
Encuentro en el movimiento anarquista muchas cosas que no me gustan y que probablemente me lleven a una ruptura.
1. El acoplarse con el feminismo.
Sabemos que, en nuestra sociedad, el hombre debe ser fuerte e independiente, por lo tanto, es quien más sufre las violencias y las durezas de la vida, ya que se lo deja a su suerte y se espera de él que lo resista. En cambio, cuando se trata de mujeres o niños, tenemos más cuidado y no obramos de la misma forma, porque nos parecen más vulnerables. Sin embargo, el feminismo se empeña en decir cosas que contradicen mi experiencia cotidiana, como que "las mujeres son el grupo más oprimido". En los casos que concretamente hay problemas, muchas veces no son problemas específicos de la mujer (inseguridad, falta de respeto, violencia) y también sucede que cuando hay un porcentaje insignificante de mujeres que sufren un problema, se pretende actuar como si todas las mujeres sufrieran algo que no sufren. No se puede culpar a la sociedad completa de lo que hacen algunos golpeadores en particular, debe tratarse el caso específico sin generalizar algo que si bien ocurre no es en tanta cantidad porcentualmente (la sociedad no es mala, esas personas son las malas). Me interesa que se terminen tales cosas y me gustaría que se resuelvan con justicia y dando las protecciones adecuadas, no importa si es un caso o un millón. Lo cierto es que estos problemas reales no deberían confundirse con las pretensiones de mujeres irracionales que quieren que el mundo se acomode a sus caprichos y conveniencia. Y tampoco mis aspiraciones por el bienestar de las mujeres van a hacer que apoye ciertas ideologías extrañas relacionadas con el género y la sexualidad, que considero discriminatorias. Cada persona puede llevar la vida sexual que más le apetezca, dentro de unos ciertos límites más que nada delimitados por si son o no inofensivos para los demás, pero no es en ninguna manera validar el que tengamos que adaptarnos a sus gustos y encima ser discriminados, tanto por ser heterosexuales como por ser hombres. No estoy de acuerdo con eso. Si los hombres realmente fuésemos opresivos, una cosa tan incoherente y antihombre como el feminismo nunca hubiera podido nacer. Pero no, somos tan protectores que hasta nos preocupamos de tonterías femeninas y les hacemos gran fanfarria para que un par de inadaptadas se sienta bien imponiéndole sus falacias al resto, en vez de combatir esa ideología destructiva. La única manera de poder ayudar a las mujeres que sí tienen problemas es dejando de malgastar los recursos y el tiempo en problemas que no son reales y de los que se tendría que hacer cargo cada persona, sea hombre o mujer, y no pretender que se los resuelvan desde arriba o que obliguen a los demás a amoldarse a los caprichos ajenos.
2. Intolerancia con otros anarquistas y gente que no lo es.
Otra cosa que observo es que el anarquismo, que se supone debe ser un lugar donde expresarse con libertad, deriva a veces en un grupo que pretende imponer sus ideas a los otros. No digo esto porque den su punto de vista o incluso discutan, si no porque tienen fácil la agresión, cuando no están de acuerdo con uno. Usan apelativos como "nazi", "liberal", "trosko", "fascista", "peroncho", y eso lo hacen aunque lo que dijo el otro esté bien argumentado. Entonces, aunque lo que digas tenga una base, tratan de descalificarte para no prestar atención a tus argumentos ni que lo hagan los demás y de esa manera "neutralizarte" socialmente. Da lo mismo que te vayas, porque de todas maneras cada vez que hables te van a volver a repetir el apelativo sin cansarse y así de paso confunden a los otros haciéndoles creer que hay alguna relación entre tu idea y la ideología que ellos maliciosamente te atribuyen (aparte de acusaciones personales más graves y falsas, que también se dan). Esto lleva a que los demás, por no querer ser acusados del apelativo por el que te llaman, prefieran no profundizar mucho en la idea o aunque sea consiguen que el debate se vuelva acalorado y que no se pueda hablar en paz de un tema que debería tener su espacio. Es ambigua esa posición de respetar la libertad de expresión pero reprimir moralmente lo que no tiene nada de inmoral. Que yo sepa, eso lo hacen las sectas. Muchas buenas ideas son desoídas porque no se adaptan a sus ideales o al modo que ellos profesan como el indiscutiblemente correcto, aunque sean anárquicas o no tengan nada que impida su aplicación dentro de lo que es el anarquismo. El fanatismo, que no tendría que haber, hay, para ser claro mucha intolerancia hacia otros anarquistas, incluso mayor que hacia el sistema opresor, con el cual a veces parecen flirtear, asemejándose a los sectores más progresistas de los partidos políticos (esos que promueven el aborto, detestan al cristianismo y critican al islam pero hay una religión de la que mejor no digas ni A adelante de estos ateos-cuando-les-conviene, y culpan de todo a la sociedad sin tener en cuenta que algunas cosas dependen de uno).
3. Defensa de personas dañinas.
En el anarquismo, muchas veces se habla de los criminales con cierta simpatía. Vamos a decir, yo no diría nada contra un Robin Hood que roba a los déspotas para repartirlo entre los pobres. Sin embargo, Robin Hood era considerado con los demás, por eso es un héroe que podemos admirar. Infringía la ley pero era justo con los hombres. Otra cosa es una persona que sale a robar y a matar, sin distinción y sobre todo a los trabajadores y a los humildes, que no tiene ningún código ni respeto por la vida ajena. Mientras uno hace una lucha social, el otro es simplemente destructivo (tal como el déspota pero en versión pobre). Y en el anarquismo lo que ocurre es que se los victimiza y a veces hasta se llega a tratarlos como si fueran revolucionarios o luchadores libertarios, cuando no muestran el menor interés en asuntos sociales con su conducta. Las cárceles pueden ser un asco pero eso no hace que la conducta dañina de alguien hacia otros seres humanos sea digna de alabanzas. Hay muchos que son pobres y no hacen lo que estas personas hacen, así que la pobreza no explica ni justifica sus acciones. Y también que no necesariamente son pobres, aunque no sean ricos. Si una persona nunca pasó necesidades y sale a robar, entonces no es por hambre sino para darse la gran vida con poco esfuerzo. Claro que comprendo la explotación que implica un trabajo dentro de este sistema, pero si me dan a elegir no voy a romperle la cabeza a alguien para quedarme con lo que se esforzó por tener con su propio trabajo. También, muchas veces la delincuencia tiene que ver con las drogas peligrosas, y esas drogas son una especie de esclavitud que enriquece a gente que se dedica a arruinarle la vida a otros, volverlos adictos para tener una fuente constante de ingresos. Ya saben cómo se ponen algunos cuando no tienen paco, por decir alguna de esas drogas. Pero el crimen organizado, pienso yo, es impulsado por motivos de lucro y poder, no por necesidades o adicciones. No hay que ser tan ingenuos de creer que roban y matan porque son pobres víctimas y no tienen otra alternativa. Sin embargo, esto choca bastante con las ideas de algunos, que ven en todo delincuente un compañero en la lucha política, sin analizar lo que hace esa persona. Entonces, esperan que uno también apoye la vida que llevan, y ése es el problema, que yo no voy a apoyar a alguien que un día puede terminar robándome o matándome a mí o a alguien cercano, por lo indiscriminada que es su conducta. En realidad, tampoco estoy de acuerdo con el odio desmedido hacia los que están en buena posición económica, no me parece que el sólo hecho de tener dinero sea suficiente razón para que otro te torture o te mate.
4. No me puedo identificar con esta clase de anarquistas.
Aunque encajo en la definición de "anarquista", una persona que no cree en la autoridad ni en la necesidad de ésta, básicamente que no me gustan las jerarquías y las luchas de poder, que no acepto que alguien este por encima de mi (no en el sentido de no poder aprender de alguien o aceptar el liderazgo en un proyecto concreto, sino de mantener siempre mi libertad y retener mi poder de decisión todo lo que puedo). No me gustan los compromisos, por la misma razón de poder retirarme cuando lo desee sin reproches ajenos que pueda merecer en caso de hacerlo. Todo es muy bonito sobre el papel, pero las cosas cambian, las personas también, así que no veo para qué atarse a algo que puede ser que más tarde no te guste más o que haya parecido una cosa y termine siendo otra. Por eso, evito los grupos de pensamiento cerrado, no me uno a grupos realmente, en realidad, retengo mi derecho a irme en cualquier momento. Colaboro en lo que me parece correcto y tengo ganas, no me siento integrado hasta el punto de confundir mi yo con las ideas del grupo. Porque un grupo o partido también es un tipo de autoridad, y si quiero decidir mi vida y mis ideas, no se supone que me queje del adoctrinamiento escolar y mediático para reemplazarlo con el que tienen los anarquistas. Lo vean bien o lo vean mal, no me interesa. Yo soy fiel sobre todo a mi poder de decidir, que es lo único que entiendo por libertad en sentido personal. Las circunstancias pueden limitarnos, pero si encima me limito más por agradar a un grupo, no voy a tener ni siquiera la libertad que me es accesible y la cual es la base de todo lo que defiendo políticamente. Si tengo que abdicar de mi opinión en favor del partido, sindicato o grupo, entonces no logré nada en materia de libertad, que se supone que es lo que buscamos en la anarquía. Podrá no ser la única cosa que queremos, pero es una muy importante. Quizás deberíamos aplicar el sistema natural, es decir no tratar de manipular las cosas, dejar que fluyan, cooperar con la naturaleza en vez de luchar contra ella. Todo este lío de los gobiernos, sindicatos, partidos, congresos, es algo en lo que nos metimos nosotros porque no tuvimos confianza en "el criterio de la naturaleza", por llamarlo de alguna forma. Ahora, vemos que no solucionamos nada con nuestra intervención y que, al contrario, empeoramos los problemas. Seguramente, un mundo sin Estado diste de ser ideal, pero lo que yo creo es que estaríamos mejor sin él, no hay necesidad de reemplazarlo con otras organizaciones que pretendan crear leyes o algo parecido, y así dirigir las vidas ajenas, hay que dejar que las cosas sean como son naturalmente, mejor dicho, ir alentando la libertad humana para arreglar el desastre que hicimos, que no se va a arreglar solo después de todo el manoseo intelectual que hubo. Yo confío en la naturaleza y, por eso, creo que los seres humanos tienen una forma de salirse de ésta. Pero no vamos a salir del pozo con nuevas leyes o nuevos dirigentes, mejor sería no tenerlos y desafío a quién me diga lo contrario a que lo pongamos a prueba. Yo no tengo problema con poner a prueba las cosas, sí con que me digan que no se puede algo cuando ni siquiera lo intentamos y, además, cuando estamos tan atontados por nuestro egocentrismo que difícilmente sepamos escuchar a la naturaleza en el primer intento, así que solamente se puede hacer si se tiene confianza en la naturaleza y se sabe que hay un modo natural de convivencia humana. Si no se cree en eso, entonces se desistirá cuando recién comience el cambio, sin dar tiempo para aprender a tomar el camino natural. De ese modo, podrían juzgar a la naturaleza por los efectos de este sistema, y hacer esa clase de pruebas incompletas es peor que no hacerlas, porque fortalece los prejuicios. No creo que necesitemos de la democracia porque no hace falta decidir entre todos, cada uno puede hacer su vida y ponerse en contacto con quienes tiene intereses en común para hacer lo que sea que quiere hacer: una banda de música, un taller, una exposición de arte. Y lo primordial es que no habría beneficio en meterte en la vida de los demás. Creo que habrá unos cuantos mafiosos o aspirantes a déspotas que quieran saquear a otros, y dependerá de los demás su control. Por decirlo así, se pondrá a prueba la valentía de la gente para defender su libertad y sus pertenencias. Probablemente, al igual que ahora, ocurran ataques a inocentes que terminen con sus vidas, pero de lo que sí estoy seguro es de que no habría un robo a gran escala, ya que haber eliminado al Estado indicaría un aprendizaje contra esos robos y posiblemente perdure en la gente, como otros aprendizajes que nuestra cultura asimiló de nuestros antepasados y ahora nos resultan obvios.
Por los motivos expuestos, voy a reconsiderar si llamarme o no anarquista. Tal vez, yo sea más anarquista que ellos. No sé. Pero lo único que me interesa es no estar en el mismo casillero que esas personas, porque si digo "soy anarquista", puede ser que el que me oye piense que le digo que soy como ellos y no concuerdo con tantas cosas...