No deseas ser una persona normal, no quieres ser alguien corriente. Ese es
el
verdadero problema. Lo más difícil es ser alguien corriente. La cultura te exige que seas algo distinto
de
lo que eres. Eso ha creado una cierta inercia, un movimiento del pensar tremendo, poderoso, que exige que seas diferente
de
lo que eres. Eso es todo lo que ocurre. Puedes emplearlo para alcanzar algo; sino, no sirve para nada.
Para lo único que te es útil el pensar es para alimentar este cuerpo y para reproducirte. Esa es la única utilidad de tu pensar. No sirve para nada más. No puede ser empleado para especular. Puedes edificar una impresionante estructura filosófica con el pensamiento, pero carece de valor alguno. Puedes interpretar cualquier acontecimiento de tu vida y construirte otra estructura filosófica con el pensamiento, pero esto ( el pensar) no ha sido diseñado para eso.
Al mismo tiempo te olvidas de que todo lo que tienes a tu alrededor es la creación del pensar. Tú mismo naciste del pensamiento; sino, no estarías aquí. En este sentido posee un tremendo valor y aun así es lo mismo que te destruirá.
Esa es la paradoja. Todo lo que has creado en este mundo se ha hecho posible con la ayuda de ese pensar, pero desafortunadamente eso mismo se ha convertido en el enemigo del hombre porque estás empleando el pensar para propósitos distintos a aquellos para los que existe. Puede ser empleado para resolver los problemas técnicos de un modo correcto y eficaz, pero no puede ser empleado para resolver los problemas de la vida .
Te estoy diciendo que te mantengas por ti mismo. Puedes andar, puedes nadar, no te vas a hundir. Eso es todo lo que puedo decir. Mientras esté presente el miedo, la amenaza de que te hundas será casi una certeza. Sino, hay una fuerza ascensional en el agua que te mantiene flotando. El miedo a hundirte es lo que hace imposible para ti el que el movimiento suceda por sí mismo. ¿Ves?, no tiene dirección: es simplemente un movimiento sin dirección. Estás tratando de manipular y canalizar ese movimiento en una determinada dirección de modo que puedas obtener unos beneficios. Eres sencillamente un movimiento sin dirección.
Así pues, ¿qué es lo que sabes? Sabes mucho. Has recogido este conocimiento desde diversas fuentes y lo has ido acumulando. En su mayoría no es necesario. Sabes mucho y deseas saber más y más y más. Para usarlo, desde luego. No una cosa así como el saber por el puro placer de saber; te da poder. El saber es poder. "Yo sé. Tú no sabes". Eso te da poder. Puede que ni seas consciente de que saber más que el otro, te da poder. En este sentido el saber es poder. Adquirir más y más conocimiento, más conocimiento del que es esencial para la supervivencia del organismo vivo, es adquirir más y más poder sobre los demás.
El saber tecnológico que necesitas para sobrevivir es algo comprensible. Eso es todo. He de aprender cierta técnica. La sociedad no va a alimentarme a menos que le dé algo a cambio. Has de darles lo que ellos desean, no lo que tú quieras darles. ¿Qué es lo que tienes para dar? No tienes nada para dar de ninguna de las maneras. De otro modo. ¿qué valor posee este saber para ti? El saber más sobre algo que realmente no sabes.
Siempre estamos hablando del pensar y del pensamiento. ¿Qué es el pensamiento? ¿Has observado alguna vez el pensar, habiendo dejado de controlar el pensamiento, dejando de manipular el pensamiento, dejando de emplear ese pensar para adquirir algo material o lo que sea? No puedes observar tu pensar porque no puedes separarte a ti mismo del pensar y así observarlo. No hay un pensar aparte del conocimiento que posees sobre esos pensamientos, sobre las definiciones que posees. Por eso, si alguien te plantea la pregunta, "¿Qué es el pensar?" cualquier repuesta que des, es la respuesta que ha sido previamente introducida, las respuestas que ya otros han dado.
Tú, mediante combinaciones y permutaciones en la recepción y la actividad mental sobre los pensamientos, has creado tus propios pensamientos a los cuales llamas tuyos. Es como cuando mezclas distintos colores y creas miles de colores pastel, pero básicamente todos pueden ser reducidos solamente a los siete colores que puedes encontrar en la naturaleza. Lo que crees que es tuyo es la combinación y la permutación de todos esos pensamientos del mismo modo que puedes crear cientos y cientos de colores pastel. Tú has creado tus propias ideas. A eso lo llamas pensar. Cuando quieres observar un pensamiento, lo que hay presente es solamente aquello que conoces sobre el pensar. Sino, no puedes observar un pensamiento. No hay otro pensamiento más que el contenido en aquello que sabes sobre el pensar. Eso es todo lo que estoy afirmando. Por eso, cuando se entiende esto, la estupidez de todo el asunto de querer observar el pensar se acaba. Lo que queda es solamente aquello que sabes, las definiciones que otros han dado. Y de esas definiciones, si eres muy inteligente y suficientemente listo, crearás tus propias definiciones. Eso es todo.
Cuando observas un objeto, el conocimiento que tienes de ese objeto entra en tu cabeza. Existe la ilusión de que ese pensamiento es algo distinto del objeto, pero eres tú el que crea el objeto. Puede que el objeto esté allí, pero el conocimiento que tú posees sobre ese objeto es todo lo que sabes. Aparte de ese saber e independientemente de ese saber, liberándote de ese saber, no tienes manera de saber nada sobre él. No tienes manera alguna de experimentar directamente algo. El conocimiento que posees sobre eso es todo lo que hay y eso es lo que estás experimentando. En realidad, no sabes lo que es.
Exactamente de la misma manera, cuando deseas saber algo sobre el pensar o experimentar el pensar, es el mismo proceso el que está allí en acción. No hay adentro ni afuera. Lo que hay es solamente el funcionamiento, el fluir del conocimiento. Por eso, realmente, no puedes separarte a ti mismo del pensar y observarlo.
Así pues, cuando se te plantea una pregunta así, lo que debería suceder es saber que ninguna de esas respuestas posee significado alguno, porque todo es adquirido y enseñado. Así este moverse se detiene. No hay necesidad para ti de responder a la pregunta. No hay necesidad para ti de conocer nada sobre ella. Todo lo que sabes se detiene. Deja de haber inercia. Se hace cada vez más lento, y luego se te va haciendo claro que es una estupidez el tratar de contestar esa pregunta porque no hay ninguna respuesta. Las respuestas que otros han dado son las que están ahí. Por eso no tienes nada que decir sobre eso que llamas pensamiento porque todo lo que tienes que decir es algo que has recogido de otras fuentes. No tienes una respuesta propia.
Si eres suficientemente afortunado (solamente es cosa de suerte) y sales de esta trampa, la pregunta sobre la realidad deja de existir para ti. La pregunta surge de ese conocimiento el cual está todavía interesado en descubrir la realidad de las cosas y en experimentar directamente lo que es la realidad. Cuando esto, el conocimiento, desaparece, la pregunta desaparece. Entonces no hay necesidad alguna de hallar una respuesta. Esta pregunta que te estás planteando, y que me planteas, nace de suponer que existe una realidad y esa suposición nace de ese conocimiento que tienes de la realidad. El conocimiento es la respuesta que ya tienes. Por eso estás planteando la pregunta. La pregunta surge automáticamente.
Lo que es necesario no es hallar la respuesta a la pregunta, sino comprender que esa pregunta que estás planteando, que pones ante ti y pones ante otros, nace de la respuesta que ya tienes y que es conocimiento. Por eso, el formato de pregunta y respuesta, si nos complacemos en exceso en él, se convierte en un ritual sin sentido. Si realmente estás interesado en descubrir la realidad, lo que tiene que aparecerte como claro es que tus mismas preguntas nacen de las respuestas que ya posees. Si no, no podría haber pregunta alguna.
Solamente tenemos soluciones. Solamente estás interesado en soluciones y esas soluciones no han resuelto tus problemas, por eso estás tratando de encontrar diferentes clases de soluciones. Pero la situación permanecerá siendo exactamente la misma. De alguna forma existe la esperanza de que descubrirás la solución para solventar tus problemas.
Por eso tu problema no es el problema, sino la solución. Si la solución desaparece, no existe el problema. Si existe una solución, el problema no debería subsistir más. Si las respuestas dadas por los demás (por los sabios) fuesen las respuestas, entonces las preguntas dejarían de existir. Así que esas no son obviamente las respuestas.
Si fueran las respuestas, las preguntas no existirían. Así que, ¿por qué no cuestionas las respuestas? Si cuestionas las respuestas, debes cuestionar a aquellos que han dado las respuestas. Pero das por sentado que esos son sabios, que su espiritualidad es superior a la nuestra y que ellos saben de lo que están hablando. ¡Ellos no tienen ni la más mínima idea!
Para lo único que te es útil el pensar es para alimentar este cuerpo y para reproducirte. Esa es la única utilidad de tu pensar. No sirve para nada más. No puede ser empleado para especular. Puedes edificar una impresionante estructura filosófica con el pensamiento, pero carece de valor alguno. Puedes interpretar cualquier acontecimiento de tu vida y construirte otra estructura filosófica con el pensamiento, pero esto ( el pensar) no ha sido diseñado para eso.
Al mismo tiempo te olvidas de que todo lo que tienes a tu alrededor es la creación del pensar. Tú mismo naciste del pensamiento; sino, no estarías aquí. En este sentido posee un tremendo valor y aun así es lo mismo que te destruirá.
Esa es la paradoja. Todo lo que has creado en este mundo se ha hecho posible con la ayuda de ese pensar, pero desafortunadamente eso mismo se ha convertido en el enemigo del hombre porque estás empleando el pensar para propósitos distintos a aquellos para los que existe. Puede ser empleado para resolver los problemas técnicos de un modo correcto y eficaz, pero no puede ser empleado para resolver los problemas de la vida .
Te estoy diciendo que te mantengas por ti mismo. Puedes andar, puedes nadar, no te vas a hundir. Eso es todo lo que puedo decir. Mientras esté presente el miedo, la amenaza de que te hundas será casi una certeza. Sino, hay una fuerza ascensional en el agua que te mantiene flotando. El miedo a hundirte es lo que hace imposible para ti el que el movimiento suceda por sí mismo. ¿Ves?, no tiene dirección: es simplemente un movimiento sin dirección. Estás tratando de manipular y canalizar ese movimiento en una determinada dirección de modo que puedas obtener unos beneficios. Eres sencillamente un movimiento sin dirección.
Así pues, ¿qué es lo que sabes? Sabes mucho. Has recogido este conocimiento desde diversas fuentes y lo has ido acumulando. En su mayoría no es necesario. Sabes mucho y deseas saber más y más y más. Para usarlo, desde luego. No una cosa así como el saber por el puro placer de saber; te da poder. El saber es poder. "Yo sé. Tú no sabes". Eso te da poder. Puede que ni seas consciente de que saber más que el otro, te da poder. En este sentido el saber es poder. Adquirir más y más conocimiento, más conocimiento del que es esencial para la supervivencia del organismo vivo, es adquirir más y más poder sobre los demás.
El saber tecnológico que necesitas para sobrevivir es algo comprensible. Eso es todo. He de aprender cierta técnica. La sociedad no va a alimentarme a menos que le dé algo a cambio. Has de darles lo que ellos desean, no lo que tú quieras darles. ¿Qué es lo que tienes para dar? No tienes nada para dar de ninguna de las maneras. De otro modo. ¿qué valor posee este saber para ti? El saber más sobre algo que realmente no sabes.
Siempre estamos hablando del pensar y del pensamiento. ¿Qué es el pensamiento? ¿Has observado alguna vez el pensar, habiendo dejado de controlar el pensamiento, dejando de manipular el pensamiento, dejando de emplear ese pensar para adquirir algo material o lo que sea? No puedes observar tu pensar porque no puedes separarte a ti mismo del pensar y así observarlo. No hay un pensar aparte del conocimiento que posees sobre esos pensamientos, sobre las definiciones que posees. Por eso, si alguien te plantea la pregunta, "¿Qué es el pensar?" cualquier repuesta que des, es la respuesta que ha sido previamente introducida, las respuestas que ya otros han dado.
Tú, mediante combinaciones y permutaciones en la recepción y la actividad mental sobre los pensamientos, has creado tus propios pensamientos a los cuales llamas tuyos. Es como cuando mezclas distintos colores y creas miles de colores pastel, pero básicamente todos pueden ser reducidos solamente a los siete colores que puedes encontrar en la naturaleza. Lo que crees que es tuyo es la combinación y la permutación de todos esos pensamientos del mismo modo que puedes crear cientos y cientos de colores pastel. Tú has creado tus propias ideas. A eso lo llamas pensar. Cuando quieres observar un pensamiento, lo que hay presente es solamente aquello que conoces sobre el pensar. Sino, no puedes observar un pensamiento. No hay otro pensamiento más que el contenido en aquello que sabes sobre el pensar. Eso es todo lo que estoy afirmando. Por eso, cuando se entiende esto, la estupidez de todo el asunto de querer observar el pensar se acaba. Lo que queda es solamente aquello que sabes, las definiciones que otros han dado. Y de esas definiciones, si eres muy inteligente y suficientemente listo, crearás tus propias definiciones. Eso es todo.
Cuando observas un objeto, el conocimiento que tienes de ese objeto entra en tu cabeza. Existe la ilusión de que ese pensamiento es algo distinto del objeto, pero eres tú el que crea el objeto. Puede que el objeto esté allí, pero el conocimiento que tú posees sobre ese objeto es todo lo que sabes. Aparte de ese saber e independientemente de ese saber, liberándote de ese saber, no tienes manera de saber nada sobre él. No tienes manera alguna de experimentar directamente algo. El conocimiento que posees sobre eso es todo lo que hay y eso es lo que estás experimentando. En realidad, no sabes lo que es.
Exactamente de la misma manera, cuando deseas saber algo sobre el pensar o experimentar el pensar, es el mismo proceso el que está allí en acción. No hay adentro ni afuera. Lo que hay es solamente el funcionamiento, el fluir del conocimiento. Por eso, realmente, no puedes separarte a ti mismo del pensar y observarlo.
Así pues, cuando se te plantea una pregunta así, lo que debería suceder es saber que ninguna de esas respuestas posee significado alguno, porque todo es adquirido y enseñado. Así este moverse se detiene. No hay necesidad para ti de responder a la pregunta. No hay necesidad para ti de conocer nada sobre ella. Todo lo que sabes se detiene. Deja de haber inercia. Se hace cada vez más lento, y luego se te va haciendo claro que es una estupidez el tratar de contestar esa pregunta porque no hay ninguna respuesta. Las respuestas que otros han dado son las que están ahí. Por eso no tienes nada que decir sobre eso que llamas pensamiento porque todo lo que tienes que decir es algo que has recogido de otras fuentes. No tienes una respuesta propia.
Si eres suficientemente afortunado (solamente es cosa de suerte) y sales de esta trampa, la pregunta sobre la realidad deja de existir para ti. La pregunta surge de ese conocimiento el cual está todavía interesado en descubrir la realidad de las cosas y en experimentar directamente lo que es la realidad. Cuando esto, el conocimiento, desaparece, la pregunta desaparece. Entonces no hay necesidad alguna de hallar una respuesta. Esta pregunta que te estás planteando, y que me planteas, nace de suponer que existe una realidad y esa suposición nace de ese conocimiento que tienes de la realidad. El conocimiento es la respuesta que ya tienes. Por eso estás planteando la pregunta. La pregunta surge automáticamente.
Lo que es necesario no es hallar la respuesta a la pregunta, sino comprender que esa pregunta que estás planteando, que pones ante ti y pones ante otros, nace de la respuesta que ya tienes y que es conocimiento. Por eso, el formato de pregunta y respuesta, si nos complacemos en exceso en él, se convierte en un ritual sin sentido. Si realmente estás interesado en descubrir la realidad, lo que tiene que aparecerte como claro es que tus mismas preguntas nacen de las respuestas que ya posees. Si no, no podría haber pregunta alguna.
Solamente tenemos soluciones. Solamente estás interesado en soluciones y esas soluciones no han resuelto tus problemas, por eso estás tratando de encontrar diferentes clases de soluciones. Pero la situación permanecerá siendo exactamente la misma. De alguna forma existe la esperanza de que descubrirás la solución para solventar tus problemas.
Por eso tu problema no es el problema, sino la solución. Si la solución desaparece, no existe el problema. Si existe una solución, el problema no debería subsistir más. Si las respuestas dadas por los demás (por los sabios) fuesen las respuestas, entonces las preguntas dejarían de existir. Así que esas no son obviamente las respuestas.
Si fueran las respuestas, las preguntas no existirían. Así que, ¿por qué no cuestionas las respuestas? Si cuestionas las respuestas, debes cuestionar a aquellos que han dado las respuestas. Pero das por sentado que esos son sabios, que su espiritualidad es superior a la nuestra y que ellos saben de lo que están hablando. ¡Ellos no tienen ni la más mínima idea!