InicioSalud BienestarEl acoso moral 16: consecuencias a largo plazo
Las consecuencias a largo plazo serán más o menos traumáticas según el diagnóstico y la ruptura con el perverso. Es decir, podemos señalar: el choque o sorpresa al comprobar que, como la película, "duerme con el enemigo", el desequilibrio consiguiente, la separación o huida, y la evolución o post-trauma.
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El choque
Siguiendo a Marie France Hirigoyen: "Sólo de forma brutal comprenden por fin que han sido objeto de una manipulación. Se sienten entonces desamparadas y heridas. Todo se desmorona. La importancia del choque se debe al efecto sorpresa y a su falta de preparación, que es una consecuencia del dominio al que estaban sometidas. Durante este choque emocional, el dolor y la angustia se confunden. A las víctimas las embarga una sensación de fractura violenta, de estupefacción, de desbordamiento y de hundimiento. A veces, describen esta sensación como si se tratara de una agresión física: «Es como un puñetazo», «Me dice cosas terribles, y me siento como un boxeador que está por los suelos y al que siguen moliendo a palos»…

Cuando toman conciencia de la manipulación, se sienten estafadas, como si alguien las hubiera timado. En ellas encontramos siempre la misma sensación de haber sido engañadas. Se ha abusado de ellas y no se las ha respetado. Descubren, un poco tarde, que son víctimas, y que alguien ha estado jugando con ellas. Pierden su autoestima y sienten haber perdido su dignidad. Se avergüenzan de las reacciones que han tenido debido a la manipulación: «Debería haber reaccionado antes», «¿Cómo puede ser que no me haya dado cuenta de nada?».

La vergüenza se debe a que toman conciencia de su propia indulgencia patológica, que ha dado pie a la violencia de su agresor.

Llegadas a este punto, algunas víctimas desean vengarse, pero, por lo común, lo que desean es rehabilitarse y que se vuelva a reconocer su identidad. Esperan que su agresor se disculpe, pero esto no sucederá. Si obtienen alguna reparación, ésta se produce mucho más adelante y proviene de los testigos o de los cómplices pasivos que, también manipulados por el agresor, se sumaron a la agresión".

EL DESEQUILIBRIO
Una vez aclaradas las cosas, viene la estrategia, de qué hacer para que la separación sea poco traumática. Será distinto separarse de un marido que ha arrastrado a su mujer a un harén nordafricano que un socio fraudulento en una empresa, que un acosador en red social que se aprovecha de los administradores, etc. "Más allá de una determinada cantidad de estrés, el trabajo de adaptación deja de poder realizarse y se produce un desequilibrio. Aparecen entonces trastornos que pueden resultar más duraderos.

En general, los psiquiatras solemos conocer a las víctimas durante esta fase posterior de desequilibrio. Presentan un estado de ansiedad generalizada, un estado depresivo, o trastornos psicosomáticos. …Y el momento más peligroso es cuando toman conciencia de que han sido estafadas y de que nada conseguirá devolverles el reconocimiento que se merecen. Los suicidios o los intentos de suicidio reafirman a los perversos en su certidumbre de que el otro era débil, perturbado o loco, y de que las agresiones que le hacían padecer estaban justificadas.

…Los perversos, para demostrar que su víctima es malvada, están dispuestos a suscitar en ella una violencia que va contra ellos mismos. En el filme Passage à l'acte (1996) de Francis Girod, un perverso manipula a su psicoanalista hasta que consigue que éste lo mate. Lleva el juego hasta el final. La víctima (el psicoanalista asesino) se ve luego obligada a dirigir la violencia contra sí misma, pues el suicidio es la única manera de desembarazarse de su agresor". Por tanto, será fundamental no caer en la red del perverso, en el juego sucio de usar sus armas, y tomar distancia para seguir la propia vida.

LA SEPARACIÓN
"Ante una amenaza que cada vez se presenta más claramente, las víctimas pueden reaccionar de dos maneras:

—someterse y aceptar la dominación, con lo que el agresor, a partir de ese momento, puede proseguir tranquilamente su obra de destrucción;
—rebelarse y combatir, con la idea de marcharse.

…Normalmente, estas personas prefieren un tratamiento farmacológico antes que una larga psicoterapia. …Una vez que el proceso de acoso ya se ha establecido, es difícil, efectivamente, que se detenga de otro modo que con la marcha de la víctima. Las víctimas suelen reaccionar cuando tienen la oportunidad de ver cómo su agresor ejerce la violencia sobre otra persona, o cuando encuentran un aliado o una ayuda exterior".

LA EVOLUCIÓN
"Para las víctimas, al principio, el alejamiento físico respecto de su agresor constituye una liberación: «¡Por fin puedo respirar!». Una vez transcurrida la fase de choque, reaparecen el interés por el trabajo o por las actividades propias del tiempo libre, la curiosidad por el mundo o por la gente, y todas aquellas cosas que la dependencia había bloqueado. Sin embargo, nada tiene lugar sin dificultad”.

…Pueden quedar síntomas, de “ansiedad generalizada, fatiga crónica, insomnio, dolores de cabeza, dolores múltiples, trastornos psicosomáticos (hipertensión arterial, eccema, úlcera gastroduodenal...), pero, sobre todo, conductas de dependencia como la bulimia, el alcoholismo o la toxicomanía. Cuando estas personas consultan a su médico de cabecera, suelen solicitarle la prescripción de un medicamento sintomático o de un ansiolítico. No establecen ningún vínculo —las víctimas no hablan de ello— entre la violencia que padecieron y los trastornos que presentan en ese momento.

También puede ocurrir que las víctimas se quejen a posteriori de su propia e incontrolable agresividad. Esta última puede ser una secuela de la época en que no se podían defender. Se puede interpretar asimismo como una violencia transmitida”.
“El general francés Crocq, especialista en victimología, considera que las personas amenazadas, acosadas o difamadas son víctimas psíquicas. Igual que a las víctimas de guerra, se las ha colocado en un «estado de sitio» virtual que las ha obligado a permanecer constantemente a la defensiva.

Las agresiones y las humillaciones se inscriben en la memoria y se vuelven a vivir a través de imágenes, pensamientos y emociones intensas y repetitivas, ya sea durante el día —mediante impresiones bruscas de inminencia de una situación idéntica—, ya sea por la noche, cuando provocan insomnio o pesadillas. Las víctimas necesitan hablar de los acontecimientos que las traumatizaron, pero las evocaciones del pasado traen consigo manifestaciones psicosomáticas equivalentes al miedo. Así, presentan trastornos de memoria o de concentración. A veces, pierden el apetito o, al contrario, adoptan conductas bulímicas y aumentan el consumo de alcohol o de tabaco…

A veces, este alejamiento que intenta eludir una parte de los recuerdos genera una clara reducción del interés por determinadas actividades que en otro tiempo fueron importantes, y genera asimismo una restricción de los afectos. Al mismo tiempo, persisten signos neurovegetativos tales como trastornos del sueño e hipervigilancia.
Casi todas las personas que han sido víctimas de acoso moral describen este tipo de reminiscencias dolorosas; algunas consiguen desprenderse de ellas al concentrarse en actividades exteriores, profesionales o benéficas.

Con el tiempo, la experiencia vivida no se olvida, pero se puede participar cada vez menos en ella. Diez o veinte años más tarde, las víctimas pueden seguir teniendo una sensación de angustia ante determinadas imágenes de su agresor. Aun cuando hayan logrado una vida plena, su recuerdo todavía puede traer consigo un sufrimiento fulgurante. Todo lo que evoque, de cerca o de lejos, lo que han padecido las hará huir, pues el trauma ha desarrollado en ellas una capacidad para identificar, mejor que otras personas, los elementos perversos de una relación.

…Cuando las víctimas no consiguen desembarazarse del dominio, su vida puede quedar detenida en el trauma: su vitalidad se embota, su alegría de vivir desaparece y las iniciativas personales se vuelven imposibles. La pena de haber sido abandonadas, engañadas y ridiculizadas las paraliza. Se vuelven agrias, susceptibles e irritables, y se encierran en un registro de retiro social y de rumias amargas. Estas víctimas se ponen pesadas y sus allegados las soportan mal: «Ésta es una vieja historia; deberías pensar en otra cosa».

No obstante, tanto en las familias como en las empresas, las víctimas no reclaman venganza casi nunca. Ante todo, piden que se reconozca todo lo que han aguantado, aunque una injusticia no se pueda reparar nunca completamente. En la empresa, la reparación supone una indemnización económica que, de todas formas, no alcanza a compensar el sufrimiento padecido. Es inútil esperar remordimientos o arrepentimiento de un agresor realmente perverso. El sufrimiento de los demás no tiene ninguna importancia para él. Si se produce un arrepentimiento, proviene siempre de terceras personas: de las que fueron testigos mudos o de las que fueron cómplices de la agresión. Sólo ellas pueden expresar su pesar y, con ello, devolverle su dignidad a la persona a la que se ridiculizó injustamente". De ahí la dificultad de la reparación en estos casos, que solo puede hacerse quitando la fama de los agresores denunciándolos ante la opinión pública, o procurando que estas empresas que han tenido connivencia con los agresores tengan repercusiones económicas negativas que les lleve a poner más atención, para que no se haga daño a los que aún queden en estos sitios trabajando. Son ejemplos de una difícil reparación pública, porque a nivel personal lo mejor es perdonar y dejar que la vida continúe.
Llucià Pou Sabaté
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