.
MEDIO AMBIENTE
15 mayo, 2011 | En las elecciones del 10 de julio, la Ciudad debatirá dos miradas ecológicas: la de Proyecto Sur, con un anclaje social, y la del PRO, abstracta y marketinera.
Una de las banderas que levanta Proyecto Sur es la del ambientalismo. A la vez, el PRO suele hacer campañas de difusión vinculadas a la ecología. El legislador macrista Daniel Amoroso alguna vez empapeló la ciudad con carteles amarillos convocando a “pensar en la ecología”, y el ministro de Medio Ambiente porteño, Diego Santilli, es una de las caras que el PRO más elige para mostrar públicamente y difundir políticas ligadas a lo ambiental.
¿Puede decirse, entonces, que hay una coincidencia en cuanto a la mirada ecologista? Claramente, no. De hecho, ambas posiciones son antagónicas. Mientras del lado de Proyecto Sur hay propuestas de políticas verdes en el marco de una ecología social, del lado del PRO lo que hay es un uso del ambientalismo en un sentido abstracto, vacío de contenido social, es decir, un uso marketinero de un tema que “queda bien” pero sin profundizar en el concepto.
Para el PRO la ecología nada tiene que ver con las grandes causas sociales y económicas, ni tiene que ver con una mirada filosófica de cómo debe pararse el ser humano ante la naturaleza de la que forma parte. El PRO lo que hace es confundir ecologismo con urbanismo, con el cuidado de los parques, los árboles y las flores. Es un ecologismo divorciado de lo social que no menciona la responsabilidad de los agentes sociales que poseen el poder. La idea de “todos somos responsables por igual de cuidar el medio ambiente” es una mirada conservadora de la ecología que elimina del discurso las relaciones de poder sobre las que se apoyan los modelos sociales, económicos y culturales que más atentan contra el medio ambiente.
Dice Eduardo Galeano en su excelente libro sobre ecología latinoamericana Úselo y tírelo, “la ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos”. Esa es la mirada ecológica del PRO: la idea de ecología como jardinería, la reducción a los árboles, las plantas y las flores, eludiendo el rol de basurero del mundo que ocupa esta región para las grandes empresas. A lo mejor si al ministro ambiental Diego Santilli le interesan tanto las flores, debería saciar su pasión haciendo un curso de arreglo floral en vez de usurpar un concepto como el de “ecología” que es tan ajeno a sus ideas.
Proyecto Sur tiene una mirada opuesta sobre el ambientalismo. Cuando habla de la necesidad de implementar políticas verdes está hablando de una ecología unida a las cuestiones sociales. Una de las características de la modernidad es la concepción de la relación ser humano-naturaleza como una relación sujeto-objeto. Es decir, la naturaleza como una fuente de energía ilimitada de la que el ser humano puede servirse a cualquier precio, aún al costo de avanzar hacia la destrucción del planeta. Contra esto, el planteo de Proyecto Sur es no subordinar la ecología a los factores económicos.
Las distintas concepciones económicas tradicionales promueven una mayor o menor intervención del Estado, pero coinciden en mantener esa relación de sujeto-objeto con la naturaleza. En cambio, de lo que se trata es de abandonar el modelo extractivista. El Estado tiene que intervenir, pero no para coparticipar en la depredación de la Tierra sino para impedir que el poder de las grandes empresas vaya en detrimento de la relación armoniosa del ser humano con la naturaleza. Llevado al a ciudad, sería muy bueno limpiar el Riachuelo, pero de nada serviría si después se sigue permitiendo que las empresas sigan arrojando sus desechos tóxicos en él.
En definitiva, de lo que se trata es dejar atrás la hipocresía oportunista y marketinera del PRO, que habla de ecología en un sentido abstracto, vacío de contenido social. Y avanzar hacia una senda de políticas verdes, en su sentido social, fomentando el desarrollo de la sociedad pero de una forma sustentable y en armonía con la naturaleza.
MEDIO AMBIENTE

15 mayo, 2011 | En las elecciones del 10 de julio, la Ciudad debatirá dos miradas ecológicas: la de Proyecto Sur, con un anclaje social, y la del PRO, abstracta y marketinera.
Una de las banderas que levanta Proyecto Sur es la del ambientalismo. A la vez, el PRO suele hacer campañas de difusión vinculadas a la ecología. El legislador macrista Daniel Amoroso alguna vez empapeló la ciudad con carteles amarillos convocando a “pensar en la ecología”, y el ministro de Medio Ambiente porteño, Diego Santilli, es una de las caras que el PRO más elige para mostrar públicamente y difundir políticas ligadas a lo ambiental.
¿Puede decirse, entonces, que hay una coincidencia en cuanto a la mirada ecologista? Claramente, no. De hecho, ambas posiciones son antagónicas. Mientras del lado de Proyecto Sur hay propuestas de políticas verdes en el marco de una ecología social, del lado del PRO lo que hay es un uso del ambientalismo en un sentido abstracto, vacío de contenido social, es decir, un uso marketinero de un tema que “queda bien” pero sin profundizar en el concepto.
Para el PRO la ecología nada tiene que ver con las grandes causas sociales y económicas, ni tiene que ver con una mirada filosófica de cómo debe pararse el ser humano ante la naturaleza de la que forma parte. El PRO lo que hace es confundir ecologismo con urbanismo, con el cuidado de los parques, los árboles y las flores. Es un ecologismo divorciado de lo social que no menciona la responsabilidad de los agentes sociales que poseen el poder. La idea de “todos somos responsables por igual de cuidar el medio ambiente” es una mirada conservadora de la ecología que elimina del discurso las relaciones de poder sobre las que se apoyan los modelos sociales, económicos y culturales que más atentan contra el medio ambiente.
Dice Eduardo Galeano en su excelente libro sobre ecología latinoamericana Úselo y tírelo, “la ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos”. Esa es la mirada ecológica del PRO: la idea de ecología como jardinería, la reducción a los árboles, las plantas y las flores, eludiendo el rol de basurero del mundo que ocupa esta región para las grandes empresas. A lo mejor si al ministro ambiental Diego Santilli le interesan tanto las flores, debería saciar su pasión haciendo un curso de arreglo floral en vez de usurpar un concepto como el de “ecología” que es tan ajeno a sus ideas.
Proyecto Sur tiene una mirada opuesta sobre el ambientalismo. Cuando habla de la necesidad de implementar políticas verdes está hablando de una ecología unida a las cuestiones sociales. Una de las características de la modernidad es la concepción de la relación ser humano-naturaleza como una relación sujeto-objeto. Es decir, la naturaleza como una fuente de energía ilimitada de la que el ser humano puede servirse a cualquier precio, aún al costo de avanzar hacia la destrucción del planeta. Contra esto, el planteo de Proyecto Sur es no subordinar la ecología a los factores económicos.
Las distintas concepciones económicas tradicionales promueven una mayor o menor intervención del Estado, pero coinciden en mantener esa relación de sujeto-objeto con la naturaleza. En cambio, de lo que se trata es de abandonar el modelo extractivista. El Estado tiene que intervenir, pero no para coparticipar en la depredación de la Tierra sino para impedir que el poder de las grandes empresas vaya en detrimento de la relación armoniosa del ser humano con la naturaleza. Llevado al a ciudad, sería muy bueno limpiar el Riachuelo, pero de nada serviría si después se sigue permitiendo que las empresas sigan arrojando sus desechos tóxicos en él.
En definitiva, de lo que se trata es dejar atrás la hipocresía oportunista y marketinera del PRO, que habla de ecología en un sentido abstracto, vacío de contenido social. Y avanzar hacia una senda de políticas verdes, en su sentido social, fomentando el desarrollo de la sociedad pero de una forma sustentable y en armonía con la naturaleza.
FUENTE