LOS artículos anteriores han dejado bien claro que estamos consumiendo los recursos de la Tierra a un ritmo inadmisible. Hay que reconocer que los dirigentes del mundo han realizado esfuerzos encomiables por reducir la contaminación, la deforestación y otros problemas ambientales. Comenzando con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, realizada en 1972, se han celebrado reuniones periódicas —donde han llegado a participar 163 naciones— cuyo objetivo ha sido respaldar planes de acción. Pero ¿qué resultados se han obtenido? “Lamentablemente, esta nutrida colección de tratados, planes de acción y otros instrumentos no ha frenado el deterioro ambiental”, indica David Hunter, director ejecutivo del Centro de Derecho Ambiental Internacional. De hecho, según él, “casi todos los principales indicadores ambientales están peor que cuando se celebró la Conferencia de la ONU de 1992”.
¿Por qué se ha avanzado tan poco tras más de treinta años de medidas encaminadas a proteger la ecología? Entre otras razones, por el propio crecimiento económico. El motor de las economías nacionales es el consumo. Para ello hacen falta industrias que produzcan artículos, lo que a su vez exige materias primas. En este círculo vicioso, el medio ambiente siempre sale perdiendo. Entonces, ¿qué solución existe?