Nietzsche es un autor que ha despertado bastante controversias... el asunto con este filósofo es que, gracias a su estado de locura, fue capaz de cuestionar hasta las últimas consecuencias todo aquello en lo que se asientan los prejuicios humanos. Y si de eso deriva algo bueno, bienvenido sea. Se lo puede describir como "contradictorio" pero no creo que fuese justa una crítica de "superficialidad", ya que lo frívolo precisamente se postula en el bando opuesto, entre quienes creen que por sus problemas de locura uno ya puede descartar aquello que ha surgido de la mente de este autor y filósofo sin tocar justamente los puntos críticos hacia los que se dirigen las saetas de su obra. En esta ocasión, veremos la parte del camello y el león y el niño. Resulta que Nietzsche, en una parte de Así habló Zaratustra, plantea el desarrollo humano en tres fases, identificables en la vida real desde el punto de vista de nuestra moral judeocristiana. Un ser humano es en primer lugar como un camello. El hombre pide más cargas para demostrar su fortaleza. «¡Mirenme! Soy fuerte, puedo levantar media tonelada yo solo». Y cuanto más cargas tenga, mejor persona se siente. Esto sería la moral del bueno y a la vez del esclavo. La abnegación, la obligación, el deber, son lo que hacen más digno y perfecto a alguien. Un ser humano es en segundo lugar como un león. El león pelea contra el dragón del "debes". «Yo no debo nada», dice el león. «Yo quiero». Y con esa frase, presenta la batalla. El león se niega a obedecer. El león quiere ser libre y defenderá su libertad a toda costa. Sin embargo, nótese que esa defensa de la libertad es más bien una oposición a las obligaciones que le imponen. Es un "no" más que un "sí". Un ser humano es en tercer lugar como un niño. Y de esta manera, se convierte en un creador de valores. Ya no es simplemente una negación, ahora es una afirmación de sí mismo. De él nacen sus juguetes y sus sentires y sus filosofías. Nace de nuevo y todo lo ajeno y lo aprendido queda en el olvido, queda obsoleto e innecesario. No existen ya para él las obligaciones impuestas porque la importancia de ellas es nula. Un niño crea de sí y para sí los valores. Y ésa es, amigos míos, la definición del desarrollo ético humano, que en mí se ha dado tal cual lo expresa el filósofo. Tiene que ver con otra manera de sentir la vida. De algún modo, aún así, uno se siente restringido pero no por razones internas sino externas, ya que el mundo social no se desarrolla a la misma velocidad que uno. Esto es, los más avanzados deben tener tacto o pueden ser arrojados a la hoguera de la inquisición de turno. Considero que no es motivo suficiente para invalidar el proceso. Al contrario, nos preguntamos qué es lo que le impide al resto avanzar. Podría agregarse que una vez que uno se desarrolla ya no puede volver atrás, igual que el árbol no puede convertirse en semilla después de que le nacen ramas y raíces. Lo que sí puede hacer el hombre desarrollado es mentir y fingir, y es entonces cuando entendemos las palabras aristotélicas: "el sabio no dice todo lo que piensa, pero piensa todo lo que dice". ¿Por qué lo piensa? Puede perjudicarlo decir la verdad tal como es, ya que no todos están preparados para escucharla. Por decirlo así, vivimos en un mundo en el que los seres humanos están en distintas fases de desarrollo y no podemos esperar que todos entiendan lo que decimos o estén de acuerdo después de comprenderlo. Algunos no crecen ni en una vida de cien años y otros lo hacen desde muy jóvenes. Es esencial entender que hay diferencia entre unos seres humanos y otros. El que no quiera creerlo así, sufrirá cuando desee llevar a la realidad algunos proyectos que involucren a la humanidad entera. Que las personas son distintas no solamente en cualidades y gustos sino también en grados de desarrollo es una realidad que puede testearse en cualquier momento.
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