InicioInfoLa Importancia de ser Anonymous

Internet en los últimos diez años ha trascendido su papel inicial de medio de comunicación de masas para convertirse en un fenómeno social con identidad propia, cuyas reglas (si es que las posee) son intrínsecas a la red en sí.
En los últimos años la proliferación de la cultura blogger, el ciber activismo, la participación en foros masivos, redes sociales, sitios de link sharing, etcétera, ha transformado radicalmente lo que aparentaba ser una herramienta más de comunicación y una buena oportunidad para hacer negocios. Por ello el auge de las .com, que vivió sus quince minutos de fama hace poco más de nueve años, nos parece tan distante y tan “irreal”, irónicamente tan artificial y sin sentido que permite comprender el por qué de su declinación. Es que ya en ese entonces se comenzaba a vislumbrar que ciertas ortodoxias como las leyes del mercado, el juego convencional de la política, el Estado, la soberanía territorial y otros conceptos y prácticas “arcaicas” (incluidas las formas de dominación convencionales) se convertían en conceptos inútiles en un universo en el cual lo único que prima es la información y que la misma fluya en forma continua, una suerte de movimiento perpetuo digital mediante el cual todo se transforma y nada se pierde. Quizás en este pequeño gran laboratorio global llamado Internet estemos comprendiendo que hablar de conocimiento es exactamente lo mismo que hablar de energía. Y el poder que encierra es vasto e infinito, como el Universo mismo aunque -y parafraseando a Einstein- del último tengo mis serias dudas.

En la prehistoria de Internet (década de 1980, más o menos) la imagen de un hacker solitario (casi siempre un adolescente rebelde) se hallaba casi exclusivamente en el terreno de la ciencia ficción. Películas como “Juegos de Guerra” donde una supercomputadora le da lo mismo jugar al ta-te-tí que sacudir bombas termonucleares a diestra y siniestra por todo el mundo entretenían a las masas a la vez que adoctrinaban con la típica moralina hollywoodense acerca del “terrible destino“ que el avance tecnológico le depara a la humanidad. Pero otros, y me incluyo, vieron en dicho avance un futuro promisorio, un ámbito en donde ya nadie debe preocuparse por cumplir o desafiar las reglas de juego de un sistema porque precisamente las mismas no existen. No porque la anarquía sea el humor generalizado de los miles de usuarios conectados a la Red, sino porque la libertad que poseen los mismos es plena, incuestionable y porque a diferencia de los entornos sociales tradicionales la identificación del individuo o de un conjunto de ellos carece de importancia. Así al pasar recuerdo una frase de la película “Stigmata” en una escena crucial en la que el personaje interpretado por Patricia Arquette, su protagonista, dice en medio de una posesión al mejor estilo “El Exorcista”: El mensajero no es importante. Lo que es relevante es el mensaje en sí y su reproducción por todos los canales posibles, surgiendo el concepto de “meme” o “gen cultural”, un término acuñado por Richard Dawkins en su libro “El Gen Egoísta”. El “meme” si bien en la subcultura de Internet básicamente se trata de una fotografía digital acompañada a veces por una frase ilustradora que actúa como icono referencial necesario para decodificar el mensaje a transmitir. A mi juicio es la forma más básica, incluso hasta cómica del meme, pero el mismo concepto se puede aplicar a estructuras más complejas en torno al drama comunicacional.

Este artículo es un meme en sí mismo, transmite una o varias ideas, cobra razón de ser dentro de la Red y poco importa quien lo escriba, quien lo lea o en qué sitio se aloje. Si se pretende que cause algún tipo de efecto social su causa necesariamente se halla en la replicación parcial o total del mismo e intrínsecamente también en su causalidad conlleva la potencialidad de ser reformulado, debatido, criticado, ampliado, etc. a medida que la retransmisión se efectúe. Todo depende de los individuos que tengan acceso a él.

¿Por qué entonces la importancia de ser Anonymous?
Ante todo se debe dejar en claro que es lo que representa. Según nuestra amada Wikipedia, Anonymous “es un término utilizado en dos sentidos. Como un meme o fenómeno de Internet, representa el concepto de muchos usuarios de la comunidad online, o la comunidad en sí misma, actuando anónimamente de forma coordinada, generalmente hacia un objetivo vagamente acordado.
Es también una etiqueta adoptada por grupos de personas, sin una organización definida, que no pertenecen a ninguna asociación, pero que se unen a determinadas protestas y otras acciones bajo el nombre de Anonymous, que se deriva del mismo meme. Generalmente se considera como un término para ciertas subculturas de Internet”.



Su importancia también posee una doble vertiente. A fin de satisfacer las necesidades “egoístas” del gen cultural (conocimiento) que poseemos los seres humanos, el anonimato y la identidad oculta tras las máscaras de nicks, avatares, perfiles ambiguos, direcciones de e-mail, etc. proporcionan la fuerza impulsora necesaria para que el mecanismo dinámico de difusión del meme en cuestión sea posible. La otra vertiente, quizás con requerimientos de mayor acción por parte del individuo oculto tras esa máscara anónima, es ya una cuestión política. Y aquí la imagen del guerrero cibernético de “Juegos de Guerra” en un instante regresa al futuro. 



Es una cuestión política porque representa el ideal de lo que la mayoría de los individuos añora respecto de los entornos sociales en los que interactúa habitualmente: Libertad. En la arena sociopolítica tradicional la denominada “voz del pueblo” es apenas un poco más que un demagógico término explotado por un sector social con intereses altamente egoístas que con el correr del tiempo tienden a la autodestrucción. En este juego demagógico es relativamente fácil identificar el origen de los numerosos reclamos, inquietudes y protestas que los individuos realizan ante quienes deben velar por sus intereses y su bienestar, y a su vez es mucho más fácil manipular dicha “voz” a fin de que el egoísmo del grupo dominante no se vea comprometido. Estos ven un altísimo peligro en la difusión del conocimiento (no importa de qué clase) por lo que generalmente mantienen a su rebaño acorralado en el conformismo sumiso de la ignorancia y la mediocridad. Y ello se debe a que el origen de su poder es un bien escaso y no renovable: el dinero.
Debido a esta cuestión es que ante los continuos intentos de ejercer censura en Internet, combatir la piratería (una forma muy sutil de censura), el bloqueo de sitios, invasión de la privacidad de los e-mails, etc. el pueblo digital sale envalentonado y escudado en su anonimato a defender lo que es su derecho y también su responsabilidad: la libertad de expresar lo que se le antoje y de acceder a las expresiones que también se le antojen. Por ejemplo, si yo quiero disfrutar del último concierto de la tribu Oblongo (¡perdón Les Luthiers!) de Madagascar ninguna entidad privada o estatal debería privarme de dicho placer, por más que la excusa sea lógica, siempre y cuando no interfiera con el derecho de otro “anonymous”. Y es en este aspecto en donde se denota una democracia plenamente participativa. No es necesario que un Estado, por ejemplo, actúe de mediador entre el potencial conflicto ya que los mismos usuarios al encontrarse en igualdad de potencialidades dentro de Internet ejercen un arbitrio, un sutil juego de equilibrios derivado ya no de la posesión sino del uso del poder, el cual es difuso y penetra por todas las conexiones posibles.



Nota: La fuente es de mi Blog


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