La susodicha historia, me la crucé de casualidad por el Facebook (sic), y ver semejante porquería, divulgado como una sabia prédica, me llena de indignación. La historia es así:
¿La Rosa O El Cactus?
Un hombre pregunto a un sabio si debía quedarse con su esposa o su amante…
El sabio tomo dos flores en su mano: una rosa y un cactus, y le pregunto al hombre: Si yo te doy a escoger una flor ¿cuál eliges? el hombre sonrió y dijo:
la rosa es lógico; a lo que el sabio respondió: a veces los hombres se dejan llevar por la belleza externa y eligen lo que brille mas, pero en esos placeres no está el amor, yo me quedaría con el cactus, porque la rosa se marchita y muere, el cactus en cambio sin importar el tiempo o el clima seguirá igual, verde con sus espinas; tu mujer conoce tus defectos, tus debilidades, tus errores, tus malos ratos y aun así está contigo… tu amante conoce los espacios de felicidad y tu sonrisa, por eso está contigo, ahora dime hombre ¿con quién te quedarás?
A continuación expongo las consideraciones que estimuló la anterior historieta:
- El sabio tiene la mentalidad de una mujer, esposa y machista con ganas de mantener “su” marido a “su” lado, contra viento y marea.
- El sabio distingue como lo feo, sinónimo de “bueno”, y lo hermoso, sinónimo de “malo”.
Hablando en criollo, no puede encontrar uno, una mina que a la vez, sea linda y de fierro.
- El sabio prioriza cantidad, en detrimento de calidad, un día con la rosa podría justificar la existencia toda, pero el prefiere un vacío toda la vida, sin tener en cuenta la intensidad vivida en ese lapso.
La rosa podría hacerte sentir vivo, un éxtasis de felicidad en la plenitud de la relación, como el peor sufrimiento en el ocaso. En ambos casos, la sensibilidad del sentimiento nos hacer ser concientes de nuestra existencia.
El cactus podría hacernos vivir una muerte en vida, una soledad acompañada, sin valor, sin sentido, sin existencia.
Pero el sabio le resta importancia a la intensidad del sentimiento.
- Trato de imaginarme como se le ocurrió la historia al sabio y me la figuro del siguiente modo:
Le tocó estar al frente de una rosa y un cactus, y como hizo el muchacho que lo acompañaba en la reflexión, optó por la rosa… y le tocó sufrir, le tocó perder, porque la rosa te presenta esa alternativa, la de perder, y perder muchísimo, recibir la angustia en lo profundo del pecho, todo el peso aplastante de la tristeza, la total impiedad del dolor, pero la rosa te presenta mucho que perder, porque en contrapartida te presenta mucho para ganar, la felicidad, la plenitud existencial, el sentirte tocado por una luz mágica y toda la dicha acumulada del mundo… en cambio el cactus, no te presenta nada para perder, porque no te propone un carajo por ganar.
Y el sabio temió volver a enfrentar el dolor, y en vez de andar en busca de otras rosas, de una revancha, de otra oportunidad de alcanzar la felicidad en el amor, se conformó con el cactus, se resignó a eso, actuó por descarte, arrojándose a los brazos del cactus, porque es lo seguro, no presenta riesgos, ni incertidumbre, porque después de todo, ¿quien te va a afanar un cactus?
Pero no conforme con la cobardía de su accionar, y lejos de reconocer la derrota, decide maquillar su actitud de una manera que parezca lo correcto, que él hizo bien.
- Las comparaciones no se hacen de ese modo, rescatando las virtudes de uno y exaltando las falencias del otro. Ese trato tendencioso, vuelve odiosas las comparaciones.
Si los sabios piensan de ese modo, quiero ser un necio toda la vida.
Yo elijo la rosa, siempre la rosa, con la esperanza de que no se marchite y dure para siempre… y si no dura para siempre… ¡quien me quita lo bailado!
He dicho.
¿La Rosa O El Cactus?
Un hombre pregunto a un sabio si debía quedarse con su esposa o su amante…
El sabio tomo dos flores en su mano: una rosa y un cactus, y le pregunto al hombre: Si yo te doy a escoger una flor ¿cuál eliges? el hombre sonrió y dijo:
la rosa es lógico; a lo que el sabio respondió: a veces los hombres se dejan llevar por la belleza externa y eligen lo que brille mas, pero en esos placeres no está el amor, yo me quedaría con el cactus, porque la rosa se marchita y muere, el cactus en cambio sin importar el tiempo o el clima seguirá igual, verde con sus espinas; tu mujer conoce tus defectos, tus debilidades, tus errores, tus malos ratos y aun así está contigo… tu amante conoce los espacios de felicidad y tu sonrisa, por eso está contigo, ahora dime hombre ¿con quién te quedarás?
A continuación expongo las consideraciones que estimuló la anterior historieta:
- El sabio tiene la mentalidad de una mujer, esposa y machista con ganas de mantener “su” marido a “su” lado, contra viento y marea.
- El sabio distingue como lo feo, sinónimo de “bueno”, y lo hermoso, sinónimo de “malo”.
Hablando en criollo, no puede encontrar uno, una mina que a la vez, sea linda y de fierro.
- El sabio prioriza cantidad, en detrimento de calidad, un día con la rosa podría justificar la existencia toda, pero el prefiere un vacío toda la vida, sin tener en cuenta la intensidad vivida en ese lapso.
La rosa podría hacerte sentir vivo, un éxtasis de felicidad en la plenitud de la relación, como el peor sufrimiento en el ocaso. En ambos casos, la sensibilidad del sentimiento nos hacer ser concientes de nuestra existencia.
El cactus podría hacernos vivir una muerte en vida, una soledad acompañada, sin valor, sin sentido, sin existencia.
Pero el sabio le resta importancia a la intensidad del sentimiento.
- Trato de imaginarme como se le ocurrió la historia al sabio y me la figuro del siguiente modo:
Le tocó estar al frente de una rosa y un cactus, y como hizo el muchacho que lo acompañaba en la reflexión, optó por la rosa… y le tocó sufrir, le tocó perder, porque la rosa te presenta esa alternativa, la de perder, y perder muchísimo, recibir la angustia en lo profundo del pecho, todo el peso aplastante de la tristeza, la total impiedad del dolor, pero la rosa te presenta mucho que perder, porque en contrapartida te presenta mucho para ganar, la felicidad, la plenitud existencial, el sentirte tocado por una luz mágica y toda la dicha acumulada del mundo… en cambio el cactus, no te presenta nada para perder, porque no te propone un carajo por ganar.
Y el sabio temió volver a enfrentar el dolor, y en vez de andar en busca de otras rosas, de una revancha, de otra oportunidad de alcanzar la felicidad en el amor, se conformó con el cactus, se resignó a eso, actuó por descarte, arrojándose a los brazos del cactus, porque es lo seguro, no presenta riesgos, ni incertidumbre, porque después de todo, ¿quien te va a afanar un cactus?
Pero no conforme con la cobardía de su accionar, y lejos de reconocer la derrota, decide maquillar su actitud de una manera que parezca lo correcto, que él hizo bien.
- Las comparaciones no se hacen de ese modo, rescatando las virtudes de uno y exaltando las falencias del otro. Ese trato tendencioso, vuelve odiosas las comparaciones.
Si los sabios piensan de ese modo, quiero ser un necio toda la vida.
Yo elijo la rosa, siempre la rosa, con la esperanza de que no se marchite y dure para siempre… y si no dura para siempre… ¡quien me quita lo bailado!
He dicho.