InicioOfftopicMe gustas, pero no a mí.


Vos no me gustas pero a mi cerebro sí. Básicamente eso es lo que pasa. A continución voy a contarte que pasa por tu cabeza cuando te gusta alguien y de que depende que te enamores o no.Cuando uno se enamora no es que su corazoncito abrió la puerta a la persona que tiene en frente y gracias a una flecha de Cupido en pañales nos enamoramos preparados para esparcir azúcar y ternura a otra persona. Es mucho más complicado.



Uno dice que esa persona le gusta por lo que ve, por lo que siente, la famosa personalidad. Curvas, mujeres resonantes en carnes o un “Six pack” para lavar la ropa, el desayuno en la cama y un vocabulario correcto. En definitiva ¿Qué es estar enamorado?... Podríamos decir que es parecido a estar drogado con cocaína en cierto punto. (posta). Esta droga, mala de hecho, provoca que se acumulen neurotransmisores (moléculas que mandan información entre neuronas) en el espacio que se conectan dos neuronas, la llamada sinapsis. Con la cocaína principalmente se acumula dopamina. En otras palabras; ¿se acuerdan esos teléfonos improvisados de niños con dos vasos y un hilo? es como que la cocaína obligue al sonido a quedarse atrapado en el piolín en vez de salir y generar sonido, provocando una turbulencia entremedio de los vasos con consecuencias graves. ¿Qué provoca esto? Te agarra sueño, aparecen cosas raras mientras dormís, taquicardia, se desencadena un éxodo de hormonas y neurotransmisores que hacen que tu cerebro diga “Ooooh nena” al mejor estilo Johnny Bravo mientras transpiras y no podes pensar correctamente, aparece una necesidad biológica de hacer cosas que generen placer.


Me gustas, pero no a mí.



Freud con sus tópicos y creencias podría decir y alegar que encontramos en esa persona un rasgo de nuestro padre/madre que nos recuerda, y que cuando acercamos la nariz aparece un olor que nos hace acordar al guiso de la abuela Rosa. Lamento decirte que fuiste flechad@, cagaste amig@, estas enamorado. Aunque como lo de Freud es todo teórico, pero no tan alejado de la realidad…. vayamos a lo que de verdad se sabe, vamos a tirar toda la carne al asador para intentar explicar este quilombo del amor.


¿Cómo nos enamoramos? Por una ensalada rusa de neurotransmisores y conexiones cerebrales ¿Hay etapas? Si, tres ¿Por qué nos enamoramos? No sé, habría que preguntarle a Darwin que tan evolutivamente aprovechable es andar como un idiota cada vez que la piba de la facultad que te cabe anda cerca.


Helen Fisher (Crack canadiense en la neurociencia) define al enamoramiento (awww) en tres etapas: La primera es el “Deseo”. Esta etapa esta archidominada por las hormonas sexuales, estrógenos y testosterona. Son las hormonas del amor de bondi por así decirlo, vos no sabes que te pasa, pero sabes que le querés dar al flaco que acaba de subir al bondi o a la cajera del supermercado. Esa son tus hormonas sexuales pidiendo a gritos sexo. Lo que en realidad están buscando una de sus órdenes celestiales más importante, reproducirse, superpoblar el planeta azul. Pero gracias a una zona del cerebro, el sistema límbico y el cortex (Esa parte de tu cabeza que te dice que abrir un esfínter en medio de la cena no está bueno) vos vas disimulando tus ganas de mete-saca.


Después aparece el “enamoramiento” propiamente dicho, esa sensación de “Quiero estar con vos corazoncito de melón” y otros comentarios goma. Esta segunda etapa se manifiesta en una porción de la famosa sustancia gris del cerebro, en un lugar especifico que se llama núcleo caudado, la cual alberga millones de sinapsis con distintos neurotransmisores. Hoy en día se sabe que cuando la persona te empieza a gustar disminuye la serotonina (nombre cheto de neurotransmisor) y aumentan la noradrenalina y la dopamina (Si, la coca de vuelta). Lo maravilloso de todo esto es que estamos generando una adicción, si señores. Porque la dopamina es la encargada del sistema de recompensa, este aumento de dopamina te va a obligar a buscar cosas que te generen satisfacción, placer. En un jugador, va a ser ir al casino, en un gordo como yo va a ser comer y en el pobre diablo que fue flechado por Cupido va a ser recibir amor de esa Dulcinea del Toboso que conoció en Wallmart.


¿Viste cuanto comes chocolate y de la nada querés más? Es exactamente lo mismo, se sabe que el chocolate genera una leve adicción pasajera por este mecanismo de recompensa en otra zona llamada región tegmental ventral. Región que casualmente se activa ante el amoooor (¿Qué cerebro tierno tenemos no?).


La última y más importante etapa, la “conexión”. Este es el momento en el que el bicho azul de Avatar conecta su trenza con esa imitación de unicornio volador en la película. La encargada de esta unión entre los dos enamoradizos en cuestión es la Oxitocina. Si queremos flashear significados les puedo contar que Oxi viene de oxis, que es rápido y tocina viene de tokos, que es nacimiento. Esta pequeña hormona liberada desde muy arriba, desde la hipófisis, es la que se libera en el orgasmo. Si, esta es la culpable de esas caras raras al momento de copular (Meg Ryan sabe banda de esto). Maldito elixir sexual. ¿Qué hace esta cosita para que sea tan importante? Principalmente, es la encargada de dos cosas. De generar el parto y de la unión materno-filial. Si yo le inyecto oxitocina a una chica, el útero se le va a contraer y sus pechos crecerán hasta poder emanar cantidades importantes de leche. (Llegó el lecherooooooo)


Podemos concluir que la última etapa, ese momento en el que te das cuenta de que esa mina/pibe SI es para vos y querés unirte a él, es porque estas imitando una relación pseudofamiliar como hiciste con tu madre en algún momento (Freud re-experimentaría su etapa fálica si leyera esto). Esta oxitocina es la que permite ese lazo, esa unión por encima del garch and go. Por eso esta comprobado, aunque no parezca, que el tener relaciones favorece la relación porque se generan picos de oxitocina, que además de contraerle el útero a la chica, hace que los dos generen “la relación” entre ambos y que te termines enamorandote más de tu compañía.


Es creepy, es raro, pero así es como funciona. Tene cuidado, la oxitocina no se vende pero la hipófisis la regala, y tiene de sobra.


Bibliografía:
Purves, Dale. Neurociencia y neuroanatomía. Editorial Panamericana. 2007
Bachrach, Estanislao. Ágilmente. Editorial sudamericana. 2012
El autor es estudiante de medicina.
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