InicioParanormalCABA: Ciudad de Zombies
Prólogo

Durante mucho tiempo transité las calles de los barrios porteños; por trabajo o por motivos varios.
Cuando era por trabajo, y la insoportable rutina se hacía notar un día tras otro, quemándome el cerebro y haciéndome cuestionarme si realmente valía la pena pasar por todo eso, trataba de irme con la cabeza a otro lado.
Normalmente alcanzaba con ir escuchando la radio, o simplemente la música que tenía en el celular. Los auriculares y un buen tema (o una seguidilla de ellos), podían separarme un poco de todo ese movimiento masivo de gente con cara de culo y cansada.
No obstante, quizás por querer distraerme aún más, o por no sentirme conforme con los efectos sedantes de la música, y gracias al impulso casi inevitable de mi volátil imaginación, le iba sumando a la rutina, a lo visto y vivido a diario, una cuota de delirio, o situaciones poco convencionales… como para amenizar un poco más ese calvario de todos los días.
De entre tantas ideas, delirios y deformaciones de la realidad, elegí una temática, una opción, que dado el título de esta historia, ya pueden deducir cual fue.

Básicamente, y –seguramente- condicionado por tantas películas y juegos del género, se me hizo interesante la idea de plantear un escenario apocalíptico de zombies que involucrara la Ciudad principal de Buenos Aires.
Romper con la rutina y darle un giro bizarro y morboso me pareció la mejor opción en este caso. No pretendo que sea nada original, ni distinto a algo que ya se haya visto o leído, es simplemente que este escenario me parece el ideal para plantear y evaluar posibles reacciones de argentinos ante una situación caótica, dramática e incontrolable.

Tengan en cuenta, que es un relato en primera persona, en tiempo real, contemporáneo, así que no esperen encontrarse con grandes herramientas líricas ni mucho menos. Esta pequeña narración, a modo de diario si se quiere, es básicamente, como yo creo que podría ser estar yendo un día al trabajo y toparme con el caos total. Lo más "cotidiano" posible.

Si esperan encontrar algo totalmente nuevo, primero, dudo que lo hagan en algo relacionado con los zombies, porque es algo muy quemado y más estos últimos tiempos, y segundo, no son los zombies en si el eje de esta historia, sino los argentinos. Conforme lo vayan leyendo se van a dar cuenta.

Espero que logren, cuando menos, distraerse un poco.


__________________________________________

Capítulo 1: Las Noticias



20 de Febrero de 2014

¿Qué es este lugar? Ya había estado acá antes…
Está oscuro y no entiendo muy bien que pasa. ¿Será un cuarto? No…
De alguna forma estoy en la terraza de un edificio. No sé qué zona es. No reconozco el barrio, aunque me parece muy familiar. Hay neblina, muy espesa. Me cuesta moverme.
Veo algo a lo lejos… una figura oscura y grande, no logro distinguir qué es. No… no puede ser… ¡sí! Es un… ¿dinosaurio?
¡No! Es muy grande para ser un dinosaurio, además… esos cuernos y esos colores. ¡Debe ser un monstruo!
¿Pero cómo puede ser? No entiendo… va a destruir la ciudad. ¡Está rompiendo todo! Parece que llegó el ejército, ellos le van a ganar.
Parece que no. Le disparan hasta con misiles, pero no le hacen absolutamente nada.
¿Y ahora? ¿Superhéroes? Esto es demasiado. Bueno, espero que le ganen por lo menos.
Combaten con todas sus fuerzas pero no le ganan. Me gustaría poder ayudar. ¡Carajo!
Si solamente pudiera… si pudiera… ¡volar! ¡Puedo volar! Aunque me cuesta un poco.
Hago fuerza, me cuesta moverme. Listo, ya lo domino, es hora de terminar con esta locura de una vez. Voy a… *BZZ*… ¿qué fue eso? No importa… voy a terminar con… *BZZZ*… ¡VOY A DESTRUIR AL MONSTRUO CON TODO MI PODER! *BZZZ-BZZZ-BZZZZZZZZ-* ¡CON MI PODER! *AH!-AH!-AH!-AH!-AH!*…


Debería cambiar esa alarma, odio ese ruido y todo lo que representa; la destrozaría si no fuese mi celular. También debería dejar de mirar películas fantasiosas antes de dormir. Aunque estaba bueno el sueño, lástima que siempre se corta justo en la mejor parte. Si por lo menos me dejara ganarle al monstruo, o concretar cuando el sueño es con alguna mujer, sería otra cosa, pero siempre termina justo en el instante preciso donde está la acción.
Son las seis de la mañana. Ya hay luz natural. Todavía no hace tanto calor, pero seguro dentro de un par de horas van a prender el horno.
En invierno cuesta más levantarse, es cierto, pero no deja de ser complicado en verano, menos un jueves, donde lo único que quiero es que termine para que sea viernes y con eso se vaya toda la semana al carajo. Porque, a esto se reduce la vida de un hombre que trabaja de algo que no le encanta: a esperar que llegue el fin de semana, para después bancarse otros cinco días hasta que lleguen otros dos días y tratar de alguna forma de equilibrarlos entre descanso y diversión o actividades que no pueda hacer el resto de la semana. Y todo para finalmente esperar que lleguen las vacaciones y resetear la cabeza. Vacaciones… las mías duraron ¿cuánto? ¿2 semanas? Suficiente, y muy poco. Fueron hace 1 mes exacto casi y parecen distantes como mi primer día de clases en la secundaria.
Recuerdos de ayer y presiones de hoy, todo junto licuándose en la cabeza. A eso se reduce la vida de un hombre que trabaja de algo que no le encanta.
Todo esto pasa por mi mente en cuestión de segundos. No sé si todas las mañanas, pero seguro que sí la mayoría.
El tren va a estar hasta las bolas de nuevo, como siempre. No quiero pensar en eso ahora.
Miro que ropa tengo a mano para ir a trabajar. Al lado del pantalón de vestir y la camisa tengo un jean y una remera negra con unas palabras y unos dibujos, muy informales.
Hora de las decisiones importantes: ¿Me voy con esa ropa y me cambio allá, o me llevo esa ropa en la mochila y me cambio antes de salir?
Si meto la camisa en la mochila se va a arrugar. No hay más vuelta que darle, me llevo el jean y la remera en la mochila. A esto le llamo decisiones rápidas de vida o muerte.

¿Qué hora es? -6:15
Hice rápido, tengo tiempo.
Un café doble, cortado, con 3 tostadas para untarles lo que haya; y lo que hay es… nada. Bueno, un poco de queso untable, suficiente, voy a tener que conformarme con esto. Cuando vuelva compro más.
Prendo la tele. Quedó en el canal donde vi la película ayer a la noche. Están pasando esas publicidades interminables de productos que solucionan tu vida, y sin los cuales no podrías haber vivido una vida feliz. Realmente las hacen bien, aunque uno en el fondo sabe que nunca va a tener uno de esos. Este es para pintar. Parece útil, seguro lo es, y no me vendría mal, pero no lo voy a comprar, ni hoy, ni mañana, ni los próximos 4 o 5 años.
Hago un poco de zapping, para finalmente poner –como siempre- el canal de las noticias (uno de ellos). Nada nuevo: políticos nerviosos balbuceando lo que seguramente sean un montón de promesas que no van a cumplir, caos en la ciudad por cortes, un hospital cerrado (seguramente por ineficiencia del estado), y mucha porquería a la que ignoro casi por completo.
Ahora habla un policía, diciendo que hay que conservar la calma, que todo está controlado, y más palabras de contención y aliento. Probablemente haya habido otro robo –para variar- y haya habido muertes.
No estoy seguro de por qué pongo las noticias. Quizás esperando que algún día digan “se termina el mundo, no hace falta ir a trabajar”, y pueda volver a dormir o saltar por la ventana, lo que se me venga a la mente primero.

Ya estoy listo, con la cara lavada, peinado (más o menos), y tengo encima:
¿llaves? –si
¿billetera? –si
¿celular? –si
¿llaves y billetera? –si, si.
¿ganas de salir? –obviamente que no.

Abro la puerta. La cierro. Subo al ascensor y presiono el cero. Miro la hora y son las 6:52… está bien, estoy cerca de la estación, llego bien.
Abro la puerta principal del edificio; por suerte no me crucé con nadie, no tenía ganas de saludar ni de entablar una desinteresada conversación sobre el clima, que por cierto, está bastante bien.
Hay algunas nubes entre negras y grises, con una franja naranja por el amanecer que se aleja. No son muchas, se ve todavía el cielo celeste como fondo, pero es probable que llueva. Por suerte no agarré el paraguas. ¿O sí? No, no lo agarré, pero revisando la mochila, me doy cuenta de que lo tenía ahí, junto con un par de carpetas y una botella chica con agua y claro, el jean y la remera.
Lo dejé ahí porque habían pronosticado lluvia hace unos días y lo puse por las dudas. No lo recordaba. Bien.
Estoy en la calle y cada vez más gente empieza a aparecer. A medida que me acerco a la estación de Ramos Mejía, las personas con cara de cansancio se van multiplicando como hormigas.
Para algunos puede ser una suerte de alivio ver que no son los únicos en esta monotonía del día a día, para mí no… después de todo, “mal de muchos, consuelo de tontos”, ¿no?
Y en medio de todo esto dudo si cerré o no con llave la puerta de mi departamento. Carajo.






Continuará...

Capítulo 2:


_____________________________________________


CABA: Ciudad de Zombies [Historia]
Datos archivados del Taringa! original
108puntos
695visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

m
mkblaze🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts4
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.