PROGRAMACION
Aproximadamente un mes después de la cirugía en la que se colocaron los componentes
internos del implante coclear, se procede a adaptar los elementos externos de dicho
implante constituidos fundamentalmente por el micrófono, el procesador y el transmisor.
Si bien existen diferencias de unos modelos de implante a otros, el procesador debe de ser
programado o activado según las características propias de cada paciente. En dicho
proceso se habrá de contar con personal especializado y con el equipo material apropiado
al implante elegido. En pacientes no colaboradores, el empleo de técnicas telemétricas que
informan sobre las respuestas neurales obtenidas a partir de la estimulación de los
electrodos implantados, resulta de gran utilidad para determinar el mapa auditivo durante
la programación del implante coclear.
La programación del implante coclear deberá ser revisada periódicamente, pues a lo largo
de la evolución se irán produciendo cambios que precisarán nuevos ajustes en la forma de
estimulación de los electrodos del implante. Estos controles también permitirán detectar y
diagnosticar fallos en el equipo, facilitando así su pronta reparación.
La estrategia de programación varía en función del paciente. Así por ejemplo, en el caso de
niños menores de 5 años, es incluso preciso, antes de comenzar la programación,
condicionarles al sonido entrenándolos para responder ante la presencia-ausencia de
sonido, así como a las diferentes intensidades del mismo.
REHABILITACION
El implante coclear no devuelve una audición normal y la naturaleza de los estímulos que
proporciona presenta diferencias notables respecto a la estimulación acústica habitual.
Por esa razón, es indispensable prever un tiempo, cuya duración podrá ser muy variable
según los casos, para entrenar al paciente a detectar, identificar y finalmente entender las
informaciones que llegarán a sus áreas auditivas.
La rehabilitación deberá dirigirse a la persona en su totalidad. En ese sentido, no debe
limitarse a un mero procedimiento de entrenamiento mecánico y debe abarcar diferentes
aspectos como:
? enseñar el manejo y cuidado del implante
? ajustar las expectativas a las posibilidades reales del paciente, señalando claramente
los objetivos de cada etapa del programa.
? proporcionar un apoyo suficiente a los pacientes y a sus familias en los momentos de
duda o desilusión.
? incidir en el entorno para que aplique los ajustes necesarios en su comunicación oral.
En cuanto al programa, su contenido, su duración y su tiempo de aplicación, cabe
distinguir entre los 3 principales grupos de pacientes implantados (53, 54, 55, 56).
1. Los pacientes post-locutivos.
Estos pacientes han oído alguna vez y han podido almacenar en memoria un gran
número de patrones auditivos sobre los que la rehabilitación va a poder apoyarse; sin
embargo, si el tiempo de sordera ha sido largo, es posible que estos patrones se hayan
deteriorado bastante.
En algunos casos, la recuperación de la capacidad auditiva es extremadamente
rápida y el contenido del programa se centra en seguida en un entrenamiento funcional
(conversación dirigida y, luego, abierta). Pero la mayoría de los pacientes necesita un
tiempo más largo durante el cual pasan por distintas etapas que conviene abordar de
forma progresiva para evitar reacciones de rechazo inicial, al no poder alcanzar desde el
principio los niveles de rendimiento que habían esperado.
En ese sentido, el proceso de información iniciado en la fase previa a la
implantación debe mantenerse y ampliarse para que el paciente pueda interpretar mejor
su evolución y mantener su motivación, punto clave para el éxito de cualquier
rehabilitación.
El programa de rehabilitación suele contener ejercicios analíticos (centrados en la
percepción de elementos discretos como una determinada sílaba) y ejercicios más
globales de comprensión de significados donde la suplencia mental desempeña un gran
papel.
La proporción relativa de estos dos enfoques varía en función de cada paciente (de
sus respuestas perceptivas pero también de su estilo de aprendizaje) y debe por lo tanto
adaptarse de forma individual.
La mayor parte de los programas coinciden en señalar 5 etapas:
? detección: se entrena al paciente a detectar la presencia o ausencia de un sonido
(utilizando fuentes sonoras de la vida cotidiana y la voz).
? discriminación: el paciente debe reconocer si dos items son iguales o no; la
progresión se hará desde items muy diferentes a items cada vez más parecidos hasta
llegar a los pares mínimos (dos palabras que se diferencian únicamente en un fonema).
18
? identificación: se entrena al paciente a reconocer un ruido, una palabra o una frase en
una situación de elección forzosa (closed-set). La progresión se basará en el número
total de items del ejercicio y su parecido. En cuanto a las palabras, el primer nivel de
diferenciación se suele centrar en el tamaño respectivo (número de sílabas) y pasa
después por contrastes frecuenciales, oposición fonética máxima, diferencias de
entonación terminando con las oposiciones fonéticas mínimas. Una vez que el
paciente se encuentre en fase avanzada de identificación, se puede comenzar la
utilización del teléfono.
? reconocimiento: en este nivel, el paciente debe repetir una palabra o una frase en
situación abierta (open-set). Como este nivel supone para muchos pacientes un salto
muy importante y a veces difícil de alcanzar, se puede preparar con situaciones semiabiertas,
es decir con ciertas ayudas del contexto (introducir la palabra a reconocer
dentro de una frase presentada por escrito, situar las palabras y frases en un contexto
referencial a partir de un tema, una fotografía...) Debe iniciarse en la escucha de la
TV.
? comprensión: se entrena al paciente en situaciones de diálogo semi-abierto (a partir
de un tema o de un referente determinado) y, finalmente de diálogo abierto.
Conviene recordar que los ejercicios se harán con y/o sin lectura labial según el
nivel de base del paciente: si se trata por ejemplo de una persona con escasa
comprensión inicial con lectura labial, el primer objetivo del programa consistirá
precisamente en mejorarla con la aportación del implante. Si, por el contrario, ya
dispone de una excelente lectura labial, los ejercicios se centrarán más directamente en
la discriminación auditiva.
No hay indicios de que los programas de rehabilitación deban modificarse según el
implante.
La duración general de la rehabilitación es muy variable: en general se suele
indicar un período de 6 meses a un año, con un ritmo inicial intensivo, reduciéndose
progresivamente conforme va progresando el paciente, dependiendo también de la
posibilidad de que la familia pueda asumir parte del entrenamiento.
Algunos casos necesitan bastante menos tiempo pero también es importante señalar
que se producen mejorías a largo plazo, incluso después de dos o tres años tras la
implantación.
Se recomienda que el contenido de los entrenamientos se adapte en lo posible al
nivel cultural y a las circunstancias sociales de cada paciente y que se involucre el
entorno familiar, tanto desde el punto de vista del propio entrenamiento como desde el
punto de vista del apoyo psicológico.
2. Pacientes pre-locutivos mayores de 6 años, adolescentes y adultos.
Estos pacientes carecen de patrones auditivos pre-establecidos o sólo disponen de
esquemas muy elementales acerca de la naturaleza de los sonidos. En la mayoría de los
casos, su lenguaje y su habla presentan distorsiones y fuertes limitaciones.
Ni los resultados ni el ritmo de los progresos serán parecidos a los de sujetos postlocutivos.
La estructura del programa de rehabilitación no difiere de la anterior pero el tiempo
que requerirá cada etapa será considerablemente más largo.
19
En general, hay que prever una rehabilitación que abarque de 2 a 5 años de forma
relativamente intensiva. Cuando se trata de niños o adolescentes en edad escolar que
reciben ayuda especializada, sea en centros específicos, sea en centros de integración, es
aconsejable que este entrenamiento se incorpore al programa de estimulación auditivo y
vocal y se prolongue durante todo el período escolar.
El seguimiento técnico del implante en estos casos debe hacerse con mayor
frecuencia ya que, por lo menos al principio, es probable que estos pacientes no puedan
darse cuenta de diferencias pequeñas en el rendimiento de su implante y, por lo tanto,
no lo señalen de forma espontánea.
3. Pacientes pre-locutivos menores de 6 años.
En estos casos, la implantación se produce cuando se está empezando el proceso
global de rehabilitación de la voz, del habla y del lenguaje.
No se habla entonces de un programa de rehabilitación específico para el implante
coclear: éste se convierte en una ayuda más eficaz para el aprovechamiento de la
estimulación proporcionada por el equipo educativo especializado y por su familia,
precisamente en los años en que la capacidad cerebral del niño se encuentra en su fase
óptima para estos aprendizajes.
Es importante por lo tanto que ese equipo pedagógico esté en estrecho contacto con
el equipo de seguimiento del implante.
Las técnicas que se utilizarán no van a diferir de las que se utilizan habitualmente
en educación auditiva, vocal y lingüística precoz: requieren un alto grado de
preparación y mucha intensidad durante toda la etapa pre-escolar.
Los métodos utilizados serán mucho más globales y funcionales que en el caso de
niños mayores y de los adultos.
Un implante coclear en un niño de corta edad sólo tiene sentido si su programa
educativo contiene una fuerte orientación hacia el uso y el desarrollo del lenguaje oral,
lo que no condiciona que pueda utilizar paralelamente otra modalidad comunicativa
como complemento a la comunicación oral.
Implante Coclear
Aproximadamente un mes después de la cirugía en la que se colocaron los componentes
internos del implante coclear, se procede a adaptar los elementos externos de dicho
implante constituidos fundamentalmente por el micrófono, el procesador y el transmisor.
Si bien existen diferencias de unos modelos de implante a otros, el procesador debe de ser
programado o activado según las características propias de cada paciente. En dicho
proceso se habrá de contar con personal especializado y con el equipo material apropiado
al implante elegido. En pacientes no colaboradores, el empleo de técnicas telemétricas que
informan sobre las respuestas neurales obtenidas a partir de la estimulación de los
electrodos implantados, resulta de gran utilidad para determinar el mapa auditivo durante
la programación del implante coclear.
La programación del implante coclear deberá ser revisada periódicamente, pues a lo largo
de la evolución se irán produciendo cambios que precisarán nuevos ajustes en la forma de
estimulación de los electrodos del implante. Estos controles también permitirán detectar y
diagnosticar fallos en el equipo, facilitando así su pronta reparación.
La estrategia de programación varía en función del paciente. Así por ejemplo, en el caso de
niños menores de 5 años, es incluso preciso, antes de comenzar la programación,
condicionarles al sonido entrenándolos para responder ante la presencia-ausencia de
sonido, así como a las diferentes intensidades del mismo.
REHABILITACION
El implante coclear no devuelve una audición normal y la naturaleza de los estímulos que
proporciona presenta diferencias notables respecto a la estimulación acústica habitual.
Por esa razón, es indispensable prever un tiempo, cuya duración podrá ser muy variable
según los casos, para entrenar al paciente a detectar, identificar y finalmente entender las
informaciones que llegarán a sus áreas auditivas.
La rehabilitación deberá dirigirse a la persona en su totalidad. En ese sentido, no debe
limitarse a un mero procedimiento de entrenamiento mecánico y debe abarcar diferentes
aspectos como:
? enseñar el manejo y cuidado del implante
? ajustar las expectativas a las posibilidades reales del paciente, señalando claramente
los objetivos de cada etapa del programa.
? proporcionar un apoyo suficiente a los pacientes y a sus familias en los momentos de
duda o desilusión.
? incidir en el entorno para que aplique los ajustes necesarios en su comunicación oral.
En cuanto al programa, su contenido, su duración y su tiempo de aplicación, cabe
distinguir entre los 3 principales grupos de pacientes implantados (53, 54, 55, 56).
1. Los pacientes post-locutivos.
Estos pacientes han oído alguna vez y han podido almacenar en memoria un gran
número de patrones auditivos sobre los que la rehabilitación va a poder apoyarse; sin
embargo, si el tiempo de sordera ha sido largo, es posible que estos patrones se hayan
deteriorado bastante.
En algunos casos, la recuperación de la capacidad auditiva es extremadamente
rápida y el contenido del programa se centra en seguida en un entrenamiento funcional
(conversación dirigida y, luego, abierta). Pero la mayoría de los pacientes necesita un
tiempo más largo durante el cual pasan por distintas etapas que conviene abordar de
forma progresiva para evitar reacciones de rechazo inicial, al no poder alcanzar desde el
principio los niveles de rendimiento que habían esperado.
En ese sentido, el proceso de información iniciado en la fase previa a la
implantación debe mantenerse y ampliarse para que el paciente pueda interpretar mejor
su evolución y mantener su motivación, punto clave para el éxito de cualquier
rehabilitación.
El programa de rehabilitación suele contener ejercicios analíticos (centrados en la
percepción de elementos discretos como una determinada sílaba) y ejercicios más
globales de comprensión de significados donde la suplencia mental desempeña un gran
papel.
La proporción relativa de estos dos enfoques varía en función de cada paciente (de
sus respuestas perceptivas pero también de su estilo de aprendizaje) y debe por lo tanto
adaptarse de forma individual.
La mayor parte de los programas coinciden en señalar 5 etapas:
? detección: se entrena al paciente a detectar la presencia o ausencia de un sonido
(utilizando fuentes sonoras de la vida cotidiana y la voz).
? discriminación: el paciente debe reconocer si dos items son iguales o no; la
progresión se hará desde items muy diferentes a items cada vez más parecidos hasta
llegar a los pares mínimos (dos palabras que se diferencian únicamente en un fonema).
18
? identificación: se entrena al paciente a reconocer un ruido, una palabra o una frase en
una situación de elección forzosa (closed-set). La progresión se basará en el número
total de items del ejercicio y su parecido. En cuanto a las palabras, el primer nivel de
diferenciación se suele centrar en el tamaño respectivo (número de sílabas) y pasa
después por contrastes frecuenciales, oposición fonética máxima, diferencias de
entonación terminando con las oposiciones fonéticas mínimas. Una vez que el
paciente se encuentre en fase avanzada de identificación, se puede comenzar la
utilización del teléfono.
? reconocimiento: en este nivel, el paciente debe repetir una palabra o una frase en
situación abierta (open-set). Como este nivel supone para muchos pacientes un salto
muy importante y a veces difícil de alcanzar, se puede preparar con situaciones semiabiertas,
es decir con ciertas ayudas del contexto (introducir la palabra a reconocer
dentro de una frase presentada por escrito, situar las palabras y frases en un contexto
referencial a partir de un tema, una fotografía...) Debe iniciarse en la escucha de la
TV.
? comprensión: se entrena al paciente en situaciones de diálogo semi-abierto (a partir
de un tema o de un referente determinado) y, finalmente de diálogo abierto.
Conviene recordar que los ejercicios se harán con y/o sin lectura labial según el
nivel de base del paciente: si se trata por ejemplo de una persona con escasa
comprensión inicial con lectura labial, el primer objetivo del programa consistirá
precisamente en mejorarla con la aportación del implante. Si, por el contrario, ya
dispone de una excelente lectura labial, los ejercicios se centrarán más directamente en
la discriminación auditiva.
No hay indicios de que los programas de rehabilitación deban modificarse según el
implante.
La duración general de la rehabilitación es muy variable: en general se suele
indicar un período de 6 meses a un año, con un ritmo inicial intensivo, reduciéndose
progresivamente conforme va progresando el paciente, dependiendo también de la
posibilidad de que la familia pueda asumir parte del entrenamiento.
Algunos casos necesitan bastante menos tiempo pero también es importante señalar
que se producen mejorías a largo plazo, incluso después de dos o tres años tras la
implantación.
Se recomienda que el contenido de los entrenamientos se adapte en lo posible al
nivel cultural y a las circunstancias sociales de cada paciente y que se involucre el
entorno familiar, tanto desde el punto de vista del propio entrenamiento como desde el
punto de vista del apoyo psicológico.
2. Pacientes pre-locutivos mayores de 6 años, adolescentes y adultos.
Estos pacientes carecen de patrones auditivos pre-establecidos o sólo disponen de
esquemas muy elementales acerca de la naturaleza de los sonidos. En la mayoría de los
casos, su lenguaje y su habla presentan distorsiones y fuertes limitaciones.
Ni los resultados ni el ritmo de los progresos serán parecidos a los de sujetos postlocutivos.
La estructura del programa de rehabilitación no difiere de la anterior pero el tiempo
que requerirá cada etapa será considerablemente más largo.
19
En general, hay que prever una rehabilitación que abarque de 2 a 5 años de forma
relativamente intensiva. Cuando se trata de niños o adolescentes en edad escolar que
reciben ayuda especializada, sea en centros específicos, sea en centros de integración, es
aconsejable que este entrenamiento se incorpore al programa de estimulación auditivo y
vocal y se prolongue durante todo el período escolar.
El seguimiento técnico del implante en estos casos debe hacerse con mayor
frecuencia ya que, por lo menos al principio, es probable que estos pacientes no puedan
darse cuenta de diferencias pequeñas en el rendimiento de su implante y, por lo tanto,
no lo señalen de forma espontánea.
3. Pacientes pre-locutivos menores de 6 años.
En estos casos, la implantación se produce cuando se está empezando el proceso
global de rehabilitación de la voz, del habla y del lenguaje.
No se habla entonces de un programa de rehabilitación específico para el implante
coclear: éste se convierte en una ayuda más eficaz para el aprovechamiento de la
estimulación proporcionada por el equipo educativo especializado y por su familia,
precisamente en los años en que la capacidad cerebral del niño se encuentra en su fase
óptima para estos aprendizajes.
Es importante por lo tanto que ese equipo pedagógico esté en estrecho contacto con
el equipo de seguimiento del implante.
Las técnicas que se utilizarán no van a diferir de las que se utilizan habitualmente
en educación auditiva, vocal y lingüística precoz: requieren un alto grado de
preparación y mucha intensidad durante toda la etapa pre-escolar.
Los métodos utilizados serán mucho más globales y funcionales que en el caso de
niños mayores y de los adultos.
Un implante coclear en un niño de corta edad sólo tiene sentido si su programa
educativo contiene una fuerte orientación hacia el uso y el desarrollo del lenguaje oral,
lo que no condiciona que pueda utilizar paralelamente otra modalidad comunicativa
como complemento a la comunicación oral.
Implante Coclear