Anoche en la serie Family Guy se cumplió con lo que parecía obvio: regresó Brian, uno de los personajes más populares de la serie. Un estrategia que pese a ser tan vieja, sirvió para elevar los niveles de atención y fama de esta serie, estrategia que por barata que sea, nunca ha perdido impacto, pues, la muerte de un personaje marca siempre un hito en cualquier película, serie de televisión o telenovela, desde la década de los 80s cuando colapsaron los rankings en el capítulo del asesinato de Jr. en la serie "Dallas" que sirvió como perfecto cierre de año solo para que vuelva en la siguiente temporada, de igual modo se creó total expectativa sin matar a ningún personaje.
Hoy en día estamos más que acostumbrados a ver finales espectaculares al final de cada temporada, historias que nos dejan con el corazón en vilo esperando a la siguiente temporada para ver cómo se resuelven esos giros de guión tan enrevesados. Y la primera vez que eso se hizo en televisión fue en ‘Dallas’. El disparo contra J.R. fue visto por 80 millones de personas en el mundo y despertó la curiosidad de los habitantes de todos los países donde se emitía la serie. Lógicamente todos se preguntaban quién había tenido el valor para disparar contra alguien como J.R. (el peligro de dejarle con vida era padecer su más profunda venganza, claro está). Y los guionistas dejaron a su protagonista en el suelo, sin contarnos si estaba vivo o muerto. Esto supuso una célebre frase “¿Quién disparó a J.R.?” algo que se repitió años más tarde en ‘Twin Peaks’ con “¿Quién mató a Laura Palmer?”. Pero que no tuvo tanto efecto como en 1980. Todo esto originó miles de objetos de merchandising que alimentaron el suspense (además de la repercusión que tuvo en los medios de comunicación). Y el comienzo de la tercera temporada cosechó unos éxitos de audiencia difíciles de superar hoy en día.
E.E.U.U. se caracteriza por ser un país con una terrible dependencia mediática, nada raro que series de televisión o shows de entretenimiento tengan tanto impacto como noticieros o eventos de la vida real, nada raro que un lunes el tema de conversación más importante en una oficina (más importante que el mismo trabajo) sea el final o capítulo estreno de temporada de tal serie, la final de American Idol o el nuevo escándalo de Miley Cyrus. Es por esto que los creadores de Family Guy se anticiparon sabiamente a todo el revuelo que iba a provocar el descenso de uno de sus personajes más queridos, y así fue como casi de inmediato se crearon foros y campañas en internet protestando por la muerte de Brian Griffin.
Al final esta vieja estrategia de marketing se convirtió en uno de los fenómenos pop más comentados del año, pero también fue una salida desesperada para una serie que había perdido los niveles de calidad y popularidad de sus días de gloria, no una caída tan estrepitosa como sucedió con los Simpson, pero de igual modo, se trataba de un hit de la televisión que pasó a ser otro programa más y no la sensación de sus primeras temporadas. Aunque todo esto es tan solo mi punto de vista como admirador de la serie, serie de la que rescato principalmente sus primeras temporadas y no tanto así sus últimos resultados, pues veo que como casi en todos los casos, los recurso en una serie siempre termina gastándose, y aquí los métodos se seguían repitiendo sin ofrecer nada nuevo: bromas raciales, culturales, referencias a películas y famosos, estereotipos americanos, musicales de broadway y morbo.
Pero llega este capítulo con su repentino giro y cadena de consecuencias que traen nueva vida a Family Guy con algunos excelentes chistes y sorpresas. Parecía que la broma macabra hacia los fans iba con todo, nuevo perro incluido ( interpretado por Tony Sirico, actor de 'Los Soprano'), el funeral de Brian con su respectiva emotividad y hasta una nueva introducción de la serie. Todo parecía ser bastante confuso hasta que anoche se despejó esta duda y por fin sucedió lo obvio, regresó el querido perro de la familia.
Caemos nuevamente en conceptos familiares de series clásicas y que hasta nos recuerdan mucho a los Simpson, Brian es parte importante de la familia, no es simplemente un perro, es un amigo y sin su presencia todo sería bastante triste y extraño tal como pudimos ver durante estos breves episodios. Family Guy trae (a su modo particular) nuevamente el valor de la amistad, la familia y el cariño que todos sentimos alguna vez por una mascota, pues el llanto de Stewie al echar de menos a su amigo no es diferente del dolor que sentimos alguna vez de niños y (porque no?) también de adultos al perder a nuestra querida mascota y tener que afrontar esa realidad, tal y como sucedió en el primer encuentro de Stewie con Vinnie quien debe encargarse de enseñarle esta lección, todos en la vida tarde o temprano vamos a perder a alguien que queremos y un perro definitivamente puede ser tan querido e importante en nuestras vidas como cualquier ser humano.
Al final, Family Guy, con todo su morbo y controversia, sigue manteniendo vigentes algunos valores, tal y como sucede en los Simpson, la cuál también es una serie que en su historia causó polémicas y locuras pero que siempre intenta aferrarse (al final) a la unión del núcleo familiar y a ciertos principios o moralejas, cosa que no podría suceder con South Park por ejemplo, que es simple morbo y despelote donde no existe principio alguno y tampoco tendría que haberlo.
En conclusión, todo esto no es más que una vieja y gastada estrategia: matar a un personaje para revitalizar un programa, regresarlo porque es importante y sobre todo, reforzar la amistad y los lazos de los personajes, el niño y su perro nuevamente vuelven a ser felices, ¿y saben que es lo mejor? todas estas viejas salidas que vimos tantas veces en el cine y la televisión FUNCIONARON PERFECTAMENTE. Capaz ni el mismísimo Seth McFarlane pensó en el éxito que iba a tener esta idea suya, pero al final, el público obtuvo lo que quería.