
Otra cara del narcotráfico
Una mula o burro es en el lenguaje popular, aquel que contrabandea algo con él o ella (en oposición a enviarlo por correo, por ejemplo) a través de una frontera nacional o por medio de un avión. Es un método común de contrabando de cantidades pequeñas de mercancía. Los organizadores usan burros para reducir el riesgo de ser capturados ellos mismos, y a la vez, obtener el mayor beneficio económico. El burro típicamente recibe un pago que es poco comparado con el valor de la mercancía traficada, pero que aparenta ser mucho dinero para alguien de bajos recursos, haciéndolo parecer una forma fácil de hacer mucho dinero con poco esfuerzo.
Con relación al tráfico desde América del Sur hacia otros Países, la DEA reporta que a diferencia de la cocaína, la heroína a menudo se trafica por medio de personas que tragan un alto número de pequeñas cápsulas (entre 50 y 90), lo cual les permite transportar hasta 1,5kg de heroína por viaje por persona.
Las penas a las que son sujetos los individuos acusados de ser burros son variables de acuerdo a las circunstancias y legislación de cada país, y pueden ir desde pocos años hasta pena de muerte, como es el caso de algunos países islámicos. En ocasiones, los presos condenados pueden ser repatriados a sus países de origen para que completen sus condenas en cárceles de sus propios países
Testimonio
dijo:Pensé que me iba a morir Ay, ¡yo pensé que me iba a morir!. Yo no entendía ni una palabra, yo nunca había escuchado una palabra en inglés. Fue horrible.Yo decía, no, me van a matar. Ay, ¡y en la cárcel! Yo estaba como en un shock. Yo nunca antes había estado en prisión. Yo estuve muy muy mal. Cuando yo llegué a la primera prisión, había otra colombiana. Ella me hablaba. Ella me decía el tiempo pasa. Yo escuchaba pero no entendía;. Pensaba que era un sueño... pero luego despertaba y veía esas paredes. Estaba muy, muy mal. La libertad es lo principal en la vida.
[/size]dijo:El vuelo salía sin retraso a las 5:15 de la tarde. Madelín Boom, residente en Nueva York, había chequeado sus maletas una hora y media antes. Todo parecía tranquilo. Pasó los controles de Migración y estaba serena en el área de abordaje, leyendo una revista sentada en un sillón de vinil. Mula Sumergida en la lectura, sintió una mano que le tocó suave en el hombro. “Párese, tenemos que chequearla, usted tiene un perfil sospechoso”. Era una agente de seguridad, acompañada por dos miembros de la Interpol. La mujer entró con ella en una pequeña sala y la obligó a desnudarse.
Le encontraron entre las piernas un kilo de heroína fraccionada, adherido en su parte más íntima, con un pañal desechable de adulto. “¡Ay, yo pensé que me iba a morir! Sentía que la tierra se desmoronaba bajo mis pies. Fue horrible. Yo decía, ¡Oh Dios, en la cárcel! Yo estaba como en shock. Nunca antes había estado en una prisión, ni siquiera de visita”.
La utilización de personas para el transporte de droga está causando mucha preocupación entre las autoridades, que ven que el problema ha crecido significativamente en nuestro país. En efecto, desde el 1° de enero último y hasta la segunda quincena de abril, la Dirección Antidrogas de la Gendarmería Nacional detuvo a 64 personas que pretendían transportar cocaína escondida en su estómago, a quienes que se les secuestraron 42 kilogramos de esa sustancia.
En las últimas tres semanas, en varios operativos realizados 22 personas fueron detenidas y se secuestraron 20 kilogramos de cocaína.
En las cárceles federales argentinas hay 794 mujeres detenidas. Más del 40 por ciento son extranjeras, y de ellas, el 80 por ciento son por delitos vinculados al narcotráfico. Casi todas transportan drogas desde o hacia la Argentina. Son las llamadas mulas.
Hasta hace algunos años, la mayoría de las mulas eran de Latinoamérica, pero el universo de extranjeras detenidas cambió y se sumaron mujeres provenientes de otros continentes.
Hoy, en el módulo cinco del complejo penitenciario número uno de Ezeiza viven 69 mujeres de 35 nacionalidades diferentes. Muchas fueron a la universidad, hablan distintos idiomas e imaginaban otro futuro para ellas. Pero ahora están a miles de kilómetros de sus familias. Ésta es la otra cara del narcotráfico en Argentina.
La víctima no llevaba documentos, aunque sería de nacionalidad boliviana o peruana. Los médicos forenses que hicieron la autopsia a la tarde revelaron un detalle importante: el hombre tenía al menos 30 cápsulas con cocaína dentro de los intestinos, por lo que se cree que se trataría de una mula del narcotráfico.
Un vecina de la zona, dueña de un tambo, halló el cadáver alrededor de las 7.30 en un camino rodeado de pastizales y sembrado de soja que corre paralelo a la Ruta 193, a la altura del kilómetro 33,100. Según contó a Clarín el jefe del Destacamento Solís, teniente Dardo Cabrera, se presume que el hombre había sido asesinado pocas horas antes de ser encontrado en ese camino, que limita con Exaltación de la Cruz. Todavía mantenía la temperatura corporal.
Ele iria ganhar uns trocados naquele dia – nada mal para um adolescente em um país onde há poucos empregos e o dinheiro é difícil de ganhar. Seu tio lhe disse para pegar o ônibus de Santa cruz para Porto Suárez, onde ele entregaria o pacote a um amigo.
Ele mal sabia que o que parecia ser uma simples entrega o levaria à prisão.
O pacote continha cocaína.
“Eu levava na minha mochila o pacote e minhas roupas. Em um posto de controle, fui detido pela FELCN (a polícia antidrogas). Eles me revistaram e encontraram cocaína no pacote”, disse o adolescente que falou sob condição de anonimato.
Ella es una de las miles de mujeres que intentan cruzar las fronteras para ganar dinero, en una realidad que no deja de suceder.
La agente del DAS la miró con fijeza, analizó su ropa, su manera de caminar, el grosor de sus zapatos, sus gestos, y la dejó pasar. Siga, señora. Buen viaje. Era el último escollo. O el penúltimo.
María Fernanda avanzó una treintena de pasos más, casi tambaleando, con una mano en el estómago y un ahogo breve, apenas perceptible, como de canario sin voz. Se agarró del brazo de su esposo y le rogó -aun a sabiendas de que eso significaba mandar al traste sus sueños millonarios- que se devolvieran. Tenía los ojos quebrados por decenas de diminutas vetas rojas, y ya no eran verdes como una media hora atrás, sino que tenían un sedimento de vino viejo.
-Estoy mal. No puedo. Y falta mucho.
Seis horas, exactamente. El avión de Avianca que los llevaría hasta Nueva York estaba frente a la sala de espera en el muelle internacional del aeropuerto El Dorado, y ambos habían superado ya los controles de la Policía, el DAS, la aerolínea e inmigración. María Fernanda cargaba 60 cápsulas de 10 gramos de heroína en su estómago, y él una cantidad igual. Era el cuarto viaje que hacían en cinco meses, y esta vez la droga la habían comprado ellos mismos. Devolverse significaba la ruina. Pero ella se dobló en sus brazos y le pidió que la sacara pronto.
Salieron del aeropuerto sin reclamar el equipaje, tomaron un taxi y buscaron un hospital. Cuando llegaron, María Fernanda perdió la lucidez y entró en estado de shock, y quedó aniquilada en el piso. Los médicos la subieron a una camilla, y la internaron con los ojos fuera de sus órbitas en la sala de urgencias. Con furia le pidieron a su esposo Hélmer que les confesara qué había comido ella. Él se negó a confesar.
Quince minutos más tarde le confirmaron que su estado era crítico y que estaba a punto de morir. Heroína. Tragó heroína. Seguro se le reventó una cápsula. Ambos nos tragamos 60 pastillas;, les dijo, con los ojos invadidos de lágrimas. A Hélmer, presa de los nervios, lo internaron de emergencia y lo salvaron. Luego fue a parar a la cárcel Modelo.
María Fernanda se les fue. Se murió, alcanzaron a gritar. Para revivirla, tuvieron que aplicarle tres tandas de choques eléctricos que le quemaron la piel del pecho y le abrieron cicatrices hondas. La joven, que solo tenía 19 años, asegura que se desprendió del dolor y de sí misma, y que flotó por un túnel de luz placentero, hasta que una razón más poderosa que ella la hizo regresar: Mis dos hijos me llamaron. Los médicos alertaron que para ese momento se le habían explotado tres cápsulas.
Negocio con su esposo
Despertó en la cárcel de El Buen Pastor. Con la mente emborronada y sin poder caminar por la debilidad extrema, comprobó que lo que había vivido se repetía en chinas, africanas, estadounidenses y colombianas. A modo de exorcismo, todas agradecían haber sido capturadas en Colombia, donde las penas eran menores, y no en Estados Unidos, donde las condenas superan los 10 años. Sin embargo, nadie había vivido en tan poco tiempo y con tal vertiginosidad como ella.
En menos de un año, su vida había girado como un reloj de arena. A ella y a Hélmer los contactaron en Pereira, en un bar, y les propusieron que se ganaran en un viaje la plata para sacar adelante a su familia. María Fernanda había quedó embarazada a los 16 años y a los 18 tuvo su segundo hijo. Vivía apretujada con su esposo en un cuarto que su propia familia le había cedido, pero aún así sacaba tiempo para rebuscarse el dinero con la venta de cremas. Lo que les propusieron les sonó fácil.
Tenían que viajar a Curazao y entregar un encargo de cocaína que llevarían en el estómago. Aceptaron con la convicción de que era un trabajo sencillo, y fueron los dos para despertar menos sospechas. Para poder partir, acudieron a una 'clase' dictada en una casa en la periferia, en la que les enseñaron a tragarse trozos de zanahorias, salchichas y uvas sin masticar.
Les advirtieron que dos días antes de viajar tendrían que suspender la ingestión de alimentos sólidos y concentrarse en tomar solo caldo de pollo. Y les recomendaron llevar una bolsa escondida para botar la comida que les dieran en el avión, y evitar así el ojo avizor de las azafatas, que en ocasiones denuncian a los que evaden la comida. En el viaje les fue tan bien que un mes después se embarcaron de nuevo. Ya se habían gastado el dinero.
Y lo hicieron otra vez más. Los dólares les llegaron a manos llenas, y fue tanto y tan nuevo, pero a la vez tan escurridizo, que decidieron montar su negocio propio y hacerse millonarios de una bendita vez. María Fernanda dudó en ese instante: su organismo, atosigado de laxantes y de purgantes para botar la droga, había tenido muy poco tiempo para recuperarse. Pero la ilusión de un último y jugoso viaje la hizo olvidarse del peligro.
Con el dinero ganado, compraron en el mercado negro la droga y a través de los comerciantes hicieron contactos para llevarla a Nueva York y ganar una mayor tajada. Ya no cocaína, sino heroína. Compraron guantes quirúrgicos y les cortaron los dedos para hacer las cápsulas, y los recubrieron como con tres capas, dos de guantes y una de papel carbón, para despistar los rayos X. Tampoco esa vez María Fernanda pudo superar el asco al sabor químico del látex, y sintió nauseas durante las cuatro horas en que se dedicó a tragarse las cápsulas.
Amarradas con seda dental y sumergidas en cera de abejas, reposaron en el estómago esa madrugada. Sin poder dormir bien, llegaron al aeropuerto vestidos como las otras veces, comunes y corrientes, con una tranquilidad pasmosa y una capacidad de mentir de profesionales. Sus hijos se habían quedado en Pereira y su familia no sospechaba nada. Todo salió a pedir de boca. Pero cuando María Fernanda hizo la fila para entrar a inmigración, sintió que el estómago se le quebraba en dos.
Y la vida también.
Aún con las cicatrices sin sanar, dos semanas más tarde comenzó a contar en su celda los días que le faltaban para cumplir su condena, que sería de cuatro años. Con dolor, envió cartas a sus hijos en las que decía que pronto volvería de su viaje. Ambos niños olvidaron llamarla mamá. Ella, para no perder la razón, leyó a Coelho, estudió con una pasión que no había tenido nunca y procuró olvidar a su esposo. Tenía el corazón astillado y las primeras arrugas en los ojos de tanto llorar.
Cuando salió de prisión, a los 23 años, vio la calle larga que conduce a la cárcel, y no quiso correr para no gastarla. De nuevo lloró, pero no solo de felicidad, sino también de desconcierto: Yo que crucé controles, aeropuertos y hasta la muerte, no veía la hora de cruzar esa calle y ver a la vida del otro lado.

VIDEO:
NARCOMODELOS DETENIDAS:

Maria Llena Eres de Gracia
TÍTULO ORIGINAL :María, llena eres de gracia (Maria Full Of Grace)
DURACIÓN:101 min
PAÍS:[Colombia]
IDIOMA: ESPAÑOL LATINO
TAMAÑO DE ARCHIVO[.avi]: 696MB
Sinopsis
María Llena Eres de Gracia, opera prima de Joshua Marston, trata sobre una joven colombiana de 17 años de edad quien cambia el curso de su vida al dejar atrás su pueblo natal, lanzándose audazmente hacia un futuro desconocido. La película nos lleva por un viaje impredecible e intenso de la mano de esta heroína rebelde, valiente y llena de vida. Sus acciones la conducirán al inicio de una nueva vida que se define mas por lo que ella desea tener que por aquello que rechaza. Haciendo una pausa en el umbral, María decide seguir adelante impulsada por su coraje y su gracia.
LINK: por MP


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