Elementos a tener en cuenta en una selección de crianza cannabica:
No es novedad que los cultivadores seleccionan plantas para mejorar sus líneas genéticas. En esta tarea es importante el ojo del cultivador, éste tiene que estar muy entrenado para determinar las aptitudes de sus plantas (por ejemplo: resistencia al frío, baja intensidad lumínica para crecer, desarrollo de raíces, entre muchas otras). En un universo de plantas hay que cuantificar cada vez más cualidades y puede llegar a complicarse a la hora de elegir midiendo solo a ojo, aunque hay que reconocer que de esta forma se han hecho excelentes trabajos de selección. Las cualidades buscadas en las diferentes genéticas pueden orientarse a través de preguntas tales como: ¿De qué forma se desarrollan las raíces? ¿Cuál es el ancho y alto de la planta? ¿Cuál es la eficiencia de captación de la luz por su área foliar? ¿Cómo realiza la translocación de nutrientes hacia la flora? Lo que se quiere encontrar en la selección de una genética es que la planta aproveche al máximo los recursos de su hábitat en su totalidad.
Velocidad de crecimiento y temperatura:
Cuantificar cualidades nos facilita la selección con precisión de plantas en una gran porción de ejemplares. Todos estos valores hasta hace pocos años eran relacionados en función del tiempo de crecimiento. Sin ir más lejos, hoy cuando leemos catálogos de distintos bancos nos hablan de los días que necesita determinada variedad de cannabis para la fase vegetativa, por ejemplo: 55 días de crecimiento para luego pasarla a floración. Las primeras preguntas serían: en esos 55 días ¿Qué temperatura tuvieron? ¿Son de invierno? ¿De verano? ¿Indoor o exterior? Y si es un Indro con temperatura controlada ¿A que temperatura se trabajó? Son muy importantes estos interrogantes en tanto que la temperatura es un elemento central en los procesos metabólicos, incluyendo en la fotosíntesis, ciclo de krebs, respiración, etc.
Existe un nuevo concepto en la medición de rendimientos de estos vegetales denominado modelo de acumulación térmica.
Este método demuestra que si se calcula el tiempo en que crece una planta en función de días calendario se pueden cometer errores. Porque las temperaturas en que se expone un cultivo pueden ser muy diversas y esto puede favorecer o retrasar sus distintas fases, por lo tanto ya no se toma la cantidad de días sino que temperatura necesitó un cultivo para lograr distintos estadios, considerando que la calidad y cantidad de luz y factores nutricionales se encuentran óptimas. Tendremos en cuenta también los conceptos de que la oscilación térmica (o amplitud térmica) es la diferencia entra la temperatura mas alta y la mas baja registrada en un lugar o zona, durante un determinado periodo.
Experiencia y método:
Para desarrollar el método de acumulación térmica se debe registrar la temperatura donde crecen las plantas. Para la prueba se utilizaron datta loggers, que son colectores de datos con censor de temperatura que nos permiten tomar un determinado o numero de registros diviso de la misma. Por ejemplo 8 muestras de temperaturas por día, a razón de una muestra cada tres horas. Cuando están los datos diarios se suman y se dividen por 9 dando como resultado la temperatura media diaria, como lo muestra el siguiente gráfico:
De no tener datta logger se puede utilizar un termómetro. Para obtener temperatura media diaria se suman registros de temperatura de todo el día y se divide por la cantidad de muestras que se tomaron, el resultado es la temperatura promedio.
Temperatura máxima critica:
Esta es la temperatura a la que puede llegar el ambiente hasta que genera daños por deshidratación a la planta. Cuando alcanza este registro empieza a secarse desde las puntas de las hojas hacia la base e intenta bajar el área de gasto hídrico procurando compensar la situación de stress. Las pruebas que se tomaron indicaron que este limite ronda los 37 grados dependiendo la variedad.
Temperatura base:
En las variedades de cannabis que estudiamos se pudo establecer que expandiéndolas a la temperatura de 7 grados constantes, durante 7 días no hubo crecimiento en las plantas pero tampoco se produjeron daños. Esto es lo que se denomina temperatura base y es particular de cada variedad. Se puede tomar esta con un margen de error de +/- 3 grados sin ningún problema.
Cálculo de acumulación:
Para obtener la acumulación de temperatura se desprecia el valor de la temperatura base que es el piso de crecimiento del cultivo, ya que después de este recién se inicia el crecimiento. Por lo tanto, si a la media de la temperatura del día (14,1º), se le resta la temperatura base que obtuvimos (7º), obtendremos los grados acumulados en un día. Debe tenerse en cuenta no superar los 37º (temperatura máxima critica) ya que trabajando en estos valores no hay acumulación por desarrollarse stress y daños para el cultivo. En definitiva medimos cuánto favoreció la temperatura a los proceso de obtención de energía disponible.
Conociendo la acumulación diaria solo resta sumar los días y acomodarlos a las fases que queremos estudiar. Por ejemplo: el crecimiento fue de 3cm a 55cm de altura y el vegetal necesitó 497º que fueron logrados en 70 días, si la temperatura acumulada fue siempre de 7.1º por día.
Obtenidos estos resultados en el crecimiento de las plantas, continuamos con la experiencia en un segundo cultivo aumentando en 2º más la temperatura de acumulación diaria, dando como resultado una modificación en la cantidad de días para alcanzar la misma altura en las plantas. En este caso fueron menos días. Esto significa que la planta creció más rápido al aumentarse la temperatura acumulada.
Conclusiones:
En el caso del primer cultivo que estudiamos determinamos que desde la emergencia (es el momento donde se ven los cotiledones) que ocurrió a principios de octubre de 2009 se necesitaron 73 días para llegar a la acumulación térmica de 890º que fue cuando la planta mostraba rasgos de pubertad (transición entre juventud y adultez), y esto era siempre relativo de cada variedad. En las genéticas que hicimos el seguimiento lo determinamos cuando la base del tallo se comienza a lignificar (pasa su color verde a un amarronado), así podemos hablar de pubertad del cultivo y nos está indicando la intención de la planta de pasar a la fase reproductiva. Es en etapa donde la temperatura deja de ser el factor más relevante y una compleja acción hormonal comienza a intervenir mediante la inducción por fotoperíodo de los fotocromos. Para determinar si este valor era representativo de la variedad realizamos el segundo cultivo testigo. En este nuevo ecosistema la temperatura media estaba elevada en 4º con respecto a la experiencia anterior y en 57 días se acumularon los 890º. Los cambios en el crecimiento eran idénticos a los del primer estudio. Pero el proceso ocurrió en menos días, ya que el Indro estaba a mayor temperatura. Lo mismo ocurre con una planta en Buenos Aires si la comparo con una de Misiones (más temperatura acumulada) podemos comenzarlo más tarde que en Buenos Aires (menos temperatura acumulada) y la planta de Misiones crecerá seguramente mas grande.
El modelo tiene dos grandes aplicaciones:
En cuanto al manejo:
Sabremos con precisión como se comporta nuestra genética en cualquiera latitud del planeta. De esta manera podemos determinar con exactitud cuando el cultivo está listo para recibir foto inducción y no generar estados vegetativos excesivamente prolongados. Estos estados producen una mayor cantidad de flores dispersas, aumentan la evotranspiración y por ende el riego, produciendo lavado de soluciones nutritivas, lo que hace menos fértil el sustrato si se trabaja en maceta.
En cuanto al mejoramiento vegetal:
Existe energía útil en los medios a los que exponemos nuestras plantas. A igualdad de condiciones dos variedades de plantas. A igualdad de condiciones dos variedades de plantas distintas tendrán la misma energía disponible en el mismo ecosistema, pero sus rendimientos no serán iguales. Es por medio de la genética que cada una de ellas administra la energía de manera diferencial, a una velocidad y eficiencia particular. Para hacer la selección de estos caracteres, deben medirse en valores verdaderos y no relacionarlos con el paso de los días. Encontrar las respuestas y saber a que ritmo la planta genera energía disponible, en qué la invierte dentro de su arquitectura (raíces, ramas, hojas, flores, etc.), son valores que trazan el rumbo de nuestra selección de plantas. A medida que comprendamos estos funcionamientos, nos podremos también más exigentes como “consumidores de genética”.
Revista Haze Nº4
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