izquierda antinacional y antiperonista), con lo cual se
hubiera generado una nueva promoción de dirigentes obreros,
lo que sucedió fue que los Montoneros y su Juventud
Trabajadora Peronista sirvieron solamente para que muchos
(si no la mayoría) de esos jóvenes líderes sindicales
permanecieran dentro de los límites inmovilizadores del
peronismo.
Ahora bien, dentro del peronismo no se podía desafiar a
Perón desde la izquierda jamás. Así, fueron forzados ya sea
a abandonar al peronismo concientemente -y a comenzar la
construcción de un nuevo partido (Perón en persona les
sugirió que tomaran este rumbo)- o bien a denunciar a Perón
como "traidor" y comenzar una lucha armada contra el Estado.
Ellos eligieron la segunda vía, algo que quizás fuera
inevitable.
¿Se puede llamar a eso una “izquierda”? No. Esto es
“izquierdismo”, y no más que eso. Y como "izquierdistas",
los Montoneros se condenaron a la siguiente disyuntiva:
1) o perdían su carácter masivo (lo que sucedió
prontamente durante 1974 y 1975, y no a causa de las
bandas derechistas, ni siquiera MAYORMENTE a causa de
ellos, sino porque la masa de argentinos estaba contra
de los enfrentamientos armados contra el gobierno
electo, y que los montoneros nunca detuvieron aún
después de que Peron fuera elegido presidente),
o bien
2) se volvían una herramienta en las manos de la historia
–eso es en las manos de la desesperantemente inelástica
estructura social argentina- e inconcientemente
comenzaban a trabajar para que la crisis de principios
de los '70 tuviera una salida reaccionaria,
o bien, como finalmente ocurrió,
3) una combinación de ambas tragedias...
La izquierda real dentro del peronismo
Podemos entonces preguntarnos, si los Montoneros no eran
una verdadera izquierda dentro del peronismo, quíén,
aparte de Perón, podía aspirar a ese nombre. Existía
acaso algún tipo de facciones organizadas o de líderes
políticos que pudiesen ser identificados como la
izquierda del peronismo?
Deberíamos comenzar diciendo que el concepto básico es
que, dado que el peronismo era un régimen revolucionario
bonapartista con metas burguesas y electorado obrero, no
podía haber ninguna IZQUIERDA INDEPENDIENTE dentro del
peronismo. Perón era su propia y única izquierda. El
representaba los deseos y voluntades de los trabajadores
argentinos de un modo directo, casi sin intermediarios.
Esto -que no entendían los Montoneros- estaba muy claro
para la oligarquía, los militares imperialistas y
políticos de 1955, aquellos cuya ala más progresista (los
“azules” estaba dispuesta a aceptar la integración del
peronismo en el escenario político argentino, pero solo
si los dirigentes aceptaban la proscripción de Perón.
Este idea de que alejando a Perón del país se cortaría su
vínculo con las masas populares fue, en realidad, uno de
los tantos errores del bloque oligárquico de 1955. Fue
golpeada, pero no eliminada.
Pero volviendo a la pregunta sobre la izquierda en el
peronismo, quizás podríamos identificar como algo muy
parecido a eso lo que en su momento fueron los grupos de
Peronismo de Base. Y tuvieron un rol importante en la CGT
de los Argentinos, que confrontó a la “CGT oficial” en
la última etapa de los años 60 y principio de los 70. No
obstante, fueron reducidos a la impotencia -también
ellos- por su solemne lealtad peronista, con la
consecuencia de negarse a analizar seriamente las
consecuencias del liderazgo burgués de su movimiento.
Más aún, uno podría en un arrebato de entusiasmo definir
al Peronismo de Base como “casi” socialistas. Pero eran
“casi” socialistas porque eran activamente anti-
socialistas. Eran activamente peronistas, sus cerebros
trabajaban duro, día y noche, para “mantenerse”
peronistas. Así, constituyeron la izquierda con menos
voluntad que uno podía haber encontrado jamás. El
Peronismo de Base fue una página brillante en los anales
de la clase trabajadora argentina, pero se demostró
yerto, como todo intento de evasión de la historia ha
siempre demostrado ser.
Así que la real izquierda dentro del peronismo fueron los
grandes pensadores y ensayistas nacionales. El primero de
ellos, Arturo Jauretche. Y detrás de él una muchedumbre
de grandes revolucionarios (Hernández Arregui, Puiggrós,
Scalabrini Ortiz, y muchos otros) a los que NUNCA les fue
permitido volverse una opción política. Ni Perón ni los
Montoneros ni tampoco los peronistas de filas estuvieron
dispuestos a seguirlos como dirigentes, aunque por
supuesto sus libros eran devorados con avidez por la
juventud de clase media de los sesenta y setenta que los
tomaba como mentores intelectuales. En mi opinión, lo
que pasa es que de alguna manera sentían íntimamente que
si seguían a esos intelectuales y llevaban hasta las
últimas consecuencias las ideas expuestas en sus
escritos, se verían forzados a abandonar el peronismo y
construir algo nuevo, más audaz y revolucionario.
No es azar del destino que nosotros, en el Partido de la
Izquierda Nacional, hayamos nombrado nuestros centros
culturales como Arturo Jauretche, quien nunca perteneció
a nuestra corriente, pero quien ya en 1964 declaró que el
peronismo del 45 al 55 era el “ensayo general” y que lo
nuevo era algo más audaz que debía ser construido.
Ni tampoco lo es el despectivo "siempre fue un Radical"
Carlos Menem lo definiera alguna vez.