En 1945, Sawako Hirago tenía 10 años y estudiaba en Hiroshima. En el bombardeo atómico del 6 de agosto fue expuesta a una fuerte radiación que quemó su rostro, cabeza y ambas piernas. Las partes quemadas tuvieron una inflamación hasta casi tres veces más de lo normal.
En el hospital, los médicos temieron por su recuperación ya que tenía un tercio del cuerpo quemado y no confiaron en que viviría.
Todas las noches su madre le realizó una terapia de imposición de manos en la zona el abdomen y le proporcionó los únicos alimentos que disponía en su momento.
Dos bollos de arroz integral rellenos de “umeboshi” –un encurtido de una variedad de ciruela asiática (Prunus Mume)– y dos pikles de rábano (Raphanus sativus –En Argentina conocido como “nabo”–).
“Mi madre no me dejo mirarme en el espejo hasta que me recuperé, pero podía verme las manos y las piernas que estaban muy sucias, con mal olor como a carne en descomposición y las moscas siempre andaban sobre mis zonas deterioradas. Cuando mi piel se curaba, me volvía a lastimar por rascarme, hasta que finalmente se volvió una cicatriz queloide.”
“Cuando por fin me curé pude verme en el espejo. Tenía aún heridas en la nariz y pus en el pecho y sobre el pecho y las manos había unas capas de piel que perduraron hasta que cumplí 20 años.”
A pesar del gran logro junto a su madre de superar un estado que ni los médicos confiaban que se salvaría, Sawako tuvo que soportar burlas por estar desfigurada, le apodaron “hormona corta” además de decirle que jamás se casaría y que nunca tendría hijos.
Una vez egresada del secundario, Sawako se convierte en profesora de educación física formando pareja con un joven profesor de química.
Se casan y juntos comienzan a asistir a las clases dictadas por Georges Ohsawa (fundador de la macrobiótica).
Así es que Sawako decide abandonar la dieta moderna y refinada que seguía desde su recuperación para consumir arroz integral, sopa de miso, verduras, algas, entre otros alimentos saludables.
En pocos meses comienza a notar una serie de cambios asombrosos para ella como la mejoría de sus problemas de anemia, leucemia, hipotensión, hemorragias nasales y caída del cabello.
“A los dos meses estaba loca de contenta, mi rostro se volvió hermoso.”
Sawako tuvo siete hijos saludables, criándolos a todos con la misma dieta.
El rábano (Raphanus sativus) es de la familia de las “Crucíferas”, tiene vitamina C, vitamina B2, yodo, magnesio, azufre, cobre y calcio.
Tiene propiedades medicinales antisépticas, protege el hígado y la vesícula biliar evitando cálculos y arenillas o evitando que progresen si las hubiera. Depura la sangre y además tiene un efecto tónico y estimulante para el organismo.
Es bueno para las enfermedades de la piel como erupciones, herpes, etc., y contra las afecciones del pulmón y de los bronquios, asma, catarros, tos, gripe etc., y de las vías urinarias, leucorrea, irritaciones y cálculos de la vejiga.
Las verduras crucíferas han demostrado tener efectos preventivos contra el cáncer, la arteriosclerosis y otras enfermedades degenerativas.
¿Por qué “crucíferas”?
Por la forma de sus flores de cuatro pétalos que asemejan una cruz.
Sobre el arroz integral sólo les dejaré este cuadro comparativo donde se ve la enorme pérdida de hierro, calcio, magnesio y fósforo para obtener el arroz blanco refinado.
Los invito a seguir investigando sobre todos los alimentos que consumimos, busquen mayor información sobre los temas que traté tal es como la radiación, alimentación integral, las crucíferas contra el cáncer y terapia de imposición de manos.
No se queden sólo con esta nota que hice, sigan profundizándose de conocimientos y cada día serán un poco más libres.
Gabi Rosmari.
Cambiá tu vida, cambiá al mundo.
Sé vegetariano, cada día somos más.
Fuentes:
Sawako Hiraga, "How I Survived the Atomic Bomb", The Macrobiotic, Noviembre 1979.
Y mis estudios de herbología.
En el hospital, los médicos temieron por su recuperación ya que tenía un tercio del cuerpo quemado y no confiaron en que viviría.
Sin embargo Sawako sobrevivió.
Todas las noches su madre le realizó una terapia de imposición de manos en la zona el abdomen y le proporcionó los únicos alimentos que disponía en su momento.
Dos bollos de arroz integral rellenos de “umeboshi” –un encurtido de una variedad de ciruela asiática (Prunus Mume)– y dos pikles de rábano (Raphanus sativus –En Argentina conocido como “nabo”–).
“Mi madre no me dejo mirarme en el espejo hasta que me recuperé, pero podía verme las manos y las piernas que estaban muy sucias, con mal olor como a carne en descomposición y las moscas siempre andaban sobre mis zonas deterioradas. Cuando mi piel se curaba, me volvía a lastimar por rascarme, hasta que finalmente se volvió una cicatriz queloide.”
“Cuando por fin me curé pude verme en el espejo. Tenía aún heridas en la nariz y pus en el pecho y sobre el pecho y las manos había unas capas de piel que perduraron hasta que cumplí 20 años.”
A pesar del gran logro junto a su madre de superar un estado que ni los médicos confiaban que se salvaría, Sawako tuvo que soportar burlas por estar desfigurada, le apodaron “hormona corta” además de decirle que jamás se casaría y que nunca tendría hijos.
Una vez egresada del secundario, Sawako se convierte en profesora de educación física formando pareja con un joven profesor de química.
Se casan y juntos comienzan a asistir a las clases dictadas por Georges Ohsawa (fundador de la macrobiótica).
Así es que Sawako decide abandonar la dieta moderna y refinada que seguía desde su recuperación para consumir arroz integral, sopa de miso, verduras, algas, entre otros alimentos saludables.
En pocos meses comienza a notar una serie de cambios asombrosos para ella como la mejoría de sus problemas de anemia, leucemia, hipotensión, hemorragias nasales y caída del cabello.
“A los dos meses estaba loca de contenta, mi rostro se volvió hermoso.”
Sawako tuvo siete hijos saludables, criándolos a todos con la misma dieta.
El rábano (Raphanus sativus) es de la familia de las “Crucíferas”, tiene vitamina C, vitamina B2, yodo, magnesio, azufre, cobre y calcio.
Tiene propiedades medicinales antisépticas, protege el hígado y la vesícula biliar evitando cálculos y arenillas o evitando que progresen si las hubiera. Depura la sangre y además tiene un efecto tónico y estimulante para el organismo.
Es bueno para las enfermedades de la piel como erupciones, herpes, etc., y contra las afecciones del pulmón y de los bronquios, asma, catarros, tos, gripe etc., y de las vías urinarias, leucorrea, irritaciones y cálculos de la vejiga.
Las verduras crucíferas han demostrado tener efectos preventivos contra el cáncer, la arteriosclerosis y otras enfermedades degenerativas.
¿Por qué “crucíferas”?
Por la forma de sus flores de cuatro pétalos que asemejan una cruz.

Sobre el arroz integral sólo les dejaré este cuadro comparativo donde se ve la enorme pérdida de hierro, calcio, magnesio y fósforo para obtener el arroz blanco refinado.
Los invito a seguir investigando sobre todos los alimentos que consumimos, busquen mayor información sobre los temas que traté tal es como la radiación, alimentación integral, las crucíferas contra el cáncer y terapia de imposición de manos.
No se queden sólo con esta nota que hice, sigan profundizándose de conocimientos y cada día serán un poco más libres.
Gabi Rosmari.
Cambiá tu vida, cambiá al mundo.
Sé vegetariano, cada día somos más.

Fuentes:
Sawako Hiraga, "How I Survived the Atomic Bomb", The Macrobiotic, Noviembre 1979.
Y mis estudios de herbología.
