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ESCUELA SUPERIOR DE PSICOLOGIA SOCIAL




VIOLENCIA INFANTIL





COORDINADORA: GRACIELA DRAGONETI


INTEGRANTES: MARILU LARROZA – JULIA CASTRO


FECHA DE ENTREGA: LUNES 29 DE JUNIO DEL 2009










Maltrato infantil

Al abordar el maltrato infantil se presentan diversos problemas:
-desconocimiento de la verdadera proporción de dicha problemática
-raíces culturales e históricas culturas
*Existen muy diversos tipos de maltrato infantil:
-maltrato físico
-negligencia
-abuso sexual
-maltrato emocional
-mendicidad
-corrupción
-explotación laboral
-maltrato PRE natal
-síndrome de Munchausen por poderes
-maltrato institucional

Actualmente vivimos inmersos en un ambiente lleno de violencia, situación de la que desafortunadamente no escapan los niños. El maltrato infantil ha llegado a ser un problema que se incrementa en forma alarmante. por esto es necesario difundir el conocimiento sobre este problema en todos los ambitos, con la finalidad de prevenirlo identificarlo e iniciar su abordaje terapeutico temprano, evitando de esta forma las consecuencias y los efectos tan intensos que tiene sobre el ser humano.
El maltrato infantil es un fenomeno que surge con el hombre, por lo que es tan antiguo como la humanidad . tambien es un problema universal .
Manterota afirma “el maltrato en los niños no es un mal de la opulencia ni de la carencia, sino una enfermedad de la sociedad” (*1)
Durante siglos la agresión al menor a sido justificada de distintas formas, se la a sacrificado para agradar a los dioses o para mejorar la especie, el infanticidio también fue una forma de eliminar a los niños con defectos físicos; durante el nazismo se ordenaba matarlos con el fin de alcanzar la supuesta pureza de la raza. O bien como una forma de imponer disciplina.

El sistema nacional para el desarrollo integral de la familia (DIF) define a los niños maltratados como :“Los menores de edad que enfrentan o sufren ocasionalmente , violencia física, emocional o ambas , ejecutadas por actos de acción u omisión, pero siempre en intencional, no accidental, por padres , tutores , custodios o personas responsables de ellos”.
El maltrato psicológico es “la conducta sostenida, repetitiva, persistente e inapropiada ( violencia domestica, insultos, actitud impredecible, mentiras, decepciones, explotación, maltrato sexual, negligencia y otras) que daña o reduce sustancialmente tanto el potencial creativo como el desarrollo de facultades y procesos mentales del niño(inteligencia, memoria, reconocimiento, percepción, atención, imaginación, aprendizaje y moral) que lo imposibilita a entender y manejar su medio ambiente , lo confunde y o atemoriza haciéndolo mas vulnerable e inseguro afectando adversamente su educación , bienestar general y vida social”(*2) “EL NIÑO MALTRATADO DE HOY ES EL ADULTO CONFLICTIVO DE MAÑANA”

Los estudios realizados en varios países señalan que el maltrato infantil es un problema multicausal, en el que intervienen las características del agresor, el agredido, el medio ambiente que los rodea y un estimulo disparador de la agresión.
Existe una estrecha relación entre los diferentes tipos de maltrato y el desarrollo biopsicosocial del niño. Se relaciona a esto con el abuso de sustancia toxica, delincuencia, criminalidad y los suicidios.
Existe un desajuste personal y social en estos niños. El abuso sexual se asocia con problemas de somatización, ansiedad, hostilidad, miedo, rechazo, depresión y desconfianza.

Una variable posible para revertir estos daños en el niño se debe requerir de un tratamiento integral no solo de la victima sino también de su agresor y de la familia, para lo cual es necesario un equipo multidisciplinarlo que se encargue de esta problemática y aborde los aspectos biológicos, psicológicos y legales pertinentes.
La terapia familiar este dirigido primero a reconocer el problema, establecer una adecuada comunicación entre los integrantes de la misma. Si la psicodinamia familiar esta muy alterada y no existen vínculos afectivos o están muy deteriorados lo mas conveniente es que el menor no regrese a su hogar por el riesgo de sufrir una nueva agresión.
La combinación de la terapia individual, conyugal y de grupo contribuye a generar auto aceptación, impulsando hacia el cambio.
Es necesario dar a conocer que no solo el trauma físico lesiona al niño, sino que también los otros tipos de maltrato, como el emocional, el psicológico y la negligencia, deterioran la personalidad del pequeño y de aquí la importancia de identificar cada uno de estos indicadores. Forma

Dentro de las diferentes formas de maltrato infantil tomamos para desarrollar:

Chicos de la calle


los llaman "los nuevos parias de la tierra". Estiman que hay 40 millones de niños en América latina viviendo en la calle o trabajando en ella. Es incuestionable que detrás de todo esto está la necesidad de sobrevivir, familias quebradas y la exclusión social.

En México, Bolivia, Perú y Ecuador trabajan el 20% de los niños menores de 14 años. En Brasil se estima que hay 2 millones de niños trabajando; en Argentina, 1.500.000; en Centroamérica, 1.300.000. Sus ingresos son misérrimos.

Los niños que viven en la calle en muchas ciudades de América latina duermen en edificios abandonados, debajo de puentes, en portales, parques, alcantarillas. Trabajan o son explotados como limpiaparabrisas, tragafuegos, recolectores de basura, mendigos. Su salud y nutrición son muy precarias y están indocumentados.

Son víctimas preferidas del comercio sexual, que ha ido creciendo. Ejemplos: las recientes denuncias sobre bandas de esclavitud sexual en la Capital Federal, y el intento de asesinar a una jueza que está investigando mafias dedicadas a la prostitución infantil en la provincia de Buenos Aires.

También ha crecido el tráfico de niños que son robados para el mercado sexual o la explotación. Según la ONU, la trata de personas es uno de los negocios del crimen en mayor expansión, y se ha elevado fuertemente en países como Colombia, Brasil y República Dominicana.

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En estas condiciones, vivir en la calle es casi vivir en el infierno. Y así lo testimonian recientes estudios sobre los altos niveles de depresión psíquica, búsqueda de salida a través de los pegamentos y otras drogas, y finalmente suicidios en esta población infantil desesperada.
Detrás de esta situación, que vulnera todas las convicciones éticas de nuestras sociedades, cuyas creencias religiosas y morales reclaman dar afecto y protección a los niños.
Estos niños están pagando los costos de políticas insensibles: la reducción de las coberturas sociales, la caída en la pobreza de muchas familias que antes pertenecían a la clase media, la polarización social.

Una sociedad que excluye y una familia desarticulada por estos impactos los empujaron fuera de todas las estructuras. Es muy cómodo llamarlos "niños de la calle", pareciera que es como si ellos hubieran decidido vivir en ella, y hay quienes calman su conciencia con esa racionalización. Las investigaciones indican lo contrario. Están allí porque han sido acorralados, casi expulsados por la sociedad y abandonados.

Se impone buscar salidas a esta situación éticamente intolerable. Hay quienes muestran el camino. UNICEF ha elevado continuamente a los gobiernos propuestas concretas, e indicado vías para financiarlas, entre ellas la reducción del gasto militar.

Organizaciones internacionalmente reconocidas como Casa Alianza y JUCONI (Junto con los niños) de México han mostrado que mediante programas orgánicos de protección, educación y reintegración familiar es posible rescatar a muchos de los niños. En la Argentina, entre otras instituciones ejemplares, Nuestros Hijos (Ieladeinu), de la comunidad judía, ha devuelto la dignidad y recuperado en poco tiempo a 300 niños en riesgo grave, y los voluntarios de otra ONG, "Las viejas del Andén", recorren diariamente las vías férreas y las estaciones de trenes en áreas del Gran Buenos Aires recogiendo y rehabilitando a los niños que viven en ellas.

Se impone la necesidad de políticas públicas agresivas en este campo crucial, el fortalecimiento de las organizaciones actuantes y la movilización de la sociedad civil.
Según estimaciones recientes, en la última década se han triplicado los niños de la calle en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Seguiremos viendo impasibles a los niños arriesgar su salud haciendo acrobacias en los semáforos, jugando con fuego por unas míseras monedas, o actuaremos colectivamente para devolverles la esperanza?



Una de las más penosas realidades sociales que afectan a nuestro país es la de los chicos de la calle. Muchos hablan de ella y muchos más se escandalizan por su subsistencia; sin embargo, y a pesar de las últimas novedades parlamentarias -la aprobación del proyecto de ley de protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes, siguen siendo escasas las acciones encaradas desde el Estado y desde el seno mismo de la sociedad, animadas por la positiva intención de encontrar remedios eficientes y soluciones viables.

Avergüenza enterarse de que sólo en la ciudad de Buenos Aires hay alrededor de 4000 criaturas de ambos sexos, la mayor parte procedentes del conurbano, incluibles en la denominada "situación de calle", frío tecnicismo que apenas disimula una inadmisible calidad de vida. Y que ese problema también se ha extendido a casi todas las principales ciudades del interior.

Existen varias modalidades de la genérica "situación de calle".
- Hay chicos que desconocen cualquier otra forma de vida y sobreviven a duras penas cobijándose como pueden en las estaciones del subte, en las terminales y playas de carga ferroviarias y en los zaguanes, si los dejan. Para ellos -abre puertas de autos en constante pugna con la competencia, suplicantes limpiadores de parabrisas, malabaristas a los apurones o lisos y llanos pedigüeños-, la calle se ha convertido en improvisado lugar de trabajo y no menos precarios dormitorio y comedor (cuando consiguen alimentos).

-Otros chicos callejean durante el día y vuelven a sus casas por la noche.
- Hay quienes lo hacen sólo dos o tres días por semana.
-Los chicos cartoneros acompañan -o no- a sus padres y pasan toda la jornada recolectando desperdicios.
-También están los que se inician en esta vida compartiendo la calle con la concurrencia a la escuela y el regreso a su hogar, para luego dejar poco a poco familia y colegio y terminar en plena "situación de calle"
Se encuentran expuestos a la explotación laboral y corren peligro de ser sometidos sexualmente mediante distintas formas de prostitución infantil, forzados a la mendicidad, sumergidos culturalmente y condenados a permanecer en el fondo de la sociedad por falta de educación. Sufren maltrato y abusos y se van deformando en el temor a la autoridad, en la cuasi ilegalidad y en la seguridad de que, hagan lo que hicieran, no podrán cambiar su penosa situación.

De allí al alcohol y a las drogas hay muy corto trecho. Finalmente, suelen caer en las redes de venta de narcóticos, que los utilizan como distribuidores, ya que por su edad no pueden ser condenados.

Un laberinto sin salida del cual sólo pueden ser salvados por la familia y por la escuela, instituciones en crisis merced a la acción interesada de quienes pretenden destruir a la primera y se olvidan de la existencia de la segunda.

El desempleo y la pobreza ahondan el problema. Uno y otra son responsables de la existencia de esos niños que suelen rendirse ante la oferta de tan sólo unas pocas monedas.

De tan reiteradas, esas hirientes escenas han terminado por anestesiar al grueso del cuerpo social, que ha perdido su capacidad de asombro u opta por los discursos esquizofrénicos sobre la Convención de los Derechos del Niño, la ley de la minoridad, las políticas sociales, el día del "juego del niño", que acaba de ser instituido y realizado, y otras maravillas declamatorias en franca contradicción con la cruda realidad y la falta de políticas operativas mínimas.

Si las estadísticas que se manejan son más o menos exactas, 4000 chicos en esas condiciones en apenas el ámbito metropolitano constituyen un gravísimo problema, pero su solución no es imposible.

Nosotros mismos, como integrantes de la sociedad, hemos olvidado al niño.
Familia, escuela y deporte son tres pilares esenciales para rescatar definitivamente de las calles a la niñez desamparada. Nada se resuelve confinando al niño en un instituto en el que ingresa por una contravención menor para salir en condiciones de incurrir en delitos mayores. La solución no pasa, pues, por un castigo más o menos velado, sino por la vida en el seno de la familia, la concurrencia a la escuela y la actividad deportiva, bajo la tutela de organismos responsables y capacitados.

Si no somos capaces de encarar y desarrollar esas políticas dictadas por el sentido común y la experiencia, malgastaremos nuestro presente y estaremos destruyendo nuestro futuro y el del país
La presencia de chicos que viven en las calles parece causar indiferencia en varios sectores de la sociedad, donde la situación pasó a formar parte del aspecto cotidiano de la ciudad.
La mendicidad, el cirujeo y la venta ambulante son algunas de las actividades diarias que muchos menores practican, solos, juntos con sus pares o acompañados por algún adulto.
En la Argentina, a pesar de que no hay cifras exactas, se calcula que alrededor de 1.500.000 chicos trabajan todos los días, según la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, del Ministerio de Trabajo.
Empujados por la necesidad de sobrevivir, la cantidad de menores que mendigan por las calles aumentó considerablemente, en particular en algunas zonas, como las estaciones de trenes, subtes, el microcentro porteño y lugares de mayor actividad comercial.
En 2003, el Programa de Fortalecimiento del Circuito de Protección Integral contra toda forma de Explotación de Niños y Niñas Menores de 15 años identificó a más de 1200 chicos deambulando por la Ciudad de Buenos Aires, en las zonas de Retiro, Nueva Pompeya, Núñez, Belgrano, Chacarita y Villa Urquiza.
Asistencia
Según UNICEF, en su publicación Chicas y chicos en problemas, "el trabajo infantil roba al niño un tiempo irremplazable para la educación sistemática en la escuela. Y está ampliamente confirmado que la falta de una educación básica imposibilita el acceso incluso a los puestos más bajos del mercado laboral".
¿Para disminuir el trabajo infantil en las calles de la Ciudad de Buenos Aires y garantizar la protección de los derechos de los ciudadanos más pequeños?
Inserción en el mundo laboral
Las provincias del interior también sufren el problema de los chicos de la calle, donde los menores emigran a los centros urbanos en busca de mejores condiciones de vida.
Sin embargo, en algunas ciudades, como Mendoza, disminuyó la cantidad de chicos que deambulan por la ciudad. El Ministerio de Desarrollo Social provincial calculó que, desde diciembre del año último, disminuyó de 500 a 250 la cantidad de jóvenes en la vía pública.
Como parte de las acciones que se desarrollan en la provincia, se implementó, entre otros, un programa denominado "En un lugar mejor", que atiende a jóvenes de 16 a 25 años que limpian los vidrios de los vehículos en la ciudad y se dedica a la capacitación en distintos rubros, como panadería y, cocina, entre otros.
En Córdoba, el programa "Abriendo Puertas", creado por la Secretaría de Protección del Niño y del Adolescente, brinda un espacio dedicado a jóvenes de 14 a 21 años, excluidos de los espacios de desarrollo, donde pueden aprender un oficio.
En 2003, 380 cordobeses procedentes de los sectores más carenciados de la ciudad participaron del proyecto, donde tomaron clases de carpintería, computación y panadería, entre otros talleres, y demostraron sus deseos de retomar sus estudios este año.
La educación, una adecuada calidad de vida y un lugar donde vivir que no sea la calle son derechos que tienen todos los ciudadanos. Esta necesidad requiere respuestas y soluciones urgentes por parte de las autoridades, en especial cuando los más desprotegidos son los niños.
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