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2 de octubre no se olvida (México)

Reviews•11/12/2011
2 de octubre a partir de 2012 fecha de luto nacional

2 de octubre no se olvida (México)




Sobre la matanza de Tlatelolco aún quedan muchas incógnitas por resolverse. Nuestra memoria histórica presenta auténticas lagunas sobre los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. Luis González de Alba, uno de los protagonistas del movimiento estudiantil, ha reiterado en numerosas ocasiones que, incluso en el relato de los líderes estudiantiles, existen vaguedades y contradicciones; formando más que una relato unívoco, una auténtica versión coral, donde parece que ni siquiera del lado de las Fuerzas de la Ley existe una versión definitiva. Al momento, ni siquiera el número de víctimas y desaparecidos es claro. Sin embargo, la matanza de Tlatelolco se perfila como uno de los sucesos que han prefigurado el rostro de nuestra nación.

En reconocimiento a este lamentable suceso que —de manera trágica— nos dio patria, la Cámara de Diputados aprobó durante esta semana que el 2 de octubre sea considerada fecha de luto nacional, izándose la bandera a media asta en escuelas, edificios públicos y embajadas. El nombre oficial de la conmemoración fue signado como “aniversario de los caídos en la lucha por la democracia de la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco en 1968” en la adición realizada a la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno nacionales, propuesta desde 2007 por el perredista Pablo Gómez Álvarez. En el dictamen para la adición hecha a esta Ley se establece que su razón de ser obedece a que:

"un número significativo de ciudadanos, en su mayoría estudiantes, que participaban en una manifestación política, resultaron muertos, heridos o detenidos por efectivos militares mediante el uso indiscriminado de la fuerza."

La consideración del 2 de octubre como una fecha de luto nacional podrá ser percibida como una cuestión meramente de “formas”, pues dicha adición a la Ley no especifica la creación de un comité especializado para ir más profundo en las investigaciones, o para sancionar a los pocos responsables que aún quedan vivos. Sin embargo, es un paso fundamental para ir recobrando terreno a esas lagunas que, de no cercarlas, amenazarán con inundarnos de olvido y borrar una cicatriz en el rostro de nuestro país, como si el daño nunca hubiera sido hecho, como si en el país realmente nunca pasara nada (dijo nadie nunca).


Masacre de Tlatelolco: el 02 de octubre no se olvida

octubre




Hace muchas décadas, cuando el PRI gobernaba solitariamente nuestra nación (una dictadura perfecta, como lo calificó el escritor peruano Vargas Llosa), parecía que el país avanzaba, a pesar del caracter poco democrático de los gobernantes y su lejanía con la sociedad. El Producto Interno Bruto crecía considerablemente, y a pesar de todo, algunos mandatarios del partido oficial lograron algunos avances en temas como la educación o el derecho al voto de la mujer.

El sistema económo ISI (Sustitución de Importaciones) funcionaba, y el país era relativamente independiente de Estados Unidos. A este periodo se le llamó el Milagro Mexicano. Al contrario de lo que afirman muchos opositores al antiguo régimen, como el PAN, los priístas lograron mantener un país próspero desde 1940 con Lázaro Cárdenas, hasta cerca de los años 70 con Díaz Ordaz y Luis Echeverría (cuando el sistema se empezó a desgastar y corromper aún más). Sin embargo, existió un acontecimiento que marcó un antes y un después: La masacre de Tlatelolco, el 02 de octubre que no se olvida.

Debido a la descomposición del sistema político y a la cada vez más evidente corrupción, muchos jóvenes, especialmente estudiantes de la UNAM y del IPN decidieron manifetarse al grito de “únete pueblo”. La manifestación se empezó a hacer cada vez más grande y esto empezó a preocupar al gobierno. En el 68 se vivía una escalada de inconformidad a nivel mundial, algo parecido a lo que vivimos en el 2011. Pero a diferencia de hoy, se vivía un clima tenso por la guerra fría; la guerra entre el capitalismo y comunismo estaba a tambor batiente y eso preocupó al presidente Gustavo Díaz Ordáz, quien dentro de su cabeza se creo la teoría de la conspiración de que se trataba de una insurrección comunista, justificando la masacre de Tlatelolco.

Es cierto que algunos manifestantes profesaban el anarquismo y el comunismo; también es cierto que células tanto de la extinta U.R.S.S. como de Estados Unidos trataron de infiltrar al movimiento; pero ambas eran una minoría. La mayoría de los manifestantes simplemente estaban hartos del gobierno autoritario y del sentimiento de injusticia que palpaban. Pero Gustavo Díaz Ordaz no lo vio así. Con ayuda del entonces Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez, mandó al Batallón Olimpia a Tlatelolco, cuyos integrantes iban vestidos de civiles con un pañuelo blanco en la mano izquierda; resultando culpables de perpetrar la masacre de Tlatelolco, abriendo fuego contra los manifestantes y contra los militares; que se encontraban en el lugar para hacer creer que los manifestantes eran los agresores.

El PRI en ese entonces controlaba el sistema y a casi todos los medios de comunicación. Televisa censuró lo ocurrido en el lugar y se unió a la versión oficial de los hechos. El gobierno hablaba de tan solo 20 muertos, pero versiones extraoficiales mencionan a más de 100. A pesar de lo ocurrido, el gobierno se salió con la suya. Y no sólo eso, sino que el incidente fue la gota que derramó el vaso para que el país se viniera abajo tanto política como económicamente. Llegó Luis Echeverría Alvarez al poder (en esos momentos nadie sospechaba de su participación en la masacre de Tlatelolco) absorbió a un sinnúmero de intelectuales y manifestantes, y les dio puestos en el gobierno. Para hacer pensar que él había llegado al poder para satisfacer las demandas del pueblo, instauró un gobierno de caracter populista que dio por terminado el “milagro mexicano” para pasar a un país con problemas económicos, devaluaciones y aumento de la pobreza.

México nunca se recuperó del atentado, porque tuvieron que pasar más de 30 años para que el partido oficial dejara el poder. Enrique Krauze en su trilogía histórica dice que los manifestantes —de los cuales él formó parte— si bien mostraron su repudio al gobierno, no dieron ese segundo paso, no buscaron construír una nueva plataforma o crear un nuevo partido. Esa fue la debilidad del movimiento y por eso terminó absorbido por el aparato gubernamental. Él compara este hecho con el fraude que sufrió Cuauhtemoc Cárdenas en 1988. Para Krauze, el hijo de Lázaro Cárdenas dio el siguiente paso: formó un partido, y uno de sus militantes, Andrés Manuel López Obrador, estuvo a punto de llegar a la presidencia en unas elecciones también cuestionables.

Las secuelas ahí siguen y nuestros políticos no lograron —o no quisieron— hacer justicia, Gustavo Díaz Ordaz murió tempranamente (en 1979) de un cáncer de colon. Pero Echeverría si bien llegó a ser juzgado y tuvo que cumplir un arraigo domiciliario, nunca pisó la cárcel. Parte de ese sistema sigue vivo y no hemos podido ponerles un alto. La masacre de 1968 debería de dejarnos una lección, pero lamentablemente, los mexicanos no tenemos mucha memoria histórica.
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